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Posts Tagged ‘Despertadores’

¿No habéis tenido nunca la sensación de que hay minutos que duran mucho más que otros? Yo lo pienso siempre en los momentos antes de “Romper la Hora”, cuando me encantaría que el tiempo se detuviese. ¿Por qué? Pues no lo sé, pero esos minutos justo antes de las doce de la noche del Jueves Santo, en Híjar, son de felicidad plena, absoluta y total. Son los que preceden a algo que espero durante todo el año, que me emociona más que casi ninguna otra cosa. Durante un año entero me gustaría que el reloj se acelerara para que el Jueves Santo llegase cuanto antes, pero justo en esos minutos en los que todo está a punto de empezar… me gustaría que el tiempo se estirase como si fuera un chicle para disfrutar un poco más de la ansiedad de la espera. ¿Por qué? Voy a intentar contároslo, aunque ni yo mismo lo sé.

Vayamos por partes: ¿qué significa esa expresión tan peculiar de “Romper la Hora”? En Híjar nunca he oído a nadie decir ni rompida ni cosa similar, sino “Romper la Hora”, algo mucho más contundente y expresivo. Se refiere a lo que ocurre en el preciso momento en que empieza el Viernes Santo, décimas de segundo después de la medianoche, cuando a una señal del alcalde cientos de tambores y bombos empiezan a tocar a la vez y rompen esa hora en mil pedazos.

Dos horas antes la gente empieza a coger sitio en los porches (en el centro de la plaza solo pueden estar los que van a tocar). A las once y pico empiezan a aparecer los primeros tambores y bombos y, poco a poco, una marea negra va cubriendo todo el espacio del centro de la plaza y los porches y balcones se llenan hasta reventar (el espacio, como el tiempo, también es elástico a veces). Cuando faltan muy pocos minutos para las 12 el alcalde baja del Ayuntamiento y se abre paso entre la multitud hasta llegar a la farola que hay en el centro de la plaza. En ese momento se hace un impresionante silencio, más impresionante aún si tenemos en cuenta la cantidad de gente que hay en esa pequeña plaza. Y son esos segundos los que a mí me ponen los pelos de punta, porque el tiempo se vuelve lento, increíblemente lento y espeso, y busco con la mirada a la gente que quiero, a mis padres que están por los porches o en algún balcón, a mis hermanas, que no estarán muy lejos, a Juan, a Pilar… y a mi abuelo, sobre todo a mi abuelo, que ya no está pero que en ese momento está a mi lado, con su tambor, como siempre.

Mi abuelo Antonio

¿Entendéis ahora por qué me gustaría que esos momentos fuesen eternos? Porque el abuelo está otra vez ahí, conmigo, como cuando era pequeño, y me cuida como me ha cuidado siempre. Y porque miro a mi alrededor y las caras son de felicidad, de una alegría contenida, nerviosa, con montones de sentimientos que se entrecruzan por todas partes. Esos segundos son… eléctricos. Y cuando toda esa tensión acumulada se libera… es una explosión inigualable, de dimensiones cósmicas, y os aseguro que no es una exageración eso de que la tierra tiembla. ¿Queréis verlo? Pues pinchad aquí e id hasta el minuto ocho y medio, más o menos. Eso sí, para sentirlo hay que estar allí y dejarse envolver por el sonido y los sentimientos que brotan de él.

¿Por qué se hace algo así? Es probable que hayáis oído alguna vez que se intenta imitar a los elementos que se desataron en el momento de la muerte de Cristo, cuando la cortina del templo se rasgó, la tierra tembló… Es posible, no lo sé. Hay muchas fiestas en las que se hace ruido para espantar algo, sean los malos espíritus, la noche o el propio miedo. A lo mejor tiene algo que ver con eso, o a lo mejor no. ¿Sabéis una cosa? Hace ya un tiempo que me di cuenta de que es lo de menos. Lo importante de verdad es que, cada uno con sus motivaciones, lo sigue haciendo. ¿Por qué? ¿Sólo porque se ha hecho siempre y porque lo hacen (casi) todos? ¿Creéis que eso sería motivo suficiente? Yo creo que no. ¿Porque es algo que sale en la tele y eso nos hace sentirnos orgullosos? Todo eso es importante, por supuesto, pero no es suficiente para explicarlo. Yo pienso que la clave está en que es una fiesta en el sentido antiguo de la palabra, de cuando no todos los días eran iguales y había en el calendario momentos excepcionales que iban marcando el ritmo de la vida, como los puntos y las comas en una frase. Momentos en los que de alguna manera inexplicable se conecta con nuestros antepasados y con nuestros descendientes en un solo segundo mágico, fugaz pero absolutamente real. Una fiesta en la que, precisamente por eso, cada uno sabe que ni puede ni debe estar en otro sitio que en el que está, porque hacerlo sería traicionar a los tuyos y romper una cadena de la que tú eres un simple (e imprescindible) eslabón.

