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Posts Tagged ‘Híjar’

¿No habéis tenido nunca la sensación de que hay minutos que duran mucho más que otros? Yo lo pienso siempre en los momentos antes de “Romper la Hora”, cuando me encantaría que el tiempo se detuviese. ¿Por qué? Pues no lo sé, pero esos minutos justo antes de las doce de la noche del Jueves Santo, en Híjar, son de felicidad plena, absoluta y total. Son los que preceden a algo que espero durante todo el año, que me emociona más que casi ninguna otra cosa. Durante un año entero me gustaría que el reloj se acelerara para que el Jueves Santo llegase cuanto antes, pero justo en esos minutos en los que todo está a punto de empezar… me gustaría que el tiempo se estirase como si fuera un chicle para disfrutar un poco más de la ansiedad de la espera. ¿Por qué? Voy a intentar contároslo, aunque ni yo mismo lo sé.

Vayamos por partes: ¿qué significa esa expresión tan peculiar de “Romper la Hora”? En Híjar nunca he oído a nadie decir ni rompida ni cosa similar, sino “Romper la Hora”, algo mucho más contundente y expresivo. Se refiere a lo que ocurre en el preciso momento en que empieza el Viernes Santo, décimas de segundo después de la medianoche, cuando a una señal del alcalde cientos de tambores y bombos empiezan a tocar a la vez y rompen esa hora en mil pedazos.

Dos horas antes la gente empieza a coger sitio en los porches (en el centro de la plaza solo pueden estar los que van a tocar). A las once y pico empiezan a aparecer los primeros tambores y bombos y, poco a poco, una marea negra va cubriendo todo el espacio del centro de la plaza y los porches y balcones se llenan hasta reventar (el espacio, como el tiempo, también es elástico a veces). Cuando faltan muy pocos minutos para las 12 el alcalde baja del Ayuntamiento y se abre paso entre la multitud hasta llegar a la farola que hay en el centro de la plaza. En ese momento se hace un impresionante silencio, más impresionante aún si tenemos en cuenta la cantidad de gente que hay en esa pequeña plaza. Y son esos segundos los que a mí me ponen los pelos de punta, porque el tiempo se vuelve lento, increíblemente lento y espeso, y busco con la mirada a la gente que quiero, a mis padres que están por los porches o en algún balcón, a mis hermanas, que no estarán muy lejos, a Juan, a Pilar… y a mi abuelo, sobre todo a mi abuelo, que ya no está pero que en ese momento está a mi lado, con su tambor, como siempre.

Mi abuelo Antonio

¿Entendéis ahora por qué me gustaría que esos momentos fuesen eternos? Porque el abuelo está otra vez ahí, conmigo, como cuando era pequeño, y me cuida como me ha cuidado siempre. Y porque miro a mi alrededor y las caras son de felicidad, de una alegría contenida, nerviosa, con montones de sentimientos que se entrecruzan por todas partes. Esos segundos son… eléctricos. Y cuando toda esa tensión acumulada se libera… es una explosión inigualable, de dimensiones cósmicas, y os aseguro que no es una exageración eso de que la tierra tiembla. ¿Queréis verlo? Pues pinchad aquí e id hasta el minuto ocho y medio, más o menos. Eso sí, para sentirlo hay que estar allí y dejarse envolver por el sonido y los sentimientos que brotan de él.

¿Por qué se hace algo así? Es probable que hayáis oído alguna vez que se intenta imitar a los elementos que se desataron en el momento de la muerte de Cristo, cuando la cortina del templo se rasgó, la tierra tembló… Es posible, no lo sé. Hay muchas fiestas en las que se hace ruido para espantar algo, sean los malos espíritus, la noche o el propio miedo. A lo mejor tiene algo que ver con eso, o a lo mejor no. ¿Sabéis una cosa? Hace ya un tiempo que me di cuenta de que es lo de menos. Lo importante de verdad es que, cada uno con sus motivaciones, lo sigue haciendo. ¿Por qué? ¿Sólo porque se ha hecho siempre y porque lo hacen (casi) todos? ¿Creéis que eso sería motivo suficiente? Yo creo que no. ¿Porque es algo que sale en la tele y eso nos hace sentirnos orgullosos? Todo eso es importante, por supuesto, pero no es suficiente para explicarlo. Yo pienso que la clave está en que es una fiesta en el sentido antiguo de la palabra, de cuando no todos los días eran iguales y había en el calendario momentos excepcionales que iban marcando el ritmo de la vida, como los puntos y las comas en una frase. Momentos en los que de alguna manera inexplicable se conecta con nuestros antepasados y con nuestros descendientes en un solo segundo mágico, fugaz pero absolutamente real. Una fiesta en la que, precisamente por eso, cada uno sabe que ni puede ni debe estar en otro sitio que en el que está, porque hacerlo sería traicionar a los tuyos y romper una cadena de la que tú eres un simple (e imprescindible) eslabón.

Había un lugar al que los antiguos griegos llamaban “omphalos“, “ombligo”, el centro del mundo. Pues bien, por un momento esa farola es exactamente eso, y el tiempo que se había detenido de pronto empieza a girar alrededor de ella a una velocidad tan vertiginosa que lo arrastra todo. El alcalde, que durante un largo instante había sido el centro de todas las miradas, se pierde entre la multitud y cada uno se convierte en el verdadero protagonista de algo que se hace entre todos y que al mismo tiempo es rabiosamente individual, porque se toca con los demás y a la vez concentrándose en uno mismo. No sé cómo explicarlo, pero probablemente lo que quiero decir es que la impresión que puede tener un espectador es que, habiendo tantos, si uno falta no pasa nada, pero la que se tiene desde dentro es que si uno falta algo falla. Como en una orquesta, supongo, aunque no tiene nada que ver. ¿O sí? No lo sé.

