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Posts Tagged ‘noches de agosto en zaragoza’

Los jueves entre el 19 de julio y el 13 de septiembre tendremos, a las 21’30, una visita titulada “Los convidados de piedra”, esos otros zaragozanos de piedra, bronce… en los que muchas veces ni nos fijamos, pero que viven entre nosotros y tienen montones de historias que contar. Hoy vamos a hablar de uno de ellos, Augusto, que de momento sigue en la avenida de su nombre, junto a las murallas romanas. Por cierto, que a lo mejor os suena de haber visto esta misma escultura en Tarragona, Mérida, Astorga… ¿La misma? ¿Qué lío es éste? Bueno, la misma exactamente no. En realidad, lo que pasa es que el original está en Roma, en los Museos Vaticanos, y lo que se puede ver en todas esas ciudades y en alguna otra son copias en bronce hechas a partir de ese original. ¿Por qué razón? ¿Cuál es el motivo de que haya esculturas iguales en sitios tan distintos? ¿Os apetece verla con más detenimiento?

Augusto, junto a las murallas romanas de la antigua Caesaraugusta

Vayamos por partes. La escultura representa a Augusto, con el que acaba la República y comienza el Imperio en Roma. Aunque nunca recibió el título de emperador lo fue a todos los efectos, y de hecho aquí se le ve en actitud de mando y con un porte completamente imperial. Parece que la decisión de fundar nuestra ciudad vino de él, y de ahí su nombre: Caesaraugusta. Hay otras ciudades relacionadas con él que también llevan el apellido Augusta, como Astorga (Asturica Augusta, en tierra de los astures) o Mérida (Emerita Augusta, fundada con eméritos, licenciados de las legiones romanas), pero sólo a una le dio su nombre completo: a la nuestra. ¿Por qué? Pues tenemos que confesar que no tenemos ni idea, aunque alguna cosa sospechamos. Por ejemplo, que a lo mejor tomó la decisión coincidiendo con su cincuenta cumpleaños (que hoy es una fecha importante pero entonces mucho más, por la sencilla razón de que la mayor parte de la gente no llegaba a cumplirlos) y fue una forma de celebrarlo. Eso tuvo lugar en el 14 a.C., y la arqueología nos dice que Caesaraugusta se debió de fundar por esa fecha. En fin, que coincide, así que parece una hipótesis creíble.

Augusto de Prima Porta, en los Museos Vaticanos

La cuestión es que esta escultura no apareció aquí, sino en Roma. Se encontró en 1863 cuando se excavaba una villa en la que al parecer se retiró Livia, la esposa de Augusto, cuando éste murió (las malas lenguas, que nunca descansan, dicen que ella envenenó los higos directamente en el árbol del que él los comía). La villa estaba en los alrededores de una zona conocida como Prima Porta, y de ahí el nombre con que se conoce la escultura. Parece ser que Livia no debía poder vivir sin tener cerca la imagen del hombre con el que compartió su vida (y parece que también la muerte; la de él, claro), y encargó una copia en mármol de una escultura en bronce que había en Roma, seguramente en un lugar público como el Foro.

La escultura tiene restos de color, algo que puede parecernos sorprendente pero que era bastante normal. El color es frágil y siempre es lo primero que se pierde, pero si os imagináis que las esculturas antiguas eran de un blanco resplandeciente… ya podéis ir olvidándolo. A los griegos y a los romanos les gustaba el “colorín”, hasta un punto que a nosotros podría parecernos hasta un pelín hortera (los gustos cambian y siempre intentamos adaptar todo al nuestro, al del presente). Colores fuertes para luces intensas y cegadoras como las del Mediterráneo.

Cabeza de Augusto aparecida en Tarazona y conservada en el Museo de Zaragoza

Cabeza del Augusto de Prima Porta (Museos Vaticanos)

Seguramente la principal diferencia entre la escultura romana y la griega es que la primera es muy realista, con retratos llenos de verdad, de vida y de intensidad, pero en época de Augusto se vuelve la mirada hacia Grecia y lo que se lleva es la idealización (Augusto era enfermizo, no muy alto… nada que ver con esto). De hecho, lo que tenemos aquí no es propiamente un retrato de Augusto (si entendemos retrato como una representación más o menos realista de las características físicas), sino una idealización que resume todas las virtudes que debe reunir alguien tan excepcional como para ser capaz de gobernar el Imperio. Por cierto, que junto a la cabeza del Augusto de Prima Porta podemos ver una pequeña joya aparecida en Tarazona, no lejos de aquí. Es una cabeza de Augusto hecha en sardónice que hoy pertenece a la magnífica colección de arte romano del Museo de Zaragoza. En los dos casos, y aunque la de Tarazona está hecha bastante después, parece más la cabeza de un dios que la de un humano.

Augusto aparece representado como general en jefe, probablemente con un bastón de mando en la mano izquierda y una corona de laurel en la derecha (ambos desaparecidos). Lo más llamativo es la coraza, llena de una decoración que para nada es casual. Todo está ahí por algo, para contar algo: que Augusto ha sido el que ha traído la paz y la prosperidad al Imperio. Pura propaganda política, por supuesto. Vamos a ver sólo algún detalle:

  • En la parte de abajo de la coraza, en el centro, aparece representada la Tierra, recostada y con un cuerno de la abundancia en la mano. Es evidente el significado, ¿no?
  • En el centro hay dos hombres. El que está a la derecha lleva falda corta y un estandarte en sus manos. En realidad es la insignia de una legión romana que fue capturada por los partos, un pueblo de Asia Menor. Aquello fue una tremenda humillación para Roma, y por eso recuperar esa insignia fue algo prioritario. Finalmente se consiguió, y lo que aparece aquí es uno de los partos entregándosela a Marte, el dios romano de la guerra.
  • A los lados de estos hombres hay dos mujeres sentadas: Hispania y la Galia, completamente pacificadas en época de Augusto.

Con todo lo que llevamos dicho no es extraño que a Augusto le considerasen un dios ya en vida, y de hecho aquí aparece descalzo, como los antiguos dioses olímpicos (si hubiese sido simplemente una representación de un humano se hubiera representado el calzado con el mismo detalle que el resto de la ropa). Pero es que además en la escultura de mármol aparece algo que no está en las copias de bronce, incluida la de Zaragoza: Cupido cabalgando sobre un delfín junto a su pierna. Con eso ya quedaba definitivamente claro que Augusto pertenecía a la estirpe de Venus, de la que Cupido era hijo (y también Eneas, el fundador de Roma y protagonista de “La Eneida“, escrita en época de Augusto, que nada es casualidad). Vamos, que era uno de los inmortales, nada más y nada menos. Lo dicho, una obra maestra de propaganda política.