Había un lugar al que los antiguos griegos llamaban “omphalos“, “ombligo”, el centro del mundo. Pues bien, por un momento esa farola es exactamente eso, y el tiempo que se había detenido de pronto empieza a girar alrededor de ella a una velocidad tan vertiginosa que lo arrastra todo. El alcalde, que durante un largo instante había sido el centro de todas las miradas, se pierde entre la multitud y cada uno se convierte en el verdadero protagonista de algo que se hace entre todos y que al mismo tiempo es rabiosamente individual, porque se toca con los demás y a la vez concentrándose en uno mismo. No sé cómo explicarlo, pero probablemente lo que quiero decir es que la impresión que puede tener un espectador es que, habiendo tantos, si uno falta no pasa nada, pero la que se tiene desde dentro es que si uno falta algo falla. Como en una orquesta, supongo, aunque no tiene nada que ver. ¿O sí? No lo sé.

¿Cuánto dura esto? Media hora, una hora… poco a poco las cuadrillas empiezan a abandonar la plaza y a dispersarse por las calles del pueblo llenándolo todo de un sonido atronador. Queda mucha Semana Santa por delante, pero son momentos en los que parece que se quiera beber a tragos algo que uno ha esperado mucho. Ya vendrán momentos para la calma, para disfrutar, para todo… incluso para el silencio, pero eso será un poco después, cuando a las dos de la mañana empiece una procesión absolutamente especial y única: “Los despertadores“. Pero eso… os lo cuento en el siguiente post. Eso sí, si queréis vivir en directo todo esto este año tenéis una estupenda oportunidad, porque hemos organizado una excursión para Romper la Hora en Híjar (este año será el 2 de abril). Si queréis saber más entrad aquí, y para reservar llamadnos al 976207363.

Está claro que la Semana Santa española no puede ser más variada y peculiar, ¿no? En las próximas semanas seguiremos contando historias sobre la Semana Santa insólita, pero si queréis conocer muchas más aquí os dejo el programa que hemos preparado (entrad aquí para encontrar toda la información):

  • 14 y 22 de marzo – NOS VAMOS DE EXCURSIÓN: el Calvario de Alloza y mucho más
  • 21 y 28 de marzo – CENAS EN PALACIO: Semana Santa insólita
  • Del 30 de marzo al 2 de abril – TRAS TUS PASOS: Rutas para descubrir la Semana Santa de Zaragoza en la calle
  • 2 de abril, Jueves Santo – NOS VAMOS DE EXCURSIÓN: Romper la hora en Híjar
  • 4 de abril – NOS VAMOS DE EXCURSIÓN: Sábado Santo en Alcañiz

 

Y si queréis seguir leyendo, aquí os dejo unos cuantos posts de nuestro blog sobre el tema:

Salamanca, el “padre putas” y el Lunes de Aguas

El entierro de Genarín en León

El besapié de Jesús de Medinaceli en Madrid

Los “picaos” de San Vicente de la Sonsierra

Sevilla y el viacrucis de la Cruz del Campo

Un Cristo heroico en Zaragoza

Domingo de Ramos en Elche

La luna y la Semana Santa

El juego de las caras en Calzada de Calatrava

Híjar, la familia y la tradición

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¿Sabías que la Semana Santa y los juegos de azar tienen mucha más relación de lo que parece? ¿No te lo crees? Vámonos para Calzada de Calatrava (Ciudad Real), el pueblo de Pedro Almodóvar. ¿Habéis oído hablar del juego de las caras? Pues cada Viernes Santo tiene lugar allí una especie de timba multitudinaria en la que cientos de miles de euros cambian de mano. ¿Os parece inapropiado convertir el pueblo en un casino en plena Semana Santa? Pues para nada, porque la cosa tiene antecedentes de lo más prestigiosos que se remontan nada menos que al primer Viernes Santo. ¿O es que no os acordáis que los romanos despojaron a Jesús de sus vestiduras y se las jugaron a los dados?

Cristo con los instrumentos de su pasión

A finales de la Edad Media, en un mundo en el que se identifica a cualquier personaje importante por su escudo, sus armas, se empieza a pensar cuáles serían las de Cristo y se llega a una conclusión claro: los instrumentos de su pasión. Al principio aparecen la cruz, la corona de espinas, la columna a la que fue atado para flagelarlo… pero pronto se multiplican y podemos encontrar al gallo (“Antes de que el gallo cante dos veces tú me habrás negado tres“, le dijo Jesús a Pedro), la bolsa de las 30 monedas que cobró Judas por su traición, la lámpara con la que iluminaron el camino los soldados que subieron a prenderle al monte de los olivos, la escalera para subir a la cruz… y también su túnica y los dados con los que se la jugaron. ¿Los veis en esta imagen? Os pongo otra en la que también se pueden apreciar perfectamente:

A los pies de Cristo, en el suelo, hay una túnica roja, y sobre ella los dados. Podríamos ver montones de imágenes más en las que aparecen (por cierto, dados ya tenían los romanos, incluso trucados), pero sólo os pongo otro: la cruz de guía de la Hermandad del Gran Poder, en Sevilla:

¿Dónde están la túnica y los dados?

