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Posts Tagged ‘gigantes y cabezudos’

Cuenta la tradición que el 2 de enero del año 40 d.C. la Virgen vino a Zaragoza para animar a Santiago (que estaba intentando convertir a los hispanos al Cristianismo, con bastante poco éxito) y trajo una columna de piedra a la que todos llamamos “el Pilar”, que según esa tradición sigue hoy exactamente en el mismo lugar en que lo dejó.

Allá por el siglo XV o XVI se decidió cubrir la columna con un forro de bronce (que es el que se ve en la vieja fotografía de arriba) para protegerla, pues parece que los fieles arrancaban trozos de piedra para llevárselos. Eso sí, se dejó en la parte de atrás un pequeño orificio para que pudieran besar la columna directamente.

En el siglo XVIII se decidió cubrir aquel forro de bronce con otro de plata, mucho más adecuado, que se colocó en 1739. Hay dos, uno que cubre toda la parte de la columna que sobresale por encima del suelo del camarín para los días en los que la Virgen no lleva manto, y otro que se coloca el resto de los días y que llega más o menos a media altura.

En cuanto a los mantos, la tradición de ponerlos también viene de lejos, por lo menos de 1504, aunque no se colocaban como ahora. ¿Veis el cuadro? Pues en él se ve cómo se ponían, tapando la imagen prácticamente hasta el cuello. Fue a mediados del siglo XVIII y parece que por indicación de Ventura Rodríguez (el arquitecto que hizo la Santa Capilla, inaugurada en 1765) cuando los mantos se empezaron a colocar como en la actualidad, a ras con la parte superior de la columna. Desde los años 40 del siglo XX se sujeta el manto a la columna con esta magnífica pieza de plata.

Decíamos que la noticia más antigua que tenemos sobre los mantos es de 1504, y en una catalogación que se hizo en 1577 se dice que había 72. Sin embargo, el más antiguo que conservamos es el del Cabildo, de 1762, que es el que se coloca para el día del Pilar.

¿Cuántos mantos hay hoy? Pues en una catalogación que se hizo en 2003 eran 410, pero tenemos que tener en cuenta que no se han dejado de regalar, con lo que el número sigue aumentando. Los hay de todo tipo, desde los más ricos a los más sencillos, de los regalados por miembros de la familia real a los que dejaron donantes anónimos, de los más tradicionales a los más originales, como uno de ganchillo o el que regaló el Grupo Zaragozano de Papiroflexia, confeccionado con más de 1.500 pajaritas de papel unidas sin pegamento ni celo.

Todos los mantos tienen la misma forma y dimensiones, para colocarse encima de un portamantos sujetos con cintas. En cuanto a los colores, se intenta que se adapten a los colores litúrgicos: blancos, verdes, morados, azules o rojos. Se cambian cada día (como se ve en la foto de abajo), y algunos días más de una vez. Eso sí, muchos de ellos tienen días concretos, en relación con la festividad que se celebra, con el donante que lo regaló o, como decíamos antes, con el color litúrgico que corresponda.

El manto se ve como algo unido indisolublemente a la imagen que tenemos de la Virgen del Pilar, tanto que al acto de presentar a los niños a la Virgen (algo muy habitual, hasta que hacen la primera comunión) se le llama tradicionalmente “pasar por el manto“. Son los infanticos los encargados de acompañarlos, como se ve en esta foto.

Esa proximidad del manto a la columna y a la Virgen del Pilar hace que se les atribuya cierto carácter “milagroso”. Todavía hoy se puede ver en algunas esquelas la frase “Murió bajo el manto de la Virgen del Pilar“, aunque hoy es un privilegio que tienen los caballeros y damas de la Corte de Honor de la Virgen y algunas personalidades (el papa Juan XXIII, por ejemplo, o Alfonso XIII, que murió en Roma bajo el manto que envió el Cabildo, que lo volvió a mandar años después a Lausanne cuando murió la reina Victoria Eugenia). De hecho, ya a principios del siglo XVII las peticiones de mantos para los enfermos eran tan abundantes que se crearon las “medidas de la Virgen“, las famosas cintas, cuya función era precisamente esa, suplir al manto a la hora de la muerte.

Las cintas miden 36’5 cm, exactamente la altura de la imagen de la Virgen. La primera noticia que tenemos de ellas es de 1621, en un documento en el que los Jurados de Zaragoza prohiben a mercaderes y ciudadanos la comercialización de esas medidas, reservando ese derecho exclusivamente al Cabildo zaragozano bajo pena de 60 sueldos jaqueses. No sabemos cómo serían entonces, pues la imagen que vemos aquí arriba corresponde al aspecto que tenían en el siglo XIX. Hoy son algo distintas y se hacen en once colores diferentes, siendo enormemente populares.

Por cierto, ¿por qué hay veces que la Virgen del Pilar no lleva manto? Pues muy sencillo: todos los días 2, 12 y 20 no lo lleva. El 2, porque según la tradición la Virgen vino a Zaragoza el 2 de enero del año 40 d.C. El 12, porque la dedicación del templo fue un 12 de octubre. Y el 20, porque la coronación canónica de la Virgen del Pilar fue un 20 de mayo. Así pues, todos los 2, 12 y 20, excepto el 2 de enero, el 12 de octubre y el 20 de mayo se puede ver la columna, o más bien el forro de plata que la cubre.

Además de todo lo que hemos dicho, una vez al año la Virgen luce un manto de lo más especial, hecho de millones de flores llevadas por cientos de miles de personas. ¿Veis el cartel de fiestas de arriba? De alguna manera ya se ve en él la idea de la Ofrenda de flores, aunque esta no nacería hasta ocho años después, en 1958.

Os dejo una foto de la primera Ofrenda de flores. En ella participaron 2.000 personas y el Ayuntamiento regaló las flores (seguiría haciéndolo, en parte, hasta 1986). Con ellas se “tejió” un manto multicolor, que seguiría siéndolo durante más de medio siglo. Sobre él se colocó, prácticamente desde el principio, la cruz de Lorena, un símbolo elegido por el hospital Royo Villanova (que entonces se conocía como “el Cascajo”) por ser desde mucho tiempo antes el símbolo de la “cruzada” contra la tuberculosis. En aquellos años la hacían los enfermos, y como no podían salir (los tratamientos antituberculosos duraban incluso dos años por aquel entonces) era la Reina de Fiestas la que iba a recogerla, y luego la entregaba. Hoy son los trabajadores del hospital los que la traen.