¿Cuánto dura esto? Media hora, una hora… poco a poco las cuadrillas empiezan a abandonar la plaza y a dispersarse por las calles del pueblo llenándolo todo de un sonido atronador. Queda mucha Semana Santa por delante, pero son momentos en los que parece que se quiera beber a tragos algo que uno ha esperado mucho. Ya vendrán momentos para la calma, para disfrutar, para todo… incluso para el silencio, pero eso será un poco después, cuando a las dos de la mañana empiece una procesión absolutamente especial y única: “Los despertadores“. Pero eso… os lo cuento en el siguiente post. Eso sí, si queréis vivir en directo todo esto este año tenéis una estupenda oportunidad, porque hemos organizado una excursión para Romper la Hora en Híjar (este año será el 2 de abril). Si queréis saber más entrad aquí, y para reservar llamadnos al 976207363.

Está claro que la Semana Santa española no puede ser más variada y peculiar, ¿no? En las próximas semanas seguiremos contando historias sobre la Semana Santa insólita, pero si queréis conocer muchas más aquí os dejo el programa que hemos preparado (entrad aquí para encontrar toda la información):

  • 14 y 22 de marzo – NOS VAMOS DE EXCURSIÓN: el Calvario de Alloza y mucho más
  • 21 y 28 de marzo – CENAS EN PALACIO: Semana Santa insólita
  • Del 30 de marzo al 2 de abril – TRAS TUS PASOS: Rutas para descubrir la Semana Santa de Zaragoza en la calle
  • 2 de abril, Jueves Santo – NOS VAMOS DE EXCURSIÓN: Romper la hora en Híjar
  • 4 de abril – NOS VAMOS DE EXCURSIÓN: Sábado Santo en Alcañiz

 

Y si queréis seguir leyendo, aquí os dejo unos cuantos posts de nuestro blog sobre el tema:

Salamanca, el “padre putas” y el Lunes de Aguas

El entierro de Genarín en León

El besapié de Jesús de Medinaceli en Madrid

Los “picaos” de San Vicente de la Sonsierra

Sevilla y el viacrucis de la Cruz del Campo

Un Cristo heroico en Zaragoza

Domingo de Ramos en Elche

La luna y la Semana Santa

El juego de las caras en Calzada de Calatrava

Híjar, la familia y la tradición

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A lo largo de todo este mes he ido escribiendo aquí sobre formas insólitas y peculiares de celebrar la Semana Santa por diferentes lugares de España. Sin embargo, lo que sé es porque el tema me interesa mucho y he dedicado toda mi vida a leer y a informarme, pero no porque lo haya vivido. ¿Por qué no? Pues por una razón muy simple: la única pega que tiene la Semana Santa es que se celebra en todas partes a la vez, y esas fechas las tengo comprometidas hasta que me muera. Puede que suene muy radical, pero es que yo soy así. Lo malo es que tengo el corazón partío, y eso da muchas alegrías pero también hace sufrir: si queréis buscarme un Domingo de Ramos estaré por Sevilla, sí o sí. Y si es Jueves Santo, en Híjar.  No hay más. Todos los Jueves Santos por la mañana, cuando voy a coger el AVE en Sevilla para venirme para aquí, pienso lo mismo: “¿Por qué no me quedo este año?“. Y todos los Jueves Santos por la noche, cuando estoy en esa plaza que se ve en la fotografía, pienso: “Menos mal que no me he quedado“. Porque lo que siento ahí en ese preciso momento, un poco antes de que den las doce y empiece todo… eso no lo siento en ningún otro lugar. ¿Qué es? No lo sé explicar, pero se parece mucho a la felicidad.

Mi abuelo

¿Veis a este señor? Es mi abuelo Antonio, y el que está detrás de él, a la izquierda de la foto, mi tío José. Con ellos descubrí qué es esto de la Semana Santa. Hace cuarenta y pocos años, por estas fechas, mi abuela cosía una pequeña túnica negra, y mi abuelo compró un tambor para su primer nieto. No era nada excepcional, la verdad. Era lo mismo que habían hecho y seguirían haciendo sus amigos, sus vecinos… Cuando empecé a andar mi abuelo me empezó a llevar con él, pero como él tocaba el tambor quien iba conmigo en las procesiones era mi tío, que tocaba el bombo (en las procesiones de Híjar hay dos filas de tambores a los lados y en el centro una de bombos). Como debía de ser un poco grande para mí parece que me vencía hacia delante y acababa por salir corriendo para no caerme, así que mi tío optó por colgar una cuerda del suyo y atármela a la cintura. No tengo ninguna foto de aquello, pero me encantaría.

Este soy yo

Mi abuela, mientras, me intentaba explicar qué era todo aquello que veía y que me impresionaba tanto, y me enseñaba el ritmo de algunos toques con versos fáciles de recordar que ella había aprendido hacía muchísimos años y que a veces eran hasta un poco picantes, como aquellos que decían que “Una vieja, vieja, vieja / más vieja que el sarampión / tenía las uñas negras / de rascarse el pimentón“. Y sobre todo otros, que son la melodía que más recuerdo de mi infancia: “Que suban, que suban / que suban las imagenes…“.

Entre mi padre y mi abuelo

Supongo que podría haber ocurrido que aquello no me gustara nada (casos hay), pero pasó justo lo contrario. Desde que tengo recuerdos me veo esperando la Semana Santa. Si tenía miedo por la noche en la cama y mi madre me decía que pensara en cosas alegres, pensaba en Semana Santa. Si mis padres me llevaban al Prado (un lugar en el que desde pequeño me he sentido en casa) y veía “El triunfo de la Muerte” de Brueghel, mi cuadro favorito, siempre pensaba: “si me voy a morir, por lo menos que sea después de Semana Santa“. Hoy tengo un calendario en el ordenador que cada día me dice cuántos faltan, y sigo pensando que si existe el cielo tiene que ser un lugar en el que todos los días sea Domingo de Ramos. ¿Un marciano? Pues sí, un poco, pero no el único, ni mucho menos.

Hasta hace unos años en Híjar no podían tocar las mujeres. Seguramente era un anacronismo, pero casi todo en las tradiciones lo es. Y si os soy sincero, tengo que decir que yo en aquel momento prefería que las cosas siguieran como estaban. ¿Sabéis por qué? Pues por miedo, simplemente. Puede que sea una postura conservadora, pero cuando algo funciona y es maravilloso es lógico pensar que tocarlo es un riesgo, ¿no?. Pero, por otro lado, no podía soportar la idea de que mis hermanas no pudieran hacer algo que les gustaba tanto como a mí y tuvieran que participar ocupando los pocos papeles que se dejaban a las mujeres, como “salir de Marías” (un puesto, por otra parte, muy disputado).