Con esto queda claro que está más que justificado jugar en Viernes Santo, ¿no? Al fin y al cabo lo que se hace es recordar un episodio concreto de la pasión de Cristo (hay otra hipótesis, que recuerda que Judas se jugó las treinta monedas que cobró por entregar a Cristo). Ahora bien, en Calzada de Calatrava no juegan con dados, sino con monedas de época de Alfonso XII (que llevan la cara del rey, claro, y de ahí el nombre del juego). Dos monedas, concretamente.

La gente forma corros en las calles y en alguno locales del pueblo. En esta imagen vemos uno en el Casino Círculo Agrícola, en donde están los que mueven más dinero y por lo tanto generan mayor expectación a su alrededor.

La mecánica del juego es sencilla. Por un lado está la banca, por otro los apostantes (llamados “puntos”) y por otro el “baratero”, que organiza y controla para que todo discurra con normalidad. Este comienza pintando un gran círculo en el suelo y empieza el juego. Cada “punto” hace una apuesta (dejando el dinero dentro del círculo), la banca la cubre obligatoriamente y se lanzan las dos monedas al aire. ¿Que salen caras? Todo para la banca. ¿Que salen cruces? Cada apostante se lleva lo que había puesto y otro tanto, puesto por la banca. ¿Que sale cara y cruz? Se vuelve a tirar. ¿Que la banca se arruina? Pues uno de los “puntos” la sustituye, y no pasa nada. Lo impresionante del asunto no son sólo las cantidades que se mueven, sino que todo el mundo juega, mucho o poco, y vienen gente de toda España a jugar también, todo el Viernes Santo sin interrupción hasta que empieza la procesión del Santo Entierro. Eso sí, se pierda o se gane el ambiente es cordial, el que gana invita y cuando por la noche unos preguntan a otros cómo les ha ido todos dicen que se han quedado en paz. “Nos ha tocao salud“, como el día de la lotería de Navidad.

Parece increíble, pero hay gente que ahorra todo el año para este día, y por lo visto los cajeros automáticos de Calzada de Calatrava se tienen que reponer varias veces a medida que avanza el Viernes Santo. Los hay que vienen de Madrid y antes de empezar a jugar llenan el depósito del coche, para poder volver aunque se queden sin blanca. ¿Queréis verlo? Pues os dejo este reportaje para que os quede completamente claro cómo funciona.

Está claro que la Semana Santa española no puede ser más variada y peculiar, ¿no? En las próximas semanas seguiremos contando historias sobre la Semana Santa insólita, pero si queréis conocer muchas más aquí os dejo el programa que hemos preparado (entrad aquí para encontrar toda la información):

  • 14 y 22 de marzo – NOS VAMOS DE EXCURSIÓN: el Calvario de Alloza y mucho más
  • 21 y 28 de marzo – CENAS EN PALACIO: Semana Santa insólita
  • Del 30 de marzo al 2 de abril – TRAS TUS PASOS: Rutas para descubrir la Semana Santa de Zaragoza en la calle
  • 2 de abril, Jueves Santo – NOS VAMOS DE EXCURSIÓN: Romper la hora en Híjar
  • 4 de abril – NOS VAMOS DE EXCURSIÓN: Sábado Santo en Alcañiz

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Romper la Hora en Híjar

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¿Nunca os habéis preguntado por qué la cerveza Cruzcampo se llama así? ¿Y por qué en Sevilla hay una casa dedicada al mismísimo Poncio Pilatos? Y puestos a buscar respuestas, ¿qué fue del gallo que cantó cuando Pedro negó tres veces a Cristo? Pues si tenéis un poco de paciencia hoy vais a descubrir todo eso y alguna otra curiosidad sevillana relacionada con los orígenes de la Semana Santa. Pero para eso nos vamos a ir hasta la espectacular Casa de Pilatos, donde hay unas cuantas cosas de lo más interesantes.

Fachada de la Casa de Pilatos, con la primera estación del viacrucis a la izquierda de la puerta

Para empezar, ¿por qué se llama así esta casa que hoy pertenece a los Duques de Medinaceli? Pues aunque me encanta que muchos sevillanos digan que Pilatos se alojaba aquí cuando venía a Sevilla a pasar la Semana Santa, mucho me temo que no puede ser esa la razón. En realidad la cosa no viene de tan lejos, sino de unos 500 años atrás, década arriba, década abajo. Resulta que allá por 1518 al primer marqués de Tarifa le dio por hacer un viaje a Tierra Santa, toda una aventura teniendo en cuenta cómo estaban las cosas por aquel entonces con los turcos. El hombre no sólo escribió un diario titulado “De Sevilla a Jerusalén” y se dedicó a contar sus andanzas a todo el que las quiso oír, sino que a la vuelta amplió la casa, incluyendo en la decoración algunos de los “souvenirs” que se había traído.

¿Os suena este gallo?

