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Posts Tagged ‘pimienta’

Seguro que conocéis este lugar, ¿no? Seguramente la Torre de Belém es la imagen más famosa de Portugal, y el mejor símbolo de la época de los descubrimientos. Por eso la UNESCO la declaró, junto con el Monasterio de los Jerónimos, Patrimonio de la Humanidad. Eso sí, por muchas veces que la hayáis visto es probable que no os hayáis fijado en este pequeño detalle.

¿Lo reconocéis? Es un rinoceronte. Pero no un rinoceronte cualquiera, ni mucho menos. Es el primero que llegó a Europa. Claro, en los barcos que volvían de Africa, Brasil, la India… no sólo había especias, sino todos los pingos exóticos que pillaban, incluidos bichejos encantadores como éste. Cuando algunos lo vieron por las calles de Lisboa pensaron en el mítico unicornio (muy cotizado, se decía que su cuerno curaba la impotencia), pero claro, entre un animalillo blanco, grácil, cariñoso, encantador y con un cuerno largo y delgado, y un rinoceronte… pues en fin, nada que ver, creo yo.

Lo más fuerte no es eso, sino otra cosa. Resulta que en Lisboa vivía un comerciante alemán, de Nüremberg para más señas, y el hombre se quedó tan impresionado con aquello que se lo contó a un amigo en una carta, describiéndolo con todo lujo de detalles. Y el amigo…

…hizo este dibujo. ¿Cómo se os queda el cuerpo? ¿Tenéis amigos así? Para no haber visto nunca al animalejo aquél, no me diréis que no es impresionante. Claro, el amigo no era cualquiera, sino Alberto Durero, el mejor pintor alemán de todos los tiempos, pero aún así, no me diréis que no tiene mérito.

Ya sabéis, si queréis conocer ésta y otras muchas historias mientras disfrutáis con la gastronomía portuguesa… no os podéis perder una auténtica cena portuguesa en el Atrapamundos(C/ Mefisto, 4), en la que os contaremos montones de historias sobre esta ciudad maravillosa mientras disfrutamos de un menú 100% portugués:

  • Arroz Peixe
  • Bacalahau a Braz
  • Pastéis de Belém

Si queréis saber más entrad aquí, y para reservar llamadnos al 976207363 o entrad aquí. Y para que os vayáis animando, aquí os dejo unos cuantos posts de nuestro blog dedicados a Lisboa:

La verbena de Santo Antoni0

Zaragoza en Lisboa

San Antonio, pesetero y casamentero

El paraíso del bacalao

Sao rosas: la historia de Santa Isabel

Los pastéis de Belém

Los Jerónimos de Lisboa… y los de Zaragoza

Un rinoceronte muy viajero

Cuarto y mitad de San Vicente

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Hay en Lisboa un monasterio que casi parece sacado de un cuento. Lo mandó construir un rey de Portugal cuando, después de casi un siglo buscando cómo llegar a la India dando la vuelta a Africa, por fin lo lograron. Las especias de Oriente empezaron a llegar al puerto de Lisboa y de allí a Europa, y eso era dinero, muchísimo dinero, ríos de dinero. Un kilo de pimienta llegó a cambiarse por un kilo de oro, y el rey, que no era tonto (le llamaban Manuel “o venturoso”, el afortunado), se quedó por decreto con un quinto de los beneficios. Y con ese dinero se cuenta que pagó el monasterio, al que llamaron el monasterio de la pimienta. Y como había decidido enterrarse allí, con sus descendientes, necesitaba unos monjes que estuvieran todo el día venga a rezar por su alma, venga una misa detrás de otra… y para eso pensó en los jerónimos.

Seguramente Manuel el afortunado copió esa costumbre de los reyes españoles (al fin y al cabo se casó con una hija de los Reyes Católicos, y cuando la primera se murió les pidió otra). Felipe II entregó El Escorial a los jerónimos. Carlos V, su padre, se retiró a Yuste, un monasterio de la misma orden. ¿Y sus abuelos? Los Reyes Católicos también habían construído un fantástico monasterio jerónimo, ¿sabéis dónde? No penséis mucho, que es muy fácil. En Zaragoza.

Resulta, resulta, que el padre de Fernando el Católico, el rey Juan II, tenía cataratas. Mandó llamar a un famoso médico judío de Lérida para que le operara, pero antes, por si acaso, que más vale prevenir, pidió que le pasaran por los ojos el clavo de Santa Engracia (el que le habían clavado en la frente hacía no sé cuántos siglos, que estaría como para coger una infección, digo yo). Total, que la cosa salió bien, y el mérito se lo dieron al clavo (yo soy el médico y no sé qué les hago, la verdad). Y claro, en agradecimiento el hombre decidió construir un gran, gran, gran monasterio dedicado a Santa Engracia. Pero claro, entre unas cosas y otras se murió y lo acabó haciendo su hijo, Fernando, el Católico.

¿Qué os parece el claustro? No tenía nada que envidiar al de Lisboa, pero… los franceses volaron una parte del monasterio al final del primer Sitio, y después de la Guerra de la Independencia no había medios para reconstruir el resto y se acabó tirando. Una lástima, porque hoy tendríamos unos estupendos “jerónimos” en Zaragoza.

Ya sabéis, si queréis conocer ésta y otras muchas historias mientras disfrutáis con la gastronomía portuguesa… no os podéis perder una auténtica cena portuguesa en el Atrapamundos(C/ Mefisto, 4), en la que os contaremos montones de historias sobre esta ciudad maravillosa mientras disfrutamos de un menú 100% portugués:

  • Arroz Peixe
  • Bacalahau a Braz
  • Pastéis de Belém

Si queréis saber más entrad aquí, y para reservar llamadnos al 976207363 o entrad aquí. Y para que os vayáis animando, aquí os dejo unos cuantos posts de nuestro blog dedicados a Lisboa:

 

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