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Posts Tagged ‘Rutas guiadas’

El Pilar es el edificio más visitado de Zaragoza y, probablemente, el menos conocido. Suena chocante, ¿verdad? La extraordinaria atracción de la Virgen del Pilar hace que el resto del edificio quede prácticamente en sombra y no le hagamos mucho caso. Es verdad que de esa situación se salva Goya, y en todo caso las bombas, pero poco más.

Santa Capilla

Pues bien, para acercarnos a descubrir este increíble lugar, su historia, sus tradiciones, sus leyendas, sus tesoros artísticos… y sobre todo, para intentar comprender el origen de esa relación tan estrecha, íntima, entrañable y peculiar que tiene Zaragoza con la Virgen del Pilar, hemos preparado una visita muy especial en la que recorreremos detenidamente el edificio, su historia, sus tradiciones y leyendas, sus obras de arte…

Cuándo – 4 y 11 de octubre a las 11’00, y 6, 8 y 10 de octubre a las 18’00

Dónde – Puerta principal del Pilar (junto al Ayuntamiento)

Precio – 8 € por persona (jubilados y estudiantes menores de 26 años, 7 €; parados, 4 €)

Reservas – Llamando al 976207363 o entrando aquí

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El 2 de mayo de 1808 el pueblo de Madrid se levanta contra los franceses, y esa misma tarde los dos alcaldes de Móstoles lanzaron un bando en el que llamaban a la insurrección contra el invasor. Tres semanas después los zaragozanos se echaban a la calle e iban a la Capitanía General a pedir armas para defenderse. Al día siguiente Palafox tomaba el mando y se ponía rápidamente a organizar la defensa de la ciudad. El 15 de junio los franceses estaban a las puertas de Zaragoza, convencidos de que sería cosa de uno o dos días. El resto lo conocemos todos: la ciudad se defendió con uñas y dientes durante dos terribles Sitios en los que murieron más de 50.000 personas.

Con motivo del Día de la Mujer, el próximo 8 de marzo, hemos programado una ruta en la que hablaremos del papel de las mujeres durante aquellos meses de 1808 y 1809. Agustina de Aragón, Casta Alvarez, la madre Rafols, la condesa de Bureta, María Agustín y muchas otras no se limitaron al papel que les asignaba aquella sociedad tradicional, sino que se echaron a las armas y lucharon por defender lo suyo y a los suyos hasta el punto de que Goya llegó a exclamar en uno de sus grabados: “Y son fieras”. Pues bien, hoy vamos a conocerlas un poco mejor, y para ello vamos a descubrir algunos lugares poco conocidos pero fascinantes. Empezaremos por el magnífico monumento de la plaza del Portillo y de allí nos iremos al Museo de la Madre Rafols, en el que podremos ver una reconstrucción de su habitación, su botijo milagroso (al que nunca le faltaba agua), un maletín con instrumentos quirúrjicos de los que se utilizaban en el Hospital de Gracia en época de los Sitios… y la preciosa iglesia del Noviciado de Santa Ana en la que se encuentran su tumba y la del padre Bonal, héroe de los Sitios como ella. De allí nos iremos al Hospital Provincial (heredero del Hospital de Gracia, desaparecido en la Guerra de la Independencia), donde además de la iglesia veremos la cripta, en la que están enterradas algunas de las monjas que murieron en la defensa de la ciudad.

Y por cierto, se me olvidaba: en el camino nos encontraremos con algunas de aquellas mujeres y también con sus descendientes, que nos contarán como la sangre de las heroínas de los Sitios sigue corriendo por las venas de las zaragozanas actuales.