Augusto, cuando vivía en la plaza de Paraíso

Y vamos llegando otra vez al principio. ¿Qué hace Augusto aquí? Ya hemos dicho que la ciudad se fundó en su época y probablemente por decisión suya, y en 1940 Mussolini regala, para recordarlo, una copia en bronce de la escultura de mármol a varias ciudades fundadas por Augusto o que habían tenido una relación especial con él. La escultura, al principio, se colocó en una glorieta en la plaza de Paraíso, pero finalmente se trasladó a su ubicación actual cuando se reformó todo el entorno del mercado (eso sí, como vivimos en una ciudad de monumentos viajeros no podemos asegurar que siga aquí para siempre; al fin y al cabo, siempre es demasiado tiempo, como debió de pensar nuestro alcalde cuando tuvo la peregrina idea de trasladarlo a la calle Alfonso, que por suerte quedó en nada). Por cierto, la original que regalaron los italianos es ésta, y la que hay en la entrada del Ayuntamiento es una copia más pequeña y de peor calidad que se hizo más tarde.

Detrás de Augusto se ven cuatro grandes “arcos” que representan lo que el autor considera las cuatro grandes etapas de la historia de la ciudad (íbera, romana, musulmana y actual), pero lo que más llama la atención es… una pequeña rana. ¿Qué pinta ahí?

¿Qué hace aquí esta misteriosa rana? ¿O no es tan misteriosa?

Os dejaremos con la incógnita, y si queréis averiguarlo… podéis participar en nuestra visita “Un safari en Zaragoza”. De momento, si queréis conocer a muchos otros convidados de piedra, os esperamos los jueves de verano a las 21’30 en la bola del mundo que hay junto a la fuente de la Hispanidad, en la plaza del Pilar. ¿Queréis reservar? Pues llamadnos al 976207363 o entrad aquí.

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Lo primero de todo: lo que viene a partir de ahora hay que leerlo con música, pero no con una cualquiera sino con el más torero de todos los pasodobles: Amparito Roca. Aunque tampoco estaría mal El gato montés, España cañí o Capote de grana y oro. O mejor aún, la jota del maestro Borobia, conocida como Jota de los toros de Zaragoza.

Parece ser que el 13 de octubre de 1881 toreaban en Zaragoza Lagartijo y Frascuelo, los dos toreros que estaban en aquel momento en lo más alto del escalafón. Cuando las mulillas estaban arrastrando al quinto de la tarde el director de la banda se arrancó con los compases de una jota, y todo el mundo se puso a bailar en los tendidos. En 1906 Ramón Borobia, director de la Banda de Música del Hospicio Provincial (hoy conocida como Banda de la Diputación) actualizó los compases de aquella jota, y desde entonces se toca cuando sale el sexto, el “toro de la jota”, que así se le llama, y todo el mundo la acompaña con palmas. Por cierto, que yo la aprendí de niño con una letra que es puro lirismo “A la Mari Pepa / le ha pillao el toro / le ha metido el cuerno / por el chirimbolo“. También la he oído dedicado a Mari Jose, Mari Pili, Mari Carmen…

Puerta principal del Coso de la Misericordia, y debajo una de las estupendas cabezas de toro que hay en ella

...y una de las estupendas cabezas de toro que hay en ella

Ahora que tenemos música apropiada sí que estamos en condiciones de empezar, y lo primero es decir que nuestra ciudad es mucho más taurina de lo que parece. ¿No os lo creéis? Pues como aperitivo aquí va una prueba definitiva:

¿Sabíais que en esta famosísima foto Ava Gardner estaba en la Plaza de la Misericordia, de Zaragoza? Pues sí, allí mismo. Cerca debía estar su amigo Hemingway, y está tomada justo en el momento en que le brindaba un toro Julio Aparicio (padre, claro). El “animal más bello del mundo” se sentó al menos un par de veces en nuestra plaza de toros, en cuya inauguración había estado el mismísimo Goya cuando era joven (16 añicos tenía). Y algunas de las cosas que vio allí le debieron impresionar tanto que cuando hizo los grabados de la Tauromaquia, unos cincuenta años después, las seguía teniendo frescas en su memoria.

Temeridad de Martincho en la plaza de Zaragoza

¿Qué os parece? Fue por aquellos años cuando se fijaron las reglas del toreo tal y como lo conocemos, pero Goya aún conoció un espectáculo muy distinto. Hoy se llama “corrida goyesca” a aquella en la que los toreros van vestidos, más o menos, como en época de Goya, pero una verdadera corrida goyesca sería otra cosa muy diferente. Seguramente el pintor y sus contemporáneos se aburrirían en una corrida actual, mucho menos espectacular que lo que ellos estaban acostumbrados a ver, y es probable que disfrutaran mucho más en un concurso de recortadores. Y si no, mirad a Martincho en estos dos grabados. En el de arriba sentado en una silla, con grilletes en los pies y usando un sombrero como muleta… puro espectáculo, igual que en este otro:

Otra locura suya en la misma plaza

Sobran las palabras, ¿no? Martincho fue quien lidió el primer toro en la plaza de Zaragoza. Nació en Farasdués (una pedanía de Ejea de los Caballeros), y llegó a ser uno de los toreros más famosos de su época. Si queréis ver todo esto en directo, en las estampas de Goya, lo mejor que podéis hacer es acercaros cualquier día de estos al Museo Ibercaja Camón Aznar, el único del mundo que expone todos los grabados del pintor. En ellos viven estos toros que veis aquí, con unos cuernos bastante más afilados que los de ahora. Y por cierto, en nuestra ciudad no falta una Plaza de la Tauromaquia de Goya. ¿Sabéis dónde está? Pues pinchad aquí, y lo veréis.

Plaza de Toros con la Real casa de Misericordia (actualmente conocida como “el Pignatelli”) al fondo

La plaza de toros de Zaragoza, probablemente la segunda más antigua de España, se inauguró en 1764 y su construcción fue iniciativa de Ramón de Pignatelli. Anteriormente las corridas de toros se celebraban en la plaza del Mercado, en el Coso o en el entorno de la Aljafería, en una zona que por esa razón se llamó Campo del toro. El objetivo de construir una plaza estable era contribuir a la financiación de la Real Casa de Misericordia, una gigantesca institución de caridad para la que se construyó el inmenso edificio que hoy es sede de la Diputación General de Aragón. Pignatelli consiguió que el gremio de carpinteros aceptara cobrar su trabajo en diez años, y se levantó un edificio con un aforo de 7.800 espectadores.

La plaza de toros después de la reforma de la segunda década del siglo XX

A principios del siglo XX la Diputación Provincial de Zaragoza, propietaria de la plaza, la reformó para ampliarla y darle un aspecto mucho más monumental. Prácticamente se construyó de nueva planta, pasando el aforo a más de 13.000 localidades. De entonces proceden las arquerías que la envuelven y le dan su aspecto tan característico, la portada monumental… tiempo después, en 1990, se convertiría en la primera plaza cubierta del mundo.