En la escalera, por ejemplo, hay un cuadrito con un gallo pintado detrás de una reja, se supone que para que no se escape. Y detrás del cuadro, que en realidad es una puerta… una urna con unas cenizas. ¿Os estáis imaginando qué puede ser? ¿No? Pues abrochaos los cinturones, porque nos vamos de viaje al primer Jueves Santo. Jesús y los apóstoles se van a rebajar la cena dando un paseo hasta el monte de los olivos. Los apóstoles se duermen, Jesús se agobia (“Padre, aparta de mí este cáliz“), Judas llega con los soldados a prender a Jesús y en un momento se arma la marimorena, a Pedro le sale el pronto ese que le pierde y le corta la oreja a Malco (no preocuparse, Jesús se la vuelve a poner en su sitio en un pispás). En fin, resumiendo, que los soldados se llevan a Jesús a casa de Anás, y luego de a la de Caifás. Y aquí es donde queríamos llegar. Ya en la cena Jesús le había dicho a Pedro: “Antes de que el gallo cante dos veces tú me habrás negado tres”. Hala, ahí queda eso. “¿Yooooooooooooooo? Imposible, pero imposible de toda imposibilidad”. Más le valía haberse callado al pobre, porque si tres le preguntaron en el patio de la casa de Caifás que si conocía a Jesús, a los tres les dijo lo mismo: “¿Yoooooooooooooo? Yo pasaba por aquí, de verdad de la buena”. El miedo es muy malo, y todos hubiéramos hecho lo mismo, no nos engañemos. El caso es que a la tercera va la vencida, y nada más contestar Pedro… el gallo cantó. El sofocón que se llevó el pobre hombre él sólo lo sabe.

Paso de misterio de “Las negaciones de San Pedro”, de la hermandad del Carmen Doloroso (Sevilla)

Pero lo mejor viene ahora. ¿Qué fue del gallo? Siempre nos olvidamos de los personajes secundarios de las historias, pero de éste en concreto… algo sabemos. Y lo que sabemos es que no acabó guisado, sino incinerado. Sí, sí, lo que os cuento. Y lo sabemos porque resulta que mil quinientos y pico años se lo vendieron al Marqués de Tarifa, que se lo llevó para Sevilla. ¡¡¡Las cenizas del gallo!!! Repito: ¡¡¡LAS CENIZAS DEL GALLO!!! Sí, sí, hasta con negrita si hace falta: ¡¡¡¡LAS CENIZAS DEL GALLO!!!! No pongáis esa cara de incredulidad, gente de poca fe, que parece que tenéis alguna duda sobre su autenticidad. Si vais a la casa de Pilatos podréis ver el cuadro (las cenizas no las enseñan, que yo sepa), y si estáis en Sevilla un Miércoles Santo (cosa absolutamente recomendable) podréis ver en la calle a la hermandad del Carmen Doloroso con su paso de misterio representando “Las negaciones de San Pedro”, con gallo incluido, claro.

Aquí tenéis el gallo, por si lo dudabais

La cuestión es que el marqués aún se trajo más recuerdos y uno de ellos lo instaló en la capilla del palacio, dedicada a la flagelación. ¿Que por qué se llama así? Pues fijaos en la foto a ver si lo descubrís.

¿Veis algo de particular?

¿Veis la columna que hay en el centro? Pues parece que en su interior se guarda un pequeño fragmento de la auténtica columna a la que Cristo fue atado cuando le flagelaron en el palacio de Pilatos. Qué, ¿empezáis a entender por qué la casa se llama así? La capilla quería reproducir la estancia en la que tuvo lugar aquel episodio.

Paso de misterio de la hermandad de las Cigarreras de Sevilla, con “La flagelación de Cristo”

En 1521, recién vuelto de su viaje, el marqués de Tarifa decide organizar un viacrucis que empezara en su casa (concretamente en la capilla) y fuera por las calles del barrio. Ahora bien, ¿qué es exactamente un viacrucis? Hacía siglos que había surgido en Tierra Santa la costumbre de repetir el camino que había hecho Cristo desde que fue condenado en el palacio de Pilatos hasta que es depositado en el sepulcro. No se sabe cuándo aquel recorrido se dividió en las 14 estaciones que conocemos hoy, pero es posible que tuviera algo que ver con los franciscanos, que desde el siglo XIV eran los custodios de los Santos Lugares. La cuestión es que ir hasta Tierra Santa era complicadísimo entonces (el viaje duraba años, los turcos…), así que para que el rezo del viacrucis fuera accesible a todos se empezaron a marcar las estaciones dentro de las iglesias o por la calle, se crearon los “calvarios” (de los que hablaremos otro día), se hicieron “reproducciones” de los santuarios de Jerusalén… y en el caso de Sevilla el marqués de Tarifa organizó un viacrucis “urbano”, que diríamos hoy.

La Cruz de las toallas (en la capilla de los Negritos) y la que hay en la fachada de la casa de Pilatos

La Cruz de las toallas (en la capilla de los Negritos) y la que hay en la fachada de la casa de Pilatos, primera estación del Viacrucis

Inicialmente el recorrido empezaba en la capilla y se abría con la cruz de las toallas (que pertenece a la Hermandad de los Negritos y se conserva en su capilla), pero en 1630 se hizo en la fachada este retablo que fue el nuevo punto de partida. Con el tiempo sufrió algunas modificaciones, para llegar a medir exactamente 1321 pasos, que era la distancia que separaba el pretorio de Pilatos del Calvario. Y si en un extremo está la casa de Pilatos, al otro se trasladó un templete que ya existía y que se conocía como la Cruz del Campo.