Cuándo – 5 y 7 de marzo a las 10’30

Dónde – Monumento de la Plaza del Portillo

Precio – 12 € (10 € para jubilados y estudiantes menores de 26 años, 7 € para parados)

Reservas – Llamando al 976207363 o entrando aquí

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Vivimos en una tierra de dragones, mire usted por dónde. Bueno, más bien de dragón. Y no sólo por el dragón de San Jorge, que de ése hablaremos otro día, sino por que la palabra Aragón es tan parecida a dragón que oye, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, un buen día decidieron que el dragón podía servir como símbolo del reino. Y como consecuencia de eso, en Zaragoza viven un montón. ¿Conocéis alguno?

¿Véis el casco con el dragón que hay encima del escudo? Pues a eso nos referimos

Ya que se ponían, los reyes aragoneses se encargaron una cimera (una mezcla entre casco y corona, más o menos) de lo más molona, con un dragón con alas para ponérselo en la cabeza. ¿Veis el relieve que hay en la foto? Pues encima del escudo del centro, con las barras, tenéis el casco (por cierto, podéis ver éste y su pareja en el patio del Museo de Zaragoza, en la plaza de los Sitios; los que hay en el Pignatelli, en la fachada que da a la parte de atrás que siempre había sido la de delante, son una copia). Discreto, ¿verdad? Arreglao pero informal, diría yo.

¿Cimera viene de cima?Al fin y al cabo se colocaba en la cima del yelmo, ¿no?

Aunque a lo mejor la palabra cimera no viene de cima, sino de quimera, por las figuras fantásticas que ponían los caballeros sobre los yelmos, que podían recordar a una quimera (un monstruo de tres cabezas que vomitaba llamas). Las figuras se hacían de cartón o de pergamino, y podían ser de lo más espectaculares.

Aquí se ve cómo se colocaba la cimera sobre el casco. Todo muy ponible, ¿no?

El primero que utiliza este símbolo es Pedro IV, y a partir de él lo hicieron sus sucesores. P.ej., Fernando el Católico la usa para coronar su escudo en la Aljafería, y lo podemos ver en varias de las techumbres de madera de la zona que él amplió.

Y sin salir de la Aljafería, el dragón no podía faltar en un lugar como el salón principal del palacio. A finales del siglo XV Fernando el Católico encargó una gran reforma en el palacio de sus antepasados, y hoy todavía podemos ver el extraordinario resultado. Lo más espectacular es, probablemente, el artesonado del conocido como salón del trono.

Esta maravillosa techumbre está llena de detalles curiosos, y concretamente un buen montón de pequeños dragones. ¿Sabéis dónde? Pues si os fijáis, en la parte de abajo de la foto que tenemos encima hay una banda con una inscripción, ¿no? Pues bien, mirad ahora la banda que hay encima, llena de hojas de cardo (algo muy de moda en aquellos años). Aquí tenéis un detalle.

¿A que son simpáticos, los dragoncicos jugando entre los cardos? ¿No os habíais fijado? ¿Y a qué estáis esperando para acercaros un día de estos?

¿Qué, os imaginabais que pudiera haber tantos dragones en Zaragoza? Pues esto no es nada, porque aún hay muchos más. En otro “capítulo” hablamos del dragón de San Jorge, que ése sí que era un dragón en condiciones, con fuego, princesas secuestradas y toda la parafernalia.

 

Si queréis saber mucho más sobre la fauna que vive en los edificios, las calles y las plazas de Zaragoza podéis apuntaros a nuestra ruta “Un safari en Zaragoza”. Si sois un grupo podéis poneros en contacto con nosotros llamando al 976207363 o escribiendo a educacion@gozarte.net, y si no estad atentos a nuestra programación. Podéis conocerla siguiéndonos en http://www.facebook.com/gozARTE, y si queréis recibir vuestro boletín no tenéis más que enviarnos un e-mail con vuestro correo electrónico.

