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Posts Tagged ‘noches de septiembre en zaragoza’

¿Conocéis la historia de Lola Puñales? Quintero, León y Quiroga, la Santísima Trinidad de la copla, la escribieron para Concha Piquer, que la grabó en 1948. Puro crimen pasional, sin tontadas ni concesiones a la ñoñería. Sentimientos de los de verdad, sin paños calientes. Asesinato del bueno, sin remordimientos. Pura verdad. Tan verdad, como que la historia estaba basada en hechos reales, como las películas americanas malas. Pero esta vez un crimen del que nadie se acordaría dio lugar a una joya como esta copla.

¿Cómo se pudo llegar a pensar que la copla era algo franquista? No me puedo imaginar nada más contrario al ideal de mujer que encarnaban Pilar Primo de Rivera y su Sección Femenina que esta Lola Puñales, tan dueña de su destino como para decir “que no me importa esta pena / ni ir a la trena / que estoy serena y en mis cabales“. Y ella misma dicta los cargos que se le deben imputar, cuando dice que “al causante de mis males / por jurar cariño en vano / sin siquiera temblarle la mano lo mató Lola Puñales“. Vamos, que no se esconde, porque entonces la cosa no tendría gracia. Le he matado yo y se lo merecía. Y punto. No ha sido un accidente, ni sin querer. Que quede claro. “Lo maté y a sangre fría / por hacer burla de mí / y otra vez lo mataría / si volviera a revivir“. Uffffffff. Tremenda, la Lola Puñales.

La Piquer, sin tapujos

¿Quién mejor para cantar aquello que una mujer que no hizo otra cosa en su vida sino lo que le dio la gana? Concha Piquer vivió con un hombre casado en plenos años cuarenta, dio a luz a su hija en Argentina para que tuviese una situación legal mucho mejor que la que podía tener en España la hija de una madre soltera, pagó gustosamente 500 pesetas de la época cada vez que le pusieron una multa por cantar “Ojos verdes” sin la letra aceptada por la censura (es decir, aquello de “apoyá en la puerta de mi casa un día” en vez de “apoyá en el quicio de la mancebía“), se retiró el día que quiso y en pleno éxito, sin encomendarse a nadie… y así sucesivamente. Si había una mujer dueña de su destino en aquella España de los años cuarenta y cincuenta, esa era Concha Piquer (bueno, y Lola Flores, pero dos monstruos geniales de ese calibre no me caben en un sólo artículo).

Aquí la Piquer parece la mismísima Lola Puñales tramando su venganza

María de los Dolores Castro y León fue la que inspiró a Quintero, León y Quiroga esta copla. Había nacido en un pueblo de la provincia de Córdoba hacia 1870, y no era gitana (eso se lo inventó Rafael de León porque así el personaje le quedaba más redondo). En realidad sus padres vivían de unas tierrecillas, pero eso no quedaba nada literario, la verdad. La cuestión es que el hijo del rico del pueblo le robó “la rosa de sus rosales“, como dice la canción, y no conforme con eso el muy sinvergüenza se lo contó a todo el que le quiso oír. Las consecuencias estaban claras: “con fatiguitas de muerte y sudores de agonía” se tuvo que marchar de su casa, y de allí primero a Córdoba y luego a Sevilla, donde sobrevivió medio cantando, medio bailando y prostituyéndose del todo. Como debía ser morena, de ojos brujos y flamenca (o sea, metida en carnes pero sin pasarse), era lo que se dice una mujer de bandera, y como encima despreciaba a los hombres después de que “aquel hombre moreno” se llevara “pa toa la vía / la rosa de sus rosales“, digamos que tenía éxito e incluso alguno llegó a arruinarse por ella.

La canción, de 1948, se incluyó dos años después en la película “Me casé con una estrella”

Pero, ay, el amor llega cuando uno menos se lo espera, y a la Puñales (que aún no se llamaba así, básicamente porque no había matado a nadie todavía) también le llegó. Un día vino por el café-cantante donde trabajaba un jovencito guapo, bien plantao, con aspiraciones de torero y con muy poca vergüenza, y claro… “sin saber cómo ni cuándo / tú te vas a enamorar. / Con el fuego estás jugando / y te tienes que quemar“. Y se quemó, vaya que si se quemó, pero entera: el angelico le sacó los dineros para librarse del servicio militar en Cuba y claro, le dijo que la quería y lo que hizo falta. Eso sí, prudentemente se calló que tenía novia formal y que además andaba medio liao con un influyente caballero sevillano que tenía mano en la Maestranza, y claro, el trabajo es lo primero y el chico quería torear, y los tiempos estaban muy perros y todo eso. ¿Torero? Ni novillero fue, que la Lola se encargó de cortarle la coleta en cuanto se enteró de todo aquello. “Corrió como loca / buscando la reja / en donde de otra los besos bebía…” y allí mismo, delante de la otra, le mató “y a sangre fría“, con nocturnidad, premeditación, alevosía y una sobredosis de amor y despecho a partes iguales. ¿Arrepentimiento? Eso para otras, pero no para Lola Puñales. No la condenaron a garrote vil porque lo de que fuera un crimen pasional tan claro sirvió de atenuante, pero cuando años después murió en el penal de Cartagena se tuvo que ir al otro barrio sin la absolución, porque ni entonces mostró ni el menor signo de arrepentimiento. Olé, olé y olé. Lo que se dice una mujer de bandera.

