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Febrero ya está a la vuelta de la esquina, y ya sabéis que nos gusta dedicar este mes al Amor. Eso sí, al Amor con mayúsculas, al que mueve el mundo y te sacude como un terremoto, sin ñoñerías ni cursiladas. El que te hace perder la cabeza y es lo único que justifica cualquier cosa, ese que por un momento eterno te convierte en inmortal y hace que te sientas poderoso y eterno como los mismísimos dioses.

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Y de eso precisamente vamos a hablar en nuestras próximas CENAS DE LOS JUEVES, de amores grandes y terribles. Vamos a viajar en el tiempo hasta la Antigüedad para ver que en tiempos de los griegos y los romanos también había amores de esos que matan (muchas veces a disgustos, pero matar, matan). Nos moveremos por el territorio de la Historia y del Mito y conoceremos las apasionantes historias de Helena de Troya, Dido y Eneas, Ulises y Penélope, Marco Antonio y Cleopatra…

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Y muchísimas otras historias, la mayoría trágicas, que son las buenas. ¿Por qué? Pues porque las historias de amor felices son estupendas para vivirlas, pero para contarlas… “Fueron felices, comieron perdices” y chispún, se acabó la historia. En cambio, los grandes amores desgraciados son apasionantes, dramáticos, intensos, excitantes… y por eso nos apetece contar esas grandes historias para disfrutarlas juntos. Y todo ello, claro, acompañado de este menú:

  • Carpaccio de bacalao con risotto de hongos y confitura de tomate.
  • Chuletillas de ternasco a la brasa
  • Mousse de chocolate
  • Agua, vino, café

Y como siempre, si sois vegetarianos, celiacos o alérgicos a cualquier producto, solo tenéis que avisarnos al hacer la reserva y os prepararemos otra cosa.

Cuándo – Jueves 30 de enero y 6, 13, 20 y 27 de febrero a las 21’00

Dónde – Restaurante Caramús, Calle Espoz y Mina nº 9 (entrad aquí para ver un plano)

Precio – 22€ por persona

Reservas – Llamando al 976207363 o entrando aquí

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Este mes de diciembre vuelven nuestras “cenas urbanas”, y los miércoles 12 y 19 pasaremos un buen rato en una ciudad que me tiene loco, pero loco, loco: la incomparable Nueva York, el lugar más efervescente, dinámico y estimulante que existe en la Tierra.

Aunque la canción la estrenó la increíble Liza Minnelli, hay que ser justos y reconocer que fue Frank Sinatra el que le dio fama universal y la convirtió en un himno. Y es que no se puede retratar mejor a la ciudad en la que todo es posible, en la que cada día está lleno de oportunidades y cualquier cosa puede pasar.

“I want to be a part of it…”, como dice la canción

¿Queréis pasar una velada en la ciudad más excitante del mundo? Pues no lo dudéis, porque si hay un mes en el que Nueva York es más, muchísimo más, es diciembre. A mí la Navidad ni me gusta ni me deja de gustar, la verdad (yo soy más de Semana Santa), pero en Nueva York es otra cosa. ¿Y por qué? Pues porque sólo hay una forma digna de ser hortera, y es a lo grande. Un Papá Noel solitario en una esquina repartiendo publicidad, pues ni fu ni fa, la verdad. 150 viniendo por la Quinta Avenida, haciendo sonar sus campanas y cantando todos a la vez “Let it snow“… eso es un subidón. Un árbol de Navidad corriente con cuatro luces tristes, pues una penica como otra cualquiera. El Rockefeller Center Christmas Tree (sí, ya sé que es una pedantería ponerlo en inglés, pero es que no se le puede llamar de otra manera), con la pista de patinaje a sus pies y el rascacielos más elegante de la ciudad detrás, todo lleno de luces de colores… pues otro subidón, que queréis que os diga.

No se ve en las imágenes, pero hay como medio millón de personas (no exagero, medio millón, o eso dicen ellos) con la nariz colorada y el gorro hasta las orejas, muertos de frío. Yo estuve una vez y actuaron Enrique Iglesias y Britney Spears, pero he conseguido superarlo y recordar sólo lo bueno. El ambientazo, la fiesta, las rockettes del Radio City Music Hall…

Por lo menos una vez en la vida hay que ir al “Radio City Christmas Spectacular”, el increíble montaje navideño del Radio City Music Hall

Por cierto, ¿habéis oído hablar de las rockettes? ¿Cómo os lo explicaría yo? A ver, lo primero de todo, hay que ser o muy hortera o muy postmoderno para disfrutar de ellas, pero si cumples cualquiera de esos dos requisitos… no puedes perdértelas, porque no olvidarás nunca lo que has disfrutado. Ahí va un ejemplo.

