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Posts Tagged ‘león’

Seguro que os habéis subido alguna vez en el caballito de la Lonja, ¿verdad? A lo mejor hasta os habéis hecho fotos con él, pero ¿conocéis su historia? Pues es fantástica, os lo aseguro, y podéis leerla aquí si queréis. Como esta, hay docenas y docenas en nuestra ciudad, pero muchas veces pasamos tan deprisa que las cosas nos pasan desapercibidas y no nos fijamos en ellas. Solo hay que pararse un momento y escuchar con atención para que nos cuenten historias y leyendas que nos dejarán con la boca abierta. ¿Os apetece pasar un rato con nosotros descubriendo algunas de las “Historias de Zaragoza”?

Hablaremos de Augusto y su rana, del león del escudo y de muchas otras cosas que nos encontraremos paseando por el centro de Zaragoza. ¿Os animáis? Pues si tenéis hijos, sobrinos, hijos de amigos, nietos… de entre 3 y 10 años, no os podéis perder esta oportunidad de descubrir Zaragoza en familia, todos los sábados de mayo a las 18’30.

Cuándo – 5, 12, 19 y 26 de mayo a las 18’30

Dónde – Escaleras de San Juan de los Panetes (junto a las murallas romanas)

Precio – 7 € por persona

Reservas – Llamando al 976207363 o entrando aquí

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Al norte de La Rioja hay un pequeño pueblo de poco más de mil habitantes llamado San Vicente de la Sonsierra, conocido por una tradición que tiene un curioso nombre: los “picaos”. ¿Quiénes son? Personas anónimas que de forma voluntaria se flagelan la espalda como acto de fe y penitencia por sus pecados. El nombre de “picaos” viene del hecho de que después de unos 800 azotes otra persona se la pica para que sangre y evitar así un enorme hematoma con una bola de cera que lleva incrustados cristales puntiagudos (doce heridas, seis en cada lado de la espalda, por los doce apóstoles).

Es un rito ancestral que se repite tres veces al año, en Semana Santa, para la Cruz de mayo (el día 3) y para la Cruz de septiembre (el 14). Lo de “rito ancestral” parece un lugar común, porque son dos palabras que muchas veces se usan juntas, pero en este caso lo es de verdad. Y además único, porque en ningún lugar ha sobrevivido algo que en otras épocas debió ser bastante común. Como prueba podemos ver este cuadro que Goya pintó a principios del siglo XIX y que representa algo casi idéntico a lo que vemos en la fotografía.

"Procesión de disciplinantes", de Goya

“Procesión de disciplinantes”, de Goya

Un grupo de penitentes con la cara cubierta, algunos con capirote (que viene de la “coroza” de los condenados por la Inquisición). Algunos se azotan la espalda e incluso van vestidos de forma muy parecida a los “picaos”, y otro lleva atado a los brazos un travesaño de madera (como los “empalaos” de Valverde de la Vera, de los que hablaremos otro día). Igual que en la fotografía, la escena se desarrolla delante de una imagen de la Virgen (también hay otros pasos, como un crucificado al fondo), con estandartes, numeroso público… es evidente que también estamos en Semana Santa.

Disciplinantes en un grabado del siglo XV

Disciplinantes en un grabado del siglo XV

Cuando Goya pinta esta procesión probablemente intenta mostrarnos el atraso de España respecto a otros países europeos. No hay que olvidar que él, con todas sus contradicciones, es un hijo de la Ilustración, y que ya Carlos III había intentado prohibir en 1777 “los disciplinantes, empalados y otros géneros de penitencia“. Lo cierto es que cambiar las costumbres cuesta mucho y aquella venía de muy, muy lejos. Nada menos que de una Edad Media cuya herencia, por aquel entonces, se quería erradicar.

San Francisco recibiendo los estigmas

En los siglos XII y XIII hay un auge de la devoción por la pasión de Cristo. Por un lado, el ambiente de las Cruzadas; por otro, la enorme influencia de San Francisco de Asís, que según la tradición había recibido directamente de Cristo sus cinco llagas en su propio cuerpo (lo que se conoce como estigmas). El papel de los franciscanos en el desarrollo de la Semana Santa sería fundamental, y ellos serían los que impulsaron la creación de cofradías de disciplinantes cuya principal devoción era la Vera Cruz

Ermita de San Juan de la Cerca, sede de la cofradía de la Vera Cruz de San Vicente de la Sonsierra