Sólo para acabar, otra copla extraordinaria, de las que me ponen los pelos de punta, que muestra la reacción contraria. La de la mujer que lo sabe todo y que lo calla todo, a la que le “duele la cal de los huesos de tanto querer” y que prefiere hacerse la tonta que perder a la persona a la que ama desesperadamente. Os dejo con “Los tientos del reloj“, también compuesta por Quintero, León y Quiroga, pero en este caso para Estrellita Castro y en los años 30. Otro tipo de ira, pero ira al fin y al cabo, igualmente intensa, apasionada y verdadera. Y es que el amor es lo único que lo justifica todo, lo único por lo que cualquier reacción, por airada, extravagante e incomprensible que sea se puede entender.

Si queréis conocer muchas más historias de amor de las tremendas, os dejo nuestra programación sobre HISTORIAS DE AMOR EN FEBRERO. Si queréis saber más entrad aquí o llamadnos al 976207363:

  • Viernes 13 y sábado 14 a las 21’30 – CENA TEATRALIZADA: UNA NOCHE CON LOS ROMAÑOS
  • Sábado 14 y domingo 15 a las 8’00 – NOS VAMOS DE EXCURSIÓN: LOS AMANTES DE TERUEL
  • Sábado 14 a las 19’00 y domingo 15 a las 11’30 – UNA HISTORIA DE LA LUJURIA EN #ZARAGOZA
  • Domingo 15 a las 11’00 – AMORES Y DESAMORES EN EL MUSEO DE ZARAGOZA

Y si queréis seguirnos podéis entrar en http://www.facebook.com/gozARTE y pinchar en “me gusta”, o en twitter @gozARTE. Y si queréis conocer más historias de “Pecadores encantadores“, aquí os dejo dos de mis preferidos: Rebeca para la lujuria y Homer Simpson para la pereza.


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Lo primero de todo: lo que viene a partir de ahora hay que leerlo con música, pero no con una cualquiera sino con el más torero de todos los pasodobles: Amparito Roca. Aunque tampoco estaría mal El gato montés, España cañí o Capote de grana y oro. O mejor aún, la jota del maestro Borobia, conocida como Jota de los toros de Zaragoza.

Parece ser que el 13 de octubre de 1881 toreaban en Zaragoza Lagartijo y Frascuelo, los dos toreros que estaban en aquel momento en lo más alto del escalafón. Cuando las mulillas estaban arrastrando al quinto de la tarde el director de la banda se arrancó con los compases de una jota, y todo el mundo se puso a bailar en los tendidos. En 1906 Ramón Borobia, director de la Banda de Música del Hospicio Provincial (hoy conocida como Banda de la Diputación) actualizó los compases de aquella jota, y desde entonces se toca cuando sale el sexto, el “toro de la jota”, que así se le llama, y todo el mundo la acompaña con palmas. Por cierto, que yo la aprendí de niño con una letra que es puro lirismo “A la Mari Pepa / le ha pillao el toro / le ha metido el cuerno / por el chirimbolo“. También la he oído dedicado a Mari Jose, Mari Pili, Mari Carmen…

Puerta principal del Coso de la Misericordia, y debajo una de las estupendas cabezas de toro que hay en ella

...y una de las estupendas cabezas de toro que hay en ella

Ahora que tenemos música apropiada sí que estamos en condiciones de empezar, y lo primero es decir que nuestra ciudad es mucho más taurina de lo que parece. ¿No os lo creéis? Pues como aperitivo aquí va una prueba definitiva:

¿Sabíais que en esta famosísima foto Ava Gardner estaba en la Plaza de la Misericordia, de Zaragoza? Pues sí, allí mismo. Cerca debía estar su amigo Hemingway, y está tomada justo en el momento en que le brindaba un toro Julio Aparicio (padre, claro). El “animal más bello del mundo” se sentó al menos un par de veces en nuestra plaza de toros, en cuya inauguración había estado el mismísimo Goya cuando era joven (16 añicos tenía). Y algunas de las cosas que vio allí le debieron impresionar tanto que cuando hizo los grabados de la Tauromaquia, unos cincuenta años después, las seguía teniendo frescas en su memoria.