Cartel de las fiestas del Pilar de 1882

La Feria del Pilar cierra la temporada taurina, que se abre en Sevilla el Domingo de Resurrección, pero hay algunos festejos más a lo largo del año. Este es el cartel de la feria de este año, para la que queda poco más de un mes.

Lógicamente eso ha dado lugar a que a la sombra de la plaza hayan surgido a lo largo del tiempo bares, restaurantes… uno de ellos, el Mesón del Campo del Toro, es un auténtico museo taurino lleno de cuadros, esculturas, trajes de luces, carteles… y de toros, claro.

De todas formas, de todos estos locales de ambiente taurino el que mí más me gusta está lejos de la plaza. Es una pequeña taberna escondida en una callejuela del casco histórico, con unas tapas que están entre las mejores de Zaragoza y un nombre de lo más taurino: Los Victorinos (C/ José de la Hera, 6).

Fotografías, carteles auténticos de Fiestas del Pilar de hace muchos, muchos años, cabezas de toros… y unas tapas que están de rechupete

Ya que estamos hablando de toros, hablemos también un poco de toreros y concretamente de dos, cuyas tumbas están en el cementerio de Torrero. Los dos murieron en la plaza, los dos siendo jóvenes y con muy pocos años de diferencia.

La tumba de Florentino Ballesteros ya no tiene el busto de bronce del torero. Lo robaron el pasado noviembre

Florentino Ballesteros murió en 1917 después de una cogida en la plaza de Morón. Tenía una extraordinaria carrera por delante, y de hecho aquel año tenía firmadas 60 corridas y compartía cartel con Joselito y Belmonte. Su entierro fue una enorme demostración de duelo popular, porque la ciudad lo consideraba como a un hijo y viceversa (se había criado en el Hospicio Pignatelli, al lado de la plaza de toros). Su historia me recuerda a la de aquella copla que le compusieron Quintero, León y Quiroga a la Piquer en los años 50: Romance de valentía.

En cuanto a Herrerín, que se llamaba Jaime Ballesteros pero no era familia suya, había muerto en 1914 siendo todavía novillero. Los dos fueron rivales en los ruedos, pero sus tumbas están a pocos metros la una de la otra y las calles que la ciudad les dedicó también están juntas. ¿Dónde? Sólo os diré que están por el barrio de Las Fuentes.

La afición, representada como una mujer, llora a los pies de la tumba de Herrerín

La historia de Herrerín me recuerda a una canción de la época, que nuestra paisana Raquel Meller hizo famosa en el mundo entero: El relicario. Cuenta la historia de un torero… pero, casi mejor, oigámosla a ella.

Al lado de la plaza de toros, en lo que fueron los talleres del Hospicio Pignatelli (que se situaba en el edificio de la Real Casa de Misericordia), está el Museo Pablo Serrano (Instituto Aragonés del Arte y la Cultura contemporáneos), donde entre otras cosas se conserva una gran parte de la obra del escultor. ¿Y sabéis lo que tenemos? Pues toros, claro, pero eso sí, muy diferentes.

Entre los dos pequeños toros de arriba y el de abajo, de casi dos metros de altura, hay enormes diferencias. Para empezar, el material. Los dos de arriba, de poco más de 20 centímetros, están hechos con materiales tradicionales y nobles: piedra negra y bronce dorado. El de abajo está hecho con chatarra, lo que Pablo Serrano llamaba Hierros encontrados y soldados, o también Ordenaciones del caos, porque a partir de todo tipo de materiales que se encontraba en cualquier sitio (desde una chatarrería hasta el Vesubio) creaba algo nuevo. Los dos primeros son suaves, con superficies pulidas que apetece acariciar, mientras que el otro está hecho con chatarra oxidada, cortante, afilada… Pero hay una similitud entre las tres piezas: ninguna es una escultura abstracta. Las tres representan, aunque sea de forma muy distinta, algo que podemos reconocer e identificar, en este caso un toro, mientras que una obra abstracta no representa nada en concreto, aunque al mirarla podamos creer ver algo en ella (más o menos como cuando miramos las nubes y les encontramos parecidos con diferentes cosas).

En algún lugar del alero del patio del Museo Pablo Gargallo está el signo de Tauro

Por cierto, en otro museo zaragozano, el dedicado al gran Pablo Gargallo, hay otro toro, pero no es una de sus esculturas, sino que lleva ahí desde el siglo XVII, nada menos. En el alero de madera del patio se representa un zodiaco completo, con el signo de Tauro incluido, claro. No os pongo foto de detalle para no daros demasiadas facilidades, y que os animéis a ir a verlo en directo.

El toro de Osborne sobre el desierto

Hay muchísimos toros más en Zaragoza, pero… fuera de la ciudad también, y no muy lejos, porque en la provincia hay cinco toros de Osborne: Alfajarín, la Muela, Calatayud, Monreal de Ariza y Pina de Ebro. El toro de Osborne nació en 1956 para promocionar el brandy Veterano, pero hasta 1962 no se empezaron a fabricar las siluetas metálicas de 14 metros de altura que pronto se convirtieron en parte fundamental del paisaje español (y mejicano, ¿eso lo sabíais?). Si queréis conocer su historia, pinchad aquí. Hoy quedan 90, declarados Bien de Interés Cultural, y no sé a vosotros, pero a mí me encanta ir encontrándomelos de vez en cuando. No sólo me parecen espectaculares, sino que hacen que me sienta en casa. Y eso… no tiene precio.

El toro de Osborne es un protagonista más de “Jamón, jamón”, rodada cerca de Zaragoza

Si queréis saber mucho más sobre la fauna que vive en los edificios, las calles y las plazas de Zaragoza podéis apuntaros el domingo 19 de mayo a nuestra ruta “Un safari en Zaragoza” a un precio muy especial con motivo del DÍA INTERNACIONAL DE LOS MUSEOS. Si queréis saber más entrad aquí, y para reservar podéis llamarnos al 976207363 o entrar aquí.

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¿Alguna vez has visto un león con alas, un libro entre las patas y una aureola alrededor de la cabeza? Pues si cumple todos o casi todos esos requisitos no hay duda, es el león de San Marcos, y hay grandes posibilidades de que estés en Venecia. ¿O no? Pues no siempre, porque en Zaragoza también lo puedes encontrar.