En fin, que en las próximas semanas seguiremos hablando de Nueva York en Navidad: el belén napolitano del Metropolitan Museum, el Ejército de Salvación en las esquinas de la Quinta Avenida, la música de Cole Porter o Bing Crosby, películas como “¡Qué bello es vivir!” y muchísimas otras… Si quieres conocer estas y muchas otras historias… no te puedes perder nuestras cenas de los miércoles 12 y 19 de diciembre. ¿Queréis saber el menú? Pues os hemos preparado un paseo gastronómico por algunos de sus barrios, que es como decir una vuelta al mundo en ochenta minutos:

  • Chinatown (chino) – Dumplings de cerdo y gambas
  • Williamsburg (judío) – Latkes de patata y cebolla con salsa de yogur
  • Harlem (negro) – Costillas BBQ
  • Manhattan (mezcla total) – New York Cheesecake (o sea, la mejor tarta de queso que existe)
Y es que, aunque sigue habiendo gente que cree que los americanos no saben comer, en ningún lugar del mundo es posible comer tan bien, tan variado, tan original, tan todo… como en Nueva York. Y todo ello aderezado con música, cine, historias y muchas cosas más. No os lo podéis perder.

Dónde – Restaurante El Atrapamundos (C/ Mefisto, 4)

Cuándo – Miércoles 12 y 19 de diciembre

Precio – 22 € por persona

Forma de reserva – Llamando al 976207363 o entrando aquí

 

Y si queréis conocer más historias, aquí os dejo algunos posts de nuestro blog:

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Esos ojos, esa boca, esos dedos… ¡¡¡Qué miedo!!!

Seguramente Béla Lugosi es una de esas personas a las que nunca invitarías a cenar, por si acaso (¿o sí?). Drácula es igualico, igualico que él, no hay más. Y es que ya desde pequeño Béla estaba destinado a convertirse en el conde más famoso del mundo. Para empezar, nació en la mismísima Transilvania, concretamente en Lugoj, y por eso se puso de nombre artístico Béla (que era su nombre real) Lugosi (o sea, el de Lugoj). Vamos, como Marifé de Triana, pero en rumano. No sabemos si por su origen, por su aspecto físico o por todo junto, pero el caso es que interpretó tantas veces al vampiro más famoso de todos los tiempos y se sintió tan identificado con él que cuentan que llegó a creérselo. Tanto, que pidió que le enterraran vestido con su capa negra forrada de satén rojo. ¿Cómo lo veis?

Después de ver esto, ¿quién se atreve a asegurar que los vampiros no existen?

Cuenta una vieja leyenda de Hollywood (probablemente más falsa que Judas) que en el entierro de Béla Lugosi se juntaron dos astros del cine de terror, Vincent Price y Peter Lorre, y mirándolo dijeron: “¿No deberíamos clavarle una estaca por si acaso?“. No lo hicieron, entre otras cosas porque parece que ninguno de los dos estuvo realmente en el funeral, pero aunque sea falsa la anécdota es genial. Y seguro que lo mismo piensan los que hicieron este muñeco “encantador”.

¿Os imagináis dormir con “esto” en la habitación?

Pero estamos yendo muy deprisa. Es verdad que la muerte es el nacimiento a la no-vida de un vampiro, pero… ¿qué sabemos del auténtico Béla? Pues para empezar, que nació en 1882, 15 años antes de que Bram Stoker escribiera su novela “Drácula“. Y que al principio se ganó la vida como actor haciendo papeles “normales“. Y que por sus ideas políticas de izquierdas tuvo que marcharse primero a Alemania y luego a Estados Unidos, sin un céntimo en el bolsillo y pagándose el viaje trabajando en las máquinas del barco. Y que con treinta y tantos años encontró el papel de su vida. A partir de 1927, cuando empezó a interpretarlo en Broadway, y todavía más cuando lo llevó al cine en 1931, Béla Lugosi sería para todo el mundo el conde Drácula, y viceversa.

