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Posts Tagged ‘San Valero’

La Seo, una de las dos catedrales de Zaragoza, declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad, espectacular, maravillosa… es un lugar inagotable, lleno de historias y secretos. Hoy os propongo recorrerla conmigo en busca de todo lo relacionado con un tema tan fascinante como la muerte. ¿Os apetece? Pues empezamos:

1 – UNA TUMBA EN LA QUE SÓLO HAY UN CORAZÓN – el príncipe Baltasar Carlos, hijo de Felipe IV, murió en Zaragoza con 17 añicos. Su cuerpo acabó en el Panteón de Infantes de El Escorial, pero su corazón… enterrado en la Seo (por cierto, el de su hermanastro, Don Juan José de Austria, está en el Pilar). No os digo dónde, pero os dejo un retrato suyo.

Velázquez lo pintó como lo que era, un proyecto de rey

2 – UN RELICARIO CON UN CRÁNEO DENTRO – El cuerpo de San Valero, por cosas de la vida, acabó en la catedral de Roda de Isábena. Eso sí, como los humanos tenemos la fea costumbre de no dejar a los santos descansar en paz y de irlos descuartizando poco a poco para repartir sus trozos un poco por todas partes, primero se trajo a Zaragoza un brazo y después el cráneo. No os cuento el milagro que hizo, pero os dejo esta foto para que vayáis pensando dónde puede estar.

El busto-relicario de San Valero, con el cráneo dentro

3 – UNA PIEDRA DE MOLINO QUE NO SE HUNDE NI A TIROS – Cuentan que a San Vicente, diácono de San Valero, le martirizaron de todas las formas posibles y no había manera de que se muriera. Cuando por fin lo lograron tiraron el cuerpo al mar atado a una rueda de molino… ¡¡¡y flotaba!!!

El cadáver de San Vicente, tan ricamente sobre su rueda de molino

4 – UN SANTO, UN DRAGÓN Y MUCHA SANGRE – En algún rincón de la Seo está mi dragón preferido. San Jorge le mete una lanza por la boca y se la saca, llena de sangre, por la nuca. Cuando estás debajo casi parece que te vaya a caer alguna gota encima.

¿Estáis seguros de que el pobre dragón era tan malo como para esto?

5 – UN ARZOBISPO HIJO DE OTRO ARZOBISPO – El arzobispo Don Hernando de Aragón fue hijo del arzobispo Don Alonso de Aragón, que a su vez también fue padre del arzobispo Juan II de Aragón y abuelo de San Francisco de Borja… ¿Os aclaráis con este lío archiepiscopal?

Aquí os dejo, de momento, la tumba de Don Hernando de Aragón. Por cierto, su corazón… Mejor os lo cuento en la visita

6 – UN CRISTO QUE HABLA Y UN CANÓNIGO QUE PEDÍA DEMASIADO – Cuentan que un día estaba el canónigo Martín de Funes rezando ante el Santo Cristo de la Seo, y de pronto… Cristo le habló. Sí, sí, como lo oís. ¿Os imagináis qué le diría para que el canónigo le hiciera una fantástica capilla y se enterrar allí, rezándole eternamente?

Colgando delante del Santo Cristo están las palabras que dijo

7 – UN “BANQUERO” QUE SE HIZO RICO CON SUS CHANCHULLOS – Gabriel Zaporta no era exactamente un banquero, pero más o menos. Y lo que está claro es que se forró haciendo negocios de todo tipo, incluso alguno limpio. Además de su casa (en la que estaba el “patio de la Infanta”) se hizo una estupenda capilla para enterrarse en la Seo. Si venís podréis ver su retrato (hecho un pincel, por cierto) en la lápida de encima de la tumba.

“Ya que sea, que se vea”, debió pensar Gabriel Zaporta después de haberse gastado sus buenos cuartos en la capilla

8 – UNOS HUESOS PERDIDOS Y ENCONTRADOS – Cuenta la tradición que Santo Dominguito de Val, infantico de la Seo, fue martirizado por los judíos. No sólo nos encontramos su historia representada por todas partes, sino que se conserva una arqueta con sus reliquias, encontradas por casualidad en la sacristía siglos después de haberlas perdido. No pongáis esa cara, que a todos nos han pasado cosas así. ¿O no?