El león de San Marcos, tan campante en un edificio zaragozano

Eso sí, está en un lugar que tiene cierta vinculación con Venecia, porque el edificio lo construyó la compañía de seguros “La Adriática”, y el Adriático es el mar que baña las costas de la ciudad de los canales. La cuestión es que esta empresa acostumbraba a construir sedes monumentales en cada una de las ciudades donde operaba. Se quedaba con las plantas que necesitaba y posteriormente alquilaba o vendía los bajos para locales comerciales y el resto para viviendas. Seguro que, aunque no lo sepáis, habéis visto algunos de los edificios que “La Adriática” construyó por España. Os pongo algún ejemplo y veréis como sí, porque habitualmente son edificios monumentales, que no pasan desapercibidos y que están en lo mejor de cada ciudad.

Madrid, en la Gran Vía con la plaza del Callao

El de Madrid está en plena Gran Vía, y era la sede central de la compañía. Es de los años 20, como el de Sevilla, que a mi me gusta mucho más. Está en la Avenida de la Constitución, en la esquina frente al Ayuntamiento, y en los bajos se sitúa un clásico de la ciudad: la confitería Filella.

La Sevilla en la que se construyó la plaza de España y todos los edificios del parque de María Luisa es la que vio nacer el edificio de “La Adriática”

Hay otros edificios de “La Adriática” repartidos por España, pero en este caso yo creo que el de Zaragoza gana por goleada. En pleno Coso, es moderno, elegante, airoso, monumental… lo tiene todo. A mí, desde luego, es uno de los edificios que más me gustan de nuestra ciudad.

El primer rascacielos zaragozano. Sólo tiene 50 metros, pero tiene todo el garbo de los primeros rascacielos americanos. Si no fuera porque está situado entre una estupenda iglesia barroca y un palacio renacentista más estupendo aún, podríamos pensar que estamos en el Chicago o el Nueva York de principios del siglo XX

Se terminó en 1952 y encaja perfectamente en un entorno muy monumental, con la iglesia de la Mantería, la Audiencia, el edificio de los Escolapios… En cualquier caso, a nosotros lo que nos interesa hoy es el león. ¿Os habíais olvidado de él? Pues está justo sobre la cornisa donde empieza el segundo cuerpo del edificio, en la parte central (encima del arco, por si aún no lo habéis visto). Y es un león perfectamente veneciano, aunque le falte el nimbo alrededor de la cabeza.

El león, tan feliz sobre la cornisa

Zaragoza…

y Venecia


El león de San Marcos sobre una de las dos columnas de la piazzetta de Venecia

La idea de representar a San Marcos como un león con alas viene ni más ni menos que del Apocalipsis. Ya sabéis, se abre el libro de los siete sellos, llegan los cuatro jinetes, la gran ramera de Babilonia… en fin, un festival, y en medio de todo el follón hay cuatro personajes alrededor del trono de Dios, alabándole: un águila, un ángel, un león y un toro (estos dos con alas también). Cada uno de ellos se acabó identificando con uno de los cuatro evangelistas, y a San Marcos le correspondió el león. ¿Por qué? Pues a lo mejor porque su Evangelio comienza hablando de San Juan Bautista como la “voz que clama en el desierto“, y se ha identificado esa voz con el rugido de un león. O a lo mejor no.

“Pax tibi, Marce, evangelista meus. Hic requiescet corpus tuum”. O sea, “La paz sea contigo, Marcos, mi evangelista. Aquí descansará tu cuerpo”

Por cierto, que el león de San Marcos lleva muchas veces entre las garras un libro con el principio de una frase, que no es la primera de su Evangelio, para nada. Es la que se supone que le dijo un ángel cuando estaba por la laguna de Venecia (la ciudad no existía aún, así que no pudo hacer el guiri dándose el típico paseo en góndola o comprando máscaras). Aunque claro, también hay gente que dice que eso se lo inventaron los venecianos después. En fin, que maliciosos con ganas de malmeter no faltan nunca. ¿A quién se le ocurre pensar eso de los venecianos, que eran buenísima gente, y tan, tan honrados?

Esculturas, relieves, cuadros… por todas partes, en Venecia, aparece el león con su libro

Primera cuestión: un ángel le dijo a San Marcos que su cuerpo descansaría donde luego se levantó Venecia. Segunda cuestión: una tradición cuenta que él fue el primer cristiano que llegó a Alejandría, allá por los años 60 (los del siglo I d.C., claro) y acabó siendo el obispo de esta ciudad. Allí quedó su cuerpo hasta que unos 800 años después, año arriba, año abajo… llegaron por allí unos mercaderes venecianos. Ni cortos ni perezosos decidieron robar el cuerpo del santo (para cumplir con la profecía del ángel, claro, no por otra cosa) y se lo llevaron a Venecia. Y claro, como Alejandría por aquel entonces (corría el año 828 d.C.) era musulmana, metieron el cuerpo en un cargamento de carne de cerdo, y a los musulmanes ni se les ocurrió registrarlo (aparte de que me imagino que las reliquias de San Marcos a ellos les daban un poco igual, vamos, digo yo).

Tintoretto, el extraordinario pintor veneciano del Renacimiento, representó en estos dos cuadros que se conservan en la Galería del Academia de la ciudad el hallazgo y el robo del cuerpo de San Marcos (que, para haber pasado casi 800 años desde su muerte, se conservaba estupendamente, para qué vamos a decir otra cosa)

Descubrimiento del cuerpo de San Marcos en Alejandría

Robo del cuerpo de San Marcos por los mercaderes venecianos

Cuando los mercaderes llegaron a Venecia le entregaron el cuerpo al Dux (el “jefe” de la Serenísima República), y fue entonces cuando se empezó a construir la maravillosa basílica de San Marcos que aún se puede visitar hoy.

Hemos visto el león de San Marcos en el edificio de la Adriática, pero la relación de Zaragoza con Venecia va mucho más lejos. Muchos os acordaréis del cine Venecia, habréis paseado por los pinares de Venecia, a lo mejor vivís en la calle Venecia o compráis en Puerto Venecia…

En realidad, el origen de todo esto está en el Canal Imperial, por el que navegó durante muchos años una góndola a la que se llamaba “El cisne del Canal”. Y claro, tanto éxito tuvo que la gente llamaba a aquella zona “la pequeña Venecia”, con su canal, su góndola… no faltaba de nada. Y claro, tanto con Venecia arriba y abajo… hoy tenemos un Stadium Venecia, los pinares se siguen llamando así y la calle Venecia continúa en su sitio, aunque el cine ya desapareció. Eso sí, que sepamos nunca se han visto por allí leones con alas, pero… tiempo al tiempo.

El Cisne del Canal, nuestra góndola particular, hacia 1900

Pero es que aún hay más. Resulta que en 1876 se fundó una de las empresas más importantes de la historia de Zaragoza, y no os vais a creer cómo se llamaba. ¿Lo adivináis? Pues claro, “La veneciana”, fundada por Basilio Paraíso, el de la plaza Paraíso. ¿Y por qué se llamó así? Pues porque fue la primera empresa española especializada en la fabricación de vidrio, vidriera artística y espejos, y el prestigio de Venecia en estos temas era incuestionable (¿quién no ha oído hablar del cristal de Murano?). Pura estrategia de márketing que se llevó hasta las últimas consecuencias, pues cuando en 1908 llegó la Exposición Hispano-Francesa, ¿os imagináis cómo era el pabellón de “La veneciana”?