Con mis hermanas

Finalmente la fruta cae cuando está madura, y lo que tanto miedo daba fue una transición fácil y sin grandes problemas. Mi hermana pequeña y muchísimas otras mujeres, se incorporaron sin problemas ni complejos a algo que les pertenecía de siempre. Hoy es algo completamente asumido, y tanto mis sobrinas como mis sobrinos tendrán el tambor entre sus primeros recuerdos, como yo.

En el centro de la foto, mi hermana pequeña

¿Por qué me gusta tanto? ¿Porque es divertido? Pues sí, es divertido, pero es mucho más. Es intenso, es emocionante, hay momentos en los que realmente tocas el cielo con los dedos… pero es más que eso. Es algo muy extraño, como sentirte un eslabón de una cadena que viene de muy lejos y que seguirá ahí, pase lo que pase. Creo que nadie lo ha dicho mejor que Georges Moustaki en una canción titulada “Grand pére” que le dedicó a su abuelo, y que decía “C’est pour toi que je joue / grand pére, c’est pour toi / tous les autres m’écoutent / mais toi, tu m’entends“. O sea, yo toco para ti, abuelo, porque todos los demás me escuchan pero tú me entiendes. Y poco después dice “Tu étais déjà vieux quand je venais de naître / arrivé just’à temps pour prendre le relais“. Ya eras viejo cuando yo acababa de nacer, pero llegué justo a tiempo para coger el testigo. Y esa es para mí la clave: coger el testigo, transmitirlo, que la cadena no se rompa.

Viernes Santo a mediodía con Juan y nuestros sobrinos. ¿Qué más se puede pedir?

De mi abuelo a mis sobrinos. ¿Veis ese bombo que lleva mi sobrino? Es el que llevaba yo de pequeño. La túnica que llevo yo es una de las que mi bisabuela le puso a mi abuelo en el ajuar cuando se casó, en los años 40, y la que lleva Juan era una que llevaba yo antes. Mi abuelo ya no está para ver cómo sus cuatro bisnietos continúan con la tradición que él nos transmitió, pero mi abuela sí, y sigue cosiendo las túnicas para todos, como hizo conmigo. ¿Cómo me voy a quedar en Sevilla, por mucho que salgan la Macarena y el Gran Poder, y me voy a perder la cara que pone cuando nos ve a todos vestidos, con nuestros tambores y bombos, un Viernes Santo por la mañana?

Si queréis vivir en directo todo esto este año tenéis una estupenda oportunidad, porque hemos organizado una excursión para Romper la Hora en Híjar. Si queréis saber más entrad aquí, y para reservar llamadnos al 976207363.

Está claro que la Semana Santa española no puede ser más variada y peculiar, ¿no? En las próximas semanas seguiremos contando historias sobre la Semana Santa insólita, pero si queréis conocer muchas más aquí os dejo el programa que hemos preparado (entrad aquí para encontrar toda la información):

  • 14 y 22 de marzo – NOS VAMOS DE EXCURSIÓN: el Calvario de Alloza y mucho más
  • 21 y 28 de marzo – CENAS EN PALACIO: Semana Santa insólita
  • Del 30 de marzo al 2 de abril – TRAS TUS PASOS: Rutas para descubrir la Semana Santa de Zaragoza en la calle
  • 2 de abril, Jueves Santo – NOS VAMOS DE EXCURSIÓN: Romper la hora en Híjar
  • 4 de abril – NOS VAMOS DE EXCURSIÓN: Sábado Santo en Alcañiz

 

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Salamanca, el “padre putas” y el Lunes de Aguas

El entierro de Genarín en León

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Un Cristo heroico en Zaragoza

Domingo de Ramos en Elche

La luna y la Semana Santa

El juego de las caras en Calzada de Calatrava

Romper la Hora en Híjar

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¿Sabías que la Semana Santa y los juegos de azar tienen mucha más relación de lo que parece? ¿No te lo crees? Vámonos para Calzada de Calatrava (Ciudad Real), el pueblo de Pedro Almodóvar. ¿Habéis oído hablar del juego de las caras? Pues cada Viernes Santo tiene lugar allí una especie de timba multitudinaria en la que cientos de miles de euros cambian de mano. ¿Os parece inapropiado convertir el pueblo en un casino en plena Semana Santa? Pues para nada, porque la cosa tiene antecedentes de lo más prestigiosos que se remontan nada menos que al primer Viernes Santo. ¿O es que no os acordáis que los romanos despojaron a Jesús de sus vestiduras y se las jugaron a los dados?

Cristo con los instrumentos de su pasión

A finales de la Edad Media, en un mundo en el que se identifica a cualquier personaje importante por su escudo, sus armas, se empieza a pensar cuáles serían las de Cristo y se llega a una conclusión claro: los instrumentos de su pasión. Al principio aparecen la cruz, la corona de espinas, la columna a la que fue atado para flagelarlo… pero pronto se multiplican y podemos encontrar al gallo (“Antes de que el gallo cante dos veces tú me habrás negado tres“, le dijo Jesús a Pedro), la bolsa de las 30 monedas que cobró Judas por su traición, la lámpara con la que iluminaron el camino los soldados que subieron a prenderle al monte de los olivos, la escalera para subir a la cruz… y también su túnica y los dados con los que se la jugaron. ¿Los veis en esta imagen? Os pongo otra en la que también se pueden apreciar perfectamente:

A los pies de Cristo, en el suelo, hay una túnica roja, y sobre ella los dados. Podríamos ver montones de imágenes más en las que aparecen (por cierto, dados ya tenían los romanos, incluso trucados), pero sólo os pongo otro: la cruz de guía de la Hermandad del Gran Poder, en Sevilla:

¿Dónde están la túnica y los dados?

Con esto queda claro que está más que justificado jugar en Viernes Santo, ¿no? Al fin y al cabo lo que se hace es recordar un episodio concreto de la pasión de Cristo (hay otra hipótesis, que recuerda que Judas se jugó las treinta monedas que cobró por entregar a Cristo). Ahora bien, en Calzada de Calatrava no juegan con dados, sino con monedas de época de Alfonso XII (que llevan la cara del rey, claro, y de ahí el nombre del juego). Dos monedas, concretamente.