¿Dónde está ahora la arqueta con las reliquias de Santo Dominguito?

9 – UN CANÓNIGO ASESINADO QUE HACE MILAGROS DESPUÉS DE MUERTO – Una noche de luna de 1485 un grupo de conspiradores entró por la puerta de la Pabostría de la Seo y, delante del altar mayor, asesinó a Pedro Arbués, el primer inquisidor de Aragón. ¿Queréis saber por qué? ¿Os imagináis qué milagros ocurrieron esa misma noche?

Un santo de la casa se merece una capilla, ¿no? Qué menos

10 – Y MUCHAS COSAS MÁS… – Muchas más historias de tumbas, muertes, reliquias, milagros y hasta algún otro asesinato. ¿Queréis descubrirlo todo? Pues no os podéis perder nuestra visita “Muerte en la Seo”.

Las naves de la catedral están llenas de historias…

Si queréis descubrir LOS SECRETOS DE LA SEO no os podéis perder la visita que hemos preparado para los sábados de julio y agosto a las 10’30, con la fresca.

Cuándo – Sábados de julio y agosto a las 10’30 de la mañana
Dónde – Puerta principal de la Seo
Precio – 10 € por persona (jubilados, 8 €; parados, 5 €)
Reservas – Llamando al 976207363 o entrando aquí

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“Pisa morena, pisa con garbo / que un relicario, que un relicario / me voy a hacer. / Con el trocito de mi capote / que haya pisado, que haya pisado / tan lindo pie”. Así cantaba nuestra paisana Raquel Meller uno de sus grandes éxitos, “El relicario”. Oigámosla, antes de entrar en materia.

¿Qué es eso de un relicario? Pues la cosa es sencilla: un objeto para guardar reliquias, así de fácil. Y una reliquia, ¿qué es? Pues si acudimos al diccionario de la Real Academia nos da bastantes definiciones, pero todas van por el mismo camino. Algo del pasado, que se ha conservado de forma casi milagrosa. Y además, algo por lo que tenemos una especial veneración: el abanico con el que la bisabuela se quitaba los sofocos, por poner un ejemplo. Pero hay más, y aquí viene lo que nos importa: una reliquia es un trozo del cuerpo de un santo, o de Cristo, o de la Virgen, o algo que tuviera relación con ellos. Desde el prepucio de Cristo hasta el polvo de la Santa Casa, pasando por las plumas del arcángel Gabriel, gotas de leche de la Virgen o la túnica de San Vicente, de la que hablábamos ayer. Y claro, como una reliquia es algo muy apreciado y querido no se puede guardar de cualquier manera, ni mucho menos. Necesitamos un relicario cuanto más rico mejor, que no es para guardar cualquier cosa. Y no sólo eso: cuando tenemos muchas reliquias guardadas en muchos relicarios podemos hacer grandes y espectaculares armarios para guardarlo todo, o incluso una capilla cubierta de reliquias desde el suelo hasta el techo, como la que hay en la iglesia del Seminario de San Carlos.

Armario-relicario de la sacristía de la Seo, en una foto antigua

En Zaragoza tenemos reliquias de lo más variadas, aunque tengo que reconocer que yo tengo debilidad por una: el mechón de pelo de la Magdalena que se conserva en la iglesia de la ídem. Es fascinante, porque a la Magdalena, que sería lo que fuera, pero que tiene fama de suelta, fresca y desahogada, se la representa precisamente con el pelo tan suelto como ella. ¿Y eso por qué? Pues por dos razones. La primera es que las mujeres decentes lo llevaban siempre recogido en un casto moño, claro, y la segunda es porque le lavó los pies a Cristo con perfume (y por eso siempre se la representa con un frasco) y se los secó con su propia melena.

¿Quién le iba a decir a esta Magdalena penitente, sensual y maravillosa de Ribera, que hoy vive en el Prado, que un mechón de sus cabellos acabaría en Zaragoza?