La Ofrenda fue el primer acto verdaderamente popular de las fiestas, y ha llegado a alcanzar unas dimensiones enormes (algunos años han pasado casi medio millón de personas y se han utilizado unos diez millones de flores). Hoy es  el acto  central de las fiestas y su imagen es reconocible en medio mundo. La inmensa pirámide de flores que se coloca en la plaza del Pilar, coronada por la Virgen con un manto confeccionado con claveles y gladiolos blancos, sobre los que la cruz roja destaca enormemente, está en las retinas de millones de personas desde hace unos 25 años, que es cuando empezó a convertirse en tradicional la utilización de un color perfectamente adecuado para una fiesta de la Virgen.

Si queréis conocer esta y muchas otras historias, no os podéis perder las actividades que hemos preparado para descubrir las TRADICIONES DE LAS FIESTAS DEL PILAR durante estas fiestas. Entrad aquí y encontraréis toda la información.

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En algunas ciudades el santo patrón es la excusa para celebrar las fiestas, y poco más. En Zaragoza, sin embargo, la situación es completamente diferente. La Virgen del Pilar es la protagonista absoluta de las fiestas, debido a la larguísima historia de amor que tiene con los zaragozanos, y las tradiciones que tienen que ver con ella son absolutamente multitudinarias. ¿Queréis conocer su origen, descubrir cómo han sido en otras épocas y cómo han evolucionado…? 

farol-del-pilar

Os proponemos una actividad en la que vamos a descubrir las historias y secretos del Pilar, las tradiciones que tienen que ver con las fiestas, visitando también el Museo del Rosario de Cristal, para descubrir los increíbles detalles de esa espectacular joya de nuestro patrimonio. Aquí os dejo todos los datos:

Cuándo – 27 y 28 de septiembre a las 11’00

Donde – Centro de la fachada del Pilar

Precio (entradas incluidas) – 10 €  (jubilados, 9 €; parados, 6 €)

Reservas – Llamando al 976207363 o entrando aquí

Y además, también relacionado con las fiestas del Pilar, Un viaje a la Zaragoza de “Gigantes y cabezudos”. En 1898 se estrena Gigantes y cabezudos, una zarzuela que hizo reír y llorar a España entera. La zarzuela se ambienta en plenas fiestas del Pilar, y como ya se aproximan os proponemos recorrer sus escenarios, conocer la ciudad de 1898 y, si os animáis, cantar alguno de los fragmentos más famosos. Si queréis saber más entrad aquí.

 

Si queréis ir leyendo más sobre las tradiciones de las Fiestas del Pilar, aquí os dejo algunos posts de nuestro blog (en los próximos días, iremos colgando más):

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Continuamos con las cenas en el Palacio Arzobispal, y para las próximas semanas hemos elegido un tema que nos encanta: las tradiciones de las fiestas del Pilar. ¿Desde cuándo la Virgen del Pilar es patrona de la ciudad, y por qué? ¿Qué representa la comparsa de Gigantes y Cabezudos? ¿Cómo nació la Ofrenda de Flores? ¿Y el Rosario de Cristal? Muchas veces se nos olvida que nuestras fiestas son un fantástico conjunto de tradiciones que han ido creciendo a lo largo del tiempo para convertirse en lo que son hoy. manifestaciones multitudinarias que forman parte de los recuerdos y las vivencias de cada uno de nosotros. Si queréis saberlo todo sobre ellas… ¡os esperamos!

Como ya va haciendo fresco, la cena será en la sala de exposiciones del Museo Diocesano. Os dejo el menú, pero recordad que si sois vegetarianos, celíacos, alérgicos… solo tenéis que decírnoslo al reservar y os prepararemos otra cosa.

  • Migas al estilo aragonés con longaniza y uva

  • Bacalao con verduritas

  • Tarta selva negra con base de natilla

 

Cuándo – Viernes 3 y 10 de octubre a las 21’00

Dónde – Patio del Palacio Arzobispal (la cena tendrá lugar en la sala de exposiciones)

Cuánto – 30 € por persona

Reservas – Llamando al 976207363 o entrando aquí

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De todo lo que construyó Félix Navarro en Zaragoza el edificio más conocido es el Mercado Central, una magnífica obra de hierro que sigue en pie y cumpliendo la misma función para la que fue construido (lo mejor que le puede pasar a un edificio). Ahora bien, la historia de ese lugar como mercado de Zaragoza es muchísimo más larga.

La plaza del Mercado a finales del siglo XIX, con el torreón de la Zuda asomando al fondo. Habría que esperar a que se derribasen los edificios del fondo a la izquierda para que se viesen las murallas romanas, pues se habían construido pegados a ellas

El Mercado Central se inauguró en 1903, cuando ya hacía 700 años que la plaza del mercado de Zaragoza estaba allí, desde que un rey de Aragón decidiera trasladar el mercado desde la zona de la puerta Cinegia (actual plaza de España) hasta la zona de la puerta de Toledo.

La zona en el siglo XVIII, con la plaza del mercado a la derecha, larga, estrecha e irregular

Y a mediados del siglo XX, con el edificio del Mercado Central ya construido

La puerta de Toledo

Allí se organizaría desde entonces el mercado de la ciudad, y el barrio de San Pablo iría creciendo a su vera. Era la mejor plaza de Zaragoza, la más grande, hermosa y animada, y aquí tenían lugar todo tipo de acontecimientos, celebraciones… Así seguiría hasta finales del siglo XIX, como vemos también en esta otra imagen.

Al fondo, la cúpula de la iglesia de Santiago

Porches alrededor de la plaza, tiendas en los bajos, chiringuitos más parecidos a lo que hoy llamaríamos un rastro, gente paseando, comprando, hablando, discutiendo por los precios… como las vendedoras de “Gigantes y cabezudos” en el primer cuadro de la zarzuela, cuando se arrancan a cantar, en plena plaza, aquel famosísimo coro que dice que “Si las mujeres mandasen / en vez de mandar los hombres / serían balsas de aceite / los pueblos y las naciones“.