Hoy subsisten muchas cofradías de la Vera Cruz, pero de todas ellas la única que ha mantenido esta tradición de los disciplinantes ha sido la de San Vicente de la Sonsierra, cuyos estatutos datan nada menos que de 1551. De hecho, lo que hoy se sigue viendo parece que se haya conservado en una cápsula del tiempo y que de pronto nos lleve a época muy remotas, siglos atrás. Creo que para hacernos una idea lo mejor es verlo:

De todo lo que hemos visto hay una cuestión que a mí me parece muy importante: el absoluto anonimato de los “picaos”. Eso elimina el componente exhibicionista (que tan importante es en muchos costaleros sevillanos, por ejemplo) e introduce un elemento muy interesante: la máscara. Hay quien dice que colocársela y ver el mundo a través de dos agujeros te introduce en una dimensión distinta, entre otras cosas porque los que están alrededor hablan de ti como si no pudieras oírlos. Supongo que eso, unido al ritmo monótono e incesante de los latigazos, te puede hacer llega a entrar en una especie de trance. No lo sé, nunca he experimentado nada parecido, aunque no puedo negar que me produce una enorme curiosidad.

Anonimato

¿Qué puede llevar a una persona a hacer algo así? Arrepentimiento, remordimientos de conciencia, una extraña forma de agradecimiento, un cierto masoquismo… No lo sé, sinceramente. Pero algo ha cambiado en mí en estos últimos años, supongo que debido a la edad. Cuando era más joven me hubiera escandalizado de que algo así siguiera ocurriendo en el siglo XX (yo nací en el 71), lo hubiera considerado un signo de retraso, hubiera pensado que había que acabar con estas manifestaciones… hoy ya no lo veo así. Hoy pienso que la vida es dura, maravillosa pero dura, y que cada uno la afronta como mejor puede. Las soluciones que a unos les sirven a otros no, y al revés. Yo no entiendo qué alivio puede encontrar alguien en mortificarse de esa manera, pero es evidente que esas personas lo encuentran y que se sienten mejor. Si no hacen mal a nadie, y yo creo que no lo hacen, ¿quién soy yo para pensar que no deberían hacerlo?

Está claro que la Semana Santa española no puede ser más variada y peculiar, ¿no? En las próximas semanas seguiremos contando historias sobre la Semana Santa insólita, pero si queréis conocer muchas más aquí os dejo el programa que hemos preparado (entrad aquí para encontrar toda la información):

  • 14 y 22 de marzo – NOS VAMOS DE EXCURSIÓN: el Calvario de Alloza y mucho más
  • 21 y 28 de marzo – CENAS EN PALACIO: Semana Santa insólita
  • Del 30 de marzo al 2 de abril – TRAS TUS PASOS: Rutas para descubrir la Semana Santa de Zaragoza en la calle
  • 2 de abril, Jueves Santo – NOS VAMOS DE EXCURSIÓN: Romper la hora en Híjar
  • 4 de abril – NOS VAMOS DE EXCURSIÓN: Sábado Santo en Alcañiz

Y si queréis seguir leyendo, aquí os dejo unos cuantos posts de nuestro blog sobre el tema:

Salamanca, el “padre putas” y el Lunes de Aguas

El entierro de Genarín en León

El besapié de Jesús de Medinaceli en Madrid

Sevilla y el viacrucis de la Cruz del Campo

Un cristo heroico en Zaragoza

Domingo de Ramos en Elche

La luna y la Semana Santa

El juego de las caras en Calzada de Calatrava

Híjar, la familia y la tradición

Romper la Hora en Híjar

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Cada Jueves Santo por la noche tiene lugar en León una procesión alucinante que no tiene nada que ver con la imagen de sobriedad que tenemos de la Semana Santa castellana: el entierro de Genarín. Para unos, puro surrealismo delirante. Para otros, una herejía de mucho cuidado y una burla de lo más sagrado. Los hay que piensan que es una expresión de libertad, otros lo ven como una tradición con mayúsculas y muchos como una grandísima concentración de borrachos. ¿Qué es realmente? Pues un poco todo eso y seguramente mucho más, pero antes de nada veamos un resumen de lo que esa noche se vive en León para empezar a formarnos una opinión. Si después de verlo consideráis que lo que hay aquí puede herir vuestra sensibilidad… podéis seguir leyendo, pero luego no digáis que no estabais advertidos.