En cualquier caso, hoy no vamos a hablar de la Magdalena, sino del patrón de Zaragoza: San Valero, rosconero y ventolero. ¿Veis esta foto? Corresponde a la parte inferior del retablo de la Seo. Si os fijáis veréis que hay nueve huecos: puerta-escena-busto-escena-busto-escena-busto-escena-puerta.

En la parte de abajo del retablo de la Seo hay tres espectaculares bustos-relicarios hechos en los talleres de Avignon, donde estaba en aquel momento la sede del papado

Los tres bustos representan a tres santos muy relacionados con la archidiócesis de Zaragoza: San Lorenzo, San Valero y San Vicente. Y los tres contienen en su interior reliquias de cada uno de ellos. Ayer hablamos de San Vicente y hoy le toca el turno al patrón, San Valero, que como está en el centro salta a la vista que es el más importante de los tres, o por lo menos el que nos toca más de cerca.

Con este relicario tan impresionante, ¿qué reliquia se conservará dentro?

Ya contábamos ayer que un gobernador romano, un tal Daciano, intentó que Valero, obispo de Zaragoza, y su diácono Vicente, veneraran a los dioses paganos. Ellos se encabezonaron en que no, así que Daciano, que era muy suyo, martirizó a Vicente y desterró a Valero a tierras del Somontano. Allí murió el hombre, y como tenemos la costumbre de no dejar tranquilos los cuerpos de los santos el suyo acabó, con el tiempo, en Roda de Isábena, en cuya catedral se guardaba (seguramente entero) hasta que se conquistó Zaragoza. Pero ya sabéis que a los santos difícilmente se les deja reposar después de muertos, y descuartizarlos es una costumbre de lo más extendida. Así que primero se trajo a la ciudad un hueso del brazo (que es la forma que se le dio al correspondiente relicario, que se conserva en su capilla de la Seo y que se besa el día del santo, cada 29 de enero) y luego… ¡¡¡nada menos que el cráneo, la calavera de San Valero!!! ¿Os imagináis dónde está? Pues claro, dentro del busto, no podía ser en otro lugar. Parece ser que cuando llegó a la ciudad la reliquia hizo un milagro, sacando el demonio del cuerpo de una mujer. ¿Queréis verlo? Pues para ver al mismísimo demonio en forma de una especie de murciélago repugnante salir del cuerpo de la mujer, ante la admiración y el susto de media Zaragoza, tendréis que ir a ver un día de estos el retablo mayor de la Seo, porque allí está todo.

Reconstrucción a partir del cráneo del Papa Luna

Pero aún hay más cráneos en esta historia. Resulta que siempre se había dicho que el busto de San Valero era un retrato de Benedicto XIII, el Papa Luna (que fue quien pagó los tres, además de uno de Santa Engracia que no se conserva). No había confirmación, pero ahora la hay, y todo gracias a que su cráneo se conserva. En realidad se conservaba todo el cuerpo momificado en la capilla de su palacio de Illueca (se llevó allí unos años después de que muriera en Peñíscola), pero en el siglo XVI a un sacerdote italiano que pasaba por allí no le debió gustar aquello, la emprendió a palos con la momia y la dejó hecha una pena. Parece ser que tiempo después, en época de la Guerra de Sucesión, los franceses tiraron el cuerpo al río y sólo se salvó la calavera, que rescataron unos labradores.

El cráneo del Papa Luna. Polvo somos, no hay más

Por cosas de matrimonios la calavera pasó a estar en la capilla del palacio de los condes de Argillo en Sabiñán, y así, con el palacio en ruinas, llegamos al 7 de abril del 2000. Ese día se cumple la profecía que San Vicente Ferrer había hecho quinientos y pico años antes: “Para castigo de la soberbia del Papa Luna, con su cabeza algún día jugarán los niños a modo de pelota“. ¡¡¡Qué clarividencia!!! Efectivamente, dos hermanos de Sabiñán la robaron ese día para pedir un rescate de un millón de pesetas. ¿Queréis leer el primer anónimo que mandaron? Pues abrochaos el cinturón, que la cosa lo merece:

HOLA SIQUEREIS LA CABEZA DEL PAPA LUNA REBELAR LAS FOTOS Y LAS BEREIS. YO ME PONDRE EN CONTACTO CON BOSOTROS. ME LLAMO JESUS ANTONIO EL COLECCIONISTA

Las criaturas, aparte de haber jurado odio eterno a la ortografía, compraron el carrete de fotos en una tienda del pueblo y sellaron la carta en la Oficina de Correos de Sabiñán (donde preguntaron si era posible enviar un sobre sin remite, los angelicos). Vamos, que fueron dejando todo un reguero de pistas.  ¿Queréis leer el segundo anónimo?