La gente forma corros en las calles y en alguno locales del pueblo. En esta imagen vemos uno en el Casino Círculo Agrícola, en donde están los que mueven más dinero y por lo tanto generan mayor expectación a su alrededor.

La mecánica del juego es sencilla. Por un lado está la banca, por otro los apostantes (llamados “puntos”) y por otro el “baratero”, que organiza y controla para que todo discurra con normalidad. Este comienza pintando un gran círculo en el suelo y empieza el juego. Cada “punto” hace una apuesta (dejando el dinero dentro del círculo), la banca la cubre obligatoriamente y se lanzan las dos monedas al aire. ¿Que salen caras? Todo para la banca. ¿Que salen cruces? Cada apostante se lleva lo que había puesto y otro tanto, puesto por la banca. ¿Que sale cara y cruz? Se vuelve a tirar. ¿Que la banca se arruina? Pues uno de los “puntos” la sustituye, y no pasa nada. Lo impresionante del asunto no son sólo las cantidades que se mueven, sino que todo el mundo juega, mucho o poco, y vienen gente de toda España a jugar también, todo el Viernes Santo sin interrupción hasta que empieza la procesión del Santo Entierro. Eso sí, se pierda o se gane el ambiente es cordial, el que gana invita y cuando por la noche unos preguntan a otros cómo les ha ido todos dicen que se han quedado en paz. “Nos ha tocao salud“, como el día de la lotería de Navidad.

Parece increíble, pero hay gente que ahorra todo el año para este día, y por lo visto los cajeros automáticos de Calzada de Calatrava se tienen que reponer varias veces a medida que avanza el Viernes Santo. Los hay que vienen de Madrid y antes de empezar a jugar llenan el depósito del coche, para poder volver aunque se queden sin blanca. ¿Queréis verlo? Pues os dejo este reportaje para que os quede completamente claro cómo funciona.

Está claro que la Semana Santa española no puede ser más variada y peculiar, ¿no? En las próximas semanas seguiremos contando historias sobre la Semana Santa insólita, pero si queréis conocer muchas más aquí os dejo el programa que hemos preparado (entrad aquí para encontrar toda la información):

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  • 21 y 28 de marzo – CENAS EN PALACIO: Semana Santa insólita
  • Del 30 de marzo al 2 de abril – TRAS TUS PASOS: Rutas para descubrir la Semana Santa de Zaragoza en la calle
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¿Sabíais que en Zaragoza hay un Cristo condecorado? Pues sí, porque el Cristo de la Cama, la imagen más importante de la Semana Santa zaragozana, es ni más ni menos que héroe de los Sitios. Antonio Maura, presidente del Consejo de Ministros por aquel entonces, se la entregó el 15 de junio de 1909, 101 años justos después de que empezara el primer Sitio, en plena celebración del primer centenario.

Cristo de la cama, con la medalla colgando sobre él

La medalla vino con su correspondiente “Certificado para usar la Medalla de Oro conmemorativa del Primer Centenario de Los Sitios de Zaragoza a favor del santísimo Cristo de la Cama de la Real Hermandad de la Preciosa Sangre de Cristo de Zaragoza“. Ahora bien, ¿por qué le dieron una medalla? Es relativamente habitual condecorar a las imágenes, y de hecho unos meses antes la Virgen del Pilar fue nombrada Capitán General, pero el caso de este Cristo es muy, muy particular, hasta el punto de que se le pueda considerar un héroe de guerra.

La medalla

Vamos a viajar hasta los tiempos de la Guerra de la Independencia. El 15 de junio de 1808 los franceses llegan a Zaragoza con la intención de tomar la ciudad rápidamente, pero… aquel mismo día sufren una seria derrota en la llamada “batalla de las eras”, y en los días siguientes aquello se va a convertir en un asedio en toda regla, pues los zaragozanos defenderán la ciudad con uñas y dientes. El 2 de julio (con el episodio de Agustina de Aragón y el cañón del Portillo), el 4 de agosto… forman ya parte de la historia de nuestra ciudad, que resiste ante el asombro de Europa entera. Finalmente (y después de la derrota que sufren en Bailén) los franceses levantan el Sitio, aunque con la intención de volver. Y efectivamente, en diciembre ya están otra vez aquí dispuestos a vengar la humillación que habían sufrido ante los muros de Zaragoza y a tomarla como sea, concentrando un inmenso ejército a su alrededor. Será durante este segundo Sitio (que acaba en febrero con la capitulación de la ciudad) cuando tenga lugar el episodio que nos interesa.

Ruinas del convento de San Francisco y de la Cruz del Coso

¿Habéis oído hablar de María la del Cristo, o la del Santo Cristo? Pues bien, es 17 de febrero de 1809. A cuatro días de la capitulación, que será el 20, la situación de Zaragoza es desesperada (se habla de 50.000 muertos en aquellos meses, la mayoría a causa de enfermedades como el tifus). Los franceses vuelan el convento de San Francisco (que ocupaba el solar de la Plaza de España en el que ahora está el edificio de la Diputación Provincial de Zaragoza, sobre el cual hay una placa que lo recuerda) y una mujer, María Blánquez, entra entre las ruinas a rescatar de su capilla al Cristo de la Cama. Ayudada por algunos hombres consigue llevarlo hasta el palacio arzobispal y de allí el Pilar, donde se le coloca en la Santa Capilla con su mano fuera de la reja, para que la gente pueda besar la imagen, que ha recibido algunos disparos.

Placa de la capilla de las heroínas de la iglesia del Portillo, donde el nombre de María Blánquez aparece junto al de la Madre Rafols, María Agustín, Casta Alvarez… “y muchas otras”, como dice la inscripción

Así lo contó por aquellos años en sus diarios Faustino Casamayor: “Y hubo muchas voladuras de casas en el Coso, y mucha parte del convento de San Francisco; atreviéndose no obstante una mujer a entrar hasta la capilla de la Sangre de Cristo y, tomando una bandera de las cuatro que figuraban las partes del Mundo, avisó a unos hombres y pudieron sacar la efigie de Nuestro Señor en la Cama que servía para las funciones de Semana Santa, y con ella y con dos hachas marcharon a palacio, la que reverenció y adoró [Palafox], aunque en cama, y mandó se llevase con hachas y se colocase dentro de la Santa Capilla, lo que se verificó colocando la misma cama junto al rejado, frente al altar de los Santos Convertidos, en disposición que pudieran los fieles besar su mano por el rejado“.