Drácula nunca fue tan elegante

No era la primera vez que la novela se llevaba al cine. Murnau había rodado en Alemania, en 1922, una película inolvidable: “Nosferatu“, aunque tuvo que cambiar el nombre de Drácula por el de Conde Orlok por no haber conseguido de la viuda de Bram Stoker los derechos de la novela.

De tan feíco casi da ternura, ¿verdad?

Nosferatu es un ser monstruoso, horriblemente feo y desagradable, con rasgos de roedor y largas uñas. Nada que ver con el Drácula que encarnará Béla Lugosi nueve años después: apuesto, seductor, impecablemente vestido… todo un galán.

Como para decirle que no, con ese gesto que tiene de estar encantado de haberte conocido

Aunque Tod Browning, que fue contratado por la Universal Pictures para dirigir “Drácula” en 1931, buscaba un actor desconocido para que resultase aún más siniestro (se decía que para “Nosferatu” habían contado con un auténtico vampiro para representar el papel, y había que estar a la altura), el estudio le impuso en el cásting a Béla Lugosi, que llevaba tres años representando al conde en el teatro con un enorme éxito. El acierto fue total. Béla pudo usar todos los recursos aprendidos durante 30 años de profesión: los gestos de la cara, su mirada penetrante, unas manos que pueden expresar desde el mayor refinamiento hasta el más absoluto terror, una media sonrisa capaz de helarte la sangre en las venas y un acento centroeuropeo que hacía aún más creíble el personaje. Os dejo aquí una escena para que podáis comprobarlo.

Ese ambiente de castillo gótico en ruinas combinado con la elegancia británica del vestuario; el conde parado en mitad de la escalera, con el candelabro en la mano; las sombras que lo cubren todo; el aullido de los lobos, “children of the night“, hijos de la noche, la música preferida del conde… ¡¡¡Inolvidable!!! He puesto la versión inglesa para que disfrutéis de la voz de Béla, de su hablar lento y parsimonioso, de sus movimientos tan elegantes como precisos, tan lentos como contundentes… todos los recursos que había adquirido en 30 años de profesión están aquí.

El conde quiere trasladarse a vivir (bueno, a no-vivir, para ser exactos) a Londres y ha contactado con un despacho de abogados para comprar una propiedad. Renfield será el primer enviado a Transilvania para resolver los detalles. El conde le recibe, le dice que ya ha cenado y echa una primera mirada a los contratos. Su invitado se corta con un cuchillo, aparece la sangre por primera vez y poco después el conde le da las buenas noches (una ironía como otra cualquiera). Cuando Renfield (que algo ya se debe oler) abre la ventana, ve revolotear un murciélago, y al poco llegan tres “vampiras” (lo de vampiresa sería más adecuado para ese tipo de mujer que es la perdición de los hombres, aunque no les saque la sangre literalmente), a las que el conde expulsa de allí. Esa misma escena de la cena aparece en muchas otras películas. ¿Queréis verla en alguna? Pues por ejemplo, pinchad aquí para ver cómo Nosferatu recibe a su invitado (id hasta el minuto 20, 18 segundos), o aquí para ver cómo en el año 2.000 se recreó aquel rodaje en “La sombra del vampiro“, una película en la que John Malkovich interpretó a Murnau, el director, y en la que se daba como real la leyenda de que contó con un vampiro auténtico para su conde Orlok. Cine que bebe del cine que bebe del cine que bebe de una novela que bebe de innumerables tradiciones que beben de la vida misma. Eso es arte, y del bueno.

Una imagen de la misma escena en el inolvidable “Drácula” de Coppola. El conde, su sombra (que va por libre) sobre el plano de Londres, el pasante enviado por el despacho de abogados…

Aquella película fue el mayor acierto de Béla Lugosi. Su mayor error lo tuvo muy poco después, cuando rechazó el papel de Frankestein, que llevaría al estrellato al que sería su eterno rival, Boris Karloff. Haría muchas más películas de terror, pero poco a poco su carrera se iría deslizando hacia abajo, pasando a la Serie B y más abajo aún. Murió arruinado y consumido por la morfina en 1956, pero los mitos nunca mueren. Hoy está enterrado en el cementerio de Holy Cross, cerca de Los Angeles, en una estupenda compañía. Si de noche vuelve a la vida podrá bailar con Ryta Hayworth mientras suena la música de Bing Crosby y John Ford dirige la escena, pues todos ellos (y muchos más) también están enterrados allí. Una compañía estupenda para pasar la eternidad, para qué nos vamos a engañar. Su tumba sigue siendo visitada por sus admiradores, que a lo mejor esperan verlo aparecer por allí en cualquier momento, quizá en forma de murciélago.