Además de las fotografías de la época y de la zarzuela, también tenemos cuadros para imaginarnos cómo era el ambiente de aquella plaza. Os dejo aquí uno como muestra:

Joaquín Pallarés, 1892

La cuestión es que a finales del siglo XIX Zaragoza había crecido mucho, y estaba renovando sus infraestructuras. Hacía falta, por ejemplo, un mercado en condiciones. Ricardo Magdalena había construido ya el magnífico Matadero Municipal y a Félix Navarro se le pidió el proyecto del “Nuevo Mercado”, que así se llamó. Lo primero que había que hacer era un hueco suficientemente grande para el edificio, y la plaza era relativamente estrecha. ¿Os imagináis por qué?

Aquí se ve claro por qué, ¿no?

La plaza del mercado ocupaba el espacio que quedaba entre la muralla romana (que prácticamente no se veía, porque tenía edificios adosados) y el barrio de San Pablo. Como allí no había espacio suficiente para el edificio del Mercado se hizo lo que en aquella época todo el mundo consideró normal: dinamitar un trozo de muralla bastante más grande que el que se conserva. Las murallas, que en un momento determinado son necesarias, en otro momento, cuando la ciudad crece, son un corsé que le impide desarrollarse. Hace 100 años no se tenía la conciencia respecto al patrimonio que tenemos hoy, por lo que no podemos juzgar aquellos hechos con la mentalidad actual. Las murallas se tiraron sin mirar atrás y pensando que lo que se ganaba era mucho más que lo que se perdía.

Obras para acondicionar la gran plaza en la que se construiría el Mercado Central, con sillares de piedra de la muralla por el suelo

La obra seguía adelante, y en 1903 se inauguró un edificio propio de una ciudad moderna y sin complejos, que miraba al futuro con optimismo. Félix Navarro construyó un edificio de hierro, a la última moda (14 años antes se había hecho la Torre Eiffel de París, por ejemplo, por la que él tenía una enorme admiración que demostró cuando hizo unos años después la Escuela de Artes, colocando pequeñas Torres Eiffel por toda la fachada). Eso sí, sabía que los valores estéticos del hierro no eran muy apreciados, así que en las fachadas lo enmascaró utilizando materiales tradicionales, como el ladrillo.

Una imagen del espectacular interior, completamente diáfano gracias al uso del hierro. Hoy se conserva tal cual, pero es imposible tener esta imagen al levantar la vista

Fachada que da a la calle Torrenueva

En los alrededores del Mercado, sobre todo en los porches, continuaron funcionando las tiendas que ya existían y surgieron otras. Aquí tenéis algunas que seguro que os suenan:

Las tiendas del entorno del Mercado son un mundo que casi ha desaparecido

Casa Gavín nació en 1900…

… y ahí sigue

“El pequeño catalán”, tras su paso por la plaza del Justicia, ha vuelto a los porches del Mercado

En aquellas tiendas se vendía todo lo necesario para que los clientes del Mercado pudieran “aprovechar el viaje“. Los agricultores que venían aquí a vender sus productos a los vendedores podían comprar casi cualquier semilla en Casa Gavín, por ejemplo. En fin, todo un mundo bullicioso, dinámico… que en parte sigue ahí y en parte ha cambiado completamente. Como también ha cambiado el urbanismo de la zona con la apertura de la avenida de Cesaraugusto (lo que se llamó Vía Imperial).

Entre el edificio de los Escolapios, a la izquierda de la foto, y la Audiencia, que aunque no se ve está a la derecha, había una gran manzana de casas entre las calles Escuelas Pías y Cerdán

La estrechez de la calle Escuelas Pías mostraba una imagen mucho más espectacular de la iglesia de los Escolapios

Derribo de la manzana de casas entre las calles Cerdán y Escuelas Pías, con el Mercado Central al fondo

Arriba a la derecha el Mercado Central; abajo a la izquierda la iglesia de Santiago. La avenida de Cesaraugusto sólo estaba en la imaginación de alguno

La apertura de la avenida de Cesaraugusto y la construcción del puente de Santiago trajeron un cambio muy importante en esta zona, con un aumento extraordinario del tráfico. Poco a poco en algunos sectores se empezó a pensar que el Mercado Central estorbaba, pues se quería crear una gran avenida que uniese el puente con la puerta del Carmen, sin interrupciones. ¿Solución? Tirar el Mercado.

Y se salvó

La primera vez que Zaragoza se movilizó en serio para salvar su patrimonio después de la demolición de la Torre Nueva fue para salvar el Mercado Central, a finales de los 70. Y se consiguió, el Mercado no sólo sigue ahí, sino que fue declarado Monumento Nacional y se restauró para que pudiera cumplir mejor su función. Hoy es una de las joyas del patrimonio zaragozano. Merece ser nuevamente restaurado para deshacer mucho de lo que se hizo (esas marquesinas que impiden la visión del interior, por ejemplo), pero hay que reconocer que el edificio no sólo se ha salvado, sino que sigue siendo un mercado, y eso es lo mejor que le podía ocurrir.

Sello de correos dentro de una serie sobre las construcciones metálicas en España

Os dejo con una foto curiosa. Hasta hace no tantos años toda esta zona se cortaba los domingos por la mañana para el Rastro, que se instalaba aquí. ¡¡¡Cómo ha cambiado Zaragoza en poco tiempo!!!

A principios de los 80 el Rastro de los domingos se hacía aquí, aunque hoy parezca increíble

Gracias a Félix Navarro Zaragoza fue más hermosa, más moderna, más cómoda y agradable para sus ciudadanos. Si quieres descubrir cómo fue aquella ciudad que él contribuyó a transformar, en una ruta en la que conoceremos edificios tan distintos como el Mercado Central o la Escuela de Artes, el Monumento al Justicia, edificios de viviendas… ponte en contacto con nosotros en el 976207363, pues podemos realizar la ruta en cualquier momento para un grupo.

Y si queréis saber más sobre Félix Navarro…

Zaragoza y Félix Navarro

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Conste que no me gusta decir Pilarica, porque prácticamente no conozco a nadie de Zaragoza que la llame así (la Virgen del Pilar, o la Virgen, y ya está), pero en este caso… Lola es mucha Lola, y una canción suya se titulaba precisamente así, “Pilarica y Macarena”. ¿Queréis escuchar un trozo? Pues pinchad aquí y cuando entréis dadle al símbolo de “play” que hay sobre la carátula del disco.