Placa colocada junto a la fachada de la iglesia de Santa Isabel

200 años después de aquello, en febrero de 2009, se revivió aquel episodio con un acto organizado por la Muy Ilustre, Antiquísima y Real Hermandad de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo y Madre de Dios de Misericordia, que así se llama. La Hermandad, que ya existía en el siglo XIII, tuvo su sede en diferentes conventos zaragozanos, llegando al desaparecido convento de San Francisco en el siglo XVII. Por entonces ya se dedicaba a asistir a los condenados a muerte, a la recogida de cadáveres (algo que sigue haciendo) y a la organización de la procesión del Santo Entierro en Semana Santa.

El Cristo de la Cama llevado en andas con ocasión de la salida extraordinaria con motivo del 200 aniversario de su rescate por María Blánquez

Después de los Sitios la Hermandad se instaló en la iglesia de Santa Isabel, donde sigue, y allí fue trasladado el Cristo de la Cama, el único de los pasos de su propiedad que sobrevivió a aquellos terribles meses. En los años siguientes se irían encargando otros nuevos, y a partir de los años 30 del siglo XX nacieron las diferentes cofradías filiales de la Sangre de Cristo, que se fueron haciendo cargo de los distintos pasos. Hoy cada una de ellas organiza sus procesiones propias, pero todas siguen participando en la más importante de la Semana Santa zaragozana, la del Santo Entierro, en la que el lugar de honor sigue correspondiendo al Cristo de la Cama gracias al heroísmo de María Blánquez.

Viernes Santo por la mañana en San Cayetano

Está claro que la Semana Santa española no puede ser más variada y peculiar, ¿no? En las próximas semanas seguiremos contando historias sobre la Semana Santa insólita, pero si queréis conocer muchas más aquí os dejo el programa que hemos preparado (entrad aquí para encontrar toda la información):

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¿Nunca os habéis preguntado por qué la cerveza Cruzcampo se llama así? ¿Y por qué en Sevilla hay una casa dedicada al mismísimo Poncio Pilatos? Y puestos a buscar respuestas, ¿qué fue del gallo que cantó cuando Pedro negó tres veces a Cristo? Pues si tenéis un poco de paciencia hoy vais a descubrir todo eso y alguna otra curiosidad sevillana relacionada con los orígenes de la Semana Santa. Pero para eso nos vamos a ir hasta la espectacular Casa de Pilatos, donde hay unas cuantas cosas de lo más interesantes.

Fachada de la Casa de Pilatos, con la primera estación del viacrucis a la izquierda de la puerta

Para empezar, ¿por qué se llama así esta casa que hoy pertenece a los Duques de Medinaceli? Pues aunque me encanta que muchos sevillanos digan que Pilatos se alojaba aquí cuando venía a Sevilla a pasar la Semana Santa, mucho me temo que no puede ser esa la razón. En realidad la cosa no viene de tan lejos, sino de unos 500 años atrás, década arriba, década abajo. Resulta que allá por 1518 al primer marqués de Tarifa le dio por hacer un viaje a Tierra Santa, toda una aventura teniendo en cuenta cómo estaban las cosas por aquel entonces con los turcos. El hombre no sólo escribió un diario titulado “De Sevilla a Jerusalén” y se dedicó a contar sus andanzas a todo el que las quiso oír, sino que a la vuelta amplió la casa, incluyendo en la decoración algunos de los “souvenirs” que se había traído.

¿Os suena este gallo?

En la escalera, por ejemplo, hay un cuadrito con un gallo pintado detrás de una reja, se supone que para que no se escape. Y detrás del cuadro, que en realidad es una puerta… una urna con unas cenizas. ¿Os estáis imaginando qué puede ser? ¿No? Pues abrochaos los cinturones, porque nos vamos de viaje al primer Jueves Santo. Jesús y los apóstoles se van a rebajar la cena dando un paseo hasta el monte de los olivos. Los apóstoles se duermen, Jesús se agobia (“Padre, aparta de mí este cáliz“), Judas llega con los soldados a prender a Jesús y en un momento se arma la marimorena, a Pedro le sale el pronto ese que le pierde y le corta la oreja a Malco (no preocuparse, Jesús se la vuelve a poner en su sitio en un pispás). En fin, resumiendo, que los soldados se llevan a Jesús a casa de Anás, y luego de a la de Caifás. Y aquí es donde queríamos llegar. Ya en la cena Jesús le había dicho a Pedro: “Antes de que el gallo cante dos veces tú me habrás negado tres”. Hala, ahí queda eso. “¿Yooooooooooooooo? Imposible, pero imposible de toda imposibilidad”. Más le valía haberse callado al pobre, porque si tres le preguntaron en el patio de la casa de Caifás que si conocía a Jesús, a los tres les dijo lo mismo: “¿Yoooooooooooooo? Yo pasaba por aquí, de verdad de la buena”. El miedo es muy malo, y todos hubiéramos hecho lo mismo, no nos engañemos. El caso es que a la tercera va la vencida, y nada más contestar Pedro… el gallo cantó. El sofocón que se llevó el pobre hombre él sólo lo sabe.

Paso de misterio de “Las negaciones de San Pedro”, de la hermandad del Carmen Doloroso (Sevilla)

Pero lo mejor viene ahora. ¿Qué fue del gallo? Siempre nos olvidamos de los personajes secundarios de las historias, pero de éste en concreto… algo sabemos. Y lo que sabemos es que no acabó guisado, sino incinerado. Sí, sí, lo que os cuento. Y lo sabemos porque resulta que mil quinientos y pico años se lo vendieron al Marqués de Tarifa, que se lo llevó para Sevilla. ¡¡¡Las cenizas del gallo!!! Repito: ¡¡¡LAS CENIZAS DEL GALLO!!! Sí, sí, hasta con negrita si hace falta: ¡¡¡¡LAS CENIZAS DEL GALLO!!!! No pongáis esa cara de incredulidad, gente de poca fe, que parece que tenéis alguna duda sobre su autenticidad. Si vais a la casa de Pilatos podréis ver el cuadro (las cenizas no las enseñan, que yo sepa), y si estáis en Sevilla un Miércoles Santo (cosa absolutamente recomendable) podréis ver en la calle a la hermandad del Carmen Doloroso con su paso de misterio representando “Las negaciones de San Pedro”, con gallo incluido, claro.