Lo primero de todo: ¿quién era Genarín? Pues un leonés feo, pequeñete, pícaro, borracho, jugador y putero, hablando mal y pronto. Conocido por toda la ciudad, pasaba el día yendo de taberna en taberna jugando al mus, bebiendo vino y comiendo, cuando venían bien dadas, un trozo de pan, queso y una naranja. Eso de día, pero de noche… en cuanto el sol caía los pies le llevaban hacia el barrio de San Lorenzo, lo peor (o lo mejor, según quién lo cuente) de León, donde estaban la taberna del Tuerto, el figón de la tía Casilda, la tasca de la Maldades, la cantina del Carabina, el burdel de Doña Francisquita y el de la Bailabotes… que Genarín recorría con la misma devoción que si fueran las estaciones del Vía Crucis, o más.

Genarín en su paso, seguido de sus devotos y de la Muerte

¿Y qué tiene que ver alguien así con la Semana Santa? Pues para su desgracia, mucho, pues murió la noche del Jueves Santo de 1929 atropellado por el primer camión de la basura que hubo en la ciudad (conocido como “la Bonifacia“), mientras hacía sus necesidades junto a la muralla. Antes de eso la última tasca que visitó fue la del Esteban, en cuyo lugar hay hoy un solar en el que dicen que han visto el espectro de un hombrecillo con una botella de orujo en la mano. El caso es que de allí fue andando (de lado a lado de la calle, imaginamos) hasta el lugar de su “martirio”.

Cubos de la muralla de León

Allí quedó muerto, al pie de la tercera torre de la muralla, y poco después se lo encontró la Moncha, una de las pupilas de Doña Francisquita (dueña del burdel más famoso de la ciudad, de calidad más que probada) a la que un ricachón puso casa de querida en la carretera de los Cubos (llamada así por los cubos o torres de la muralla junto a la que cayó nuestro héroe). Vaya usted a saber por qué, aquella mujer llevaba en la mano un periódico con el que piadosamente tapó su cara. Cuál no sería su sorpresa al ver que el rostro de Genarín había quedado impreso en él. Os va sonando todo, ¿no?

Paso de La Moncha

Cuentan sus devotos que el primer milagro de Genarín fue, precisamente, la conversión de la Moncha, que a raíz de aquel susto debió ponerse a reflexionar (“polvo somos“, “que me pille confesada” y todo eso) y dejó la profesión que tan popular la había hecho, volviéndose para su Lugo natal. Luego vendrían al menos otros tres, tan discutibles e inverosímiles como ciertos, según dicen sus devotos.

Esquela de Genarín en la que se nos cuentan algunos datos curiosos, como que era viudo, tenía cuatro hijos y una de sus hermanas era monja

Lo normal hubiera sido que el recuerdo de Genarín se perdiera rápidamente, pero… ahí está la labor de los cuatro evangelistas: Nicolás Pérez “Porreto” (árbitro de fútbol), Eulogio “el gafas” (taxista de profesión, coplero de devoción), Luis Rico (hombre de buena familia que dilapidó su fortuna en juergas con los amigotes) y Francisco Pérez Herrero (poeta), que ya al año siguiente decidieron rendirle homenaje reuniéndose en la Plaza del Grano y recorriendo las tascas y burdeles que Genarín acostumbraba a visitar. A partir de ahí nacería el mito, que se fue enriqueciendo con historias y más historias que los devotos del culto genariano cuentan y analizan detenidamente entre copa y copa de orujo.

Cabezudos que representan a los cuatro evangelistas en la procesión

Aquel sentido homenaje de cuatro amigos rápidamente se convirtió en una gran manifestación popular, que dio lugar incluso a la “Cofradía de Nuestro Padre Genarín“, que todavía existe (para formar parte de ella sólo tienes que entrar aquí, y para oír hablar a su hermano mayor aquí).

Inexplicablemente (dada la escasa permisividad de nuestra dictadura) hasta 1957 no tuvieron problemas con la celebración, pero aquel año se prohibió y no se recuperaría hasta la llegada de la democracia. Para entonces sólo quedaba vivo uno de los evangelistas, pero consiguió darle al entierro el suficiente impulso como para que llegara hasta hoy en un excelente estado de salud, convertido en una fiesta multitudinaria en la que “casualmente” todo parece una parodia de la Semana Santa de toda la vida. Para empezar, el ritual empieza con la “Santa cena” de los miembros de la cofradía en la que se recibe a los nuevos cofrades con abundante orujo y con las sagradas palabras que se repetirán durante toda la noche:

…Y siguiendo sus costumbres
que nunca fueron un lujo,
bebamos en su memoria
una copina de orujo.