La imagen de plata de la Virgen del Pilar, del siglo XVII, montada en la carroza sobre la que sale en procesión el día 12 de octubre

Si sois de los que os gusta fijaros en los detalles, a lo mejor os habéis preguntado qué hace una pequeña imagen de la Macarena a los pies de la Virgen del Pilar en la carroza de plata que sale en la procesión del 12 de octubre (el resto del año la podéis ver en el  Museo Pilarista). Pues bien, esa pregunta tiene una segunda parte: ¿qué hace una imagen de la Virgen del Pilar a los pies de la Macarena cada Viernes Santo? Parece que no puedan vivir la una sin la otra, ¿no?

La Macarena, preparada para salir en la Madrugá del Viernes Santo

Un integrista, o un cristiano postconciliar, diría que esto no es más que politeísmo, que Virgen sólo hay una y todas esas cosas. Lo cual querría decir que es incapaz de entender dos ciudades tan peculiares como Zaragoza y Sevilla, Sevilla y Zaragoza. ¿Sabéis que muchos sevillanos dicen que Zaragoza es la ciudad del Norte que más parece del Sur? Y en gran parte lo dicen por la relación tan peculiar que nuestra ciudad tiene con la Virgen del Pilar, esa historia de amor que dura ya muchos siglos y que hace que la veamos como alguien de la familia, de casa. “¿De dónde vienes?, “De ver a la Virgen, que hacía muchos días que no iba“. Podría parecer el diálogo de una película de Buñuel, pero no: es una conversación que en Zaragoza se puede escuchar a cualquier hora y entre personas aparentemente cuerdas. Tan cuerdas como las que cada 18 de diciembre, día de la Esperanza, hacen una fila interminable para ir al besamanos de la Macarena, por ejemplo. O como los cientos de miles que cada día del Pilar llevan sus flores en la Ofrenda, haga sol o llueva. O como los que se agolpan cada Viernes Santo por la mañana por los callejones macarenos para ver a su Virgen volver a casa… En fin, que así podríamos seguir, y seguir, y seguir, para llegar a la siguiente conclusión: si bien la Virgen del Pilar es claramente “la que más altares tiene“, la Macarena es la segunda en este peculiar ránking de las vírgenes más populares.

La duquesa de Alba y Juanita Reina con la Macarena

Carmen Sevilla y Augusto Algueró, después de casarse ante la Virgen del Pilar

Imperio Argentina rezaba a la Virgen del Pilar en “Nobleza Baturra”

Lo curioso del caso es que, siendo las dos primeras clasificadas en el top ten de las vírgenes la relación sea tan, pero tan buena que prácticamente cada una de ellas no salga a la calle sin la otra, y la otra sin la una. ¿A qué se debe esto? Pues vamos a ponernos serios y a hacer un poco de historia, pero antes hay una cuestión esencial: la Macarena no es la única virgen sevillana que va con la del Pilar cuando sale en Semana Santa.

La Virgen de las Aguas, de la hermandad del Museo, la lleva en la delantera de su paso de palio

La Virgen de Guadalupe, de la Hermandad de las Aguas, la lleva en el cielo del palio

La que lleva la Virgen de la Salud, de la Hermandad de San Gonzalo, en una capillita de plata, la trajo una hermana de Zaragoza

Y no solo estas, sino alguno más. También aparece en el basamento de uno de los varales del palio de la Paz, y en otro del palio de la Virgen de la Merced, que saca la Hermandad de Pasión cada Jueves Santo.

¿Os imaginabais que la virgen que más sale a la calle en la Semana Santa sevillana es nuestra Virgen del Pilar? Y no sólo eso: tiene una capilla en la catedral y hasta una cofradía de gloria (las de Semana Santa son de penitencia), la Primitiva, Real y Muy Ilustre y Fervorosa Hermandad de María Santísima del Pilar y Santiago Apóstol, que se cuenta que fundaron los caballeros aragoneses que fueron para la conquista de la ciudad, allá por 1248. ¿Y eso a qué se debe? Pues todo, pero todo, tiene una explicación: cuenta una tradición que además de aparecerse a Santiago la Virgen del Pilar se le apareció a San Pío, primer obispo de Sevilla, y a eso se debería que también fuese patrona de aquella ciudad. Si es que no hay más, ya lo dice la jota y es verdad:

Es la Virgen del Pilar

la que más altares tiene,

que no hay pecho aragonés

que en su fondo no la lleve.

Aragonés, y no aragonés, que no hay más que ver la cantidad de peregrinaciones que llegan de todo el mundo, y especialmente de Hispanoamérica.

El palio de la Macarena quedó configurado como lo vemos hoy a principios del siglo XX

La imagen de la Virgen del Pilar de plata que lleva actualmente se añadió en 1942

Fue entonces cuando Sevilla regaló la Macarena de plata y marfil que hay en Zaragoza

Tanto la Macarena como, sobre todo, la Virgen del Pilar, fueron utilizadas como símbolos por el franquismo (en la basílica de la primera está la tumba de Queipo de Llano, y en el Pilar siguen colgadas las bombas de la Guerra Civil), pero su relación no arranca de ahí sino de mucho antes. Parece que ya en fotos de finales del siglo XIX se ve una Virgen del Pilar en el palio de la Macarena.

En esta fotografía, que debe ser de hacia 1898, ya se ve claramente una Virgen del Pilar entre las velas

En 1908, con motivo del Centenario de la Guerra de la Independencia, se organizó una procesión con la Macarena, y el Grupo Aragonés Virgen del Pilar le regaló una imagen de su patrona. Pero es que además hay otra cuestión, y ésta es la que a mí más me gusta. La cosa es que la temporada taurina en España arranca el Domingo de Resurrección en Sevilla y acaba con la Feria del Pilar, así que la aspiración lógica de cualquier torero era llegar hasta el final. “Objetivo Zaragoza“, podríamos decir, y esto no ha cambiado (para descubrir hasta qué punto sigue siendo taurina nuestra ciudad, lo mejor es pinchar aquí).

