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Posts Tagged ‘El Atrapamundos’

Este mes de marzo vamos a vivir un acontecimiento extraordinario: un cónclave para la elección de un nuevo Papa. Los cardenales quedarán encerrados “cum clave”, o sea, con llave, dentro de la capilla Sixtina, y allí votarán todas las veces que sean necesarias (supuestamente bajo la inspiración del Espiritu Santo) hasta que haya un elegido, siguiendo un ritual milenario. Por eso hemos pensado que era el momento ideal para acercarnos a conocer algunos los secretos de una institución de casi 2.000 años de historia.

cónclave

¿Desde cuándo hay Papas? ¿Siempre se han elegido así? ¿Todos mueren en el cargo, o había precedentes de “dimisión”? ¿Hay muchos Papas santos, o más bien al contrario? Vamos a contar montones de historias en las que descubriremos casos de ambición, de luchas por el poder, hijos secretos y no tan secretos, como la famosísima Lucrecia Borgia, tramas oscuras, muertes sin aclarar e incluso de una Papisa, la Papisa Juana. ¿Es un personaje real o legendario?

Lucrecia Borgia

Si queréis conocer todas éstas y muchas más historias secretas sobre los Papas, no os podéis perder nuestras cenas de los sábados de marzo. Para ellas hemos preparado un menú de lo más romano:

  • Panzanella (Ensalada de pan toscano, tomate y pimiento)
  • Costrinni di mozarella y guindilla
  • Codillo a la cerveza de Monasterio con setas
  • Torta di mora (Tarta casera de mora)

Y recordad, si sois celíacos, vegetarianos, alérgicos… no tenéis más que decírnoslo y prepararemos un menú diferente para vosotros.

Dónde – Cafetería del Museo del Teatro Romano (Pza. de San Pedro Nolasco)

Cuándo – Sábados 9, 16 y 23 de abril a las 22’00; viernes 5 de abril a las 21’00 y sábado 6 de abril a las 21’30.

Precio – 22 € por persona

Reservas – Llamando al 976207363 o entrando aquí

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Más de un millón de personas se concentran cada Nochevieja en Times Square para dar la bienvenida al nuevo año. ¿Os parecen muchos? La verdad es que no sabemos si el dato es de la organización, del gobierno civil o de los sindicatos, pero en este caso da igual, porque lo que importa es que allí se junta mucha gente, pero mucha, mucha, venida del mundo entero para vivir ese momento en directo. ¿Queréis saber más sobre esta tradición neoyorquina que hoy es mundialmente famosa? Pues seguid leyendo.

“Allá donde se cruzan los caminos…”

Lo primero de todo, ¿dónde está Times Square? Pues en el lugar en que se cruzan Broadway, la séptima avenida y la calle 42 con todos los caminos del mundo. Se forma ahí una gran plaza que hasta principios del siglo XX se llamó de otra manera, pero que cambió cuando en 1904 “The New York Times”, probablemente el periódico más famoso del mundo, instaló aquí sus oficinas.

New York Times Titanic

¿Veis esta foto? Pues muestra la fachada del periódico en los días que siguieron al hundimiento del Titanic: la gente mira atenta a las enormes pizarras en las que se escribían a mano los titulares de última hora a mano. Hoy el “Times” ya no está aquí, pero a cambio tenemos la mayor concentración de luces y pantallas que se pueda imaginar.

Times Square ayer y hoy

Por aquellos años de principios del siglo XX toda esta zona también se convirtió en el corazón del mundo del espectáculo. Los teatros más famosos, los musicales más increíbles, las grandes estrellas del teatro y la canción, leyendas como Judy Garland, Liza Minnelli, Frank Sinatra o Lauren Bacall… Todo ese mundo es el que aparece en una película extraordinaria de 1950, “Eva al desnudo”, que refleja como ninguna el mundo del teatro en Broadway. De 1953 es otra que también me vuelve loco, “Melodías de Broadway“, un inolvidable musical que trata de lo que hay detrás del montaje de una comedia. En ella hay un número extraordinario que cuenta precisamente eso, qué es el espectáculo: “That’s entertainment”.