¿Veis asomar la punta de la góndola?

Estaba construido sobre un pequeño canal artificial, en el que había hasta góndolas, para que no faltara de nada (si os fijáis bien, debajo del puente sobre el que está construido el pabellón asoma la punta de una de ellas). Al fin y al cabo su propietario había sido el principal impulsor de la Exposición Hispano-Francesa, y una empresa tan pujante (que aún existe, con el nombre de Saint Gobain – La veneciana) podía y debía permitirse estos lujos. Por cierto, y ya para acabar, obras suyas hay por toda España, pero os pongo un ejemplo que seguro que conocéis: las vidrieras de la Casa Solans, en la Avenida de Cataluña.

El chalet que Juan Solans se construyó al ladito de su fábrica de harinas también tiene su punto veneciano, como tantas cosas en Zaragoza

Por cierto, y ya con esto acabo: Juan XXIII, que antes de ser Papa fue Patriarca de Venecia, murió bajo el manto de la Virgen del Pilar porque él mismo lo pidió. Y también antes de ser Papa estuvo en nuestra ciudad (aún os diré más, durmió en el Colegio Mayor Miraflores). ¿Qué os parece? ¿Sorprendente? ¿Os ha parecido interesante la historia del león de San Marcos?

Si queréis saber mucho más sobre la fauna que vive en los edificios, las calles y las plazas de Zaragoza podéis apuntaros los sábados de julio a las 19’30 a la actividad para familias con niños UN SAFARI A LA FRESCA. Si queréis más información o reservar llamadnos al 976207363 o entrad aquí.

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¿Queréis conocer la obra de Goya en Zaragoza? Pues entre las muchas recomendaciones posibles hoy os propongo que os vengáis con nosotros al Pilar, uno de los lugares del mundo en los que mejor es posible percibir la huella de uno de los artistas más grandes de todos los tiempos.

El Pilar está lleno del arte de Goya

En 1676 Zaragoza se convierte en la primera ciudad del mundo con dos catedrales, la Seo (que ya lo era desde 1118) y el Pilar. Unos años después comienzas las obras del espectacular edificio actual, que cuando Goya nació en 1746 estaba muy avanzado. De hecho, él era un niño cuando Ventura Rodríguez construyó la Santa Capilla y Antonio González Velázquez pintó la cúpula que la cubre con la venida de la Virgen a Zaragoza y Santiago y los siete convertidos construyendo la Santa Capilla ayudados por los ángeles.

La Santa Capilla del Pilar, construida cuando Goya era un niño

Goya es por entonces un chaval que empieza a acudir a la Academia del Pintor José Luzán y pinta sus primeras obras. Alguna de ellas, claro, dedicada a la Virgen del Pilar. Unos años después, cuando Goya ya no vive en Zaragoza y viene a pasar una temporada para pintar dos cúpulas en el Pilar (una es la “Regina Martyrum” y la otra nunca la hará) le pide a su amigo Martín Zapater que le busque casa en la ciudad, y le dice:

“Para mi casa no necesito muchos muebles, pues me parece que con una estampa de Nuestra Señora del Pilar, una mesa, cinco sillas, una sartén, una bota y un tiple y asador y candil todo lo demás es superfluo“.

Muy joven Goya pinta esta “Venida de la Virgen del Pilar”, que se conserva en el Museo de Zaragoza.

Seguramente Goya nunca olvidaría que su primer encargo importante le vino precisamente de ahí, del Pilar. El había intentado conseguir una beca para la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, pero al no lograrlo marchó a Italia por su cuenta para aprender todo lo que pudiese. Y lo hizo, vaya que si lo hizo. Tanto que cuando vuelve a Zaragoza con 25 años, envuelto en el prestigio que daba la formación en Italia, pudo conseguir el encargo de la bóveda del Coreto, el pequeño coro que hay enfrente de la Santa Capilla. Para ello tuvo que demostrarles que sabía pintar al fresco y también ofrecer un presupuesto mucho más barato que su competencia. Por cierto, y para que nos situemos: estamos en 1771.

El primer encargo importante que recibe Goya es la bóveda del Coreto del Pilar. El boceto se conserva en el Museo Ibercaja Camón Aznar de Zaragoza.

El MICAZ (Museo Ibercaja Camón Aznar), situado a cinco minutos del Pilar, expone, junto a otras pinturas de Goya y una colección completa de sus grabados (es el único lugar del mundo que los expone todos), el boceto que pintó antes de empezar a trabajar en el Coreto. Podéis compararlo con la obra definitiva, que luce estupenda tras la restauración que tuvo lugar hace unos años.

“Adoración del nombre de Dios por los ángeles”, en la bóveda del Coreto del Pilar

En el Coreto se representa el nombre de Dios (en letras hebreas y situado dentro de un triángulo, que simboliza a la Santísima Trinidad) y alrededor los ángeles adorándolo, con incienso, instrumentos musicales… Por cierto, si te fijas bien verás que una de las dos bombas que cayeron dentro del Pilar al principio de la Guerra Civil, el 3 de agosto de 1936, atravesó la pintura de Goya. ¿Por dónde? Seguro que eres capaz de encontrar el agujero sin ayuda.

Después de aquello Goya consiguió algún trabajo importante en Zaragoza pero sobre todo uno: las pinturas de la iglesia de la Cartuja de Aula Dei, que se conservan y se pueden visitar.

Iglesia de la Cartuja de Aula Dei, junto a Zaragoza, con las pinturas de Goya

Sin embargo, pronto decidió marcharse a Madrid, animado por su cuñado Francisco Bayeu (ya pintor del rey por aquellos años), que le consiguió trabajo en la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara. Sería estando allí cuando Bayeu recibió el encargo de pintar las cúpulas que formaban el “cuadro” de la Santa Capilla (o sea, las ocho que había alrededor de la capilla de la Virgen, en el Pilar), y lo repartió con su hermano Ramón y con su cuñado, Goya. Para Francisco los cuatro platos (o sea, las cúpulas más rebajadas), y dos de las cúpulas de las esquinas para cada uno de los otros dos.

Uno de los dos bocetos pintados por Goya para la cúpula”Regina Martyrum” del Pilar. Pertenece al Museo Pilarista, pero se expone en una de las naves de la Basílica, junto a la puerta del Museo.