El espectacular mausoleo de Joselito “el Gallo” en el cementerio de San Fernando, en Sevilla

Una de las personas lleva la imagen de la Macarena

Cuando Joselito murió en la plaza de Talavera vistieron a la Macarena de luto

El torero “macareno” por excelencia fue Joselito el Gallo, que le regaló a su Virgen, por ejemplo, las mariquillas. ¿No sabéis lo que son? Pues son esas flores que le bailan sobre el pecho, y que según algunos son esmeraldas y según otros cristal de roca, pero el caso es que son verde esperanza, que era de lo que se trataba.

Las mariquillas de Joselito

La cuestión es que Joselito empezaba la temporada encomendándose a su Virgen en la iglesia de San Gil (“Llevaba por compañera / a mi Virgen de San Gil / un recuerdo y una pena / y un rosario de marfil“) y la acababa dando las gracias en el Pilar. Y en su capilla particular, la que iba montando de plaza de toros en plaza de toros, tenía a la Macarena y al Gran Poder, y entre ellos una Virgen del Pilar de escayola que alguien le regaló. ¿Sabéis lo que hacía? Pues cada Semana Santa se la dejaba a la Hermandad de la Macarena para que la colocasen a los pies de su Virgen durante la estación de penitencia, en la Madrugá y la mañana del Viernes Santo, y al acabar la recogía para que le acompañara durante su periplo por España en la temporada que tenía por delante. Cuando Joselito murió (en 1920 le cogió en Talavera de la Reina un toro que se llamaba Bailaor) vistieron a la Macarena de luto y quisieron llevarle al cementerio en su palio (cuentan que el párroco se negó diciendo “Hombre, si por lo menos hubiera sido Belmonte…“).

La imagen que sale actualmente es algo posterior. Después de la Guerra Civil un hombre donó unas monedas de plata que habían pertenecido un hijo suyo que había muerto en la batalla del Ebro, y con aquellas monedas se fundió la Virgen del Pilar que, desde 1942, no ha dejado de salir con la Macarena. Fue entonces cuando Sevilla regaló la Macarena de plata y marfil que sigue saliendo en la carroza cada día del Pilar, uniendo así todavía más mis dos ciudades preferidas. Y por cierto, igual que empezábamos con una canción de Lola Flores que unía Zaragoza y Sevilla, os dejo aquí algo de lo más singular que he encontrado por youtube, “España, madre querida”, que también es un viaje de ida y vuelta de Aragón a Andalucía, y viceversa.

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Modernidad en Zaragoza: a finales del XIX y a principios del XXI

Los primeros grandes faroles del Rosario de Cristal, o sea, los de los quince misterios, son como pequeños edificios en vidrio, así que tenemos que hablar un poco de cómo era la arquitectura de aquella época. Durante gran parte del siglo XIX y principios del XX los arquitectos recuperan los “estilos” históricos. Los medievales, por ejemplo, se consideran los más adecuados para construir una iglesia, mientras que para un banco o un edificio público nada es mejor que la solemnidad de las grandes columnas clásicas. En cualquier caso, más habitual que el puro Historicismo (o sea, inspirarse en un momento concreto y hacer, por ejemplo, un edificio Neogótico) es lo que llamamos Eclecticismo. Vamos, que el arquitecto dispone a su gusto de los diferentes lenguajes históricos, coge una pizca de aquí, otra de allí, lo mezcla y sale algo nuevo pero con aire antiguo.

Retrato de Ricardo Magdalena en el Grupo Escolar Gascón y Marín, dentro de una galería de aragoneses ilustres que los chavales veían como ejemplo cada mañana antes de entrar a clase

Ricardo Magdalena y Félix Navarro fueron los arquitectos que cambiaron la cara de Zaragoza en esos años, haciéndola más hermosa, europea y moderna. El primero, más conservador, mira al pasado y adapta el lenguaje del Renacimiento zaragozano a los nuevos tiempos. Félix Navarro, republicano y de talante liberal, viaja por el mundo y está al tanto de las últimas novedades, que en sus obras conviven con la tradición arquitectónica de la ciudad (no hay mejor ejemplo que el Mercado Central). Hoy nos interesa Magdalena, que diseñó todo el núcleo original del Rosario de Cristal. ¿Quién era? Os daré un dato: cuando murió en 1910 la Guardia Municipal a caballo escoltó el féretro, llevado por seis bomberos y seguido por el Ayuntamiento en pleno y el resto de autoridades civiles y religiosas. ¿Qué había hecho para alcanzar un reconocimiento público semejante? Aquí van tres ejemplos:

Museo de Zaragoza, en la Plaza de los Sitios

Antigua Facultad de Medicina y Ciencias

Antiguo Matadero, en la Avenida de Miguel Servet

Probablemente nadie ha influido tanto (y tan bien) en la arquitectura y el urbanismo de Zaragoza como lo hizo Ricardo Magdalena desde su puesto de arquitecto municipal. Por poner sólo tres ejemplos, de distintos momentos de su carrera: su primer gran proyecto es el Matadero, inaugurado en 1885. A raíz de este éxito el Ministerio de Fomento le encarga el edificio de las facultades de Medicina y Ciencias, en el que adapta lo mejor de la tradición histórica de la ciudad al gusto de los tiempos. La Exposición Hispano-Francesa de 1.908 fue la culminación de su carrera, hasta el punto de que la prensa la llamó “la bella ciudad de Magdalena”, pues además de dirigir las obras fue quien más edificios diseñó (p.ej., el del Museo de Zaragoza).

Esta imagen hubiera sido imposible en aquella época, porque hasta 1958 no nació la Ofrenda de Flores

El caso es que diseñó también los faroles del Rosario de Cristal, tanto los faroles “de mano” (Avemarías, Padrenuestros, Glorias y Letanías) como las carrozas correspondientes a cada uno de los quince misterios. Y en su diseño empleó el mismo lenguaje que en sus edificios, el Historicismo. Eso sí, para sus edificios eligió el Renacimiento, porque consideraba que era el mejor momento de la arquitectura zaragozana. En cambio, aquí mezcló el Románico y el Gótico de una manera muy peculiar y colorista, pues se creía que eran los que mejor expresaban la espiritualidad cristiana.