OLA SEÑOR JAVIER COMO USTED YA SABRA TENGO EN MI PODER EL CRANEO ASI QUE ESIJO UN MIYON DE PESETAS.

Aún hubo otro anónimo, en el que se muestran de lo más picajosos.

NO YAME A LA POLICIA NI TAMPOCO A ANTENA 3 YA QUE ESTOS SE HAN BURLADO DE MI FORMA DE ESCRIVIR

Sin palabras. Tras una cita con el alcalde en la arboleda de Macanaz de Zaragoza (a la que no acudieron), otro anónimo en el que decía que estaban practicando ritos satánicos con la cabeza… el culebrón acabó, cinco meses después de que empezara, con la recuperación del cráneo, su declaración como Bien de Interés Cultural y un estudio que dio como resultado que sí, que era de un anciano de época del Papa Luna y que todo hacía pensar que pudiera ser él. ¿Sabéis cuál fue la prueba definitiva? Pues que los rasgos de aquel cráneo coincidían casi exactamente con los del busto-relicario de San Valero. ¿Casi? Pues sí, porque el Papa se había mandado retocar la nariz en el retrato (por lo visto la tenía muy aguileña y al hombre no le gustaba). Pura coquetería pontificia, vamos. En fin, que si queréis saber todos los detalles lo mejor que podéis hacer es pinchar aquí para leer el blog de Antonio Tausiet, o leer “Papa Luna. El rescate de un Pontífice olvidado“, escrito por Jesús Pastor y Octavio Rani, guardias civiles que participaron en el rescate.

Si queréis descubrir LOS SECRETOS DE LA SEO no os podéis perder la visita que hemos preparado para los sábados de julio y agosto a las 10’30, con la fresca:

Cuándo – Sábados de julio y agosto a las 10’30 de la mañana
Dónde – Puerta principal de la Seo
Precio – 10 € por persona (jubilados, 8 €; parados, 5 €)
Reservas – Llamando al 976207363 o entrando aquí

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San Vicente, con su inseparable rueda de molino, en su capilla de la Seo

Cuenta la tradición que allá por el 304 d.C. moría en Valencia, martirizado por los romanos, Vicente de Zaragoza (aunque parece que había nacido en Huesca). Era diácono del obispo San Valero quien, al ser tartamudo, le dejaba al cargo de la predicación. Sobre su martirio circulan historias de lo más variadas, empezando por cargarle las culpas al gobernador romano Daciano (un ser maligno y perverso sin límites que aparece en montones de tradiciones, historias o leyendas por toda España, y que parece que no hubiera hecho otra cosa en su vida que martirizar cristianos con una saña digna de mejor causa).

Interrogatorio de Sän Vicente y San Valero por Daciano

Daciano detuvo a Vicente y a Valero por cristianos, claro, y los mandó llevar ante él. ¿Veis el relieve del retablo de la Seo de Zaragoza? Pues bien, de los dos que aparecen abajo a la izquierda con las manos atadas Vicente es el jovencico, y Valero el más viejete. De los tres con cara de malos que hay a la derecha Daciano es el del centro, el que tiene la barba rubia y está sentado en una silla de tijera. Como no hubo forma de que adoraran a los dioses paganos (los de la esquina superior derecha, desnudos o casi, como buenos paganos), que era de lo que se trataba, Daciano, que no podía jugarse el prestigio, actuó. A Valero (que aún no era santo, pero se lo estaba ganando) lo mandó desterrado a Enate. A Vicente le empezó a hacer todo tipo de perrerías para que renunciara a su fe. Le puso en el potro hasta que le descoyuntó las articulaciones, le abrió las tripas con unos garfios… en fin, que no sigo porque ya os podéis hacer una idea de la situación. Al final Vicente se murió, claro, y lo arrojó a un muladar en las afueras de Valencia (porque todo esto estaba pasando en Valencia, no sé si os lo había dicho). ¡¡¡Pasmaos!!! Los animales respetaban el cuerpo, y unos cuervos lo protegían para que ninguno se lo comiera. Y esto a Daciano le tocó el amor propio, normal, así que puso manos a la obra y tiró el cuerpo al mar atado a una rueda de molino. ¿Queréis ver lo que pasó? Pues mirad este cuadro.