Hoy Times Square ocupa el 0’1% de la superficie de Nueva York, pero en este pequeño espacio trabajan casi 400.000 personas y se concentra el 11% de la actividad económica de la ciudad (para la que solo esta zona aporta unos 2.100 millones de dólares anuales en impuestos, que se dice pronto). En cualquier caso, Times Square no sólo es conocido por sus espectaculares marquesinas y sus teatros, sino también porque allí tiene lugar cada 31 de diciembre una fiesta multitudinaria para recibir el año. ¿Desde cuándo? Pues desde que en 1904 se trasladó aquí el New York Times. Aquel año ya organizaron una fiesta en este lugar, pero la primera vez que bajó la famosa bola (que fue una idea del director del periódico) fue en la Nochevieja de 2007. Por cierto, ¿queréis verla de cerca?

bola Times Square

Parecía pequeña, ¿verdad? Pues para nada. Más de 3’5 metros de diámetro y casi 6.000 kilos de peso, 2.688 triángulos de cristal y 32.256 lámparas LED. Casi nada, ¿no? Os pongo una foto para que la veáis mejor.

Bola

Desde 1907 ha realizado ese descenso cada año, a excepción de 1942 y 1943, cuando a causa de la Segunda Guerra Mundial la ceremonia fue sustituida por un minuto de silencio seguido de unas campanas. Hoy en día la fiesta comienza a las 17’00, y a las 18’00 en punto la bola sube hasta lo alto de un poste que tiene 23 metros de altura. A las 23’59 algún famoso (el año pasado, Lady Gaga) aprieta el botón y la bola comienza a descender mientras todo el mundo corea la cuenta atrás, que puede verse en todas las enormes pantallas de la plaza. 10, 9, 8. 7, 6, 5, 4,3, 2, 1, 0

Happy New Year

Cuando la bola llega al final del poste, justo a las 00.00 del año nuevo, se enciende un enorme cartel luminoso con el número del año en cuestión. En ese momento, la multitud grita enloquecida y cae una impresionante lluvia de confeti. ¿Confeti? Pues eso es lo que parece a primera vista, pero en realidad…

confeti

En realidad son miles y miles de deseos de gente de todo el mundo. Si estás en Nueva York puedes escribirlo tú mismo, y si no puedes mandarlo por Internet y lo imprimirán (entra aquí si quieres escribirlo ahora). Por cierto, como no podía ser menos en Estados Unidos los famosos también escriben el suyo.

Deseos

Una cuestión importante: todo este despliegue exige muchísima electricidad, ¿no? Pues bien, Duracell (los del conejito que dura y dura y dura) instala unas bicicletas estáticas para que todo el que quiera pueda pedalear y contribuir a producir electricidad para el evento, así que mientras uno está ahí dale que te pego a los pedales contribuye a iluminar el mundo. ¿Os parece bonito, o más bien una ñoñería?

Duracell

Pero no se vayan todavía, que aún hay más. En el momento en que empieza el año todo el que puede se pone a cumplir  con el ritual de besar apasionadamente a su pareja. Y claro, como ya se sabe que en el fragor de la batalla uno pierde el control y se olvida del frío y de que la barba del otro raspa, ahí está Nivea, para repartir miles de barras de cacao. Aquí, como podéis comprobar, nadie da puntada sin hilo y todo el mundo aprovecha para hacerse una buena publicidad, que está la vida muy achuchá. Además, por si alguien hace tiempo que no ve a su pareja y aprovecha este momento tan íntimo para reencontrarse, se instala una “plataforma de besos” para que puedan demostrarle su amor a media Humanidad, recordando a aquel mítico beso de Times Square que fue lo que realmente puso fin a la Segunda Guerra Mundial.

beso Times Square

Y claro, como ya se sabe que en el fragor de la batalla uno pierde el control y se olvida del frío y de que la barba raspa, ahí está Nivea, para repartir miles de barras de cacao. Aquí, como podéis comprobar, nadie da puntada sin hilo y todo el mundo aprovecha para hacerse una buena publicidad, que está la vida muy achuchá. Además, por si alguien hace tiempo que no ve a su pareja y aprovecha este momento tan íntimo para reencontrarse, se instala una “plataforma de besos” para que puedan demostrarle su amor a media Humanidad.