¿No os parece que las carrozas recuerdan mucho al remate del Big Ben? No sabemos si sirvió de inspiración o no, pero lo cierto es que se hizo unos años antes, en 1858

Por cierto, hay una palabra que estamos usando mucho y de la que todavía no hemos hablado: Misterios. Simplificando podríamos decir que son los capítulos principales de la historia de la redención. Se agrupan de cinco en cinco, y hasta el año 2002 eran quince: cinco gozosos, cinco dolorosos y cinco gloriosos (Juan Pablo II añadió los luminosos). El rezo del Rosario consiste en “contemplar” (o sea, recordar, reflexionar sobre ellos…) cada uno de estos misterios. La persona que lo dirige (en mi pueblo se llama “la rezadora“) dice el nombre del misterio correspondiente, un breve comentario y a continuación se rezan un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria (la rezadora comienza con la primera parte de cada una de esas oraciones, y los demás responden con el resto).

“Tengo que hacer un rosario / con tus dientes de marfil / para que pueda rezarlo / cuando esté lejos de tí”. No sé a vosotros, pero a mí se me ponen los pelos de punta cuando oigo a Juanito Valderrama cantar eso

Con tanta oración es fácil perder la cuenta, así que hubo que buscar una solución. Yo recuerdo ver, de niño, a mi abuela con el rosario en la mano y rezándolo con la radio. ¿Qué llevaba? Pues una especie de collar con cincuenta bolitas pequeñas agrupadas de diez en diez, y separando cada decena una bola un poco más grande. Con eso se rezan cinco misterios, que es lo habitual, y si se quiere rezar un rosario completo se le dan tres vueltas y ya está. Se podía rezar de forma individual, en grupo, en la iglesia o en la calle, pero la cofradía del Santísimo Rosario de Zaragoza dio un paso más: convertir esas pequeñas cuentas (que a veces se hacían con huesos de oliva traídos del mismísimo Getsemaní, el monte de los olivos, o con perlas, o con bolitas de marfil, o de pétalos de rosa…) en un enorme rosario que llenase las calles de luz y de color, llevado por cientos de personas. La calle se hace templo, que hubiera dicho un cursi de la época. Cada uno de los misterios (o sea, las bolitas un poco más grandes) se convertía en una carroza; cada una de las bolitas pequeñas, las Avemarías, en un farol de mano que llevaba una persona sobre un mástil; y además se añadía (esos no tenían bola, aunque se rezaban también) un Padrenuestro y un Gloria por cada grupo de Avemarías.

Vamos a fijarnos ahora en uno de los misterios, el 5º Misterio Glorioso: “La coronación de Ntra. Sra” (había que utilizar abreviaturas, porque si no aquello no cabía). Ya hemos hablado del diseño arquitectónico, pero hay más. Para empezar, la caligrafía es lo que llamamos letra “gótica”, aunque eso no significa que en la Edad Media todo el mundo escribiese así. Y ¿qué pasa con las imagenes? Son vidrieras inspiradas en las medievales (en Aragón era más habitual cerrar los ventanales con planchas de alabastro y pintarlas de colores, imitando el efecto de los vidrios de colores).

La novedad no era hacer vidrieras, sino que éstas salieran a la calle

Una vidriera medieval es como un puzzle: piezas de vidrio de diferentes colores unidas por una estructura de plomo (las líneas negras). Colores básicos, intensos, como un fogonazo, y lo mismo para las formas. No es un arte para el detalle, pues se ven de lejos y lo que se busca con ellas es otra cosa: crear una atmósfera casi mágica y llena de espiritualidad en el interior de las iglesias, gracias a la luz de colores que lo inunda todo. O sea, dar la sensación de que estamos en la mismísima Gloria celestial, ni más ni menos.

Vidriera de la Sainte Chapelle de París

Fijaos en esta vidriera de la Sainte Chapelle de París: hay pocos colores, pero muy intensos; sobre las piezas de cristal se han pintado líneas negras para darle algo más de realismo, pero no demasiado. Sin embargo, si viéramos una vidriera del siglo XVI la sensación sería completamente distinta: se ha multiplicado el número de colores, intentando reproducir así todos y cada uno de los matices  de la Naturaleza; se utiliza la perspectiva para dar sensación de profundidad… todo para lograr un efecto más realista. A mayor realismo, menor espiritualidad, eso no falla.

Las vidrieras renacentistas de la catedral de Granada ya no buscaban crear una sensación de irrealidad, sino de realismo

Cuando Ricardo Magdalena diseña las vidrieras de sus carrozas vuelve sus ojos a las del siglo XIII, sobre todo (aunque, como siempre, mezclando cosillas de aquí y allá). Y de allí también recoge la importancia del simbolismo de los colores. En los misterios gozosos domina el rojo, en los dolorosos es muy importante el morado y en los gloriosos el azul.

León Quintana, agradecido, regaló la “Gran Cruz” que abre la procesión, con la Virgen del Pilar y los escudos de Zaragoza, Aragón y el Cabildo

Eso sí, puede hacer todo eso porque en toda Europa hay un movimiento de recuperación de las artesanías (que cada vez se valoran más, ante la invasión de productos hechos a máquina), y en Zaragoza está surgiendo una estupenda generación de artesanos (entre ellos León Quintana, fundador de los talleres de los que saldrá el Rosario de Cristal), que irá a más gracias al nacimiento en 1895 de la Escuela de Artes y Oficios. Esa tradición de la vidriera artística en Zaragoza se prolongará en el tiempo hasta hoy mismo, dando lugar a muchas de las carrozas que hoy salen en la procesión.

Una tradición viva

Las dejaremos para el próximo capítulo, pero hay una que tenemos que incluir aquí: la más moderna de todas es la única que forma parte del núcleo del Rosario, los Misterios. En el año 2002, con motivo del XXV aniversario de su pontificado, Juan Pablo II incorporó cinco nuevos, los Misterios Luminosos. El Cabildo decidió entonces encargar un nuevo farol dedicado a ellos, pero como tenía que contar cinco historias… se hizo pentagonal. En muchas cosas recuerda a los originales, pero en otras incorpora la modernidad. El volumen es similar, los colores también son intensos, las formas son sencillas y poco detallistas… pero el aire es claramente contemporáneo. Reconozcámoslo, no era fácil el reto con el que se enfrentó la pintora Carmen Pérez Ramírez, pero yo creo que lo superó. El Rosario de Cristal de Zaragoza sigue estando en vanguardia, igual que lo estuvo cuando nació hace 122 años ya.