 

 

Fauna zaragozana – el tocinico de San Antón

Fauna zaragozana – la cierva de San Gil

Fauna zaragozana – los camellos de la Seo

Un safari a la fresca

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Desde que recuerdo he oído a mi madre decir que voy como el tocinico de San Antón, o sea, como vaca sin cencerro. Y la cuestión es: ¿qué haría el pobre tocino de San Antón para que nuestras madres lo tengan tan presente? Y sobre todo, ¿por qué San Antón tenía un tocino “que le dan sopas y vino y le dicen borrachón”? Lo primero de todo, y antes de empezar, ¿dónde podemos ver a San Antón con su tocino en Zaragoza? Pues sobre todo en la iglesia de San Pablo (donde está su cofradía) y especialmente un día al año, el 17 de enero. Luego contamos lo que pasa allí, porque es una auténtica fiesta.

17 de enero, San Antón sale a las calles del barrio de San Pablo

Este San Antón nació en Egipto y era casi de la quinta de Cleopatra, porque nació hacia el año 250. Con la herencia que le dejaron sus padres tenía para un buen pasar, pero al hombre le dio por retirarse al desierto y hacerse ermitaño, que por lo visto lo iba esto de la soledad (con deciros que los primeros años se los pasó durmiendo en una tumba vacía, os lo digo todo). La cuestión es que al demonio no le hacía mucha gracia ver a un hombre tan virtuoso, y se puso rápidamente a la faena de tentarlo. Pero que si quieres, San Antonio aguantando como un jabato sin hacer ni caso a ninguna de las tentaciones: ni mujeres, ni riquezas, ni ná de ná. El a lo suyo, a rezar y rezar todo el día.

Cómo veis el demonio se lo curraba, pero San Antonio erre que erre, aguantando lo que le echaran

De todas maneras, que estuviera retirado en el desierto no quiere decir que el hombre no tuviera contacto con nadie. Se hizo una excursión, por ejemplo, a visitar a otro ermitaño, Pablo el Simple, que tan simple no sería porque se las había ingeniado para que cada día un cuervo le llevara un pan en el pico, y así iba tirando. Pues bien, el cuervo también debía ser agudo, porque ese día, como se olió que había visita en vez de un pan llevó dos. ¿Qué os parece? Pues así se lo imaginó Velázquez.

San Antonio Abad, San Pedro Ermitaño y el cuervo panadero

Pero no queda ahí la cosa. No sé si veréis que al fondo del cuadro aparece San Antonio (de negro) enterrando a San Pablo (de blanco). Pues bien, no lo hizo solo. Le ayudaron un par de leones y otros bichos de por allí, y por eso se convirtió en patrón de los animales (y de paso de los sepultureros también). También cuentan que un día se le acercó una jabalina con sus jabatos, que eran ciegos. San Antonio los curó, y desde entonces la jabalina siempre estuvo con él para defenderle de lo que fuera. Y aquí viene la pregunta: ¿por qué no se le representa ni con el cuervo, ni con los leones ni con la jabalina, sino con un cerdo? Pues es por una cosa un poco simbólica, porque como el cerdo es un animal impuro el santo aparece así como dominando las impurezas, el pecado y todas esas cosas. Un poco peculiar la relación, pero…

San Antón con su tocino

Mucho tiempo después de su muerte, hacia el año 1100, nació la orden de los Hermanos Hospitalarios de San Antonio para cuidar a los que sufrían de un herpes que se llegó a conocer como “fuego de San Antonio”. La fundó un noble francés, agradecido por haberse curado milagrosamente gracias a las reliquias del santo. En Zaragoza tuvieron un hospital donde ahora está la plaza de San Antón (entre el Mercado Central y San Juan de los Panetes, aunque no es muy conocida porque más parece un patio de manzana que una plaza pública). Y aquí viene la segunda relación con el tocino, y la explicación a la frase de mi madre. Para mantener el hospital había que hacer un poco de todo, y concretamente se compraba cada año un tocino que se dejaba suelto, para que los vecinos del barrio le fueran echando de comer lo que tuvieran. El tocino iba de lado a lado mientras se iba engordando, pasaba la noche en la casa que le pillaba más a mano y se iba con el primero que pasara, hasta que cuando llegaba enero se organizaba una rifa, y con los beneficios el hospital tiraba un poquillo. Algo parecido se hacía en muchos pueblos, y de ahí viene lo de ir como el tocinico de San Antón.