beso Gaga

Aquí tenéis a Lady Gaga besando al alcalde el año pasado (evidentemente ella no es como la española, que “cuando besa, es que besa de verdad, y a ninguna le interesa besar por frivolidad“, sino más bien una fresca y una desahogada, que diría mi abuela), pero hay más. ¿Más? Pues sí, porque hay hasta bodas. ¿Quién querría casarse en medio de todo este follón, con tanto frío y rodeado de cientos de miles de desconocidos? Pues sin ir más lejos hace un par de años lo hicieron estos dos marines que se conocieron en la guerra de Irak. Estuvieron a punto de no poder llegar por la nieve, pero les pagaban todos los gastos de la boda y ya os podéis imaginar que no era cuestión de desaprovechar la ocasión.

Marines

¡Qué majicos y qué enamorados se les ve! En fin, dejemos que disfruten de su amor y nosotros a lo nuestro. ¿Qué, os imaginabais que pasaban tantas cosas a la vez en esta macrofiesta de Times Square? Pues estas y más. Yo no he estado nunca, pero a ver si un año de estos me animo, porque solo hay una forma digna de ser hortera y es serlo a lo grande. Y de eso, de hacer las cosas a lo grande, en Nueva York saben más que en ningún otro sitio.

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La fiesta más increíble de todas las que se celebran en México es el Día de Muertos. Si para nosotros Todos los Santos es una fecha triste y consideramos que visitar los cementerios es una experiencia dolorosa, los mexicanos lo celebran con alegría, porque ese día vuelven del otro mundo todos aquellos a los que tanto quisieron para pasar unas horas con ellos. Y como están encantados les señalan el camino con flores de cempasuchil para que no se pierdan y les reciben como se merecen, con un altar de muertos en el que les dejan su comida y su bebida preferidas, su tabaco, su música… y muchas otras cosas.

día de muertos

¿Qué os parece? Pues hay muchas cosas más: música, comida increíble y de nombres que suenan maravillosamente, papel picado, flores, calaveritas de azúcar… y muchas otras cosas. ¿Sabíais que hay un pueblo en el que cada año todo el mundo limpia cuidadosamente todos y cada uno de los huesos de sus muertos para que estén bien relucientes? ¿O que en las tumbas de algunos narcos hay hasta discoteca? Un mundo tan alucinante y distinto al nuestro que seguro que os fascinará.

Si queréis descubrirlo no os podéis perder nuestra nueva “cena de los jueves”, para la que hemos preparado este estupendo menú (recordad que si sois celíacos, vegetarianos, alérgicos… no tenéis más que avisarnos cuando hagáis la reserva y os prepararemos otra cosa):

  • Boca2 de mole poblano (de pollo ecológico del Cinca y de latón d’a Fueva)
  • Pozole mexicano
  • Tacos dorados con tortilla de maíz
  • Pan de muertos en capirotada de manzana
Cuándo - Jueves 14 y 28 de noviembre a las 21'00

Dónde – Restaurante La Scala (C/ Sanclemente, 4)

Precio – 22 € por persona

Reservas – Llamando al 976207363

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¿Sois de los que creen que un cementerio es un lugar deprimente? ¿O más bien pensáis que son una inyección de vitalidad? Yo estoy cada vez más de acuerdo con la segunda opción, y voy a intentar demostrarlo. Eso sí, hay que reconocer que es cierto que todo en un cementerio nos recuerda que el tiempo pasa, que nada es para siempre y que todo se convertirá “en tierra, en polvo, en humo, en sombra, en nada“, como dijo Góngora. Las tumbas abandonadas, las cruces rotas, las lápidas en las que el musgo oculta el nombre de los que están enterrados allí… Y sin embargo, al menos en teoría, en un cementerio el tiempo se ha congelado a la espera del día del Juicio Final, ese día en que el ángel del panteón de la familia Repullés de la Lata, en el cementerio de Torrero, acabará de bajar la escalera para anunciar que ha llegado la hora de abandonar las tumbas.

Las trompetas convocarán a los muertos, que levantarán la tapa del sepulcro para acudir al Juicio Final en el Valle de Josafat, como en estas pinturas de la pequeña ermita de San Miguel, situada en mitad del minúsculo cementerio de Barluenga, cerca de Huesca.

