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Posts Tagged ‘cinco rutas a la fresca’

Los jueves entre el 19 de julio y el 13 de septiembre tendremos, a las 21’30, una visita titulada “Los convidados de piedra”, esos otros zaragozanos de piedra, bronce… en los que muchas veces ni nos fijamos, pero que viven entre nosotros y tienen montones de historias que contar. Hoy vamos a hablar de uno de ellos, Augusto, que de momento sigue en la avenida de su nombre, junto a las murallas romanas. Por cierto, que a lo mejor os suena de haber visto esta misma escultura en Tarragona, Mérida, Astorga… ¿La misma? ¿Qué lío es éste? Bueno, la misma exactamente no. En realidad, lo que pasa es que el original está en Roma, en los Museos Vaticanos, y lo que se puede ver en todas esas ciudades y en alguna otra son copias en bronce hechas a partir de ese original. ¿Por qué razón? ¿Cuál es el motivo de que haya esculturas iguales en sitios tan distintos? ¿Os apetece verla con más detenimiento?

Augusto, junto a las murallas romanas de la antigua Caesaraugusta

Vayamos por partes. La escultura representa a Augusto, con el que acaba la República y comienza el Imperio en Roma. Aunque nunca recibió el título de emperador lo fue a todos los efectos, y de hecho aquí se le ve en actitud de mando y con un porte completamente imperial. Parece que la decisión de fundar nuestra ciudad vino de él, y de ahí su nombre: Caesaraugusta. Hay otras ciudades relacionadas con él que también llevan el apellido Augusta, como Astorga (Asturica Augusta, en tierra de los astures) o Mérida (Emerita Augusta, fundada con eméritos, licenciados de las legiones romanas), pero sólo a una le dio su nombre completo: a la nuestra. ¿Por qué? Pues tenemos que confesar que no tenemos ni idea, aunque alguna cosa sospechamos. Por ejemplo, que a lo mejor tomó la decisión coincidiendo con su cincuenta cumpleaños (que hoy es una fecha importante pero entonces mucho más, por la sencilla razón de que la mayor parte de la gente no llegaba a cumplirlos) y fue una forma de celebrarlo. Eso tuvo lugar en el 14 a.C., y la arqueología nos dice que Caesaraugusta se debió de fundar por esa fecha. En fin, que coincide, así que parece una hipótesis creíble.

Augusto de Prima Porta, en los Museos Vaticanos

La cuestión es que esta escultura no apareció aquí, sino en Roma. Se encontró en 1863 cuando se excavaba una villa en la que al parecer se retiró Livia, la esposa de Augusto, cuando éste murió (las malas lenguas, que nunca descansan, dicen que ella envenenó los higos directamente en el árbol del que él los comía). La villa estaba en los alrededores de una zona conocida como Prima Porta, y de ahí el nombre con que se conoce la escultura. Parece ser que Livia no debía poder vivir sin tener cerca la imagen del hombre con el que compartió su vida (y parece que también la muerte; la de él, claro), y encargó una copia en mármol de una escultura en bronce que había en Roma, seguramente en un lugar público como el Foro.

La escultura tiene restos de color, algo que puede parecernos sorprendente pero que era bastante normal. El color es frágil y siempre es lo primero que se pierde, pero si os imagináis que las esculturas antiguas eran de un blanco resplandeciente… ya podéis ir olvidándolo. A los griegos y a los romanos les gustaba el “colorín”, hasta un punto que a nosotros podría parecernos hasta un pelín hortera (los gustos cambian y siempre intentamos adaptar todo al nuestro, al del presente). Colores fuertes para luces intensas y cegadoras como las del Mediterráneo.

Cabeza de Augusto aparecida en Tarazona y conservada en el Museo de Zaragoza

Cabeza del Augusto de Prima Porta (Museos Vaticanos)

Seguramente la principal diferencia entre la escultura romana y la griega es que la primera es muy realista, con retratos llenos de verdad, de vida y de intensidad, pero en época de Augusto se vuelve la mirada hacia Grecia y lo que se lleva es la idealización (Augusto era enfermizo, no muy alto… nada que ver con esto). De hecho, lo que tenemos aquí no es propiamente un retrato de Augusto (si entendemos retrato como una representación más o menos realista de las características físicas), sino una idealización que resume todas las virtudes que debe reunir alguien tan excepcional como para ser capaz de gobernar el Imperio. Por cierto, que junto a la cabeza del Augusto de Prima Porta podemos ver una pequeña joya aparecida en Tarazona, no lejos de aquí. Es una cabeza de Augusto hecha en sardónice que hoy pertenece a la magnífica colección de arte romano del Museo de Zaragoza. En los dos casos, y aunque la de Tarazona está hecha bastante después, parece más la cabeza de un dios que la de un humano.