Bendiciendo a los animales en San Pablo. Perros, iguanas, tortugas, gallinas, peces de colores… menuda fauna la del barrio de San Pablo el 17 de enero por la mañana

Pero aún hay más, que este tema da mucho de sí. ¿Recordáis que San Antón es el patrón de los animales? Pues el día de su fiesta, 17 de enero, hay bendición masiva. ¿Nunca habéis estado? Pues el año que viene no os lo perdáis, porque os va a encantar. Primero misa “zoológica”, o sea, con todos los bichos por la iglesia. Luego bendición, que es lo que se ve en la foto de arriba y en la de abajo. Todo el mundo con sus bichos y el párroco de San Pablo dale que te pego al agua bendita.

“Aquí, mosen, aquí”

Después procesión por el barrio, con banda de música incluida, y luego bailoteo. Lo dicho, no os lo perdáis. A mí es una de las tradiciones zaragozanas que más me gusta, y no falto nunca. Y si tenéis algún bicho, sea perro, gato, conejo o sardina rancia, llevaoslo, que un buen chorro de agua bendita nunca le ha echo mal a nadie.

Si queréis saber mucho más sobre la fauna que vive en los edificios, las calles y las plazas de Zaragoza podéis apuntaros el domingo 19 de mayo a nuestra ruta “Un safari en Zaragoza” a un precio muy especial con motivo del DÍA INTERNACIONAL DE LOS MUSEOS. Si queréis saber más entrad aquí, y para reservar podéis llamarnos al 976207363 o entrar aquí.

 

Tarde de toros

El león de San Marcos, un trozo de Venecia en Zaragoza

El perro de San Roque no tiene rabo

El caballo de Palafox 

El caballito de la Lonja

Los ¿delfines? de Neptuno

Los gallos de las veletas… y algún otro

El león del Batallador

La cierva de San Gil

Los camellos de la Seo

El dragón de San Jorge

Leones de colores

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Allá por el siglo VII nació Gil en Atenas, en una familia de posibles. El chico salió listico y se dedicó a estudiar, pero un buen día decidió dejarlo todo y repartir entre los pobres la herencia de sus padres. Y claro, Dios debió pensar que había que tener un detalle con el chico, que había sido muy majete, y lo hizo milagrero. Pero sin especialización, podríamos decir, porque lo mismo calmaba una tempestad que te organizaba una lluvia de rosas en un momento o curaba a un enfermo de epilepsia, que para esto en concreto tenía mano de santo (vamos, que esta enfermedad se acabó conociendo como “mal de San Gil” en la Edad Media, no os digo más). El caso es que se hizo tan famoso con todo aquello que al pobre hombre no lo dejaban en paz, y como llevaba fatal el peso de la fama decidió emigrar a algún lugar donde no le conocieran. Y como lo mismo le daba un sitio que otro con tal de que estuviera bien lejos se fue a Francia, como se podría haber marchado a cualquier otro lugar.

Aquí tenemos a San Gil con su flecha y su cierva. ¿Que por qué? Seguid leyendo, impacientes

El caso es que nuestro personaje de hoy hizo lo que hubiera hecho cualquiera, porque en vez de irse a Bretaña o a Normandía, que llueve siempre y hace un frío que pela, se instaló en el sur, que es otra cosa, y fundó un monasterio. Pero claro, el hombre no podía evitar llamar la atención, todo el tiempo venga a hacer milagros y claro, la gente encantada. Así que un buen día decidió que ya valía, que él quería estar solico y rezando sin parar, así que se retiró a una cueva, en un bosque en el que no había nada que comer. ¿Preocupante? Pues claro que no, que éstas cosas siempre tienen solución. Una cierva iba todos los días, sin faltar uno, a darle leche.