En este cuadro que hay en la capilla de San Vicente, en la Seo, queda todo bien claro

El cuerpo de San Vicente sobre la rueda de molino, que flota sobre las aguas del mar, y con los cuervos vigilantes, por si acaso. La cuestión es que después de esto… Después de esto, nos vamos de viaje.

Escudo de Lisboa, con el barco, los cuervos…

Cuando uno pasea por Lisboa hay algo relacionado con Zaragoza que está por todas partes. En las farolas, en las papeleras, en los membretes de las cartas oficiales, en el pavimento… ¿No os imagináis qué puede ser? Pues el escudo de la ciudad, un barco con dos cuervos. ¿Y qué tiene que ver? Si fuera la Virgen del Pilar, un adoquín, yo qué sé… estaría claro. Pero así… ¿No os imagináis lo que pasó? Pues eso mismo, que los cristianos de Valencia pusieron el cuerpo de San Vicente en un barco, vigilado por los cuervos, y él solico fue navegando, navegando… hasta el sur de Portugal, ni más ni menos. Si esto no es un milagro, que baje Dios y lo vea. El caso es que hoy, en el escudo de Lisboa, aparece ese barco con los cuervos protegiendo a San Vicente, y dominando todo el paisaje de Alfama está la espectacular basílica de San Vicente da Fora (de fuera, fuera de la muralla) pagada por Felipe II cuando logró ser rey de Portugal. Allí sigue estando el cuerpo (el suyo o… el de quien sea). La próxima vez que vayáis a Lisboa no os perdáis el increible placer de caminar por sus tejados con el Tajo a vuestros pies. Por cierto, la cúpula que aparece por detrás en la fotografía es el Panteón Nacional, y ¿sabéis a quién está dedicado? Pues a Santa Engracia (santa portuguesa, por otra parte). Más zaragozano todo, imposible.

Sao Vicente da Fora

Si estáis pensando que San Vicente está tranquilo y completo en su tumba, estáis completamente equivocados. Está repartido en trocicos por media Europa, que para eso fue uno de los santos más venerados de toda la Edad Media. Así que continuamos nuestro viaje para irlo reconstruyendo y volvemos a Valencia, porque ¿los valencianos no se quedaron nada? Pues no sabemos si se lo cortaron antes de montarlo en el barco o lo reclamaron después, pero el caso es que tienen el brazo incorrupto (y un poco chamuscado, de tanto martirio) en una capilla de la catedral de Valencia. Eso sí, lo suyo les ha costado recuperarlo, pues un obispo de finales del siglo XI parece que era aficionado a llevárselo de viaje. Se fue para Tierra Santa y se llevó el brazo para que le protegiera de las adversidades del camino (que eran muchas en aquellos tiempos, eso hay que reconocerlo), y como el hombre se murió en Italia allí se quedó el brazo… ¡¡¡hasta 1970!!! Volvió en una fragata de la Armada española con todos los honores, pero incompleto: le falta un pulgar, que continúa en paradero desconocido.

El brazo, en su urna

Pero no se vayan todavía, que aún hay más. Nos vamos ahora para París, ni más ni menos. Resulta que allá por el siglo VI un rey de los francos tomó Pamplona y llegó hasta Zaragoza. No consiguió tomarla, pero se llevó a París la túnica de San Vicente (¿pero no habíamos quedado que el cuerpo estaba en Lisboa?). Parece ser que el hombre se enteró de que los habitantes de Zaragoza habían colocado la ciudad bajo la protección del santo, y como vio que la cosa funcionaba… pues se llevó la túnica. No me preguntéis como consiguió hacerse con ella sin conquistar la ciudad, porque para esto no tengo respuesta. El caso es que en su honor hizo construir a las puertas de París el monasterio de Saint Germain des Prés, o sea, de los prados (hoy famoso por los cafés que lo rodean, donde miraban la vida pasar Sartre, Simone de Beauvoir, Juliette Greco y compañía).