Ya pasada la medianoche los cofrades se dirigen hasta la Plaza del Grano, y en medio de una multitud de unas 15.000 personas comienza la procesión, con los pasos correspondientes: la Cuba (en el que van las ofrendas), la imagen de Genaro, la Muerte y la Moncha, además de los cuatro cabezudos que representan a los evangelistas. Antorchas, versos, abundantes brindis con orujo y un recorrido que termina en el mismo lugar en el que murió Genarín, donde el “Hermano Colgador” trepará la muralla en la que depositará las ofrendas: queso, pan, naranjas, una corona de laurel y, cómo no, una botella de orujo.

Panorámica de la procesión

Todo esto ha dado lugar a libros (el más famoso, el de Julio Llamazares titulado “El entierro de Genarín. Evangelio apócrifo del último heterodoxo español“, una película (“Bendito canalla“), versos e incontables páginas de periódico escritas a partes iguales por defensores y detractores de tan pintoresca tradición. Porque nos podrá gustar más o menos, pero lo que nadie puede discutir es que hoy es una auténtica tradición, con los 75 años de vida cumplidos, rituales que se repiten año a año, un auténtico éxito de participación… en fin, una muestra evidente de que en la Semana Santa española también cabe la heterodoxia.

Está claro que la Semana Santa española no puede ser más variada y peculiar, ¿no? En las próximas semanas seguiremos contando historias sobre la Semana Santa insólita, pero si queréis conocer muchas más aquí os dejo el programa que hemos preparado (entrad aquí para encontrar toda la información):

  • 14 y 22 de marzo – NOS VAMOS DE EXCURSIÓN: el Calvario de Alloza y mucho más
  • 21 y 28 de marzo – CENAS EN PALACIO: Semana Santa insólita
  • Del 30 de marzo al 2 de abril – TRAS TUS PASOS: Rutas para descubrir la Semana Santa de Zaragoza en la calle
  • 2 de abril, Jueves Santo – NOS VAMOS DE EXCURSIÓN: Romper la hora en Híjar
  • 4 de abril – NOS VAMOS DE EXCURSIÓN: Sábado Santo en Alcañiz

Y si queréis seguir leyendo, aquí os dejo unos cuantos posts de nuestro blog sobre el tema:

Salamanca, el “padre putas” y el Lunes de Aguas

El besapié de Jesús de Medinaceli en Madrid

Los “picaos” de San Vicente de la Sonsierra

Sevilla y el viacrucis de la Cruz del Campo

Un cristo heroico en Zaragoza

Domingo de Ramos en Elche

La luna y la Semana Santa

El juego de las caras en Calzada de Calatrava

Híjar, la familia y la tradición

Romper la Hora en Híjar

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¿Qué os parece este león tan colorido? Al verlo a mí me viene a la cabeza una jota que comienza así: “Cuatro leones tenía / el antiguo Puente Piedra…“. Habla de aquellos leones de piedra ya desaparecidos, pero de los que nos quedan algunas fotografías como ésta.

Uno de los leones de piedra del puente, en el lado del Arrabal

El Puente de Piedra siempre fue el acceso más monumental a Zaragoza. Uno lo iba cruzando y veía la fachada más espectacular de la ciudad, la que iba desde la Puerta de la Tripería (más o menos a la entrada del actual Puente de Santiago) hasta la del Sol (donde hoy está el Puente de Hierro): el conjunto de la Zuda y San Juan de los Panetes, el Pilar, las Casas de la Ciudad (el Ayuntamiento), la Lonja, la Puerta del Ángel, la Diputación del Reino (el actual edificio de Cáritas), el Palacio Arzobispal con la Seo detrás, casas ricas de nobles… en fin, todo un espectáculo.

Y precisamente por esa razón la mayoría de las vistas de la ciudad se hicieron desde la orilla de enfrente. Ésta que veis aquí arriba la hizo el yerno de Velázquez, Juan Bautista Martínez del Mazo, desde el convento de San Lázaro (donde está el Balcón del mismo nombre, claro), que tenía una galería con unas vistas estupendas. Allí se alojaba el príncipe Baltasar Carlos cuando estaba en la ciudad, y le pidió a su pintor que le pintara lo que veía cada día para podérselo llevar (muy portátil no es, porque mide 180 x 331, pero bueno…). Eso sí, cuando Mazo pintó este cuadro, que ahora está en el Museo del Prado, una riada se acababa de llevar la parte central del puente y era necesario utilizar el de tablas (que está a la izquierda, casi donde ahora está el de hierro).