Si esta lápida pudiera hablar…

Alguien decía, siempre que hablaba de él: “He’ll be back“, o sea, volverá. Aquellas palabras fueron proféticas, porque Tim Burton volvió a darle vida en una estupenda película dedicada al peor director de cine de todos los tiempos, “Ed Wood“, con el que hizo sus últimos trabajos (Martin Landau consiguió el Oscar por su memorable interpretación de una estrella en la decadencia, y Johnny Depp, que interpreta a Ed Wood, vive hoy en la casa de Béla Lugosi, que la vida da muchas vueltas). ¿La habéis visto? Pues aquí os dejo un enlace a youtube para que podáis verla entera (está en varias partes, pero completa; cuando acabe cada una pinchad en la siguiente y ya está). En cualquier caso, como no quiero que os quedéis con esa imagen de un Béla olvidado por todos, enganchado a las drogas, arruinado… os dejo una imagen del actor en su esplendor:

Nunca habrá otro vampiro más elegante y seductor

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Lo primero de todo: ¿por qué existe un día de Todos los Santos, si cada santo tiene su fiesta? Sin ir más lejos, para tal día como el 30 de octubre he encontrado a San Marcelo, San Alonso Rodríguez (viudo y portero, según el santoral católico), Santa Bienvenida Bolani, San Gerardo de Potenza y los beatos Angel de Acri, Terencio Alberto O’Brien, Alejandro Zaryzkyj y Dorotea de Montau. Y si vas a la Santopedia (juro que existe) todavía añade a San Claudio, San Lupercio, San Victorio y San Marcelo de León, Santa Eutropia de Alejandría, San Germán de Capua,  San Marciano de Siracusa, San Máximo de Cuma, San Serapión de Antioquía y un par de beatos más, Miguel Langevín y Juan Slade. Diecinueve, entre santos y beatos, y no sigo buscando porque seguro que encuentro más. Habrá días con más y otros con menos, pero si uno echa cuentas así por lo bajo se puede acabar preguntando: ¿pero tantos santos ha habido? Pues parece ser que sí, y aún deben parecer pocos, porque ya desde el principio la Iglesia pensó que alguno seguro que se les escapaba sin canonizar, que llevar el control de tanto martirio, tanto eremita que se retiraba al desierto a rezar toda la vida, tanta prostituta que se arrepiente y se pasa cuarenta años llorando encima de una calavera… en fin, que era complicado, y al final el papa Urbano II, allá por el lejano siglo XIII, decidió instituir la fiesta de Todos los Santos. Así, si alguno se había ido al cielo sin pasar por los altares se quedaba compensada la cosa, y en paz.

La infanta Elena sí que sabe: le puso a su chico Felipe Juan Froilán de Todos los Santos, y así no queda mal con nadie

Tradiciones para Todos los Santos las hay de todos los colores. A mí el Halloween éste de los americanos me da bastante igual, la verdad sea dicha. Al fin y al cabo no deja de ser lo de siempre: tradiciones europeas que los americanos transforman más o menos y que luego nos devuelven como si fueran nuevas. Yo, en este caso, prefiero lo de toda la vida. Me encanta, por ejemplo, comer “huesos de santo“, y no sólo por lo ricos que están, sino por que me fascina que se llamen así y que encima intenten imitar a los de verdad, con el hueso de mazapán y el tuétano de yema. Mmmmmmm. Una deliciosa profanación, ¿no? Muy español, por otra parte, eso de que la santidad y el pecado vayan de la mano.