Templete de la Cruz del Campo

Aquel lugar estuvo en el origen de la Semana Santa sevillana, pues hasta que en 1604 el cardenal Fernando Niño de Guevara estableció que todas las cofradías hicieran su estación de penitencia a la catedral (las de Triana, de momento, a Santa Ana) muchas iban a la Cruz del Campo. En 1873 aquel viacrucis se dejó de hacer, pero en 1957 se quiso retomar la idea y en cada una de las estaciones se hicieron pequeños retablos de cerámica que representan algunas de las imágenes más conocidas de las cofradías sevillanas. Recientemente se ha restaurado el templete, como podéis ver en la foto. Y por cierto, ¿os acordáis de la primera pregunta que planteábamos? Pues bien, supongo que ya os imagináis por qué la cerveza Cruzcampo se llama así, ¿no? Pues claro, porque la fábrica original está justo al lado. Como veis, todo, todo, todo tiene relación.

Está claro que la Semana Santa española no puede ser más variada y peculiar, ¿no? En las próximas semanas seguiremos contando historias sobre la Semana Santa insólita, pero si queréis conocer muchas más aquí os dejo el programa que hemos preparado (entrad aquí para encontrar toda la información):

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Cada Jueves Santo por la noche tiene lugar en León una procesión alucinante que no tiene nada que ver con la imagen de sobriedad que tenemos de la Semana Santa castellana: el entierro de Genarín. Para unos, puro surrealismo delirante. Para otros, una herejía de mucho cuidado y una burla de lo más sagrado. Los hay que piensan que es una expresión de libertad, otros lo ven como una tradición con mayúsculas y muchos como una grandísima concentración de borrachos. ¿Qué es realmente? Pues un poco todo eso y seguramente mucho más, pero antes de nada veamos un resumen de lo que esa noche se vive en León para empezar a formarnos una opinión. Si después de verlo consideráis que lo que hay aquí puede herir vuestra sensibilidad… podéis seguir leyendo, pero luego no digáis que no estabais advertidos.

Lo primero de todo: ¿quién era Genarín? Pues un leonés feo, pequeñete, pícaro, borracho, jugador y putero, hablando mal y pronto. Conocido por toda la ciudad, pasaba el día yendo de taberna en taberna jugando al mus, bebiendo vino y comiendo, cuando venían bien dadas, un trozo de pan, queso y una naranja. Eso de día, pero de noche… en cuanto el sol caía los pies le llevaban hacia el barrio de San Lorenzo, lo peor (o lo mejor, según quién lo cuente) de León, donde estaban la taberna del Tuerto, el figón de la tía Casilda, la tasca de la Maldades, la cantina del Carabina, el burdel de Doña Francisquita y el de la Bailabotes… que Genarín recorría con la misma devoción que si fueran las estaciones del Vía Crucis, o más.

Genarín en su paso, seguido de sus devotos y de la Muerte

¿Y qué tiene que ver alguien así con la Semana Santa? Pues para su desgracia, mucho, pues murió la noche del Jueves Santo de 1929 atropellado por el primer camión de la basura que hubo en la ciudad (conocido como “la Bonifacia“), mientras hacía sus necesidades junto a la muralla. Antes de eso la última tasca que visitó fue la del Esteban, en cuyo lugar hay hoy un solar en el que dicen que han visto el espectro de un hombrecillo con una botella de orujo en la mano. El caso es que de allí fue andando (de lado a lado de la calle, imaginamos) hasta el lugar de su “martirio”.

Cubos de la muralla de León

Allí quedó muerto, al pie de la tercera torre de la muralla, y poco después se lo encontró la Moncha, una de las pupilas de Doña Francisquita (dueña del burdel más famoso de la ciudad, de calidad más que probada) a la que un ricachón puso casa de querida en la carretera de los Cubos (llamada así por los cubos o torres de la muralla junto a la que cayó nuestro héroe). Vaya usted a saber por qué, aquella mujer llevaba en la mano un periódico con el que piadosamente tapó su cara. Cuál no sería su sorpresa al ver que el rostro de Genarín había quedado impreso en él. Os va sonando todo, ¿no?

Paso de La Moncha

Cuentan sus devotos que el primer milagro de Genarín fue, precisamente, la conversión de la Moncha, que a raíz de aquel susto debió ponerse a reflexionar (“polvo somos“, “que me pille confesada” y todo eso) y dejó la profesión que tan popular la había hecho, volviéndose para su Lugo natal. Luego vendrían al menos otros tres, tan discutibles e inverosímiles como ciertos, según dicen sus devotos.

