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Posts Tagged ‘Un tranvía llamado deseo’

En 1924 nacía, en un lugar de nombre tan exótico como Omaha (en Nebraska, que quién sabe dónde andará) el que probablemente es el mejor actor de cine de todos los tiempos: Marlon Brando. Y no sólo eso: muchos de los fotogramas de sus películas son puro sexo, explosivo, sucio, salvaje y tierno a la vez gracias a su presencia.

Incluso cuando llegó a pesar 160 kilos tenía algo que le hacía especial

Primera curiosidad: Marlon Brando se llamaba realmente Marlon Brando. Claro, así no hace falta buscar un nombre artístico. Segunda: nació en una pequeña ciudad apartada de todo, pero su padre era productor y su madre actriz. Eso sí, su madre era alcohólica y su padre tenía “la sangre compuesta de testosterona, adrenalina, alcohol e ira”, según decía nuestro protagonista. Un cuadro, vaya. Por algún extraño mecanismo de compensación el chico acabó marchando a una escuela militar, pero no duró mucho tiempo y pronto estaba en Nueva York estudiando Arte Dramático. Y no en cualquier lugar, no: en el Actor’s Estudio, que por aquel entonces probablemente era la escuela de teatro más prestigiosa del mundo (tiempo después admitieron a Ana Obregón, una prueba clara de decadencia absoluta). Su madre había conseguido despertar en él el interés por la interpretación, y desde pequeño tuvo el don de observar a la gente e imitar sus gestos. Con ese bagaje llegó, y logró convertirse en el máximo exponente de lo que se conoce como un actor de método.

De ahí a los pequeños teatros en los que dio sus primeros pasos, y pronto Broadway y el cine. Había nacido un monstruo de la interpretación (monstruo en muchos sentidos) que nos dejaría momentos inolvidables, de “La ley del silencio” a “El último tango en París”, pasando por “Un tranvía llamado deseo” o “El Padrino”. Pero si hoy estamos hablando de él es también por otra cosa: su contribución a la historia universal de la lujuria y al calentamiento climático con dos personajes: Stan y Paul. Vamos a ellos.

Stan, por si lo queréis buscar, vive en un apartamento cutre. Eso sí, en la calle Campos Elíseos, a la que se llega cogiendo la línea “Deseo” del tranvía. Sexo en vena, como podéis ver

El éxito le llegó con uno de los grandes papeles de su vida, el Stanley Kowalsky de “Un tranvía llamado deseo”, primero en el teatro y luego en el cine. Blanche Du Bois (una inmensa Vivien Leihg, catorce años después de interpretar a Scarlet O’Hara en “Lo que el viento se llevó”) es una dama sureña venida a menos pero con delirios de grandeza. Va de virtuosa y educada, pero en realidad es borrachinga (pa’todo tenía, porque su marido tuvo una aventura con otro hombre y acabó suicidándose), se ha liado con uno de sus alumnos y la han echado del trabajo. Así que se inventa una historia falsa y se escapa de una reputación que está por los suelos largándose a casa de su hermana Stella, en Nueva Orleans.

No me digáis que habéis visto alguna vez a alguien más irresistible, porque no me lo creo, no me lo creo y no me lo creo

Stella no vive en una plantación, sino en un apartamento que da a un patio de vecinos. Está casada con un inmigrante polaco, proletario… en fin, que el choque era inevitable, y la extraña atracción y odio mutuos entre la todavía hermosa Blanche y su cuñado Stanley Kowalsky también. Chispas no, rayos y centellas surgen de aquello, como era de esperar. ¿Cómo acaba la cosa? Pues organizad una cena con los amigos y ved juntos la película, que vale la pena.

El otro personaje del que hablábamos es, claro, el protagonista de “El último tango en París”, la película que logró que sonriamos picarones cuando vemos la (aparentemente) inocente mantequilla en el supermercado. 19 añicos habían pasado, y el amigo Marlon no había perdido ni una pizca de sex-appeal.

Esto es lo que se dice un madurito interesante, ¿o no? Como diría Celia Jámez “está jamón, pa un tropezón”

Una mañana de invierno un hombre de 45 y una chica de 20 se encuentra, casualmente, mientras visitan un piso que los dos están interesados en alquilar. Y como decían los clásicos “el hombre es fuego, la mujer estopa, llega el demonio y sopla”. Y esta vez soplaron todos los demonios juntos, porque no hicieron falta más que unas pocas palabras para que aquello estallara. Tanto, que quedan en volverse a encontrar, sin preguntarse ni siquiera los nombres. ¿Y para qué los querían, digo yo? Pues eso, para nada. Comienza ahí una relación tremenda… que no os voy a contar. Pudiendo ver la película, ¿para qué servirían mis pobres palabras? Hala, que hoy me apetece mandaros al cine, está visto, así que… ya sabéis, a disfrutar.

Y si queréis más lujuria, con motivo de San Valentín tendremos nuestra ruta UNA HISTORIA DE LA LUJURIA EN ZARAGOZA.

Cuándo – Sábado 14 a las 19’00 y domingo 15 a las 11’30

Dónde – Puerta de la iglesia de la Magdalena

Precio – 8 € (estudiantes menores de 26 años y jubilados, 7 €; parados, 4 €)

Reservas – Llamando al 976207363 o entrando aquí

Más información – Entrando aquí

Si queréis seguirnos podéis entrar en http://www.facebook.com/gozARTE y pinchar en “me gusta”, o en twitter @gozARTE. Y ahora, os dejo unos cuantos post de nuestro blog con historias de lo más lujuriosas:

Lujuria es… Liz Taylor

Lujuria es… Olympia

Lujuria es… Marilyn Monroe

Pecadores encantadores – Rebeca y la lujuria

Lujuria es… el jamón

Lujuria es… el champagne (francés, bien sûr)

Lujuria es… sexo en Nueva York

Lujuria es… unas piernas de cinco millones de dólares

Lujuria es… el Bulli

Lujuria es… Venus

Lujuria es… el teatro chino de Manolita Chen

Lujuria es… Sodoma y Gomorra

Lujuria es… el “gabinete secreto” de Nápoles

Lujuria es… Marlon Brando

Lujuria es… Sofía

Lujuria es… la guerra de los biquinis

Lujuria es… el biquini

Lujuria es… El Plata

Lujuria es… Zeus y sus chic@s

Lujuria es… la Lollo

Lujuria es… pecado

Lujuria es… San Juan de la Cruz



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