Temeridad de Martincho en la plaza de Zaragoza

¿Qué os parece? Fue por aquellos años cuando se fijaron las reglas del toreo tal y como lo conocemos, pero Goya aún conoció un espectáculo muy distinto. Hoy se llama “corrida goyesca” a aquella en la que los toreros van vestidos, más o menos, como en época de Goya, pero una verdadera corrida goyesca sería otra cosa muy diferente. Seguramente el pintor y sus contemporáneos se aburrirían en una corrida actual, mucho menos espectacular que lo que ellos estaban acostumbrados a ver, y es probable que disfrutaran mucho más en un concurso de recortadores. Y si no, mirad a Martincho en estos dos grabados. En el de arriba sentado en una silla, con grilletes en los pies y usando un sombrero como muleta… puro espectáculo, igual que en este otro:

Otra locura suya en la misma plaza

Sobran las palabras, ¿no? Martincho fue quien lidió el primer toro en la plaza de Zaragoza. Nació en Farasdués (una pedanía de Ejea de los Caballeros), y llegó a ser uno de los toreros más famosos de su época. Si queréis ver todo esto en directo, en las estampas de Goya, lo mejor que podéis hacer es acercaros cualquier día de estos al Museo Ibercaja Camón Aznar, el único del mundo que expone todos los grabados del pintor. En ellos viven estos toros que veis aquí, con unos cuernos bastante más afilados que los de ahora. Y por cierto, en nuestra ciudad no falta una Plaza de la Tauromaquia de Goya. ¿Sabéis dónde está? Pues pinchad aquí, y lo veréis.

Plaza de Toros con la Real casa de Misericordia (actualmente conocida como “el Pignatelli”) al fondo

La plaza de toros de Zaragoza, probablemente la segunda más antigua de España, se inauguró en 1764 y su construcción fue iniciativa de Ramón de Pignatelli. Anteriormente las corridas de toros se celebraban en la plaza del Mercado, en el Coso o en el entorno de la Aljafería, en una zona que por esa razón se llamó Campo del toro. El objetivo de construir una plaza estable era contribuir a la financiación de la Real Casa de Misericordia, una gigantesca institución de caridad para la que se construyó el inmenso edificio que hoy es sede de la Diputación General de Aragón. Pignatelli consiguió que el gremio de carpinteros aceptara cobrar su trabajo en diez años, y se levantó un edificio con un aforo de 7.800 espectadores.

La plaza de toros después de la reforma de la segunda década del siglo XX

A principios del siglo XX la Diputación Provincial de Zaragoza, propietaria de la plaza, la reformó para ampliarla y darle un aspecto mucho más monumental. Prácticamente se construyó de nueva planta, pasando el aforo a más de 13.000 localidades. De entonces proceden las arquerías que la envuelven y le dan su aspecto tan característico, la portada monumental… tiempo después, en 1990, se convertiría en la primera plaza cubierta del mundo.

Cartel de las fiestas del Pilar de 1882

La Feria del Pilar cierra la temporada taurina, que se abre en Sevilla el Domingo de Resurrección, pero hay algunos festejos más a lo largo del año. Este es el cartel de la feria de este año, para la que queda poco más de un mes.

Lógicamente eso ha dado lugar a que a la sombra de la plaza hayan surgido a lo largo del tiempo bares, restaurantes… uno de ellos, el Mesón del Campo del Toro, es un auténtico museo taurino lleno de cuadros, esculturas, trajes de luces, carteles… y de toros, claro.

De todas formas, de todos estos locales de ambiente taurino el que mí más me gusta está lejos de la plaza. Es una pequeña taberna escondida en una callejuela del casco histórico, con unas tapas que están entre las mejores de Zaragoza y un nombre de lo más taurino: Los Victorinos (C/ José de la Hera, 6).

Fotografías, carteles auténticos de Fiestas del Pilar de hace muchos, muchos años, cabezas de toros… y unas tapas que están de rechupete

Ya que estamos hablando de toros, hablemos también un poco de toreros y concretamente de dos, cuyas tumbas están en el cementerio de Torrero. Los dos murieron en la plaza, los dos siendo jóvenes y con muy pocos años de diferencia.