Casi todos los bocetos presentados, incluidos los dos de Goya, se conservan en el Museo Pilarista, junto con la espectacular colección de joyas y mantos de la Virgen del Pilar, la maqueta de la Santa Capilla presentada por Ventura Rodríguez… Por cierto, todas las cúpulas giraban alrededor del mismo tema: las advocaciones de la Virgen como reina que aparecen en la letanía. Reina de los mártires, Reina de los profetas, Reina de todos los santos… Goya empezó con la “Regina Martyrum“, Reina de los mártires. Sus bocetos se aprobaron, se levantó el andamio y empezó a pintar.

Cúpula “Regina Martyrum”, espectacular tras la última restauración

No estaba acabada la obra cuando un grupo de miembros del Cabildo subió a verla, y lo que encontraron no les gustó nada. Las figuras les parecieron enormes (son el doble del tamaño natural, aproximadamente, porque Goya tenía claro que iban a verse a 30 metros de distancia), no les gustó cómo estaban acabadas… en fin, que empezó ahí un enfrentamiento que llevó a que Goya sólo llegar a pintar una de las dos cúpulas que estaba previsto que hiciera. Eso sí, dejó aquí su primera gran obra de madurez, que hoy puede verse extraordinariamente después de la última restauración. En ella aparece la Virgen sentada sobre un trono de nubes, representada como reina de los cielos con una corona de cabezas de ángeles dorados rodeando su cabeza. Y a sus pies mártires zaragozanos, aragoneses e internacionales, desde Santo Dominguito de Val (patrón de los infanticos del Pilar) a San Lamberto, con su cabeza en la mano, pasando por San Jorge, San Valero, Santa Engracia… y muchos más.

Goya nunca volvió a pintar en el Pilar, aunque sí en Zaragoza, y mucho. Pero eso… es otra historia, y la dejaremos para otro día. Esos sí, si queréis saber mucho más y conocer a otros personajes de su tiempo que circulan por Zaragoza, ya sabéis. Para un congreso, reunión familiar, cumpleaños, viaje de empresa… nuestra visita teatralizada sobre “Los sueños de Goya” es una opción estupenda para descubrir la ciudad de una forma completamente diferente, amena y divertida. ¿Queréis más información? Pues llamadnos al 976207363 y os contaremos todo lo que necesitéis saber. Y si preferís una visita más centrada en su obra, también podemos ofreceros varios recorridos diferentes para descubrirla.

Visitas teatralizadas – Los sueños de Goya

Tras los pasos de Goya en Zaragoza

Tras la sombra de los cartujos – La Cartuja de Aula Dei

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Mesa de los siete pecados capitales, de El Bosco. El ojo de Dios lo ve todo, y como nos decían nuestras madres: “Dios castiga sin palo”

Hace más de 400 años que El Bosco pintó la mesa de los pecados capitales, que hoy se conserva en el Museo del Prado. En ella aparece el ojo de Dios, con Cristo resucitado en la pupila y una inscripción que dice “Cave, cave, Deus videt“, o sea, cuidado, que Dios lo está viendo. Y alrededor siete escenas, una por cada pecado. Como para asustar a cualquiera, ¿no? Si a eso le añadimos que en las esquinas de la mesa aparecen el momento de la muerte, el Juicio Final, el Infierno y el Paraíso… resulta cualquier cosa menos tranquilizador.

El Bosco lo tenía claro: los pecadores acabarán en el caldero de Pedro Botero. Eso sí, cada uno recibirá el castigo correspondiente a su pecado, que en esto de las penas del infierno hay muchísima sofisticación.

Al fin y al cabo ninguno escaparemos de la muerte, como queda claro viendo mi cuadro preferido desde que era un niño: “El triunfo de la muerte”, de Brueghel, otro tesoro del Museo del Prado. La muerte acecha a ricos y pobres, a enamorados, a jugadores, a papas, a emperadores y reyes… Y después de la muerte… nadie lo sabe, lo cual supone una perspectiva poco agradable, la verdad.

Como decía Jorge Manrique refiriéndose a la muerte: “Que si tú vienes airada / todo lo pasas de claro / con tu flecha”.

Después de la muerte el sueño, y después, mucho después… sonarán las trompetas que convocarán a la Humanidad en el valle de Josafat para el Juicio Final e inapelable. Los muertos saldrán de sus tumbas, San Miguel pesará las almas, y no podremos ocultar los pecados que hayamos cometido porque, como dice la mesa de El Bosco, “Cave, cave, Deus videt“.

Y aquí quería yo llegar, a los pecados. Porque los hay mortales, veniales, pecadillos… pero por encima de todos están los siete pecados capitales. ¿Por qué son diferentes a los demás? Pues porque lo que se logra con ellos es tan deseable que por conseguirlo se cometen muchos otros en el camino. Son un poco como las cerezas de la jota. ¿Os acordáis? “Así son tus besos / según dicen, maña /como las cerezas. / Que si tiras de una / que si tiras de una / se va toda la cesta.“. Pues eso mismo ocurre, y por eso son capitales, especiales, diferentes…

Por cierto, ¿cuáles son? Ya se nos han olvidado, porque el miedo al fuego eterno ya no existe. Y con eso ganamos muchas cosas, pero perdemos el placer de pecar, y es una pena. Así que, cuanto más sepamos sobre los pecados, muchísimo mejor, porque cuando los cometamos experimentaremos el placer de la transgresión. ¿No merece la pena? Claro que sí, es fantástico que haya límites, aunque sólo sea para poder saltárselos de vez en cuando. Para que los recordéis, aquí tenéis a Homer Simpson, ese gran hombre, cometiéndolos todos, uno por uno. No es necesario traducir, ¿verdad? Los dibujos lo dicen todo.

Para conocer mejor los pecados capitales y disfrutar más intensamente cometiéndolos hemos preparado siete rutas para descubrir historias de pecadores y pecadoras a lo largo de la historia de Zaragoza:


Imagínate un lunes, después del fin de semana… ¿hay algo que apetezca más que la pereza? Desde el paseo de la Independencia hasta la orilla del Ebro vamos a ver cómo disfrutaron del “dolce far niente” los zaragozanos de otros tiempos.


La ira, que lleva a hombres y mujeres a perder la cabeza. Asesinatos de plebeyos, de un arzobispo y hasta de un cardenal, mujeres capaces de todo, cárceles mugrientas, más de 50.000 muertos en los Sitios, fusilamientos, bombas sobre el Pilar…


La envidia es el único pecado que dicen que no da placer al pecador… salvo el de ver caer a tu enemigo. Envidia cochina entre el Pilar y la Seo, una mujer que asesina a su vecina por una falda, denuncias entre amigos, Goya y sus enemigos…


La soberbia es como el jueves, siempre en medio. Artistas que se creen los más importantes, un Papa que se mantuvo en sus XIII, políticos y politiquillos, y sobre todo el Pilar, un lugar donde la soberbia anida en todos los rincones.