Pero mientras llega el “Día de la ira”, si es que tiene que llegar, lo cierto es que cada lápida, cada esquela, cada flor que vemos nos cuentan historias que no nos dejan olvidar que la muerte viene en un abrir y cerrar de ojos, “In ictu oculi“, como pintó Valdés Leal en este terrible cuadro del Hospital de la Caridad de Sevilla. En él un indiferente esqueleto apaga con sus dedos descarnados la llama de una vela en un segundo, mientras con la otra mano sujeta la guadaña con la que segará nuestra vida y el ataúd que nos está destinado.

Igual de terrible es este bodegón de Antonio de Pereda que se conserva en el Museo de Zaragoza, y al que le cuadra perfectamente el título de “Naturaleza muerta” que se suele dar a este tipo de pinturas. Tres calaveras nos recuerdan esa frase que aparece en muchas tumbas: “Como te ves, yo me vi. Como me ves, te verás“. Y por si no quedara suficientemente claro, junto a ellas hay un reloj con la llave para darle cuerda. Tic, tac, tic, tac, tic, tac…

Tic, tac, tic, tac, tic, tac… Siempre el reloj para recordarnos que el tiempo nunca se detiene y cada vez nos queda menos, menos, menos, menos, menos… Como ese esqueleto que sale bajo la tumba de Alejandro VII mostrándonos un reloj de arena que lleva en la mano, para recordarnos que nuestro turno también está cerca y que ninguno tenemos ni idea de cuántos granos nos quedan.

O como ese otro que ve Don Juan Tenorio en los últimos instantes de su vida, en el diálogo alucinante que mantiene con la estatua del comendador, Don Gonzalo de Ulloa, a la que él mismo había invitado a cenar (mostrando muy poco respeto por los muertos):

Don Juan ¿Y ese reloj?

Estatua                                Es la medida

                         de tu tiempo.

Don Juan                            ¡Expira ya!

Estatua       Sí, en cada grano se va

                          un instante de tu vida.

Don Juan   ¿Y esos me quedan no más?

Estatua       Sí.

Don Juan          ¡Injusto Dios! Tu poder

                          me haces ahora conocer,

                          cuando tiempo no me das

                          de arrepentirme.

Estatua                                             Don Juan,

                          un punto de contrición

                          da a un alma la salvación,

                          y ese punto aún te lo dan.

Don Juan cogió al vuelo la oportunidad que se le brindó en el último momento, y gracias al amor de Doña Inés se arrepintió de todas las barrabasadas que había hecho justo en el momento en que caía el último grano en el reloj de su vida. Pero como todos tenemos el nuestro, os voy a hablar de otro reloj de arena que, lamentablemente, no os puedo enseñar porque hace tiempo que desapareció. Estaba en el cementerio de Torrero, al pie de esta impresionante escultura:

Estamos en 1907 y Enrique Clarasó, uno de los mejores escultores funerarios que ha habido en España, nos dejó aquí una obra magnífica hecha para la familia Gómez y Sancho (propietaria de un almacén de tejidos que estaba en la calle Manifestación y que cerró hace no mucho): El Tiempo pasa las hojas del libro de la vida.  Un anciano calvo y de larga barba, que mira no sabemos dónde, tiene entre sobre sus rodillas un gran libro cuyas hojas va pasando sin mirarlas siquiera…

Eso sí, las hojas del libro de la vida no se pasan y ya está. ¿Acaso es posible releerlo? No, porque cada minuto que vivimos pasa para siempre, no hay vuelta atrás, y por eso cada hoja que pasa la arruga entre sus manos y la arranca (la haya leído o no), arrojándola al suelo. ¿Queréis ver una de ellas? Pues aquí la tenéis. “Breves son las horas de los hombres“, dice, una cita del libro de Job que nos sigue recordando que el tiempo pasa inexorablemente.

