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Posts Tagged ‘Cena lujuriosa’

Hoy he tenido un sueño intensamente erótico. La Duquesa de Alba me invitaba a merendar a su palacio de las Dueñas y en uno de esos patios mudéjares maravillosos dejábamos que la tarde sevillana se nos escapara entre los dedos comiendo jamón de un plato que nunca se acababa y bebiendo Tío Pepe de una copa que siempre estaba helada, algo que sólo una verdadera duquesa sabe organizar, la verdad sea dicha. Y me he despertado con el convencimiento de que la felicidad y la lujuria tienen el exacto sabor del jamón de Jabugo, algo que ya sabía desde hace tiempo pero que nunca está de más recordar.

Así, que no se vea el plato. Qué fiesta para los sentidos, qué lujuria, qué todo

Reconozcamos una gran verdad: en la casa en la que hay un jamón se discute menos. Un jamón de verdad, en su jamonero y con un cuchillo siempre listo, largo y afilado como un arco de violín. Y si encima uno de los dos sabe cortarlo… ya puede estallar la III Guerra Mundial, que no va con vosotros.

¿Cuántas conquistas habrá conseguido nuestro amigo Félix, de “La jamonería”, con ese gesto? ¿Quién sería capaz de decirle que no a cualquier cosa en el momento en que levanta la loncha y la mira al trasluz? Pídeme lo que quieras, moreno, pero sigue cortando.

No todo el mundo lo sabe, pero cuántos divorcios podría evitar un buen plato de jamón recién cortado con una botella de fino bien frío. Se ve la vida de otra manera, no nos engañemos, y se les da a las cosas la importancia que tienen, y no más. Y es que yo soy un firme convencido de que todos necesitamos un poco de sur para no perder el norte, y con un plato de jamón de Jabugo y una copa de fino cierro los ojos y me encuentro en Sevilla, con la brisa que sube desde Cádiz dándome en la cara, y no necesito más. Y es que como dice Nati Abascal, mujer sabia donde las haya: “De todo me canso menos del jamón“.

Del cerdo, hasta los andares

No sé qué filósofo diría esa frase esencial para entender al ser humano, pero desde luego es cierta: “Del cerdo, hasta los andares“. Qué cosa más bonita, por Dios, mi arma, que eso son andares y lo demás pisar el suelo, y no hay más. Y precisamente de ahí viene esa expresión tan castiza de que alguien “está jamón“. Ya lo decía Celia Gámez cuando cantaba el “Chotis de la Manuela“, aquella planchadora que estaba loca por las estrellas de Hollywood y que dice aquel piropo que a todos nos encantaría que nos dijeran: “Y Douglas es / un hombre cañón / vaya gachó / que está jamón / pa’un tropezón“. Sobran los comentarios.

Jamón es… lujuria

Y ya que hablamos de jamón y de lujuria, que mejor que acabar con algunas imágenes de “Jamón, jamón“, la película donde las mujeres se comen a los hombres y los hombres comen jamón, según el cartel. Aquí tenéis un montaje con Diana Navarro cantando “Ando medio loca embrujá por tu querer”. En fin, lo dicho, lujuria es… jamón.

Y si queréis más lujuria, con motivo de San Valentín tendremos nuestra ruta UNA HISTORIA DE LA LUJURIA EN ZARAGOZA.

Cuándo – Sábado 14 a las 19’00 y domingo 15 a las 11’30

Dónde – Puerta de la iglesia de la Magdalena

Precio – 8 € (estudiantes menores de 26 años y jubilados, 7 €; parados, 4 €)

Reservas – Llamando al 976207363 o entrando aquí

Más información – Entrando aquí

Si queréis seguirnos podéis entrar en http://www.facebook.com/gozARTE y pinchar en “me gusta”, o en twitter @gozARTE. Y ahora, os dejo unos cuantos post de nuestro blog con historias de lo más lujuriosas:

Lujuria es… Liz Taylor

Lujuria es… Olympia

Lujuria es… Marilyn Monroe

Pecadores encantadores – Rebeca y la lujuria

Lujuria es… el jamón

Lujuria es… el champagne (francés, bien sûr)

Lujuria es… sexo en Nueva York

Lujuria es… unas piernas de cinco millones de dólares

Lujuria es… el Bulli

Lujuria es… Venus

Lujuria es… el teatro chino de Manolita Chen

Lujuria es… Sodoma y Gomorra

Lujuria es… el “gabinete secreto” de Nápoles

Lujuria es… Marlon Brando

Lujuria es… Sofía

Lujuria es… la guerra de los biquinis

Lujuria es… el biquini

Lujuria es… El Plata

Lujuria es… Zeus y sus chic@s

Lujuria es… la Lollo

Lujuria es… pecado

Lujuria es… San Juan de la Cruz


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¿Eres de los que piensan que no hay color más bonito que el naranja de una botella de Veuve Clicquot? ¿Y que a Francia se le puede perdonar todo sólo por haber inventado el champagne (y el foie gras)? ¿Y que Dom Perignon es mucho más importante para la Humanidad que Napoleón? Pues entonces eres de los míos.