No sabemos si en aquella época (el cuadro es de 1647) ya estarían los leones de piedra a la entrada y a la salida del puente, pero lo que es seguro es que a principios del siglo XX allí seguían. ¿Y por qué? Pues porque si ésta era la mejor entrada de la ciudad, la más monumental, la más todo… lo lógico era que a los viajeros los recibiera el animal heráldico de la ciudad, el que llevaba en su escudo ni más ni menos que desde mil ciento treinta y tantos, año arriba, año abajo. Otro día hablamos de qué pinta el león desde hace casi 900 años en el escudo de Zaragoza, pero hoy vamos a lo que interesa: ¿qué fue de aquellos leones de piedra? Pues lamento decir que no lo sabemos. Parece que existe el testimonio de un taxista que antes fue camionero y que cuenta que fue él quien los llevó a una gravera en las afueras de Zaragoza. ¿Quién sabe? La cuestión es que ya no están, y que “si lo viera el tío Jorge / de pena se moriría“, como dice la jota. Lo que está claro es que habían dejado un hueco que había que llenar, y…

En 1991 se colocaron los nuevos leones, obra del escultor Paco Rallo (como el caballito de la Lonja, p.ej.) sobre unos altísimos pedestales diseñados por José Manuel Pérez Latorre, el arquitecto encargado de la reforma del puente que se estaba haciendo en aquel momento. Nada que ver con los antiguos, la verdad. Aquellos eran pequeños, estaban agachados tranquilamente… estos son enormes (dos metros y medio de altura más siete de pedestal), están erguidos, altivos, orgullosos de su papel, vigilantes… Aquellos eran de piedra, y estos de bronce. Otra cosa completamente diferente, la verdad. Si aparecieran los antiguos y a alguien se le ocurriera que había que elegir unos u otros, yo no sabría con cuáles quedarme, porque me gustan todos.

Y no sólo me gustan esos, sino que hay 25 más… que me encantan. Cuando en el año 2006 El Corte Inglés cumplió 25 años en Zaragoza lo celebró de una manera muy peculiar. Se hicieron 25 leones de poliéster que reproducían a escala los del Puente de Piedra, y se le encargó a 25 artistas diferentes que los pintaran a su gusto. El resultado fue espectacular, pero lo mejor es que aquellos leones no desaparecieron. Están escondidos en diferentes lugares de Zaragoza, y cuando menos te lo esperas… te encuentras uno. Os proponemos un reto: ¿por qué no intentamos localizarlos entre todos? A medida que vayan apareciendo los iremos poniendo aquí, con el nombre de su descubridor. Vamos a hacer un mapa “leonino” de nuestra ciudad, ¿os apetece? De momento, os dejo los dos primeros:

Descubierto por Nacho e Irene, colegio de las Escuelas Pías

Sin pincháis aquí podréis encontrar el catálogo de aquella exposición, y veréis fotografías de los 25 leones.

Descubierto por Marisa, edificio Pignatelli

Descubierto por Ana, está en el Colegio La Salle Franciscanas

Ahí queda la propuesta: vamos a construir este post entre todos poco a poco. Iremos añadiendo las fotos de todos los leones que vayáis encontrando, las iremos geoposicionando para que todo el que quiera pueda acercarse a ver cada uno de los leones… esperamos vuestra colaboración para que sea algo hecho entre todos.

Y si queréis saber mucho más sobre la fauna que vive en los edificios, las calles y las plazas de Zaragoza podéis apuntaros el domingo 19 de mayo a nuestra ruta “Un safari en Zaragoza” a un precio muy especial con motivo del DÍA INTERNACIONAL DE LOS MUSEOS. Si queréis saber más entrad aquí, y para reservar podéis llamarnos al 976207363 o entrar aquí.

 

Tarde de toros

El león de San Marcos, un trozo de Venecia en Zaragoza

El perro de San Roque no tiene rabo

El caballo de Palafox 

El caballito de la Lonja

Los ¿delfines? de Neptuno

Los gallos de las veletas… y algún otro

El león del Batallador

El tocinico de San Antón

La cierva de San Gil

Los camellos de la Seo

El dragón de San Jorge

Leones de colores

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¿Conocéis la historia de Lola Puñales? Quintero, León y Quiroga, la Santísima Trinidad de la copla, la escribieron para Concha Piquer, que la grabó en 1948. Puro crimen pasional, sin tontadas ni concesiones a la ñoñería. Sentimientos de los de verdad, sin paños calientes. Asesinato del bueno, sin remordimientos. Pura verdad. Tan verdad, como que la historia estaba basada en hechos reales, como las películas americanas malas. Pero esta vez un crimen del que nadie se acordaría dio lugar a una joya como esta copla.