Ni más ni menos que desde el siglo XVII llevamos comiendo “huesos de santo”. Y aún quedan

¿Santidad y pecado juntos y revueltos? Pues sí, y precisamente eso es lo que encontramos (y en cantidades industriales) en la principal tradición española relacionada con Todos los Santos. ¿Y cuál es? Pues el Tenorio, claro. No puedo imaginarme un 31 de octubre sin escuchar sus versos. “Oh, Don Juan, Don Juan, yo imploro / de tu hidalga compasión, / o arráncame el corazón / o ámame, porque te adoro“. Desde hace siglos la fiesta de Todos los Santos y la representación de la historia de Don Juan van de la mano en España, y aunque durante un tiempo pareció que poco a poco se iba a acabar perdiendo, lo cierto es que está resurgiendo cada vez con más fuerza. Se vuelve a representar cada vez en más teatros, pero también en iglesias (p.ej., en Sevilla utilizan la iglesia barroca de San Luis de los Franceses, un escenario que pone los pelos de punta), en cementerios… Nosotros, este año, otra vez vamos a dedicarle una cena teatralizada que va camino de convertirse también en tradicional.

La pareja, posando junto a la tumba de Doña Inés

¿Por qué se representa el Tenorio para Todos los Santos? ¿Y desde cuándo? La respuesta a la primera pregunta es fácil: una parte de la obra se desarrolla en un cementerio, entre tumbas y muertos que vuelven a la vida. Y en cuanto a la segunda, resulta que Zorrilla estrenó su obra en 1844, pero ya desde mucho antes se representaba la historia de Don Juan por estas fechas. Nada menos que desde que Tirso de Molina, allá por el primer tercio del siglo XVII, escribió “El burlador de Sevilla o el convidado de piedra“, creando así uno de los personajes más grandes de todos los tiempos. Luego vendrían muchas otras obras, como “No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague, o el convidado de piedra“, de Antonio de Zamora, que se estaría representando hasta que Zorrilla escribió su “Don Juan Tenorio” en pleno Romanticismo. Y fuera de España también, porque Don Juan pronto se convirtió en un personaje universal. Moliére escribió su “Dom Juan oú le festin de pierre“, Mozart compuso una ópera inmortal, “Don Giovanni“, y así podríamos seguir hasta hoy mismo, porque el cine sigue volviendo al personaje de vez en cuando. Sin ir más lejos, de 1995 es “Don Juan de Marco“, protagonizada por Jonny Deep y con el mismísimo Marlon Brando en el reparto.

Don Juan

Doña Inés

¿Conocéis algún verso del Tenorio? A pesar de las muchas “versiones” de la historia que hay, los que todo el mundo conoce son los de Zorrilla, que no lo sabía, pero los escribió para que mucho tiempo después Paco Rabal los recitara con esa voz maravillosa. Entre él y su Doña Inés, Concha Velasco, hubo una química que pocas veces se ha dado entre esos dos personajes míticos. Una lástima que TVE no reponga aquellos “Estudio 1” en los que nuestros mejores actores representaban nuestros mejores textos clásicos. Al fin y al cabo, eran una estupenda forma de crear afición, ¿o no? Así se mantienen las tradiciones, haciendo que los chavales de hoy las sientan también como suyas. Y para ello nada mejor que encontrarse a Don Juan también en televisión.

Don Juan en la sevillana plaza de Refinadores

¿De qué va la obra? Pues resulta que Don Juan Tenorio y Don Luis Mejía, calaveras notorios, borrachos, pendencieros, jugadores, mujeriegos… se juntan en Sevilla y ya se sabe, fanfarrones los dos… “que apostaron, me es notorio, /a quién haría en un año / con más fortuna, más daño“. Y un año justo después se vuelven a encontrar en torno a una mesa de La hostería del laurel de Sevilla, teniendo como testigos a sus amigotes y, sin saberlo (estamos en pleno Carnaval, así que pueden ir enmascarados) Don Diego Tenorio, padre de nuestro héroe, y Don Gonzalo, el comendador, padre de Doña Inés. Y con ese selecto público cada uno de ellos empieza a contar las barrabasadas que ha hecho en esos doce meses (y a fe mía que les cundió). Os dejo con Paco Rabal en el papel de Don Juan y a Fernando Guillén en el de Don Luis.

Si queréis conocer éstas y muchas otras historias, os proponemos vivir con nosotros UN OTOÑO DE MUERTE: visitas al cementerio (de día y de noche), excursiones, cenas… entrad aquí y encontraréis toda la información. Y si queréis pasar una noche CENANDO CON DON JUAN, los próximos días 1 y 2 de noviembre hemos organizado una CENA TEATRALIZADA en el mismísimo panteón de la familia Tenorio que no os podéis perder. Entrando aquí encontraréis todos los detalles. Y aún hay más, porque si queréis seguir los pasos de Don Juan por SEVILLA, os esperamos en la excursión que hemos preparado para el PUENTE DE LA INMACULADA. Entrad aquí y encontraréis el programa.