Saint Germain des Prés, después de siglos de obras

¿Creíais que ya habíamos acabado de viajar? Pues para nada, porque el pobre San Vicente está repartido un poco por todas partes, tanto que da que pensar si en un solo hombre cabe tanto hueso. Os dejó aquí algunos ejemplos, entre los muchos que hay:

En Brindisi (Italia) tienen un dedo. ¿Será el pulgar desaparecido? No lo parece, la verdad

Estamos en Dijon (Francia), y el hueso de San Vicente, perfectamente etiquetado, es el segundo empezando por arriba

¿Y en Zaragoza? Porque al fin y al cabo, aunque naciera en Huesca (algo sobre lo que hay dudas, la verdad), de toda la vida es sabido que “el buey no es de donde nace, sino de donde pace”, y la carrera la hizo en Zaragoza. La cuestión es que en la Edad Media un rey de Aragón pidió a un rey de Portugal que tuviera un detalle y le mandara un trozo del santo. Aún la conservamos, que para algunas cosas seremos dejaos, pero para otras… en el retablo mayor de la Seo está este busto-relicario, y dentro… pues eso, que está dentro. Ahora mismo no sé qué parte del cuerpo será la que se conserva en su interior, pero desde luego el relicario es maravilloso. Es uno de los cuatro que regaló el Papa Luna a finales del siglo XIV y que se habían hecho en los talleres de Avignon (los otros son los de San Lorenzo y San Valero, además del de Santa Engracia, este último desaparecido).

Busto-relicario de San Vicente

Si queréis descubrir LOS SECRETOS DE LA SEO no os podéis perder la visita que hemos preparado para los sábados de julio y agosto a las 10’30, con la fresca:

Cuándo – Sábados de julio y agosto a las 10’30 de la mañana
Dónde – Puerta principal de la Seo
Precio – 10 € por persona (jubilados, 8 €; parados, 5 €)
Reservas – Llamando al 976207363 o entrando aquí

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San Roque delante del retablo de San Pablo, preparado para salir en procesión por las calles del barrio del Gancho

Eso de “la pareja del verano” no viene de ahora, ni mucho menos. Es un invento tan viejo que una de las dos parejas estrella año tras año es la formada por la Virgen y San Roque (15 y 16 de agosto). La otra, la de Santiago y Santa Ana (25 y 26 de julio). A todos nos encantan, porque son sinónimo de fiesta, verbena en el pueblo, baile agarrao, unos vinos de más, risas con los amigos de siempre y todas esas cosas que hacen que la vida merezca la pena. Eso sí, como la cosa va de bichos nos quedaremos con San Roque. Bueno, con San Roque y su inseparable perro, que también forman una de las parejas más estables de todo el santoral. O perra, que esto no está muy claro. En Calatayud, de donde San Roque es patrón, dicen que era perra y se llamaba Rouna (y de ahí el nombre de una de las peñas).

San Roque saliendo de la iglesia de San Valero, en las Delicias

San Roque está presente en varias iglesias zaragozanas, como San Pablo o San Valero (de estas dos salen procesiones el 16 de agosto). Sin embargo, creo que no hay ninguna iglesia dedicado al santo en Zaragoza, aunque tiene plaza, y eso no lo puede decir todo el mundo. Y no en cualquier sitio, no: en pleno Coso, delante del colegio de las Escolapias. Allí estaba el arco de San Roque, ya desaparecido como tantos en nuestra ciudad.

El arco de San Roque estuvo ahí, viendo pasar el tiempo, hasta 1942

El arco estaba pegado al convento de Santo Tomás de Villanueva, al que pertenece la iglesia de la Mantería, sobre lo que hoy es la calle Teniente Coronel Valenzuela. ¿Y por qué se llamaba así? Pues porque San Roque era el patrón del gremio de los manteros, que estaban instalados en esta zona. Y muy cerca de allí, en la parroquía de San Pablo, se fundó en 1876 (aunque la devoción es mucho más antigua) la archicofradía de San Roque, que hoy sigue organizando la fiesta en honor del santo cada 16 de agosto.