Aquí tenéis el gallo, por si lo dudabais

La cuestión es que el marqués aún se trajo más recuerdos y uno de ellos lo instaló en la capilla del palacio, dedicada a la flagelación. ¿Que por qué se llama así? Pues fijaos en la foto a ver si lo descubrís.

¿Veis algo de particular?

¿Veis la columna que hay en el centro? Pues parece que en su interior se guarda un pequeño fragmento de la auténtica columna a la que Cristo fue atado cuando le flagelaron en el palacio de Pilatos. Qué, ¿empezáis a entender por qué la casa se llama así? La capilla quería reproducir la estancia en la que tuvo lugar aquel episodio.

Paso de misterio de la hermandad de las Cigarreras de Sevilla, con “La flagelación de Cristo”

En 1521, recién vuelto de su viaje, el marqués de Tarifa decide organizar un viacrucis que empezara en su casa (concretamente en la capilla) y fuera por las calles del barrio. Ahora bien, ¿qué es exactamente un viacrucis? Hacía siglos que había surgido en Tierra Santa la costumbre de repetir el camino que había hecho Cristo desde que fue condenado en el palacio de Pilatos hasta que es depositado en el sepulcro. No se sabe cuándo aquel recorrido se dividió en las 14 estaciones que conocemos hoy, pero es posible que tuviera algo que ver con los franciscanos, que desde el siglo XIV eran los custodios de los Santos Lugares. La cuestión es que ir hasta Tierra Santa era complicadísimo entonces (el viaje duraba años, los turcos…), así que para que el rezo del viacrucis fuera accesible a todos se empezaron a marcar las estaciones dentro de las iglesias o por la calle, se crearon los “calvarios” (de los que hablaremos otro día), se hicieron “reproducciones” de los santuarios de Jerusalén… y en el caso de Sevilla el marqués de Tarifa organizó un viacrucis “urbano”, que diríamos hoy.

La Cruz de las toallas (en la capilla de los Negritos) y la que hay en la fachada de la casa de Pilatos

La Cruz de las toallas (en la capilla de los Negritos) y la que hay en la fachada de la casa de Pilatos, primera estación del Viacrucis

Inicialmente el recorrido empezaba en la capilla y se abría con la cruz de las toallas (que pertenece a la Hermandad de los Negritos y se conserva en su capilla), pero en 1630 se hizo en la fachada este retablo que fue el nuevo punto de partida. Con el tiempo sufrió algunas modificaciones, para llegar a medir exactamente 1321 pasos, que era la distancia que separaba el pretorio de Pilatos del Calvario. Y si en un extremo está la casa de Pilatos, al otro se trasladó un templete que ya existía y que se conocía como la Cruz del Campo.

Templete de la Cruz del Campo

Aquel lugar estuvo en el origen de la Semana Santa sevillana, pues hasta que en 1604 el cardenal Fernando Niño de Guevara estableció que todas las cofradías hicieran su estación de penitencia a la catedral (las de Triana, de momento, a Santa Ana) muchas iban a la Cruz del Campo. En 1873 aquel viacrucis se dejó de hacer, pero en 1957 se quiso retomar la idea y en cada una de las estaciones se hicieron pequeños retablos de cerámica que representan algunas de las imágenes más conocidas de las cofradías sevillanas. Recientemente se ha restaurado el templete, como podéis ver en la foto. Y por cierto, ¿os acordáis de la primera pregunta que planteábamos? Pues bien, supongo que ya os imagináis por qué la cerveza Cruzcampo se llama así, ¿no? Pues claro, porque la fábrica original está justo al lado. Como veis, todo, todo, todo tiene relación.

Está claro que la Semana Santa española no puede ser más variada y peculiar, ¿no? En las próximas semanas seguiremos contando historias sobre la Semana Santa insólita, pero si queréis conocer muchas más aquí os dejo el programa que hemos preparado (entrad aquí para encontrar toda la información):

  • 14 y 22 de marzo – NOS VAMOS DE EXCURSIÓN: el Calvario de Alloza y mucho más
  • 21 y 28 de marzo – CENAS EN PALACIO: Semana Santa insólita
  • Del 30 de marzo al 2 de abril – TRAS TUS PASOS: Rutas para descubrir la Semana Santa de Zaragoza en la calle
  • 2 de abril, Jueves Santo – NOS VAMOS DE EXCURSIÓN: Romper la hora en Híjar
  • 4 de abril – NOS VAMOS DE EXCURSIÓN: Sábado Santo en Alcañiz

Y si queréis seguir leyendo, aquí os dejo unos cuantos posts de nuestro blog sobre el tema:

Salamanca, el “padre putas” y el Lunes de Aguas

El entierro de Genarín en León

El besapié de Jesús de Medinaceli en Madrid

Los “picaos” de San Vicente de la Sonsierra

Un cristo heroico en Zaragoza

Domingo de Ramos en Elche

La luna y la Semana Santa

El juego de las caras en Calzada de Calatrava

Híjar, la familia y la tradición

Romper la Hora en Híjar

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Al norte de La Rioja hay un pequeño pueblo de poco más de mil habitantes llamado San Vicente de la Sonsierra, conocido por una tradición que tiene un curioso nombre: los “picaos”. ¿Quiénes son? Personas anónimas que de forma voluntaria se flagelan la espalda como acto de fe y penitencia por sus pecados. El nombre de “picaos” viene del hecho de que después de unos 800 azotes otra persona se la pica para que sangre y evitar así un enorme hematoma con una bola de cera que lleva incrustados cristales puntiagudos (doce heridas, seis en cada lado de la espalda, por los doce apóstoles).