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¿Sabéis cuál es nuestra tradición preferida por estas fechas de Todos los Santos? Pues aparte de visitar el cementerio, que también, pasar un buen rato con don Juan y con doña Inés, que como de todos es sabido llevan siglos contándonos su historia cada mes de noviembre. Y como nos vuelven locos sus andanzas, y sabemos que a muchos de vosotros también, vamos a viajar cuatrocientos años atrás en el tiempo y nos vamos a cenar ¡¡¡al panteón de la familia Tenorio!!!

Don Juan y doña Inés, encantada junto a su tumba

¿Dónde? Pues en el mismísimo Palacio Arzobispal de Zaragoza. Allí, entre tumbas, conoceremos al mismísimo don Juan, pero también al posadero Buttarelli, a Brígida (liante y celestina como ella sola) y al fantasma de doña Inés, que intentará convencer a su chico de que tiene que arrepentirse en esa misma noche si no quiere que acaben los dos en el caldero de Pedro Botero. ¿Serán felices y comerán perdices o se pudrirán en el infierno? La cosa está dificililla, pero entre plato y plato nos iremos enterando de cómo acaba.

“Yo a Dios mi alma entregué / en precio de tu alma impura / y Dios, al ver la ternura / con que te amaba mi afán / me dijo: espera a Don Juan / en tu misma sepultura”

Os dejo el menú, pero recordad que si sois vegetarianos, celíacos, alérgicos… solo tenéis que decírnoslo al reservar y os prepararemos otra cosa.

  • Hojaldre de mousse de longaniza con frutos del bosque
  • Dados de rabo de toro deshuesado con mousse de patata
  • Panellets de piñones

Cuándo – Viernes 31 de octubre a las 21’30 y sábado 8 de noviembre a las 21’00

Dónde – Museo Diocesano de Zaragoza, Plaza de la Seo s/n

Precio – 35 € por persona

Reserva – Llamando al 976207363 o entrando aquí

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¿Habéis participado alguna vez en una de nuestras cenas teatralizadas? Pues lo primero que tenéis que saber es que en cada una de ellas viajamos en el tiempo hasta otra época. ¿Queréis verlo? Pues aquí os pongo un par de vídeos de algunas que hemos hecho. El primero, nuestras cenas con Don Juan, para Todos los Santos. Si no veis la pantalla, pinchad aquí para viajar al panteón de la familia Tenorio.

Y si preferís viajar al tiempo de la copla, a 1950, para conocer las andanzas y desventuras de Manolo Centeno y Lola Puñales, pinchad aquí y no tendréis que esperar hasta febrero.

¿Os hacéis una idea? Pues hemos montado algo distinto, una cena a la que hemos llamado Amor que vienes cantando. El título lo dice todo, ¿no? El baturro del monumento de la plaza del Portillo ha decidido que ya vale, que tiene ganas de fiestas y que deja el puesto por unos días. Coge su guitarra y… por cosas de la vida ha acabado en El Atrapamundos. Se va a encontrar con unas cuantas mujeres de lo más singulares (desde una loca que se cree Agustina de Aragón hasta la mismísima Agustina, pasando por la maja de Goya y una señorita que busca marido desesperadamente después de dos romances “frustrados”), y a todas les va a alegrar la vida cantando.


¿Queréis verlo? Pues aquí tenéis unas cuantas fotos de las que hicimos en las pasadas fiestas del Pilar. Cantamos, bailamos, comemos, bebemos, nos reímos y hasta nos emocionamos un poco.

¿Qué le dirá a nuestro baturro la maja de Goya, toda rechula ella?

La señorita Eugenia no sabe lo que es ponerse colorada, que ella ya no tiene tiempo de tener vergüenza. Busca marido y lo quiere ¡¡¡YA!!!