San Roque saliendo a la calle

Ese día la imagen sale a la calle en procesión y se reparte el pan bendito. El resto del año se conserva en una hornacina que está al lado de la sacristía, así que si os animáis a pasaros por allí un día de estos podréis ver esta estupenda imagen del siglo XVII. Y para que no tengáis que esperar hasta el próximo 16 de agosto aquí tenéis un vídeo con imágenes de la procesión.

¿Quién era este San Roque para ser tan popular? Pues parece que allá por 1295 nació en Montpellier, así que le pasaría aquello de la canción:

Asombróse un portugués

al ver que en su tierna infancia

todos los niños de Francia 

supieran hablar francés.

Arte diabólico es,

dijo arrugando el mostacho,

que un hidalgo en Portugal

llega a viejo y lo habla mal,

y aquí lo parla un muchacho.

¿Queréis oirlo en la voz de la Niña Pastori? Pues pinchad aquí, y disfrutad de “El portugués”.

El caso es que el pequeño Roque, que es a lo que íbamos, no sólo hablaba francés desde siempre, que eso en Montpellier no le llamaba la atención a nadie, sino que nació con una cruz roja en el pecho, y eso sí que les impresionó bastante, que prodigios así no se veían todos los días. La cuestión es que pronto se quedó huérfano, y en vez de dedicarse a vivir de las rentas vendió la herencia de sus padres y la repartió entre los pobres. Decidió entonces marcharse de peregrinación a Roma, y pronto se hizo famoso por que tenía mano de santo para curar a los enfermos de la peste. Y claro, de tanto tentar a la suerte paso lo que tenía que pasar, que él mismo se contagió y se tuvo que retirar a un bosque para no infectar a otros. Si a eso le sumamos que había recibido un flechazo en la pierna, debía de estar el pobre para pocos trotes, la verdad. ¿Os lo imagináis allí solo, enfermo, sin comida ni nadie que le cuidara? Pues no os preocupéis demasiado, que ahora es cuando aparece el perro. Ya le estabais echando en falta, ¿no? Pues ya llega, tranquilos.

San Roque va vestido como un peregrino, con el sombrero a la espalda, una bolsa en bandolera, el bastón, las botas… y su inseparable perro con el pan en la boca. Ah, y la herida de la flecha en la pierna, que se me olvidaba.

Resulta que un perro descubrió a Roque en medio del bosque y a partir de entonces cada día robaba un panecillo de la mesa de su amo, un hombre rico que, un día, ya un poco mosqueado, decidió seguirlo. Asombrado, se llevó a Roque a su casa, le alimentó (que no sólo de pan vive el hombre) y le curó. Eso sí, parece que el que le curó definitivamente fue un ángel, que aquel señor (Gottardo Pallastrelli, para más señas) de medicina debía saber más bien poco. La cuestión es que a pesar de que su vida está envuelta por las brumas de la leyenda y hay más dudas que certezas, es todavía hoy un santo de lo más popular, y a lo largo de los siglos se le ha pedido protección sobre todo en caso de peste. Si en la iglesia de tu pueblo hay una imagen suya, es más que probable que en algún momento, hace siglos, le invocaran para que les salvara de alguna epidemia, le sacaran en procesión… como hoy se sigue haciendo en tantos lugares.

¿Os ha parecido interesante la historia del perro de San Roque? Pues si queréis saber mucho más sobre la fauna que vive en los edificios, las calles y las plazas de Zaragoza podéis apuntaros el domingo 19 de mayo a nuestra ruta “Un safari en Zaragoza” a un precio muy especial con motivo del DÍA INTERNACIONAL DE LOS MUSEOS. Si queréis saber más entrad aquí, y para reservar podéis llamarnos al 976207363 o entrar aquí.