La tumba de Florentino Ballesteros ya no tiene el busto de bronce del torero. Lo robaron el pasado noviembre

Florentino Ballesteros murió en 1917 después de una cogida en la plaza de Morón. Tenía una extraordinaria carrera por delante, y de hecho aquel año tenía firmadas 60 corridas y compartía cartel con Joselito y Belmonte. Su entierro fue una enorme demostración de duelo popular, porque la ciudad lo consideraba como a un hijo y viceversa (se había criado en el Hospicio Pignatelli, al lado de la plaza de toros). Su historia me recuerda a la de aquella copla que le compusieron Quintero, León y Quiroga a la Piquer en los años 50: Romance de valentía.

En cuanto a Herrerín, que se llamaba Jaime Ballesteros pero no era familia suya, había muerto en 1914 siendo todavía novillero. Los dos fueron rivales en los ruedos, pero sus tumbas están a pocos metros la una de la otra y las calles que la ciudad les dedicó también están juntas. ¿Dónde? Sólo os diré que están por el barrio de Las Fuentes.

La afición, representada como una mujer, llora a los pies de la tumba de Herrerín

La historia de Herrerín me recuerda a una canción de la época, que nuestra paisana Raquel Meller hizo famosa en el mundo entero: El relicario. Cuenta la historia de un torero… pero, casi mejor, oigámosla a ella.

Al lado de la plaza de toros, en lo que fueron los talleres del Hospicio Pignatelli (que se situaba en el edificio de la Real Casa de Misericordia), está el Museo Pablo Serrano (Instituto Aragonés del Arte y la Cultura contemporáneos), donde entre otras cosas se conserva una gran parte de la obra del escultor. ¿Y sabéis lo que tenemos? Pues toros, claro, pero eso sí, muy diferentes.

Entre los dos pequeños toros de arriba y el de abajo, de casi dos metros de altura, hay enormes diferencias. Para empezar, el material. Los dos de arriba, de poco más de 20 centímetros, están hechos con materiales tradicionales y nobles: piedra negra y bronce dorado. El de abajo está hecho con chatarra, lo que Pablo Serrano llamaba Hierros encontrados y soldados, o también Ordenaciones del caos, porque a partir de todo tipo de materiales que se encontraba en cualquier sitio (desde una chatarrería hasta el Vesubio) creaba algo nuevo. Los dos primeros son suaves, con superficies pulidas que apetece acariciar, mientras que el otro está hecho con chatarra oxidada, cortante, afilada… Pero hay una similitud entre las tres piezas: ninguna es una escultura abstracta. Las tres representan, aunque sea de forma muy distinta, algo que podemos reconocer e identificar, en este caso un toro, mientras que una obra abstracta no representa nada en concreto, aunque al mirarla podamos creer ver algo en ella (más o menos como cuando miramos las nubes y les encontramos parecidos con diferentes cosas).

En algún lugar del alero del patio del Museo Pablo Gargallo está el signo de Tauro

Por cierto, en otro museo zaragozano, el dedicado al gran Pablo Gargallo, hay otro toro, pero no es una de sus esculturas, sino que lleva ahí desde el siglo XVII, nada menos. En el alero de madera del patio se representa un zodiaco completo, con el signo de Tauro incluido, claro. No os pongo foto de detalle para no daros demasiadas facilidades, y que os animéis a ir a verlo en directo.

El toro de Osborne sobre el desierto

Hay muchísimos toros más en Zaragoza, pero… fuera de la ciudad también, y no muy lejos, porque en la provincia hay cinco toros de Osborne: Alfajarín, la Muela, Calatayud, Monreal de Ariza y Pina de Ebro. El toro de Osborne nació en 1956 para promocionar el brandy Veterano, pero hasta 1962 no se empezaron a fabricar las siluetas metálicas de 14 metros de altura que pronto se convirtieron en parte fundamental del paisaje español (y mejicano, ¿eso lo sabíais?). Si queréis conocer su historia, pinchad aquí. Hoy quedan 90, declarados Bien de Interés Cultural, y no sé a vosotros, pero a mí me encanta ir encontrándomelos de vez en cuando. No sólo me parecen espectaculares, sino que hacen que me sienta en casa. Y eso… no tiene precio.

El toro de Osborne es un protagonista más de “Jamón, jamón”, rodada cerca de Zaragoza

Si queréis saber mucho más sobre la fauna que vive en los edificios, las calles y las plazas de Zaragoza podéis apuntaros el domingo 19 de mayo a nuestra ruta “Un safari en Zaragoza” a un precio muy especial con motivo del DÍA INTERNACIONAL DE LOS MUSEOS. Si queréis saber más entrad aquí, y para reservar podéis llamarnos al 976207363 o entrar aquí.

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