Clarasó se inspiró para esta espectacular escultura en otra no menos impresionante, que casualmente también se hizo para una tumba: el “Moisés“, hecho por Miguel Angel para la del Papa Julio II a principios del siglo XVI. El mismo anciano de largas barbas, la misma torsión del cuerpo, la misma mirada dirigida al infinito… pero contemplando algo distinto. En el caso de Moisés, seguramente el terrible poder de Yahvé después de entregarle las tablas de la ley en el Sinaí, o quizá a los israelitas adorando el becerro de oro; en el caso del Tiempo, quizá esté contemplando la eternidad y le baje un escalofrío por la columna vertebral al darse cuenta de lo que eso significa. Siempre, siempre, siempre, siempre, siempre… sin la consoladora posibilidad de un final.

El Moisés es pura tensión y movimiento, aunque debido a su colocación en la tumba solo podemos verlo de frente y en parte desde los lados. En cambio la escultura de Clarasó está colocada en el centro, de forma que podemos girar alrededor de ella y cada punto de vista nos cuenta nuevas cosas.

¿Cuántas hojas quedan en nuestro libro? ¿Cuántos granos quedaban en el reloj de arena que estaba a los pies de la escultura? No lo sabemos, nadie lo sabe, y por eso cada una de las tumbas que vemos en un cementerio nos está gritando que aprovechemos el tiempo que nos quede, sea mucho o poco, y que disfrutemos de ese inmenso regalo que es la Vida, con mayúsculas. Y por eso los cementerios son una enorme inyección de optimismo, porque uno sale de ellos sintiéndose mucho más vivo que cuando entró y deseando exprimir al máximo las posibilidades de cada segundo. Lo único malo es lo pronto que se nos olvida. ¿O no?

Y si queréis pasar UN OTOÑO DE MUERTE con nosotros, recorriendo el cementerio y muchos otros rincones desconocidos de nuestra ciudad, disfrutando con los versos del Tenorio y descubriendo las historias de los zaragozanos “del otro lado”, tenemos un montón de propuestas para vosotros. Entrad aquí y las encontraréis, o si lo preferís llamadnos al 976207363 y os las contaremos.

Y si queréis leer otros post de nuestro blog dedicados a este tema, aquí os dejo unos cuantos:

Drácula, Don Juan, el Amor y la Muerte

El triunfo de la Muerte… y los nuestros

La Belleza y la Muerte

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Cuenta la tradición que el 2 de enero del año 40 d.C. la Virgen vino a Zaragoza para animar a Santiago (que estaba intentando convertir a los hispanos al Cristianismo, con bastante poco éxito) y trajo una columna de piedra a la que todos llamamos “el Pilar”, que según esa tradición sigue hoy exactamente en el mismo lugar en que lo dejó.

Allá por el siglo XV o XVI se decidió cubrir la columna con un forro de bronce (que es el que se ve en la vieja fotografía de arriba) para protegerla, pues parece que los fieles arrancaban trozos de piedra para llevárselos. Eso sí, se dejó en la parte de atrás un pequeño orificio para que pudieran besar la columna directamente.

En el siglo XVIII se decidió cubrir aquel forro de bronce con otro de plata, mucho más adecuado, que se colocó en 1739. Hay dos, uno que cubre toda la parte de la columna que sobresale por encima del suelo del camarín para los días en los que la Virgen no lleva manto, y otro que se coloca el resto de los días y que llega más o menos a media altura.

En cuanto a los mantos, la tradición de ponerlos también viene de lejos, por lo menos de 1504, aunque no se colocaban como ahora. ¿Veis el cuadro? Pues en él se ve cómo se ponían, tapando la imagen prácticamente hasta el cuello. Fue a mediados del siglo XVIII y parece que por indicación de Ventura Rodríguez (el arquitecto que hizo la Santa Capilla, inaugurada en 1765) cuando los mantos se empezaron a colocar como en la actualidad, a ras con la parte superior de la columna. Desde los años 40 del siglo XX se sujeta el manto a la columna con esta magnífica pieza de plata.

Decíamos que la noticia más antigua que tenemos sobre los mantos es de 1504, y en una catalogación que se hizo en 1577 se dice que había 72. Sin embargo, el más antiguo que conservamos es el del Cabildo, de 1762, que es el que se coloca para el día del Pilar.