 

Tarde de toros

El león de San Marcos, un trozo de Venecia en Zaragoza

El caballo de Palafox 

El caballito de la Lonja

Los ¿delfines? de Neptuno

Los gallos de las veletas… y algún otro

El león del Batallador

El tocinico de San Antón

La cierva de San Gil

Los camellos de la Seo

El dragón de San Jorge

Leones de colores

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Cuando uno pasea por Lisboa hay algo relacionado con Zaragoza que está por todas partes. En las farolas, en las papeleras, en los membretes de las cartas oficiales, en el pavimento… ¿No os imagináis qué puede ser? Pues el escudo de la ciudad.

Un barco con dos cuervos. ¿Qué tiene que ver esto con Zaragoza? Si fuera la Virgen del Pilar, un adoquín, yo qué sé… estaría claro. Pero así… Bueno, pues hay que remontarse un poco en el tiempo y marcharnos hasta época de San Valero, obispo de Zaragoza que debía ser un poco tartamudo y tenía un diácono que predicaba por él: Vicente, nacido en Huesca. A Valero y a Vicente los detuvo un gobernador romano que tenía una inquina que pa’qué contra los cristianos, un tal Daciano (quedaos con el nombre, y si os lo cruzáis corred en la otra dirección). A Valero lo dejó más o menos en paz, porque estaba ya un poco viejales, pero a Vicente… le hizo las mil y una perrerías, y no se moría ni a tiros. Cuando consiguió matarlo lo tiró al campo a ver si se lo merendaban los animales salvajes, y no sólo no se lo comieron sino que los cuervos vigilaban el cadáver. Después de eso lo tiró al mar con una rueda de molino, y el cuerpo… ¡¡¡salió a flote!!! Corriá el año 304, antesdeayer, como quien dice, y los cristianos de Valencia, que era donde ocurría todo esto, lo pusieron en un barco que, él solico, fue navegando, navegando, navegando hasta Portugal.

El caso es que hoy, en el escudo de Lisboa, aparece ese barco con los cuervos protegiendo a San Vicente, y dominando todo el paisaje de Alfama está la espectacular basílica de San Vicente da Fora (de fuera, fuera de la muralla), donde sigue estando el cuerpo (el suyo o… el de quien sea).

La próxima vez que vayáis a Lisboa no os perdáis el increible placer de caminar por sus tejados con el Tajo a vuestros pies. Por cierto, la cúpula que aparece por detrás en la fotografía es el Panteón Nacional, y ¿sabéis a quién está dedicado? Pues a Santa Engracia. Más zaragozano todo, imposible.

Se me olvidaba que en la Edad Media un rey de Aragón pidió a un rey de Portugal que le mandara un trozo de un santo tan nuestro, una reliquia. Aún la conservamos, que para algunas cosas seremos dejaos, pero para otras… en el retablo mayor de la Seo está este busto-relicario, y dentro… pues eso, que está dentro.

Otro día, más cosas sobre Zaragoza y Lisboa, que las hay. Ahora os dejo con un poco de música: pinchad aquí y escucharéis a Amalia Rodrigues cantando “Lisboa Antiga”. Casi ná.

Ya sabéis, si queréis conocer ésta y otras muchas historias mientras disfrutáis con la gastronomía portuguesa… no os podéis perder una auténtica cena portuguesa en el Atrapamundos(C/ Mefisto, 4), en la que os contaremos montones de historias sobre esta ciudad maravillosa mientras disfrutamos de un menú 100% portugués:

  • Arroz Peixe
  • Bacalahau a Braz
  • Pastéis de Belém

Si queréis saber más entrad aquí, y para reservar llamadnos al 976207363 o entrad aquí. Y para que os vayáis animando, aquí os dejo unos cuantos posts de nuestro blog dedicados a Lisboa:

La verbena de Santo Antoni0

San Antonio, pesetero y casamentero

El paraíso del bacalao

Sao rosas: la historia de Santa Isabel

Los pastéis de Belém

Los Jerónimos de Lisboa… y los de Zaragoza

Un rinoceronte muy viajero

Cuarto y mitad de San Vicente

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Lunas Pasajeras

Tu rincón cultural dónde encontrar todo lo que puedas soñar, con información actual y útil para ti en clave femenina.

Piee Santiago Hernández

Actividades Extraescolares, curiosidades y más del IES Santiago Hernández

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Archaeology and Material Culture

The material world, broadly defined

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