¿Cómo se pudo llegar a pensar que la copla era algo franquista? No me puedo imaginar nada más contrario al ideal de mujer que encarnaban Pilar Primo de Rivera y su Sección Femenina que esta Lola Puñales, tan dueña de su destino como para decir “que no me importa esta pena / ni ir a la trena / que estoy serena y en mis cabales“. Y ella misma dicta los cargos que se le deben imputar, cuando dice que “al causante de mis males / por jurar cariño en vano / sin siquiera temblarle la mano lo mató Lola Puñales“. Vamos, que no se esconde, porque entonces la cosa no tendría gracia. Le he matado yo y se lo merecía. Y punto. No ha sido un accidente, ni sin querer. Que quede claro. “Lo maté y a sangre fría / por hacer burla de mí / y otra vez lo mataría / si volviera a revivir“. Uffffffff. Tremenda, la Lola Puñales.

La Piquer, sin tapujos

¿Quién mejor para cantar aquello que una mujer que no hizo otra cosa en su vida sino lo que le dio la gana? Concha Piquer vivió con un hombre casado en plenos años cuarenta, dio a luz a su hija en Argentina para que tuviese una situación legal mucho mejor que la que podía tener en España la hija de una madre soltera, pagó gustosamente 500 pesetas de la época cada vez que le pusieron una multa por cantar “Ojos verdes” sin la letra aceptada por la censura (es decir, aquello de “apoyá en la puerta de mi casa un día” en vez de “apoyá en el quicio de la mancebía“), se retiró el día que quiso y en pleno éxito, sin encomendarse a nadie… y así sucesivamente. Si había una mujer dueña de su destino en aquella España de los años cuarenta y cincuenta, esa era Concha Piquer (bueno, y Lola Flores, pero dos monstruos geniales de ese calibre no me caben en un sólo artículo).

Aquí la Piquer parece la mismísima Lola Puñales tramando su venganza

María de los Dolores Castro y León fue la que inspiró a Quintero, León y Quiroga esta copla. Había nacido en un pueblo de la provincia de Córdoba hacia 1870, y no era gitana (eso se lo inventó Rafael de León porque así el personaje le quedaba más redondo). En realidad sus padres vivían de unas tierrecillas, pero eso no quedaba nada literario, la verdad. La cuestión es que el hijo del rico del pueblo le robó “la rosa de sus rosales“, como dice la canción, y no conforme con eso el muy sinvergüenza se lo contó a todo el que le quiso oír. Las consecuencias estaban claras: “con fatiguitas de muerte y sudores de agonía” se tuvo que marchar de su casa, y de allí primero a Córdoba y luego a Sevilla, donde sobrevivió medio cantando, medio bailando y prostituyéndose del todo. Como debía ser morena, de ojos brujos y flamenca (o sea, metida en carnes pero sin pasarse), era lo que se dice una mujer de bandera, y como encima despreciaba a los hombres después de que “aquel hombre moreno” se llevara “pa toa la vía / la rosa de sus rosales“, digamos que tenía éxito e incluso alguno llegó a arruinarse por ella.

La canción, de 1948, se incluyó dos años después en la película “Me casé con una estrella”

Pero, ay, el amor llega cuando uno menos se lo espera, y a la Puñales (que aún no se llamaba así, básicamente porque no había matado a nadie todavía) también le llegó. Un día vino por el café-cantante donde trabajaba un jovencito guapo, bien plantao, con aspiraciones de torero y con muy poca vergüenza, y claro… “sin saber cómo ni cuándo / tú te vas a enamorar. / Con el fuego estás jugando / y te tienes que quemar“. Y se quemó, vaya que si se quemó, pero entera: el angelico le sacó los dineros para librarse del servicio militar en Cuba y claro, le dijo que la quería y lo que hizo falta. Eso sí, prudentemente se calló que tenía novia formal y que además andaba medio liao con un influyente caballero sevillano que tenía mano en la Maestranza, y claro, el trabajo es lo primero y el chico quería torear, y los tiempos estaban muy perros y todo eso. ¿Torero? Ni novillero fue, que la Lola se encargó de cortarle la coleta en cuanto se enteró de todo aquello. “Corrió como loca / buscando la reja / en donde de otra los besos bebía…” y allí mismo, delante de la otra, le mató “y a sangre fría“, con nocturnidad, premeditación, alevosía y una sobredosis de amor y despecho a partes iguales. ¿Arrepentimiento? Eso para otras, pero no para Lola Puñales. No la condenaron a garrote vil porque lo de que fuera un crimen pasional tan claro sirvió de atenuante, pero cuando años después murió en el penal de Cartagena se tuvo que ir al otro barrio sin la absolución, porque ni entonces mostró ni el menor signo de arrepentimiento. Olé, olé y olé. Lo que se dice una mujer de bandera.