Aquí tenemos a San Gil con su cierva en Zaragoza, encima de la puerta de su iglesia

El caso es que un día pasó por allí un cazador que no esperaba encontrarse a nadie por aquellos parajes, y sin querer le pegó un flechazo. Pero claro, como no hay mal que por bien no venga. Vino a resultar que aquel hombre era el rey visigodo (Wamba, para más señas), y claro, para pedir disculpas de alguna manera por haberle pegado semejante susto le ofreció un terrenito para construir un monasterio. Y chico, pues que sí, que venga, que se puso a fundar una abadía como quien no quiere la cosa. Y como él hombre era modesto no se la iba a dedicar a sí mismo, claro, que eso está feísimo, y se la dedicó a San Pedro y San Pablo. Con el tiempo, y después de que él muriera, ya vendrían otros que cambiarían la advocación y se la dedicarían a él. Vamos, aquello de desvestir a un santo para vestir a otro, que se ha hecho toda la vida.

La flecha en todo el pecho, pero ¿qué era eso para San Gil? Pan comido. Ya veis que ni se inmuta

La verdad es que no sabemos en que año murió, porque entre la alimentación tan variada que llevaba, los flechazos y unas cosas y otras este hombre tenía una esperanza de vida un poco limitada, pero lo que sí sabemos es que se le enterró en el monasterio que había fundado. Andando el tiempo el edificio se transformó en lo que es hoy, y allí sigue el sepulcro. Eso sí, un poco vacío, la verdad. En principio lo enterraron entero, claro, pero en el siglo XVI se llevaron los restos a Toulouse (poco podía quedar casi 800 años después de que se muriera, ¿verdad?), dejando allí una cosa testimonial y nada más.

La abadía que fundó San Gil se convirtió en un edificio magnífico con el tiempo. Está en Francia, en un pueblo que se llama Saint Gilles du Gard

De la cierva, en cambio, no sabemos nada. Suponemos que moriría la pobre, pero nada más.

Si queréis conocer la iglesia de San Gil en Zaragoza, no os podéis perder la visita que tenemos preparada, los viernes a las 20’30 hasta el 19 de septiembre. Si queréis más información o reservar llamadnos al 976207363 o entrad aquí. Y si queréis conocer más sobre la Fauna zaragozana, aquí os dejo unos cuantos posts de nuestro blog:

Tarde de toros

El león de San Marcos, un trozo de Venecia en Zaragoza

El perro de San Roque no tiene rabo

El caballo de Palafox 

El caballito de la Lonja

Los ¿delfines? de Neptuno

Los gallos de las veletas… y algún otro

El león del Batallador

El tocinico de San Antón

Los camellos de la Seo

El dragón de San Jorge

Leones de colores

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Sí, sí, en la Seo hay no uno ni dos, sino tres camellos, tres. Y bien visibles, además. Nada menos que en la escena principal del maravilloso retablo mayor. Si no os habéis parado nunca a saludarlos id cualquier día que tengáis una horilla libre con ganas de descubrir los mil y un maravillosos detalles que hay por todas partes. Si tenéis prismáticos o algo parecido llevadlo también, ya veréis como vale la pena.

Los Reyes Magos llegando al portal, con sus pajes, sus camellos, sus regalos… No falta de ná, como pa’una boda

Hoy sólo os voy a hablar de los animales que hay en la escena principal, que son unos cuantos. Más de diez y menos de quince, ni más ni menos. ¿Habíais visto tantos al primer golpe de vista? Pues miradla otra vez y contad a ver cuántos veis. Y no valen los que están en el marco, sólo los de dentro de la escena.