Esquela de Genarín en la que se nos cuentan algunos datos curiosos, como que era viudo, tenía cuatro hijos y una de sus hermanas era monja

Lo normal hubiera sido que el recuerdo de Genarín se perdiera rápidamente, pero… ahí está la labor de los cuatro evangelistas: Nicolás Pérez “Porreto” (árbitro de fútbol), Eulogio “el gafas” (taxista de profesión, coplero de devoción), Luis Rico (hombre de buena familia que dilapidó su fortuna en juergas con los amigotes) y Francisco Pérez Herrero (poeta), que ya al año siguiente decidieron rendirle homenaje reuniéndose en la Plaza del Grano y recorriendo las tascas y burdeles que Genarín acostumbraba a visitar. A partir de ahí nacería el mito, que se fue enriqueciendo con historias y más historias que los devotos del culto genariano cuentan y analizan detenidamente entre copa y copa de orujo.

Cabezudos que representan a los cuatro evangelistas en la procesión

Aquel sentido homenaje de cuatro amigos rápidamente se convirtió en una gran manifestación popular, que dio lugar incluso a la “Cofradía de Nuestro Padre Genarín“, que todavía existe (para formar parte de ella sólo tienes que entrar aquí, y para oír hablar a su hermano mayor aquí).

Inexplicablemente (dada la escasa permisividad de nuestra dictadura) hasta 1957 no tuvieron problemas con la celebración, pero aquel año se prohibió y no se recuperaría hasta la llegada de la democracia. Para entonces sólo quedaba vivo uno de los evangelistas, pero consiguió darle al entierro el suficiente impulso como para que llegara hasta hoy en un excelente estado de salud, convertido en una fiesta multitudinaria en la que “casualmente” todo parece una parodia de la Semana Santa de toda la vida. Para empezar, el ritual empieza con la “Santa cena” de los miembros de la cofradía en la que se recibe a los nuevos cofrades con abundante orujo y con las sagradas palabras que se repetirán durante toda la noche:

…Y siguiendo sus costumbres
que nunca fueron un lujo,
bebamos en su memoria
una copina de orujo.

Ya pasada la medianoche los cofrades se dirigen hasta la Plaza del Grano, y en medio de una multitud de unas 15.000 personas comienza la procesión, con los pasos correspondientes: la Cuba (en el que van las ofrendas), la imagen de Genaro, la Muerte y la Moncha, además de los cuatro cabezudos que representan a los evangelistas. Antorchas, versos, abundantes brindis con orujo y un recorrido que termina en el mismo lugar en el que murió Genarín, donde el “Hermano Colgador” trepará la muralla en la que depositará las ofrendas: queso, pan, naranjas, una corona de laurel y, cómo no, una botella de orujo.

Panorámica de la procesión

Todo esto ha dado lugar a libros (el más famoso, el de Julio Llamazares titulado “El entierro de Genarín. Evangelio apócrifo del último heterodoxo español“, una película (“Bendito canalla“), versos e incontables páginas de periódico escritas a partes iguales por defensores y detractores de tan pintoresca tradición. Porque nos podrá gustar más o menos, pero lo que nadie puede discutir es que hoy es una auténtica tradición, con los 75 años de vida cumplidos, rituales que se repiten año a año, un auténtico éxito de participación… en fin, una muestra evidente de que en la Semana Santa española también cabe la heterodoxia.

Está claro que la Semana Santa española no puede ser más variada y peculiar, ¿no? En las próximas semanas seguiremos contando historias sobre la Semana Santa insólita, pero si queréis conocer muchas más aquí os dejo el programa que hemos preparado (entrad aquí para encontrar toda la información):

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A este que escribe hay pocas cosas que le gusten más que la Semana Santa (yo aún diría más: ninguna), así que a lo largo de este mes os iré contando en este blog historias tanto de la Semana Santa más conocida como de la más insólita, porque tradiciones las hay para todos los gustos. Y para demostrarlo he decidido empezar por el final, o sea, no por la Semana Santa sino por el día después: el Lunes de Pascua. ¿Y por qué? Pues porque en Salamanca hay una tradición que me encanta y que tiene muy poco de convencional, así que nos vamos para allí.

Salamanca desde la otra orilla del Tormes

La tradición viene de lejos, nada menos que del siglo XVI. Por aquel tiempo Salamanca es famosa en toda Europa por su universidad. 8.000 estudiantes tiene por aquellos años, que se dice pronto, y claro, con los estudiantes… pues de todo un poco y de prostitución un mucho. El mayor burdel de Europa, dicen las malas lenguas. Sodoma y Gomorra todo junto, vamos. La cosa venía de lejos (acordaos de “La Celestina“, que entre sus muchas habilidades contaba con la de remendar virgos y dejarlos como nuevos), y de la calidad de los servicios ofrecidos en la ciudad sirven como testigo estos versos:

A Toledo, por la espada.

A Valencia, por las frutas.

A Rioja, por bon vino

y a Salamanca por putas.