Sólo para acabar, otra copla extraordinaria, de las que me ponen los pelos de punta, que muestra la reacción contraria. La de la mujer que lo sabe todo y que lo calla todo, a la que le “duele la cal de los huesos de tanto querer” y que prefiere hacerse la tonta que perder a la persona a la que ama desesperadamente. Os dejo con “Los tientos del reloj“, también compuesta por Quintero, León y Quiroga, pero en este caso para Estrellita Castro y en los años 30. Otro tipo de ira, pero ira al fin y al cabo, igualmente intensa, apasionada y verdadera. Y es que el amor es lo único que lo justifica todo, lo único por lo que cualquier reacción, por airada, extravagante e incomprensible que sea se puede entender.

Si queréis conocer muchas más historias de amor de las tremendas, os dejo nuestra programación sobre HISTORIAS DE AMOR EN FEBRERO. Si queréis saber más entrad aquí o llamadnos al 976207363:

  • Viernes 13 y sábado 14 a las 21’30 – CENA TEATRALIZADA: UNA NOCHE CON LOS ROMAÑOS
  • Sábado 14 y domingo 15 a las 8’00 – NOS VAMOS DE EXCURSIÓN: LOS AMANTES DE TERUEL
  • Sábado 14 a las 19’00 y domingo 15 a las 11’30 – UNA HISTORIA DE LA LUJURIA EN #ZARAGOZA
  • Domingo 15 a las 11’00 – AMORES Y DESAMORES EN EL MUSEO DE ZARAGOZA

Y si queréis seguirnos podéis entrar en http://www.facebook.com/gozARTE y pinchar en “me gusta”, o en twitter @gozARTE. Y si queréis conocer más historias de “Pecadores encantadores“, aquí os dejo dos de mis preferidos: Rebeca para la lujuria y Homer Simpson para la pereza.


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Hola a todos

El otro día pasamos una tarde estupenda en la Cartuja Baja con nuestros amigos de ZTV, que sacaron ayer este reportaje en su programa “Todo incluído”. Es un pequeño resumen de nuestra visita, aunque sin el encanto de la noche. Espero que os guste.

Si queréis conocer ésta y muchas otras historias sobre los cartujos, os proponemos visitar con nosotros la Cartuja de Aula Dei los sábados a las 12’00. Si queréis saber más entrad aquí, y para reservar llámanos al 976207363 o entrad aquí.

Yi queréis saber más sobre los cartujos aquí os dejo algunos post de nuestro blog, y si queréis seguirnos podéis entrar en http://www.facebook.com/gozARTE y pinchar “me gusta”, o entrar en twitter @gozARTE:

Las cartujas de Aragón

La cartuja de Aula Dei

Un paseo nocturno por la Cartuja Baja

Con la tele en la Cartuja Baja

Las sombras de la muerte

Cartujas y tortugas

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En diciembre de 1118 un rey con nombre de calle, Alfonso I el Batallador, entraba en la Saraqusta musulmana, conocida desde entonces como Çaragoça por los cristianos. El rey siguió por todo el valle del Ebro venga a conquistar más territorios y por eso le llamaron Batallador. Eso sí, los problemas no se limitaban a batallar y conquistar, sino que había que organizar todo aquello, conseguir que hubiera población para trabajar las tierras (muchos musulmanes se quedaron, pero muchos otros se fueron hacia el sur para no vivir en tierra de cristianos), impedir que los musulmanes volvieran a conquistarlo… en fin, un no parar. Tanto jaleo tenía el rey que se olvidó de su misión principal, tener un hijo, y cuando murió no tenía heredero. Y como era un caballero cristiano de los pies a la cabeza decidió dejarle el reino a las órdenes militares (la orden de San Juan, de la que dependía el Hospital de San Juan de Jerusalén, la del Temple…).

El Batallador mirando las tierras que ha conquistado

Aquello era imposible, así que a las órdenes hubo que darles compensaciones para que se quedaran tranquilas y no dieran mucho mal. ¿Por qué creíais que en Zaragoza hay una calle del Temple? Pues por eso, porque allí los templarios tuvieron propiedades. Y la Zuda se llamó Zuda del Hospital, porque toda esa parte y la iglesia de San Juan de los Panetes eran de los Hospitalarios, y así sucesivamente. La cuestión es que una vez que tuvieron claro que el testamento del rey estaba para no cumplirlo hubo que buscar a alguien, y todos pensaron en el mismo: Ramiro. ¿Y quién era Ramiro? Pues os lo presento rápidamente.