Augusto aparece representado como general en jefe, probablemente con un bastón de mando en la mano izquierda y una corona de laurel en la derecha (ambos desaparecidos). Lo más llamativo es la coraza, llena de una decoración que para nada es casual. Todo está ahí por algo, para contar algo: que Augusto ha sido el que ha traído la paz y la prosperidad al Imperio. Pura propaganda política, por supuesto. Vamos a ver sólo algún detalle:

  • En la parte de abajo de la coraza, en el centro, aparece representada la Tierra, recostada y con un cuerno de la abundancia en la mano. Es evidente el significado, ¿no?
  • En el centro hay dos hombres. El que está a la derecha lleva falda corta y un estandarte en sus manos. En realidad es la insignia de una legión romana que fue capturada por los partos, un pueblo de Asia Menor. Aquello fue una tremenda humillación para Roma, y por eso recuperar esa insignia fue algo prioritario. Finalmente se consiguió, y lo que aparece aquí es uno de los partos entregándosela a Marte, el dios romano de la guerra.
  • A los lados de estos hombres hay dos mujeres sentadas: Hispania y la Galia, completamente pacificadas en época de Augusto.

Con todo lo que llevamos dicho no es extraño que a Augusto le considerasen un dios ya en vida, y de hecho aquí aparece descalzo, como los antiguos dioses olímpicos (si hubiese sido simplemente una representación de un humano se hubiera representado el calzado con el mismo detalle que el resto de la ropa). Pero es que además en la escultura de mármol aparece algo que no está en las copias de bronce, incluida la de Zaragoza: Cupido cabalgando sobre un delfín junto a su pierna. Con eso ya quedaba definitivamente claro que Augusto pertenecía a la estirpe de Venus, de la que Cupido era hijo (y también Eneas, el fundador de Roma y protagonista de “La Eneida“, escrita en época de Augusto, que nada es casualidad). Vamos, que era uno de los inmortales, nada más y nada menos. Lo dicho, una obra maestra de propaganda política.

Augusto, cuando vivía en la plaza de Paraíso

Y vamos llegando otra vez al principio. ¿Qué hace Augusto aquí? Ya hemos dicho que la ciudad se fundó en su época y probablemente por decisión suya, y en 1940 Mussolini regala, para recordarlo, una copia en bronce de la escultura de mármol a varias ciudades fundadas por Augusto o que habían tenido una relación especial con él. La escultura, al principio, se colocó en una glorieta en la plaza de Paraíso, pero finalmente se trasladó a su ubicación actual cuando se reformó todo el entorno del mercado (eso sí, como vivimos en una ciudad de monumentos viajeros no podemos asegurar que siga aquí para siempre; al fin y al cabo, siempre es demasiado tiempo, como debió de pensar nuestro alcalde cuando tuvo la peregrina idea de trasladarlo a la calle Alfonso, que por suerte quedó en nada). Por cierto, la original que regalaron los italianos es ésta, y la que hay en la entrada del Ayuntamiento es una copia más pequeña y de peor calidad que se hizo más tarde.

Detrás de Augusto se ven cuatro grandes “arcos” que representan lo que el autor considera las cuatro grandes etapas de la historia de la ciudad (íbera, romana, musulmana y actual), pero lo que más llama la atención es… una pequeña rana. ¿Qué pinta ahí?

¿Qué hace aquí esta misteriosa rana? ¿O no es tan misteriosa?

Os dejaremos con la incógnita, y si queréis averiguarlo… podéis participar en nuestra visita “Un safari en Zaragoza”. De momento, si queréis conocer a muchos otros convidados de piedra, os esperamos los jueves de verano a las 21’30 en la bola del mundo que hay junto a la fuente de la Hispanidad, en la plaza del Pilar. ¿Queréis reservar? Pues llamadnos al 976207363 o entrad aquí.

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Durante siglos, cuando un viajero llegaba a Zaragoza y preguntaba por una fuente le debían mirar con cara rara. ¿Una quéeeeeee? Aquí había pozos en las casas, que para encontrar el agua del Ebro había que excavar poco, y punto. Pero claro, cuando los franceses conquistaron la ciudad después del segundo Sitio debieron arrugar el mostacho mientras se decían: “C’est pas possible. Pas de fontaines?“. Y eso que era febrero y no sabían aún lo que habían de sudar por estas tierras. El caso es que se pusieron en marcha, que nuestros vecinos son gente eficiente, pero las cosas estaban como estaban y entre que se ponían y no se les acabó la guerra y tuvieron que salir por pies, dejando las cosas a medio hacer. ¿Sabéis cuál fue la primera fuente que hubo en la ciudad? Pues la de Neptuno, que ahora está en el parque pero que primero estuvo en la plaza de España. Pinchad aquí si queréis conocer su historia.