¿Cuántos mantos hay hoy? Pues en una catalogación que se hizo en 2003 eran 410, pero tenemos que tener en cuenta que no se han dejado de regalar, con lo que el número sigue aumentando. Los hay de todo tipo, desde los más ricos a los más sencillos, de los regalados por miembros de la familia real a los que dejaron donantes anónimos, de los más tradicionales a los más originales, como uno de ganchillo o el que regaló el Grupo Zaragozano de Papiroflexia, confeccionado con más de 1.500 pajaritas de papel unidas sin pegamento ni celo.

Todos los mantos tienen la misma forma y dimensiones, para colocarse encima de un portamantos sujetos con cintas. En cuanto a los colores, se intenta que se adapten a los colores litúrgicos: blancos, verdes, morados, azules o rojos. Se cambian cada día (como se ve en la foto de abajo), y algunos días más de una vez. Eso sí, muchos de ellos tienen días concretos, en relación con la festividad que se celebra, con el donante que lo regaló o, como decíamos antes, con el color litúrgico que corresponda.

El manto se ve como algo unido indisolublemente a la imagen que tenemos de la Virgen del Pilar, tanto que al acto de presentar a los niños a la Virgen (algo muy habitual, hasta que hacen la primera comunión) se le llama tradicionalmente “pasar por el manto“. Son los infanticos los encargados de acompañarlos, como se ve en esta foto.

Esa proximidad del manto a la columna y a la Virgen del Pilar hace que se les atribuya cierto carácter “milagroso”. Todavía hoy se puede ver en algunas esquelas la frase “Murió bajo el manto de la Virgen del Pilar“, aunque hoy es un privilegio que tienen los caballeros y damas de la Corte de Honor de la Virgen y algunas personalidades (el papa Juan XXIII, por ejemplo, o Alfonso XIII, que murió en Roma bajo el manto que envió el Cabildo, que lo volvió a mandar años después a Lausanne cuando murió la reina Victoria Eugenia). De hecho, ya a principios del siglo XVII las peticiones de mantos para los enfermos eran tan abundantes que se crearon las “medidas de la Virgen“, las famosas cintas, cuya función era precisamente esa, suplir al manto a la hora de la muerte.

Las cintas miden 36’5 cm, exactamente la altura de la imagen de la Virgen. La primera noticia que tenemos de ellas es de 1621, en un documento en el que los Jurados de Zaragoza prohiben a mercaderes y ciudadanos la comercialización de esas medidas, reservando ese derecho exclusivamente al Cabildo zaragozano bajo pena de 60 sueldos jaqueses. No sabemos cómo serían entonces, pues la imagen que vemos aquí arriba corresponde al aspecto que tenían en el siglo XIX. Hoy son algo distintas y se hacen en once colores diferentes, siendo enormemente populares.

Por cierto, ¿por qué hay veces que la Virgen del Pilar no lleva manto? Pues muy sencillo: todos los días 2, 12 y 20 no lo lleva. El 2, porque según la tradición la Virgen vino a Zaragoza el 2 de enero del año 40 d.C. El 12, porque la dedicación del templo fue un 12 de octubre. Y el 20, porque la coronación canónica de la Virgen del Pilar fue un 20 de mayo. Así pues, todos los 2, 12 y 20, excepto el 2 de enero, el 12 de octubre y el 20 de mayo se puede ver la columna, o más bien el forro de plata que la cubre.

Además de todo lo que hemos dicho, una vez al año la Virgen luce un manto de lo más especial, hecho de millones de flores llevadas por cientos de miles de personas. ¿Veis el cartel de fiestas de arriba? De alguna manera ya se ve en él la idea de la Ofrenda de flores, aunque esta no nacería hasta ocho años después, en 1958.

Os dejo una foto de la primera Ofrenda de flores. En ella participaron 2.000 personas y el Ayuntamiento regaló las flores (seguiría haciéndolo, en parte, hasta 1986). Con ellas se “tejió” un manto multicolor, que seguiría siéndolo durante más de medio siglo. Sobre él se colocó, prácticamente desde el principio, la cruz de Lorena, un símbolo elegido por el hospital Royo Villanova (que entonces se conocía como “el Cascajo”) por ser desde mucho tiempo antes el símbolo de la “cruzada” contra la tuberculosis. En aquellos años la hacían los enfermos, y como no podían salir (los tratamientos antituberculosos duraban incluso dos años por aquel entonces) era la Reina de Fiestas la que iba a recogerla, y luego la entregaba. Hoy son los trabajadores del hospital los que la traen.