La avaricia, el pecado de los que lo quieren todo, todo, todo. Especulación urbanística, banqueros de otras épocas, una joyería sacada de un cuento, buscadores de tesoros, ladrones, jugadores y timadores. ¿Quién da más?


Lujuria es una de esas palabras que al decirla se llena la boca. Del descaro de las vedettes de El Plata al ¿recato? de las monjas del Santo Sepulcro, pasando la despampamante Gina Lollobrigida rodando en Zaragoza. Un sinfín de experiencias lujuriosas e inolvidables.

La gula, un pecado con el que disfruta casi todo el mundo. Banquetes, una pastelería de ensueño, un mercado fantástico, una bodega subterránea, un restaurante de 1826… en fin, una ciudad de lo más laminera.


Si sois un grupo y queréis pecar con nosotros, tenemos muchas opciones para vosotros:

  • La primera, nuestras cenas lujuriosas. Como diría Bette Davis, “abróchense los cinturones porque vamos a despegar“.
  • Cada una de nuestras 7 rutas de pecado, e incluso una que los combina todos. Si queréis reservar para un grupo podéis llamar al 976 20 73 63.

Si queréis seguirnos podéis entrar en http://www.facebook.com/gozARTE y pinchar en “me gusta”, o en twitter @gozARTE. Y si queréis conocer más historias de “Pecadores encantadores“, aquí os dejo dos de mis preferidos: Rebeca para la lujuria y Homer Simpson para la pereza. Y si queréis seguir pecando, aunque sea de pensamiento, aquí os dejo las entradas más pecaminosas de nuestro blog. Gula y lujuria nos pierden, está claro.

Lujuria es… el jamón

Lujuria es… el champagne (francés, bien sûr)

Lujuria es… sexo en Nueva York

Lujuria es… unas piernas de cinco millones de dólares

Lujuria es… el Bulli

Lujuria es… Venus

Lujuria es… el teatro chino de Manolita Chen

Lujuria es… Sodoma y Gomorra

Lujuria es… el “gabinete secreto” de Nápoles

Lujuria es… Marlon Brando

Lujuria es… Sofía

Lujuria es… la guerra de los biquinis

Lujuria es… el biquini

Lujuria es… El Plata

Lujuria es… Zeus y sus chic@s

Lujuria es… la Lollo

Lujuria es… pecado

Lisboa, el paraíso del bacalao

Los pasteis de Belém

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San Roque delante del retablo de San Pablo, preparado para salir en procesión por las calles del barrio del Gancho

Eso de “la pareja del verano” no viene de ahora, ni mucho menos. Es un invento tan viejo que una de las dos parejas estrella año tras año es la formada por la Virgen y San Roque (15 y 16 de agosto). La otra, la de Santiago y Santa Ana (25 y 26 de julio). A todos nos encantan, porque son sinónimo de fiesta, verbena en el pueblo, baile agarrao, unos vinos de más, risas con los amigos de siempre y todas esas cosas que hacen que la vida merezca la pena. Eso sí, como la cosa va de bichos nos quedaremos con San Roque. Bueno, con San Roque y su inseparable perro, que también forman una de las parejas más estables de todo el santoral. O perra, que esto no está muy claro. En Calatayud, de donde San Roque es patrón, dicen que era perra y se llamaba Rouna (y de ahí el nombre de una de las peñas).

San Roque saliendo de la iglesia de San Valero, en las Delicias

San Roque está presente en varias iglesias zaragozanas, como San Pablo o San Valero (de estas dos salen procesiones el 16 de agosto). Sin embargo, creo que no hay ninguna iglesia dedicado al santo en Zaragoza, aunque tiene plaza, y eso no lo puede decir todo el mundo. Y no en cualquier sitio, no: en pleno Coso, delante del colegio de las Escolapias. Allí estaba el arco de San Roque, ya desaparecido como tantos en nuestra ciudad.

El arco de San Roque estuvo ahí, viendo pasar el tiempo, hasta 1942

El arco estaba pegado al convento de Santo Tomás de Villanueva, al que pertenece la iglesia de la Mantería, sobre lo que hoy es la calle Teniente Coronel Valenzuela. ¿Y por qué se llamaba así? Pues porque San Roque era el patrón del gremio de los manteros, que estaban instalados en esta zona. Y muy cerca de allí, en la parroquía de San Pablo, se fundó en 1876 (aunque la devoción es mucho más antigua) la archicofradía de San Roque, que hoy sigue organizando la fiesta en honor del santo cada 16 de agosto.

San Roque saliendo a la calle

Ese día la imagen sale a la calle en procesión y se reparte el pan bendito. El resto del año se conserva en una hornacina que está al lado de la sacristía, así que si os animáis a pasaros por allí un día de estos podréis ver esta estupenda imagen del siglo XVII. Y para que no tengáis que esperar hasta el próximo 16 de agosto aquí tenéis un vídeo con imágenes de la procesión.

¿Quién era este San Roque para ser tan popular? Pues parece que allá por 1295 nació en Montpellier, así que le pasaría aquello de la canción:

Asombróse un portugués

al ver que en su tierna infancia

todos los niños de Francia 

supieran hablar francés.

Arte diabólico es,

dijo arrugando el mostacho,

que un hidalgo en Portugal

llega a viejo y lo habla mal,

y aquí lo parla un muchacho.

¿Queréis oirlo en la voz de la Niña Pastori? Pues pinchad aquí, y disfrutad de “El portugués”.

El caso es que el pequeño Roque, que es a lo que íbamos, no sólo hablaba francés desde siempre, que eso en Montpellier no le llamaba la atención a nadie, sino que nació con una cruz roja en el pecho, y eso sí que les impresionó bastante, que prodigios así no se veían todos los días. La cuestión es que pronto se quedó huérfano, y en vez de dedicarse a vivir de las rentas vendió la herencia de sus padres y la repartió entre los pobres. Decidió entonces marcharse de peregrinación a Roma, y pronto se hizo famoso por que tenía mano de santo para curar a los enfermos de la peste. Y claro, de tanto tentar a la suerte paso lo que tenía que pasar, que él mismo se contagió y se tuvo que retirar a un bosque para no infectar a otros. Si a eso le sumamos que había recibido un flechazo en la pierna, debía de estar el pobre para pocos trotes, la verdad. ¿Os lo imagináis allí solo, enfermo, sin comida ni nadie que le cuidara? Pues no os preocupéis demasiado, que ahora es cuando aparece el perro. Ya le estabais echando en falta, ¿no? Pues ya llega, tranquilos.

San Roque va vestido como un peregrino, con el sombrero a la espalda, una bolsa en bandolera, el bastón, las botas… y su inseparable perro con el pan en la boca. Ah, y la herida de la flecha en la pierna, que se me olvidaba.