¿Dos monumentos son demasiado para una plaza?

Unos 70 años duró en aquel lugar, pues cuando a principios del siglo XX se construyó el monumento a los mártires, la religión y la patria le dieron la patada y fue a parar a un almacén hasta que aterrizó en el parque grande, que es donde han acabado muchos de los monumentos viajeros de nuestra ciudad. ¿Todos? Pues no, todos no. En 1863, cuando todavía las fuentes eran una rareza en Zaragoza, de los recién inaugurados talleres de fundición de Antonio Averly, llegado de Lyon (Francia, de toda la vida), salió la fuente de la Samaritana. ¿Y dónde se colocó? Pues como vale más una imagen que mil palabras, aquí van dos, ni más ni menos.

Plaza de la Seo, irreconocible

Si os fijáis bien en la foto, la Samaritana y los árboles no son lo único que ha desaparecido de la plaza. El arco que unía el palacio arzobispal y la Seo también, y no hace tanto de eso: en 1969, como quien dice antesdeayer.

La Samaritana, tan airosa ella, frente a los balcones del señor arzobispo

Eso sí, la Samaritana se había marchado unos años antes. Primero se la llevaron a pasar una temporada al parque Bruil, a que viera mundo, y después… le buscaron acomodo definitivo en la plaza del Justicia (aunque eso de definitivo nunca se puede decir en una ciudad como ésta, en la que los monumentos viajan sin parar). Y ahí lleva cuarenta y tantos años luciendo tipo y viendo la vida pasar.

¿Quién diría que pesa 650 kilos de ná?

Por cierto, eso de Samaritana… más bien parece una ninfa de las aguas o algo por el estilo, pero claro, en un país tan católico como era el nuestro hace 150 años… “Chico, Mariano, ¿que no te recuerda a la Samaritana dándole de beber a Nuestro Señor en el pozo de Jacob?” “Ay, Pilar, no sé qué te diga, ¿tú crees, tan descocada, enseñando los hombros como va?” “Que sí, que te lo digo yo, que en Tierra Santa debe hacer un calor de no poderse aguantar” “Ay, chica, un poco fresca y desahogada la veo, pero si tú lo dices…“. Y la cosa iría rodando, rodando… y Samaritana se quedó.

Además de la Samaritana salieron de los talleres de Averly miles y miles de piezas y esculturas que son historia de Zaragoza. En este momento Averly está en peligro y puede desaparecer.  Una constructora ha comprado los terrenos y planea levantar en ellos 200 pisos, con lo que un lugar absolutamente único, una joya del patrimonio zaragozano, está en riesgo (entra aquí para saber más). Sólo se salvaría la casa de la familia y la puerta que da hacia el paseo María Agustín, que es la parte catalogada como Bien de Interés Cultural, pero las naves de la fábrica, en las que se ha detenido el tiempo, desaparecerían para siempre.

Estamos absolutamente en contra de que esto ocurra. Podemos comprender que la familia necesite vender; podemos entender que la situación sea la que es, con los presupuestos de las administraciones públicas bajo mínimos; pero lo que de ninguna manera podríamos entender es que el Ayuntamiento de Zaragoza y el Gobierno de Aragón asistieran de brazos cruzados a lo que, sin ninguna duda, sería la pérdida más importante en el patrimonio de nuestra ciudad desde hace décadas (probablemente desde que se hundió la capilla de la antigua Universidad de la plaza de la Magdalena). Por eso creemos que es necesario que los ciudadanos presionemos a las instituciones para entre todos salvar Averly. ¿Qué podemos hacer? Pues de momento, demostrar que somos muchos los que estamos en contra de esta barbaridad:

  • Si estás en Facebook, hemos creado una página llamada “Amigos de Averly”. Puedes entrar en ella y pinchar “me gusta” para estar al tanto de todo lo que se vaya organizando.
  • También se ha creado una campaña de recogida de firmas. Sabemos que todo el mundo está un poco saturado de este tipo de cosas y que somos muchos los que empezamos a creer que sirven de poco, pero creemos que es muy importante recoger un número importante de firmas para poder presionar con ellas a la administración. Si quieres dejar la tuya, entra aquí.

En los años 70 la ciudad de Zaragoza se movilizó para salvar el Mercado central, y lo logró. Ahora nos toca emular a los zaragozanos de hace casi 40 años para salvar Averly. No podemos permitir que nuestro patrimonio siga desapareciendo y dejándonos huérfanos de nuestra historia.

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