Puro lirismo, ¿a que sí? Tan escandaloso debía ser el asunto que ya el príncipe Juan, hijo de los Reyes Católicos, lo organizó con el obispo para agruparlas a todas en la Casa de la Mancebía bajo la tutela de un personaje al que se conocía con el poético nombre de “padre putas” (ya que solía ser un sacerdote e incluso canónigo de la catedral), que debía encargarse de suministrarles alimentos, medicinas… pero también de mantener el orden, algo que debía ser harto complicado. Obviamente tan alta responsabilidad no podía dejarse en manos de cualquiera, y el elegido tenía que contar con el beneplácito del ayuntamiento. Por cierto, hoy el “Padre Lucas” es el cabezudo más querido de Salamanca. Os imagináis de dónde viene, ¿verdad?

Un personaje todavía popular, como puede verse

El caso es que por si faltaba animación en 1543 llega la Corte, porque el príncipe Felipe (el futuro Felipe II) se va a casar allí con María Manuela de Portugal. Y claro, la ciudad organiza unos festejos como Dios manda, con un de todo: corridas de toros, justas, torneos…

La feliz pareja

Esto en el programa oficial, pero en el extraoficial… juerga garantizada para todos. Tabernas a gogó, pícaros y celestinas, casas de mancebía en cada esquina y prostitutas para todos los bolsillos. Un no parar, vamos. En Salamanca se peca contra el sexto y contra todos los demás mandamientos escritos y por escribir, y el rey se queda tan escandalizado de lo que ve y de lo que le cuentan que decide tomar cartas en el asunto. ¿Qué hace? Pues deja bien clarito que por lo menos durante la Cuaresma nada de carne, ni de una ni de la otra, y como no se fía mucho de sus despendolados súbditos salmantinos ordena que cuando llegue el Miércoles de Ceniza todas las prostitutas pasen en barca a la otra orilla del Tormes, conducidas, como no, por el  “padre putas”. Las pobrecicas mías no podían acercarse a menos de una legua de la ciudad so pena de ser castigadas con 100 azotes, de donde viene la frase “Estar como putas en Cuaresma“, o sea, sin un real.

Estudiante tonto y ramera lista (fijaos en su mano derecha y lo entenderéis)

¿Hasta cuándo duraba esta situación? Pues hasta el Lunes de Pascua, que era cuando nuestro buen amigo el “padre putas” volvía a conducir a las meretrices a la ciudad. Eso sí, como había que celebrar por todo lo alto que se había acabado la abstinencia, los estudiantes organizaban una enorme fiesta pasándolas a buscar a la otra orilla en barcas engalanadas para la ocasión, que para algo eran las reinas del día. ¿Os imagináis el jolgorio, con los estudiantes, la música, el vino, las chicas con sus mantones de picos pardos…? Tan vistoso era que gran parte de la ciudad acudía a verlo y se sumaba al festejo, que solía acabar en una gran borrachera colectiva y… y ya sabéis qué, ¿o no? Todas esas hormonas reprimidas durante mes y medio se volvían locas y aquello era el despiporre.

Hoy el Lunes de Aguas sigue siendo una fiesta en Salamanca, aunque ha cambiado mucho. La Cuaresma ya no es lo que era, y la abstinencia de comer carne (del tipo que sea) es hoy algo privado. Sin embargo se sigue celebrando por todo lo alto que se ha acabado ese tiempo de privaciones y se sale a comer a la orilla del Tormes, con amigos o en familia. ¿Sabéis el qué? Pues el hornazo, algo completamente carnívoro para compensar la abstinencia que supuestamente se ha guardado durante más de cuarenta días. ¿Os imagináis de qué está relleno? Pues jamón, chorizo, lomo adobado y huevos cocidos como mínimo. La fiesta de la lujuria se ha sustituido, pues, por la del colesterol, pero ¿no es eso acaso una metáfora de nuestros tiempos?

Un hornazo como Dios manda

Está claro que la Semana Santa española no puede ser más variada y peculiar, ¿no? En las próximas semanas seguiremos contando historias sobre la Semana Santa insólita, pero si queréis conocer muchas más aquí os dejo el programa que hemos preparado (entrad aquí para encontrar toda la información):

  • 14 y 22 de marzo – NOS VAMOS DE EXCURSIÓN: el Calvario de Alloza y mucho más
  • 21 y 28 de marzo – CENAS EN PALACIO: Semana Santa insólita
  • Del 30 de marzo al 2 de abril – TRAS TUS PASOS: Rutas para descubrir la Semana Santa de Zaragoza en la calle
  • 2 de abril, Jueves Santo – NOS VAMOS DE EXCURSIÓN: Romper la hora en Híjar
  • 4 de abril – NOS VAMOS DE EXCURSIÓN: Sábado Santo en Alcañiz

Y si queréis seguir leyendo, aquí os dejo unos cuantos posts de nuestro blog sobre el tema:

El entierro de Genarín

El besapié de Jesús de Medinaceli en Madrid

Los “picaos” de San Vicente de la Sonsierra

Sevilla y el viacrucis de la Cruz del Campo

Un cristo heroico en Zaragoza

Domingo de Ramos en Elche

La luna y la Semana Santa

El juego de las caras en Calzada de Calatrava

Híjar, la familia y la tradición

Romper la Hora en Híjar

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Desde que tengo memoria recuerdo haber pasado la vida esperando que llegara la Semana Santa, y si alguna vez me preguntan cómo me imagino el Paraíso lo tengo claro: un lugar en el que todos los días es Domingo de Ramos. ¿Por qué? Pues porque mi familia es de Híjar, y antes de saber andar mi abuela me había cosido mi primera túnica y mi abuelo me compró un pequeño bombo (enseguida vendría otro un poco más grande que aún conservo, y que hoy usan mis sobrinos), y siempre he asociado la alegría más total y absoluta que se puede sentir con lo que yo experimento esos días año tras año.