"Así son los besos / según dicen maña / como las cerezas. / Que si coges una / que si coges una / se va toa la cesta"

Marcándonos un pasodoble mientras suena "La ronda del Rabal"

Y para que no falte de nada Laura deja la guitarra, coge las castañuelas y se marca una jota mientras suena "Gigantes y cabezudos"

¿Queréis conocer el menú? Pues como siempre lo prepara El Atrapamundos y su estupendo cocinero, Jorge Cano, así que combina lo más tradicional con un toque moderno, siempre con un aire muy aragonés, que para eso estamos en fiestas.

  • Timbal de verduras aragonesas
  • Arroz caldoso con borrajas y frutos del mar
  • Ternasco asado en crujiente de frutos secos
  • Trenza de Almudévar con turrón helado y chocolate

¿Cómo lo veis? ¿Aún no sabíais dónde ir a cenar con los amigos, o a dónde llevar a la suegra, que viene de visita? Pues ya tenéis la solución. Amor, desamor, traición, celos y sobre todo mucha música, alegría y buena comida. Si sois un grupo y os interesa podéis poneros en contacto con nosotros en el 976207363. Y si ya tenéis un restaurante buscado no hay ningún problema: también podemos organizarlo allí.

Y por cierto, si queréis recorrer con nosotros la Zaragoza de Gigantes y cabezudos, pinchad aquí y encontraréis todos los detalles.

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Sólo conozco otra foto que exprese tan bien como ésta qué es la lujuria, una combinación de sexo y lujo en una proporción que sólo unos pocos elegidos conocen. No sabría decir si me resulta más lujuriosa Marilyn mordiendo las perlas y tumbada en algún lugar en el que acaba de caer una excitante lluvia de oro, o Liz Taylor (fe-Liz Taylor, que diría Fabio McNamara) jugando con las suyas y con el vello de la nuca erizado por la excitación que le produce el contacto de las joyas con su piel. En cualquier caso, ¿por qué elegir? ¿A quién quieres más, a papá o a mamá? Me quedo con las dos, por supuesto. Chicas listas, que saben que son capaces de derretir los polos con una mirada, ellas son la tentación, vivan arriba, abajo o al fondo a la izquierda. Eso sí, la Marilyn de las comedias inolvidables no tiene ni idea de que acabará consumiéndose en su propio fuego, mientras que la Liz trágica, la que se siente como una gata sobre un tejado de zinc caliente tiene claro que será capaz de sobrevivir a todos los terremotos de la vida, cueste lo que cueste.

Hoy vamos a hablar de Marilyn, y concretamente de dos películas en las que encarna a una inocente diosa de la lujuria. ¿Inocente? Inocente, sí, porque ella no busca dejar el mundo lleno de cadáveres a su paso. No pretende que los maridos sean infieles a sus mujeres, sea de pensamiento, palabra, obra u omisión. Sólo busca un pedacito de felicidad, un poco de amor, pero… no controla su inmenso poder, y acaba provocando cataclismos, maremotos y hasta sería capaz de sacar a flote al Titanic y volverlo a hundir con sólo una caída de pestañas. Sin intención, eso sí, porque aunque quisiera evitarlo ella es… ¡¡¡la tentación!!!

Un escritor neoyorquino se queda de Rodríguez (o de Smith, o de lo que sea que se diga allí en estos casos) mientras su señora se va a pasar el verano a la playa convencida de que lo ha dejado todo atado y bien atado. Ninguno de los dos cuenta con la llegada de una nueva vecinita, una modelo publicitaria que anuncia una estupenda pasta de dientes en televisión. Un día se van al cine, y… (si no ves la pantalla pincha aquí y no te pierdas ni una palabra, porque el guión de Billy Wilder es hot, hot, hot).

La censura impidió que la historia pasara más allá, pero no es necesario. ¿Sabéis cuál es para mí el momento más lujurioso? La segunda vez que pasa el metro la cámara muestra durante un momento una hoja revoloteando. ¿Es más excitante comerse un bombón o desenvolverlo, anticipando en nuestra mente el placer que vamos a sentir, relamiéndonos, salivando lujuriosamente mientras imaginamos el chocolate fundiéndose en nuestra boca? Es una pregunta difícil de contestar, pero creo que la respuesta está en esa hoja.