En principio no tenía por qué haber problema, pero… Ramiro era monje. Claro, era el pequeño de tres hermanos y ni se imaginaba que alguna vez le pudiera tocar reinar, pero su hermano mayor, Pedro, murió sin hijos; le sucedió su hermano mediano, Alfonso, que también murió sin hijos, y claro… como ninguno de los anteriores había hecho los deberes (porque la primera obligación de un rey es asegurar un heredero, o a ser posible más de uno) le toco a él. Lo malo es que como no tenía experiencia de gobierno al principio los nobles se le subían a las barbas, aunque él pronto tomó medidas y organizó el famoso episodio de la campana de Huesca.

La cuestión es que el rey estaba ocupado con tantas cosas a la vez (también tenía que buscar mujer para asegurarse un heredero urgentemente, porque ya no había otro hermano de repuesto) que no podía estar a todo, y los musulmanes amenazaban las fronteras del Reino. Tan fea se puso la cosa que fue el rey de León el que tuvo que entrar en Zaragoza para evitar que la ciudad cayera en sus manos. La ciudad siguió un tiempo bajo protección castellana y luego volvió a Aragón, pero de aquello le quedó algo. ¿Os imagináis el qué? Pues claro, el león de su escudo, que aún sigue ahí casi 900 años después.

Volviendo a Alfonso I el Batallador, el caso es que mucho tiempo después la ciudad seguía recordándolo, y cuando en la segunda mitad del siglo XIX el alcalde Candalija consiguió abrir una calle amplia, recta y de empaque que llevaba hasta el Pilar se le dio su nombre. Y por aquel entonces el pintor Francisco Pradilla (nacido en Villanueva de Gállego y famoso en toda España) pintó su retrato para el salón de plenos del Ayuntamiento.

Alfonso I el Batallador sitiando Saraqusta y calculando cuánto tardarán los musulmanes en entregarla

Unas décadas después, en 1918, se cumplía el VIII centenario de todo aquello, y se creó una Junta para celebrarlo que decidió encargar un gran monumento. Salieron varios nombres de escultores ilustres, como el valenciano Mariano Benlliure (que tenía en Zaragoza monumentos como el de la plaza del Portillo), pero finalmente el que se llevó el gato (bueno, el león) al agua fue un zaragozano, José Bueno. A lo mejor el nombre no os dice gran cosa, pero hizo muchas esculturas que seguro que os resultan familiares.

Os suena, ¿no? Está a la entrada del Paseo de la Constitución y el Paseo de la Independencia, y no la despiertan ni los coches, ni las obras, ni el tranvía

El caso es que José Bueno presentó dos proyectos, uno con el rey a caballo (hubiera sido una escultura de bronce) y otro inspirado en el retrato de Pradilla, que sería de piedra. Se eligió el segundo y se pusieron manos a la obra, aunque no creáis que la cosa fue una balsa de aceite, que no. De hecho José Bueno sólo hizo el modelado de la escultura en su tamaño definitivo (seis metros y medio de altura, que se dice pronto), mientras que otro escultor hizo el vaciado en escayola y otro la pasó a mármol de Carrara.

Ahí está el Batallador, dominando la ciudad desde las alturas

En una revista que se estrenó en la época aparecía el rey quejándose de la postura que le tocó en suerte, todo el día de pie:

Me canso de estar de pie, mas así me esculpió Bueno

y eligiendome terreno entre Areyzaga y Allué.

Maligno el odioso mote de muchachos deslenguados,

que me llaman “Rey de espadas” escapado de un guiñote.

El Batallador según David Guirao, uno de los mejores ilustradores de Aragón

La parte arquitectónica del monumento la diseñó Miguel Angel Navarro (hijo de Félix Navarro, el arquitecto del Mercado Central, y autor de cosas tan diferentes como el Colegio Joaquín Costa, la casa Solans, la ciudad jardín, las dos últimas torres del Pilar…). Sólo faltaba para completar el conjunto el león.

El león es una gran pieza de bronce fundida en los talleres de Averly a partir del molde hecho por el comandante de infantería Virgilio Garrán, que también era pintor aficionado. La pieza se fundió y estuvo año y medio medio olvidada en el jardín de la fundición, hasta que finalmente se colocó en 1927, con lo que se dio el monumento por acabado.

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Los ¿delfines? de Neptuno


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