Viernes Santo con los sobrinos: la felicidad completa

La Semana Santa en Híjar es algo muy, muy especial. Es una fiesta en el mejor de los sentidos posibles, esa que hace que la alegría se nos salga por los poros. Fiesta de “ir mudao”, por supuesto, porque Jueves Santo no es un día cualquiera (“Tres jueves hay en el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión“). Fiesta de reunirte con los amigos y con la familia, porque a nadie se le ocurre faltar a la cita, pero también de la que se hace entre todos, participativa y colectiva. Y además, tan impresionante y espectacular que fue la primera Semana Santa en Aragón en ser declarada de Interés Turístico Nacional, allá por 1980.

Jueves Santo a medianoche, minutos antes de “Romper la Hora”

Este año os proponemos veniros con nosotros a pasar una noche de Jueves Santo en Híjar. A lo mejor no lo habíais hecho antes por no tener que volver conduciendo de madrugada, o habéis venido solo a “Romper la Hora” y os habéis perdido lo que venía después. Pues bien, os cuento el programa que tendremos:

  • 17’30 – Saldremos de Zaragoza (detrás del Pilar) de camino a Híjar.
  • 18’30 – Llegamos al Calvario y antes de nada nos iremos al salón de actos de la Casa del Hijarano donde os contaremos con imágenes, vídeos… lo que vais a ver esa noche, mientras nos comemos unos dulces. Eso sí, intentaremos mostrároslo desde dentro, desde nuestra propia experiencia, intentando explicar lo que para nosotros es inexplicable.
  • 20’00 – Nos iremos a hacer un recorrido por el pueblo para conocer un poco su historia y, sobre todo, para que conozcáis cuáles son los momentos y lugares que no os podéis perder.
  • 21’30 – Cena
  • 22’50 – Nos iremos para la Plaza de la Villa, donde tiene lugar a las 24’00 el momento de Romper la Hora.
  • 2’00 – Después de “Romper la Hora” los tambores se dispersan por el pueblo, sin parar de tocar, hasta que comienza una procesión conocida como “Los despertadores”.

¿De dónde viene ese nombre tan peculiar? En Híjar sigue habiendo rosarieros, un grupo de personas que cantan el rosario por la calle los domingos de madrugada (ahora sólo unos cuantos domingos al año) y que acompañan a una procesión que quiere despertar a todo el mundo. ¿Para qué? Pues para contar, con sus cantos, lo que está pasando en esa noche. Los tambores van tocando delante de ellos, pero en algunos puntos (justo en los mismos en los que, cuando el pregonero iba por las calles, se paraba a pregonar) se callan y en medio de un silencio atronador empiezan a cantar. ¿Queréis oírlos?

A finales del siglo XVIII estuvo en Híjar un famoso predicador, el capuchino Fray Diego de Cádiz, que escribió la letra del “Ay de mí“. Desde entonces no se ha dejado de cantar, y os aseguro que estremece oírlo rodeado de gente vestida de negro que, en el momento en que cesan los cantos, empieza a tocar otra vez como si le fuera la vida en ello. Y aún más se encoge el corazón por las calles de la vieja judería, hoy barrio de San Antón, desiertas hasta que llega la procesión. O en la Plaza de la Villa, abarrotada horas antes y ahora casi vacía, donde cerca de las 03’30 tiene lugar un momento completamente íntimo en el que prácticamente solo está la gente del pueblo, cuando los Rosarieros cantan “El humilde”. Pinchad aquí para escucharlo.

  • 3’45 – Salimos para Zaragoza, a donde llegaremos hacia las 4’45.

La misma plaza que antes estaba abarrotada, casi desierta a las 3’15 de la mañana, cuando llegan “Los despertadores”

En las próximas semanas os iremos contando muchas otras historias en relación con la Semana Santa de Híjar en nuestro blog, pero os dejo ya un par de enlaces para ver fotografías antiguas y un reportaje del NO-DO, además de toda la información práctica:

Cuándo – Jueves Santo, 2 de abril, a las 17’30 (llegada a Zaragoza a las 4’30 de la mañana)

Dónde – Detrás del Pilar

Precio – 45 € (incluye el bus, la merienda, la cena y las explicaciones)

Reservas – Llamando al 976207363 o entrando aquí

Y si queréis ir calentando motores, aquí os dejo algunos posts de nuestro blog:

Híjar, la familia y la tradición

Romper la Hora en Híjar

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