Resulta que un perro descubrió a Roque en medio del bosque y a partir de entonces cada día robaba un panecillo de la mesa de su amo, un hombre rico que, un día, ya un poco mosqueado, decidió seguirlo. Asombrado, se llevó a Roque a su casa, le alimentó (que no sólo de pan vive el hombre) y le curó. Eso sí, parece que el que le curó definitivamente fue un ángel, que aquel señor (Gottardo Pallastrelli, para más señas) de medicina debía saber más bien poco. La cuestión es que a pesar de que su vida está envuelta por las brumas de la leyenda y hay más dudas que certezas, es todavía hoy un santo de lo más popular, y a lo largo de los siglos se le ha pedido protección sobre todo en caso de peste. Si en la iglesia de tu pueblo hay una imagen suya, es más que probable que en algún momento, hace siglos, le invocaran para que les salvara de alguna epidemia, le sacaran en procesión… como hoy se sigue haciendo en tantos lugares.

¿Os ha parecido interesante la historia del perro de San Roque? Pues si queréis saber mucho más sobre la fauna que vive en los edificios, las calles y las plazas de Zaragoza podéis apuntaros el domingo 19 de mayo a nuestra ruta “Un safari en Zaragoza” a un precio muy especial con motivo del DÍA INTERNACIONAL DE LOS MUSEOS. Si queréis saber más entrad aquí, y para reservar podéis llamarnos al 976207363 o entrar aquí.

 

Tarde de toros

El león de San Marcos, un trozo de Venecia en Zaragoza

El caballo de Palafox 

El caballito de la Lonja

Los ¿delfines? de Neptuno

Los gallos de las veletas… y algún otro

El león del Batallador

El tocinico de San Antón

La cierva de San Gil

Los camellos de la Seo

El dragón de San Jorge

Leones de colores

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Restos del gran claustro de la Cartuja de la Concepción

Lo que hoy es el parque del barrio de la Cartuja Baja, conocido como Huerto Frisón, era el gran claustro alrededor del cual estaban las celdas de los monjes. Y en su interior, donde hoy juegan los niños, estaba el cementerio en el que los cartujos esperarían al día de la resurrección de los muertos rodeados del mismo silencio que les había acompañado durante su vida. Puede que para nosotros, que muchas veces vivimos la vida queriendo olvidarnos de que la muerte está agazapada en cualquier esquina, sea algo macabro imaginar que a pocos metros de la celda donde el cartujo pasaba su vida se encontraba la fosa donde su cuerpo sería enterrado tras su muerte. Pero no creo que para ellos sea algo trágico encontrarse de frente con su tumba cuando salen de su celda, ni tampoco me los imagino esperando la muerte con ansiedad como Santa Teresa, cuando decía aquello de “Ven, muerte, tan escondida / que no te sienta venir / porque el placer de morir / no me vuelva a dar la vida“, sino más bien aceptándola con naturalidad, un poco como en los versos de Machado: “Y cuando llegue el día del último viaje / y esté al partir la nave que nunca ha de tornar / me encontraréis a bordo, ligero de equipaje / casi desnudo, como los hijos de la mar“. 

San Bruno en la cartuja de Nápoles, reflexionando sobre la vida y la muerte

San Bruno suele aparecer representado contemplando una calavera. Viéndolo me viene a la cabeza Quevedo reflexionando sobre la fugacidad de la vida, cuando escribe aquellos versos en los que habla del hombre y dice:

Sueño fue ayer, mañana será tierra.

Poco antes nada, poco después humo.

Y también me viene a la cabeza esa imagen (probablemente falsa) del cartujo dando cada día de su vida una paletada para cavar su tumba al leer estos otros versos:

Azadas son la hora y el momento

que a jornal de mi pena y mi cuidado

cavan en mi vivir mi monumento.

Y sin embargo no tienen nada que ver. Quevedo ama intensamente la vida, disfruta hasta el último segundo, y más cuando nota que se le escapa entre los dedos. Su obsesión por la muerte es la otra cara de su vitalismo, ni más ni menos. Para el cartujo la muerte no es un final, algo tenebroso o que dé miedo, sino algo hacia lo que camina todos los días.

Claustro grande de la Cartuja de San Martino, en Nápoles

Yo comencé a entender un poco de todo esto en un lugar maravilloso, la Cartuja de San Martino, en Nápoles. En una ciudad bulliciosa como Nápoles, caótica, loca, desenfrenada… hay un oasis de paz, que es este claustro que se ve en la fotografía. Y en este claustro un cementerio que a mí me pareció en aquel momento un pequeño paraíso.

Cementerio de los cartujos

Queda claro que es un cementerio, aunque las tumbas no se ven por ninguna parte. Es un pequeño recinto, sencillo pero cuidadísimo, donde los cartujos esperan el juicio de Dios. Las calaveras que lo rodean no resultan macabras, o a mí no me lo parecen. En ningún otro lugar como en ése he tenido la tentación de creer que podía haber algo después de la muerte. Y precisamente por el momentáneo consuelo de creer que a lo mejor ésta no era un punto y final, en pocos sitios me he sentido tan bien como en aquel cementerio y en aquel momento.

Un buen lugar para pasar la eternidad

Cuando muere el cartujo, en su celda y rodeado de sus hermanos, se le coloca sobre unas parihuelas, con el rostro cubierto con la capucha. Se lleva primero a la sala capitular, cubriendo el cadáver con un gran paño, y luego a la iglesia, y al acabar la misa toda la comunidad rodea al difunto y canta mientras el prior echa agua bendita sobre él. Parte entonces la procesión que atraviesa el gran claustro y se dirige al cementerio: un novicio con una cruz, el Prior y detrás los monjes en fila, el cuerpo llevado por cuatro de ellos y finalmente los hermanos,todos cantando salmos de alegría y esperanza hasta que llegan a la fosa cavada pocas horas antes. Se retira entonces el paño y se deja el cadáver sobre una tabla, depositándolo con cuidado en la fosa y cubriéndolo con tierra mientras el Prior dice: “Ilumina, Señor, el alma de tu siervo, cuyo cuerpo descansa ahora en las sombras de la muerte“. Un simple cruz sin nombre recordará su existencia.

Si queréis conocer una de las dos cartujas zaragozanas, los sábados por la mañana a las 12’00 haremos visitas a la Cartuja de Aula Dei. Si queréis saber más entrad aquí, y para reservar llámanos al 976207363 o entrad aquí.

Y si queréis saber más sobre los cartujos aquí os dejo algunos post de nuestro blog:

Las cartujas de Aragón

La cartuja de Aula Dei

Un paseo nocturno por la Cartuja Baja

Con la tele en la Cartuja Baja

Las sombras de la muerte

Cartujas y tortugas

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