Es un rito ancestral que se repite tres veces al año, en Semana Santa, para la Cruz de mayo (el día 3) y para la Cruz de septiembre (el 14). Lo de “rito ancestral” parece un lugar común, porque son dos palabras que muchas veces se usan juntas, pero en este caso lo es de verdad. Y además único, porque en ningún lugar ha sobrevivido algo que en otras épocas debió ser bastante común. Como prueba podemos ver este cuadro que Goya pintó a principios del siglo XIX y que representa algo casi idéntico a lo que vemos en la fotografía.

"Procesión de disciplinantes", de Goya

“Procesión de disciplinantes”, de Goya

Un grupo de penitentes con la cara cubierta, algunos con capirote (que viene de la “coroza” de los condenados por la Inquisición). Algunos se azotan la espalda e incluso van vestidos de forma muy parecida a los “picaos”, y otro lleva atado a los brazos un travesaño de madera (como los “empalaos” de Valverde de la Vera, de los que hablaremos otro día). Igual que en la fotografía, la escena se desarrolla delante de una imagen de la Virgen (también hay otros pasos, como un crucificado al fondo), con estandartes, numeroso público… es evidente que también estamos en Semana Santa.

Disciplinantes en un grabado del siglo XV

Disciplinantes en un grabado del siglo XV

Cuando Goya pinta esta procesión probablemente intenta mostrarnos el atraso de España respecto a otros países europeos. No hay que olvidar que él, con todas sus contradicciones, es un hijo de la Ilustración, y que ya Carlos III había intentado prohibir en 1777 “los disciplinantes, empalados y otros géneros de penitencia“. Lo cierto es que cambiar las costumbres cuesta mucho y aquella venía de muy, muy lejos. Nada menos que de una Edad Media cuya herencia, por aquel entonces, se quería erradicar.

San Francisco recibiendo los estigmas

En los siglos XII y XIII hay un auge de la devoción por la pasión de Cristo. Por un lado, el ambiente de las Cruzadas; por otro, la enorme influencia de San Francisco de Asís, que según la tradición había recibido directamente de Cristo sus cinco llagas en su propio cuerpo (lo que se conoce como estigmas). El papel de los franciscanos en el desarrollo de la Semana Santa sería fundamental, y ellos serían los que impulsaron la creación de cofradías de disciplinantes cuya principal devoción era la Vera Cruz

Ermita de San Juan de la Cerca, sede de la cofradía de la Vera Cruz de San Vicente de la Sonsierra

Hoy subsisten muchas cofradías de la Vera Cruz, pero de todas ellas la única que ha mantenido esta tradición de los disciplinantes ha sido la de San Vicente de la Sonsierra, cuyos estatutos datan nada menos que de 1551. De hecho, lo que hoy se sigue viendo parece que se haya conservado en una cápsula del tiempo y que de pronto nos lleve a época muy remotas, siglos atrás. Creo que para hacernos una idea lo mejor es verlo:

De todo lo que hemos visto hay una cuestión que a mí me parece muy importante: el absoluto anonimato de los “picaos”. Eso elimina el componente exhibicionista (que tan importante es en muchos costaleros sevillanos, por ejemplo) e introduce un elemento muy interesante: la máscara. Hay quien dice que colocársela y ver el mundo a través de dos agujeros te introduce en una dimensión distinta, entre otras cosas porque los que están alrededor hablan de ti como si no pudieras oírlos. Supongo que eso, unido al ritmo monótono e incesante de los latigazos, te puede hacer llega a entrar en una especie de trance. No lo sé, nunca he experimentado nada parecido, aunque no puedo negar que me produce una enorme curiosidad.

Anonimato

¿Qué puede llevar a una persona a hacer algo así? Arrepentimiento, remordimientos de conciencia, una extraña forma de agradecimiento, un cierto masoquismo… No lo sé, sinceramente. Pero algo ha cambiado en mí en estos últimos años, supongo que debido a la edad. Cuando era más joven me hubiera escandalizado de que algo así siguiera ocurriendo en el siglo XX (yo nací en el 71), lo hubiera considerado un signo de retraso, hubiera pensado que había que acabar con estas manifestaciones… hoy ya no lo veo así. Hoy pienso que la vida es dura, maravillosa pero dura, y que cada uno la afronta como mejor puede. Las soluciones que a unos les sirven a otros no, y al revés. Yo no entiendo qué alivio puede encontrar alguien en mortificarse de esa manera, pero es evidente que esas personas lo encuentran y que se sienten mejor. Si no hacen mal a nadie, y yo creo que no lo hacen, ¿quién soy yo para pensar que no deberían hacerlo?

Está claro que la Semana Santa española no puede ser más variada y peculiar, ¿no? En las próximas semanas seguiremos contando historias sobre la Semana Santa insólita, pero si queréis conocer muchas más aquí os dejo el programa que hemos preparado (entrad aquí para encontrar toda la información):

  • 14 y 22 de marzo – NOS VAMOS DE EXCURSIÓN: el Calvario de Alloza y mucho más
  • 21 y 28 de marzo – CENAS EN PALACIO: Semana Santa insólita
  • Del 30 de marzo al 2 de abril – TRAS TUS PASOS: Rutas para descubrir la Semana Santa de Zaragoza en la calle
  • 2 de abril, Jueves Santo – NOS VAMOS DE EXCURSIÓN: Romper la hora en Híjar
  • 4 de abril – NOS VAMOS DE EXCURSIÓN: Sábado Santo en Alcañiz

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Cada Jueves Santo por la noche tiene lugar en León una procesión alucinante que no tiene nada que ver con la imagen de sobriedad que tenemos de la Semana Santa castellana: el entierro de Genarín. Para unos, puro surrealismo delirante. Para otros, una herejía de mucho cuidado y una burla de lo más sagrado. Los hay que piensan que es una expresión de libertad, otros lo ven como una tradición con mayúsculas y muchos como una grandísima concentración de borrachos. ¿Qué es realmente? Pues un poco todo eso y seguramente mucho más, pero antes de nada veamos un resumen de lo que esa noche se vive en León para empezar a formarnos una opinión. Si después de verlo consideráis que lo que hay aquí puede herir vuestra sensibilidad… podéis seguir leyendo, pero luego no digáis que no estabais advertidos.