En el próximo post hablaremos de algunas de las carrozas que se fueron incorporando a lo largo del siglo XX, pero si queréis conocer muchas más cosas relacionadas con las Fiestas del Pilar no os podéis la visita que hemos preparado:

LA QUE MÁS ALTARES TIENE: del Pilar al Museo del Rosario de cristal – Si hay una historia de amor que resista al paso tiempo es la que Zaragoza tiene con la Virgen del Pilar. La prueba de ese compromiso no  es solo el  espectacular edificio que todos conocemos, sino también ese increíble tesoro de nuestro patrimonio que es el Rosario de cristal, una joya única y llena de miles de detalles asombrosos.  ¿Os animáis a descubrir todo esto con nosotros visitando el Pilar y el museo en el que se guardan las carrozas durante todo el año?

Cuándo: 28 y 29 de septiembre a las 11:30

Dónde: Centro de la fachada del Pilar

Precio (entradas incluidas) – 10 € (jubilados y suscriptores del Heraldo 9€ parados con tarjeta de demanda de empleo 6€)

Reservas – Llamando al 976207363 o entrando aquí

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Me encantan las Fiestas del Pilar. Los amigos que ya no viven en Zaragoza vuelven, vamos con los sobrinos a los cabezudos, salimos de ronda a cantar jotas, tomamos aperitivos interminables a ritmo de ranchera… Y además, hay pocas cosas que me emocionen tanto como cantar el himno de la Virgen a las cinco de la mañana la noche del 11 al doce de octubre, en la Misa de infantes, con el Pilar hasta los topes; o que me hagan tan feliz como ver a toda mi ciudad en la calle, contenta y disfrutando la mañana del 12. O los ríos de gente que acompañan a los Gigantes y los Cabezudos el último día por el Coso, y que siempre me traen a la cabeza lo que cantaba Pilar, la protagonista de la zarzuela: “Si un preludio suena, del canto famoso / niñas muy bonitas se asoman al Coso“. O alguna noche en El Plata, o en las ferias… en fin, que por muchos recortes que haya el núcleo duro de las fiestas (que es lo verdaderamente único e irreemplazable) sigue intacto, y eso es lo que importa.

¿Qué os parece el cartel del 2011? ¿Creéis que resume lo que son las Fiestas del Pilar?

De todas las tradiciones de las fiestas del Pilar, ¿sabéis cuál es la más peculiar? Gigantes y cabezudos hay en muchos sitios (aunque la comparsa de aquí es una de las más espectaculares, o la que más); la Ofrenda de flores se inspiró en la que se hacía en Valencia a la Virgen de los Desamparados, aunque aquí ha alcanzado unas dimensiones impresionantes; sin embargo, el Rosario de Cristal es una tradición absolutamente nuestra, y los de otros lugares se inspiraron en el de aquí. Si no podéis verlo al anochecer del 13 de octubre, o queréis apreciar los detalles de cada carroza, pasaros por el museo que hay en la Plaza San Pedro Nolasco de Zaragoza.

El cartel de 1946 mostraba el farol de la Hispanidad, regalado ese año por el Ayuntamiento

Pero no tan deprisa. Para empezar, ¿qué es eso del rosario? Acudamos a los clásicos, que nunca fallan. Juanito Valderrama, cuando cantaba “El emigrante“, decía que cuando salió de su España, aparte de volver la cara llorando, “llevaba por compañera / a mi Virgen de San Gil / un recuerdo y una pena / y un rosario de marfil“. Y María Dolores Pradera se ha pasado media vida cantando aquello de “Devuélveme el rosario de mi madre / y quédate con todo lo demás / lo tuyo te lo envío cualquier tarde / no quiero que me veas nunca más“. Queda claro, pues, que el rosario es una cosa seria y a la que se le da mucho valor, porque se asocia a lo más querido, a la madre, a la abuela… o por lo menos a las abuelas de antes, que pasaban las horas muertas rezando con un rosario en las manos, de aquellos de pétalos de rosa o de esos que son un anillo con bolitas que se va girando.

Imagen de Santo Domingo de Guzmán en el Rosario de Cristal

El rosario es, pues, tanto el objeto como la oración que se reza utilizándolo. ¿Y cuál es su origen? Pues parece que en la India ya utilizan algo así para rezar desde hace miles de años, que de ahí pasaría al Cristianismo y al Islam. Lo que cuenta la tradición es que la Virgen se lo entregó a Santo Domingo de Guzmán y le enseñó a rezarlo. ¿Por qué a él? Pues sobre todo por una razón. Estamos a principios del siglo XIII, en pleno auge de la herejía de los cátaros en el sur de Francia. Domingo de Guzmán y la Orden que había creado (los Predicadores, a los que también se llamó dominicos por el nombre de su fundador) se implican especialmente en la lucha contra ellos, y cuenta que la Virgen le había dicho que propagara el rezo del Rosario (una oración que “es obra mía, y no de los hombres“), porque así conseguiría convertir a muchos pecadores y salvar su alma. La cuestión es que a lo largo de la Edad Media el rezo de aquella oración tendría sus altibajos, hasta que llegó un momento crucial en su historia: la batalla de Lepanto.

Nao capitana de la escuadra cristiana. ¿Os imagináis esos fanales encendidos, la noche anterior a la batalla, parpadeando en medio del Golfo de Lepanto?