¿Qué diríais vosotros, camellos o caballos? Pues un poco de todo, para no discutir

Los primeros, claro, los camellos. Porque a estas alturas ya os habréis dado cuenta de que la escena representa a los Reyes Magos llegando al portal de Belén (la catedral se dedica al Salvador el día de su Epifanía, vamos, el 6 de enero). ¿Vosotros creéis que en el siglo XV, cuando se hizo el retablo, había camellos en Zaragoza? Pues ni uno ni medio. Y encima el escultor venía de Alemania, así que ya os podéis imaginar los que habría visto por allí. Habría leído descripciones y vería cuadros hechos por pintores que tenían más o menos la misma idea que él, pero nada más. Así que… hizo una especie de mezcla entre lo que sabía de los camellos y el animal más parecido a ellos que conocía: el caballo. El cuello es de camello, y se ve muy bien en el que está de perfil, pero la cara es de caballo. Y si no, fijaos en el que nos mira de frente y asoma por detrás de la cabeza del rey rubio. Y fijaos también en la silla de montar del que está de perfil, y en otra cosa más: los que pintaron el retablo cuando los escultores acabaron su trabajo les pintaron pelo, que también es una cosa muy de camellos.

El buey y la burra no podían faltar

Si os fijáis en la ventana que hay detrás de la cabeza de la Virgen, en el portal, ¿quién se asoma por ahí? Pues quién iba a ser, el buey y la burra, tan polémicos últimamente. Hasta aquí los clásicos, pero hay más. Vamos a mirar ahora encima del tejado del portal, lo que está al fondo de la escena. ¿Veis un pequeño pueblo, con algunas casitas? Y también un pastor con su rebaño, ¿no? ¿Cuántas ovejas? ¿Cuatro? ¿Cinco? ¿Qué creéis? ¿Lo que tiene a los pies es una oveja o un perro? Por cierto, si tenéis buena vista veréis que el pastor está tocando la gaita.

Tengo yo una ovejita lucera, que de campanillas, se ha puesto un collar…

Para darnos la sensación de que estos personajes están más lejos los ha hecho más pequeños, pero la verdad es que los ha hecho mucho más pequeños. No hay un termino medio, sólo el primer plano y el plano del fondo. Todavía no representa la profundidad a la manera renacentista, aumentando gradualmente el tamaño de los personajes a medida que se acercan al primer plano, sino a la manera medieval: lo que está más arriba es lo que está más lejos. Y funciona.

Busca, busca…

Ya sólo nos quedan dos, y como os he puesto la foto lo tenéis muy fácil. Uno es un perro, está claro. Lo que no está tan claro es lo que hace, pero si os fijáis bien… veréis que está olisqueando algo. Son unas huellas. A veces, en la Edad Media, se representaban en la misma “viñeta”, por utilizar una palabra actual, dos momentos de la misma escena. Aquí tenemos hasta tres. Los Reyes llegando al portal, el pastor con su rebaño y el perro olfateando las huellas de los camellos. Sabéis por qué, ¿no? Porque Herodes quiere localizar a los Reyes para que le digan donde está el portal, pero estos le han dado esquinazo.

Bueno, sólo falta un animal, pero este no os lo voy a decir, tenéis que descubrirlo vosotros cuando vayáis a la Seo cualquier día de estos. Sólo os doy una pista: está muy cerca del perro. Y para el día que vayáis, algunas cosas más: ¿Tenéis localizados a los tres Reyes? ¿Y las coronas y los regalos? ¿Y no hay nada raro aquí? Sí, y además salta a la vista. ¿Aún no os habéis dado cuenta? Pues la respuesta para otro día.

Si queréis descubrir LOS SECRETOS DE LA SEO no os podéis perder la visita que hemos preparado para los sábados de julio y agosto a las 10’30, con la fresca:

Cuándo – Sábados a las 10’30 de la mañana
Dónde – Puerta principal de la Seo
Precio – 10 € por persona (jubilados, 8 €; parados, 5 €)
Reservas – Llamando al 976207363 o entrando aquí

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