Un verano curioso el neoyorquino, en cualquier caso. Caen las hojas, suben las faldas. Y una secuencia curiosa ésta, porque nunca se ve la imagen que aparece en esta fotografía archiconocida. Nunca vemos la cara de Marilyn mientras su falda vuela por los aires, aunque nos la imaginamos. Ni vemos babear al escritor, aunque sabemos que se está derritiendo por dentro. Sólo vemos las piernas. Unas piernas deseadas por media Humanidad y una parte de la otra media. Las piernas de una jovencita inocente que logró sin proponérselo que medio Manhattan peregrinara hasta el lugar de la grabación.

Hasta lo más maravilloso puede convertirse en vulgar. No hay más que ver la escultura que han colocado hace unas semanas en Chicago. De la fina (a veces no tan fina, la verdad) ironía de Billy Wilder no queda nada en esos paseantes que se meten entre las piernas para hacerle una foto a las bragas (nunca diré la cursilería esa de braguitas, me niego) de la escultura. Pero, ¿qué más da? Ahí está la película para recordar ese momento una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez…

La tentación vive arriba” es de 1955, y en 1959 Marilyn vuelve a rodar a las órdenes de Billy Wilder, esta vez la comedia más divertida y más caliente de la historia del cine. La única, inigualable, desternillante, increíble, maravillosa, extraordinaria… “Con faldas y a lo loco“.

Si no veis la pantalla pinchad aquí para ver una selección de lo mejor (imposible, lo mejor es todo, todo, todo). Jack Lemmon y Toni Curtis son dos músicos que, por accidente, presencian la matanza del día de San Valentín en Chicago. Botines Colombo da orden de liquidarlos y a ellos no se les ocurre mejor idea que meterse en una orquesta de mujeres. A partir de ahí se desencadenan todo tipo de situaciones desternillantes que no os contaré, porque si alguno no ha visto la película… que vaya a confesarse, porque eso sí que es pecado mortal, y que la vea hoy mismo. Eso sí, hay un momento que no puedo evitar comentar, porque es pura lujuria de la mejor. Los andares de Marilyn por el andén son tan increiblemente provocativos que… hasta el mismísimo tren se pone a mil y suelta un buen chorro de humo cuando ella pasa por delante.

Cuentan que el rodaje fue tan complicado que Toni Curtis llegó a decir que besar a Marilyn era más o menos como besar a Hitler (con el paso de los años negó haber dicho nunca algo así). Marilyn contestó que era pura envidia, pues sus vestidos en la película eran mucho más bonitos que los de él. Para muestra, este momento en el que nos dice a cada uno de nosotros que quiere que la queramos: “I wanna be loved by you, just you, nobody else but you“.

Cuando la oigo tengo la sensación de que me la susurra al oído a mí, sólo a mí, a nadie más que a mí. Y me dan ganas de abrazarla y decirle que no está sola, que somos millones y millones los que la queremos todavía y la querremos siempre.

Marilyn murió en extrañas circunstancias en agosto del 62, hace ahora 49 años. Morir a los 36 le permitió ascender al Olimpo, donde viven los dioses, y quedarse allí para siempre. Eso sí, Andy Warhol contribuyó muchísimo a convertirla en una diosa divina con esos retratos que son auténticos iconos.

Tanto, que uno de ellos incluso tiene el fondo de oro, como los antiguos iconos bizantinos. El lenguaje de toda la vida y la modernidad más absoluta (al fin y al cabo son exactamente lo mismo) consiguieron crear una imagen eterna para la nueva Venus, la diosa del amor, de la belleza, de la lujuria, del lujo…

Os dejamos con la “Marilyn de oro“, y si queréis más lujuria con motivo de San Valentín tendremos nuestra ruta UNA HISTORIA DE LA LUJURIA EN ZARAGOZA.

Cuándo – Sábado 14 a las 19’00 y domingo 15 a las 11’30

Dónde – Puerta de la iglesia de la Magdalena

Precio – 8 € (estudiantes menores de 26 años y jubilados, 7 €; parados, 4 €)

Reservas – Llamando al 976207363 o entrando aquí

Lujuria es… Liz Taylor

Lujuria es… Olympia

Lujuria es… Marilyn Monroe

Pecadores encantadores – Rebeca y la lujuria

Lujuria es… el jamón

Lujuria es… el champagne (francés, bien sûr)

Lujuria es… sexo en Nueva York

Lujuria es… unas piernas de cinco millones de dólares

Lujuria es… el Bulli

Lujuria es… Venus

Lujuria es… el teatro chino de Manolita Chen

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