La Ofrenda fue el primer acto verdaderamente popular de las fiestas, y ha llegado a alcanzar unas dimensiones enormes (algunos años han pasado casi medio millón de personas y se han utilizado unos diez millones de flores). Hoy es  el acto  central de las fiestas y su imagen es reconocible en medio mundo. La inmensa pirámide de flores que se coloca en la plaza del Pilar, coronada por la Virgen con un manto confeccionado con claveles y gladiolos blancos, sobre los que la cruz roja destaca enormemente, está en las retinas de millones de personas desde hace unos 25 años, que es cuando empezó a convertirse en tradicional la utilización de un color perfectamente adecuado para una fiesta de la Virgen.

Si queréis conocer esta y muchas otras historias, no os podéis perder las actividades que hemos preparado para descubrir las TRADICIONES DE LAS FIESTAS DEL PILAR durante estas fiestas. Entrad aquí y encontraréis toda la información.

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En algunas ciudades el santo patrón es la excusa para celebrar las fiestas, y poco más. En Zaragoza, sin embargo, la situación es completamente diferente. La Virgen del Pilar es la protagonista absoluta de las fiestas, debido a la larguísima historia de amor que tiene con los zaragozanos, y las tradiciones que tienen que ver con ella son absolutamente multitudinarias. ¿Queréis conocer su origen, descubrir cómo han sido en otras épocas y cómo han evolucionado…? 

farol-del-pilar

Os proponemos una actividad en la que vamos a descubrir las historias y secretos del Pilar, las tradiciones que tienen que ver con las fiestas, visitando también el Museo del Rosario de Cristal, para descubrir los increíbles detalles de esa espectacular joya de nuestro patrimonio. Aquí os dejo todos los datos:

Cuándo – 27 y 28 de septiembre a las 11’00

Donde – Centro de la fachada del Pilar

Precio (entradas incluidas) – 10 €  (jubilados, 9 €; parados, 6 €)

Reservas – Llamando al 976207363 o entrando aquí

Y además, también relacionado con las fiestas del Pilar, Un viaje a la Zaragoza de “Gigantes y cabezudos”. En 1898 se estrena Gigantes y cabezudos, una zarzuela que hizo reír y llorar a España entera. La zarzuela se ambienta en plenas fiestas del Pilar, y como ya se aproximan os proponemos recorrer sus escenarios, conocer la ciudad de 1898 y, si os animáis, cantar alguno de los fragmentos más famosos. Si queréis saber más entrad aquí.

 

Si queréis ir leyendo más sobre las tradiciones de las Fiestas del Pilar, aquí os dejo algunos posts de nuestro blog (en los próximos días, iremos colgando más):

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Continuamos con las cenas en el Palacio Arzobispal, y para las próximas semanas hemos elegido un tema que nos encanta: las tradiciones de las fiestas del Pilar. ¿Desde cuándo la Virgen del Pilar es patrona de la ciudad, y por qué? ¿Qué representa la comparsa de Gigantes y Cabezudos? ¿Cómo nació la Ofrenda de Flores? ¿Y el Rosario de Cristal? Muchas veces se nos olvida que nuestras fiestas son un fantástico conjunto de tradiciones que han ido creciendo a lo largo del tiempo para convertirse en lo que son hoy. manifestaciones multitudinarias que forman parte de los recuerdos y las vivencias de cada uno de nosotros. Si queréis saberlo todo sobre ellas… ¡os esperamos!

Como ya va haciendo fresco, la cena será en la sala de exposiciones del Museo Diocesano. Os dejo el menú, pero recordad que si sois vegetarianos, celíacos, alérgicos… solo tenéis que decírnoslo al reservar y os prepararemos otra cosa.

  • Migas al estilo aragonés con longaniza y uva

  • Bacalao con verduritas

  • Tarta selva negra con base de natilla

 

Cuándo – Viernes 3 y 10 de octubre a las 21’00

Dónde – Patio del Palacio Arzobispal (la cena tendrá lugar en la sala de exposiciones)

Cuánto – 30 € por persona

Reservas – Llamando al 976207363 o entrando aquí

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