El 7 de octubre de 1571 tuvo lugar “la más alta ocasión que vieron los siglos” (o eso decía Cervantes, que se quedó manco allí): la batalla de Lepanto. España, Venecia y el Papa derrotaron a los turcos en el golfo de Lepanto, en Grecia. El Papa, Pío V, se quedó tan convencido de que la victoria se había logrado gracias a la ayuda de la Virgen, agradecida por el rezo del rosario, que aquel día se convirtió en la fiesta de “Nuestra Señora de las Victorias“, que con el tiempo cambiaría el nombre por el de “Nuestra Señora del Rosario” (por cierto, sabemos que en el Pilar hubo una bandera tomada a los turcos en Lepanto)

El farol de la Marina reproduce el fanal de la nao capitana de la escuadra cristiana en la batalla de Lepanto, que se conserva en el espectacular palacio del Marqués de Santa Cruz en El Viso del Marqués, en medio de la Mancha

Con el tiempo irían apareciendo las cofradías del Rosario y los rosarios callejeros. En Híjar (Teruel), por ejemplo, tenemos noticias desde 1733, y aún hoy los Rosarieros siguen cantando el rosario de madrugada por las calles del pueblo algunos domingos del año (ya no todos, como ocurría hasta hace no muchos años) y acompañando a los tambores el Jueves Santo por la noche en una procesión estremecedora que se conoce como “los Despertadores”, el nombre que se daba a los que rezaban el rosario por la calle despertando a los que aún estaban en la cama.

Los rosarieros de Híjar, un Viernes Santo de principios del siglo XX. Hoy la cofradía sigue viva, y ya forman parte de ella hombres y mujeres, jóvenes y viejos, lo cual es un signo de excelente salud

Como el rosario es una oración dirigida a la Virgen, el 3 de julio de 1756 Mariana Velilla y siete personas más empezaron a rezar el rosario al amanecer en la Santa Capilla (se estaba construyendo la actual), saliendo a la plaza para los últimos misterios. Aquello fue un éxito (la Virgen del Pilar ya tenía tirón entonces): en menos de un mes eran más de mil quinientas personas y pronto empezó a rezarse otro rosario al atardecer, que el día del Pilar era especialmente solemne.

El farol más antiguo que se conserva

Aquello poco a poco fue a más, y a lo largo del siglo XIX algunos devotos donaron faroles como el de la Santa Capilla (el más antiguo de los que aún salen, de 1823), los leones que se pueden ver en el Museo (no salen en la procesión debido a su deterioro) o el del Pilar, hecho con más de 30.000 piezas y donado como exvoto a la Virgen en 1872 por un particular tras una enfermedad.

Una de las imágenes más curiosas de las fiestas del Pilar. Por mucho que se repita todos los años, sigue siendo sorprendente

Cuando se hizo aquel farol reprodujo el Pilar tal y como estaba, o sea, más o menos como en esta fotografía de aquí abajo. En 1895 Ricardo Magdalena acabó la primera torre y en aquel momento se reformó el farol, añadiéndole también las otras tres.

Esta foto de 1895 es una joya. Además de que el Pilar aparece sin ninguna torre acabada, se ve el antiguo edificio del Ayuntamiento y el arco que los unía

La última torre del Pilar no se inauguró hasta 1961, pero los zaragozanos podían verlo acabado una noche al año, cuando salía el Rosario de Cristal. Tenía que ser una imagen curiosa ver el farol con torres y el Pilar sin ellas. De todas maneras, estamos corriendo demasiado. ¿Cómo se pasó de aquel rosario de devotos a la impresionante procesión que conocemos hoy? Pues tenemos que irnos hasta 1887, cuando nace la Cofradía del Santísimo Rosario de Nuestra Señora del Pilar y se decide embellecer la procesión del 12 de octubre (porque entonces era el 12, y no el 13 como ahora) con faroles monumentales que representasen los misterios y otros “de mano” para los Padrenuestros, las Avemarías, los Glorias y la Letanía.

Faroles de mano

La Cofradía decidió hacer algo espectacular de verdad. Le pidió que lo diseñara al arquitecto municipal, Ricardo Magdalena (que no cobró nada por los dibujos ni por la dirección de la obra), y para financiarlo se pidió la colaboración de todos los zaragozanos. La Virgen del Pilar tiene tirón, no hay más, y se consiguió que el primer año salieran ya los faroles de mano y al siguiente las quince carrozas correspondientes a los misterios (en los que aparecen los escudos o los nombres de las instituciones, familias… que los pagaron). Aquello coincidió con la celebración en nuestra ciudad del II Congreso Católico Nacional, y alguien escribió que “El efecto producido excedió a toda ponderación“, y fue ya entonces cuando empezó a conocerse popularmente como Rosario de Cristal.

Carroza del primer Misterio doloroso

En aquella ciudad todavía mal iluminada el efecto de los faroles llevados a hombros, las velas, la música… tuvo que ser deslumbrante. Al día siguiente se leía en la prensa que “Zaragoza, a partir de anoche, tiene razón especial para vanagloriarse de que ensalza a su excelsa Patrona con una solemnidad especialísima, quizá la primera del mundo en su género“. El éxito estaba servido. León Quintana, el dueño de Talleres Quintana y uno de los primeros que introdujo en España la técnica del grabado en cristal, había hecho el negocio de su vida. No sólo por lo que ganó entonces, sino por todos los encargos que llegarían a raíz de aquello, tanto para pequeños pueblos (Híjar y Aniñón, p.ej., tienen sus rosarios de cristal, y también Tauste y otros) como para ciudades más grandes.

Rosario de Cristal en Aniñón, con las luces del pueblo apagadas

En las décadas siguientes se fueron añadiendo nuevas carrozas, muchas de ellas monumentales y cada una con su historia. Para leer el próximo capítulo entrad aquí, y si queréis conocer muchas más cosas relacionadas con las Fiestas del Pilar no os podéis perder las actividades que hemos preparado:

LA QUE MÁS ALTARES TIENE: del Pilar al Museo del Rosario de cristal – Si hay una historia de amor que resista al paso tiempo es la que Zaragoza tiene con la Virgen del Pilar. La prueba de ese compromiso no  es solo el  espectacular edificio que todos conocemos, sino también ese increíble tesoro de nuestro patrimonio que es el Rosario de cristal, una joya única y llena de miles de detalles asombrosos.  ¿Os animáis a descubrir todo esto con nosotros visitando el Pilar y el museo en el que se guardan las carrozas durante todo el año?

Cuándo: 28 y 29 de septiembre a las 11:30

Dónde: Centro de la fachada del Pilar

Precio (entradas incluidas) – 10 € (jubilados y suscriptores del Heraldo 9€ parados con tarjeta de demanda de empleo 6€)

Reservas – Llamando al 976207363 o entrando aquí

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