Lo primero de todo: ¿quién era Genarín? Pues un leonés feo, pequeñete, pícaro, borracho, jugador y putero, hablando mal y pronto. Conocido por toda la ciudad, pasaba el día yendo de taberna en taberna jugando al mus, bebiendo vino y comiendo, cuando venían bien dadas, un trozo de pan, queso y una naranja. Eso de día, pero de noche… en cuanto el sol caía los pies le llevaban hacia el barrio de San Lorenzo, lo peor (o lo mejor, según quién lo cuente) de León, donde estaban la taberna del Tuerto, el figón de la tía Casilda, la tasca de la Maldades, la cantina del Carabina, el burdel de Doña Francisquita y el de la Bailabotes… que Genarín recorría con la misma devoción que si fueran las estaciones del Vía Crucis, o más.

Genarín en su paso, seguido de sus devotos y de la Muerte

¿Y qué tiene que ver alguien así con la Semana Santa? Pues para su desgracia, mucho, pues murió la noche del Jueves Santo de 1929 atropellado por el primer camión de la basura que hubo en la ciudad (conocido como “la Bonifacia“), mientras hacía sus necesidades junto a la muralla. Antes de eso la última tasca que visitó fue la del Esteban, en cuyo lugar hay hoy un solar en el que dicen que han visto el espectro de un hombrecillo con una botella de orujo en la mano. El caso es que de allí fue andando (de lado a lado de la calle, imaginamos) hasta el lugar de su “martirio”.

Cubos de la muralla de León

Allí quedó muerto, al pie de la tercera torre de la muralla, y poco después se lo encontró la Moncha, una de las pupilas de Doña Francisquita (dueña del burdel más famoso de la ciudad, de calidad más que probada) a la que un ricachón puso casa de querida en la carretera de los Cubos (llamada así por los cubos o torres de la muralla junto a la que cayó nuestro héroe). Vaya usted a saber por qué, aquella mujer llevaba en la mano un periódico con el que piadosamente tapó su cara. Cuál no sería su sorpresa al ver que el rostro de Genarín había quedado impreso en él. Os va sonando todo, ¿no?

Paso de La Moncha

Cuentan sus devotos que el primer milagro de Genarín fue, precisamente, la conversión de la Moncha, que a raíz de aquel susto debió ponerse a reflexionar (“polvo somos“, “que me pille confesada” y todo eso) y dejó la profesión que tan popular la había hecho, volviéndose para su Lugo natal. Luego vendrían al menos otros tres, tan discutibles e inverosímiles como ciertos, según dicen sus devotos.

Esquela de Genarín en la que se nos cuentan algunos datos curiosos, como que era viudo, tenía cuatro hijos y una de sus hermanas era monja

Lo normal hubiera sido que el recuerdo de Genarín se perdiera rápidamente, pero… ahí está la labor de los cuatro evangelistas: Nicolás Pérez “Porreto” (árbitro de fútbol), Eulogio “el gafas” (taxista de profesión, coplero de devoción), Luis Rico (hombre de buena familia que dilapidó su fortuna en juergas con los amigotes) y Francisco Pérez Herrero (poeta), que ya al año siguiente decidieron rendirle homenaje reuniéndose en la Plaza del Grano y recorriendo las tascas y burdeles que Genarín acostumbraba a visitar. A partir de ahí nacería el mito, que se fue enriqueciendo con historias y más historias que los devotos del culto genariano cuentan y analizan detenidamente entre copa y copa de orujo.

Cabezudos que representan a los cuatro evangelistas en la procesión

Aquel sentido homenaje de cuatro amigos rápidamente se convirtió en una gran manifestación popular, que dio lugar incluso a la “Cofradía de Nuestro Padre Genarín“, que todavía existe (para formar parte de ella sólo tienes que entrar aquí, y para oír hablar a su hermano mayor aquí).

Inexplicablemente (dada la escasa permisividad de nuestra dictadura) hasta 1957 no tuvieron problemas con la celebración, pero aquel año se prohibió y no se recuperaría hasta la llegada de la democracia. Para entonces sólo quedaba vivo uno de los evangelistas, pero consiguió darle al entierro el suficiente impulso como para que llegara hasta hoy en un excelente estado de salud, convertido en una fiesta multitudinaria en la que “casualmente” todo parece una parodia de la Semana Santa de toda la vida. Para empezar, el ritual empieza con la “Santa cena” de los miembros de la cofradía en la que se recibe a los nuevos cofrades con abundante orujo y con las sagradas palabras que se repetirán durante toda la noche:

…Y siguiendo sus costumbres
que nunca fueron un lujo,
bebamos en su memoria
una copina de orujo.

Ya pasada la medianoche los cofrades se dirigen hasta la Plaza del Grano, y en medio de una multitud de unas 15.000 personas comienza la procesión, con los pasos correspondientes: la Cuba (en el que van las ofrendas), la imagen de Genaro, la Muerte y la Moncha, además de los cuatro cabezudos que representan a los evangelistas. Antorchas, versos, abundantes brindis con orujo y un recorrido que termina en el mismo lugar en el que murió Genarín, donde el “Hermano Colgador” trepará la muralla en la que depositará las ofrendas: queso, pan, naranjas, una corona de laurel y, cómo no, una botella de orujo.

Panorámica de la procesión

Todo esto ha dado lugar a libros (el más famoso, el de Julio Llamazares titulado “El entierro de Genarín. Evangelio apócrifo del último heterodoxo español“, una película (“Bendito canalla“), versos e incontables páginas de periódico escritas a partes iguales por defensores y detractores de tan pintoresca tradición. Porque nos podrá gustar más o menos, pero lo que nadie puede discutir es que hoy es una auténtica tradición, con los 75 años de vida cumplidos, rituales que se repiten año a año, un auténtico éxito de participación… en fin, una muestra evidente de que en la Semana Santa española también cabe la heterodoxia.

Está claro que la Semana Santa española no puede ser más variada y peculiar, ¿no? En las próximas semanas seguiremos contando historias sobre la Semana Santa insólita, pero si queréis conocer muchas más aquí os dejo el programa que hemos preparado (entrad aquí para encontrar toda la información):

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