No se puede pedir más…

Y es que sólo hay dos bebidas que puedan tomarse a cualquier hora: el champán (o champagne, que lo mismo da) y el agua. Siempre sientan bien, siempre son oportunas y a nadie con dos dedos de frente se le ocurriría discutirlo. “¿Una copa de champán para desayunar, querida?“, pues claro que sí, o a las cinco de la mañana tras una noche de fiesta, o como aperitivo, o después de comer, o comiendo… siempre, siempre, siempre se da en la diana con una copa de champán, no lo dudéis. Es como un vaso de agua fresca, que siempre es un acierto. Y por supuesto, siempre hay que tener una botella en la nevera, porque el champán es… lujuria, sexo y lujo, lujo y sexo en una sola copa. ¿Quién da más? Al fin y al cabo, ya lo decía “Gigi” cuando cantaba aquello de que “La noche que inventaron el champán pensaron en tí y en mí“.

The night they invented champagne

It’s plain as it can be

They thought of you and me

The night they invented champagne

They absolutely knew

that all we’d want to do

Is fly to the sky on champagne

And shout to everyone in sight

That since the world began

no woman or a man

has ever been as happy as we are tonight!

Lo que viene a significar, más o menos, que la noche que inventaron el champán pensaron en tí y en mí, y tenían claro que nos iba a hacer volar hasta el cielo. Ah, y que desde que el mundo empezó nunca nadie, ni hombre ni mujer, fue tan feliz como nosotros esta noche. La verdad es que la noche que inventaron el champán nadie pensaba en nada de todo eso, seguramente porque no sólo fue por casualidad, sino que además parece que lo inventó un monje. Sí, sí, un monje benedictino llamado Dom Pérignon.

¿Quién iba a decir que algo tan excitante lo inventó un monje en un monasterio perdido en Francia?

En 1638 tuvo lugar un hecho esencial para la historia de la humanidad, pues nació Pierre Pérignon (obviamente no pudieron brindar con champán para celebrarlo, porque todavía no le había dado tiempo de inventarlo). Lo de Dom le vendría más tarde, porque es una especie de título que se les da en Francia a algunos eclesiásticos (algo así como el Don español). Porque a eso se dedicó, a la Iglesia. A los 19 años entró en un monasterio benedictino, y cuando tenía 30 fue trasladado a la abadía de Hautvilliers, en plena región de Champagne.

Aquí fue…

Allí se hizo cargo de la bodega, pues aunque era casi ciego debía tener un olfato estupendo. La vida transcurría tranquila en la abadía, hasta que un día, de pronto… oyó una explosión. El venerable monje se puso a buscar la botella que había estallado para ver qué había ocurrido, y abrió otra para ver si estaba todo en orden. Lo probó, y dicen que exclamó una de las frases más hermosas de la historia de la Humanidad: “¡Estoy bebiendo estrellas!“. Pura poesía. ¿Qué había ocurrido? Pues que aquel vino había fermentado dos veces, y no una como era habitual. Había nacido el “méthode champenoise“.

Había que conseguir que las “estrellas” no se escaparan de la botella, y Dom Pérignon encontró la forma

Las botellas normales no valían, hacía falta que fueran más resistentes. Y había que impedir que el corcho no saliera disparado, para lo que inventó la corona de alambre. Ya estaba todo preparado para uno de los grandes descubrimientos de la historia, y probablemente el más lujurioso. Había nacido el champán. Tiempo después la casa Moët&Chandon compraría los viñedos de la abadía y homenajeó al descubridor con el champán más famoso del mundo: Dom Pérignon. El suave rumor de sus burbujas es la mejor banda sonora para cualquier actividad lujuriosa que se os ocurra.

Todos los años, los cubanos que viven en Sevilla rocían la tumba de Antonio Machín con ron cubano mientras cantan sus boleros. ¿Quién se apunta a venirse de peregrinación a la de Dom Pérignon a montar algo parecido?

Y si queréis más lujuria, con motivo de San Valentín tendremos nuestra ruta UNA HISTORIA DE LA LUJURIA EN ZARAGOZA.

Cuándo – Sábado 14 a las 19’00 y domingo 15 a las 11’30

Dónde – Puerta de la iglesia de la Magdalena

Precio – 8 € (estudiantes menores de 26 años y jubilados, 7 €; parados, 4 €)

Reservas – Llamando al 976207363 o entrando aquí

Más información – Entrando aquí

Si queréis seguirnos podéis entrar en http://www.facebook.com/gozARTE y pinchar en “me gusta”, o en twitter @gozARTE. Y ahora, os dejo unos cuantos post de nuestro blog con historias de lo más lujuriosas:

Lujuria es… Marilyn Monroe

Lujuria es… Liz Taylor

Lujuria es… Olympia

Lujuria es… el champagne (francés, bien sûr)

Lujuria es… Sexo en Nueva York

Lujuria es… unas piernas de cinco millones de dólares

Lujuria es… el Bulli

Lujuria es… Venus

Lujuria es… el teatro chino de Manolita Chen

Lujuria es… Sodoma y Gomorra

Lujuria es… el “gabinete secreto” de Nápoles

Lujuria es… Marlon Brando

Lujuria es… Sofía

Lujuria es… la guerra de los biquinis

Lujuria es… el biquini

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Lo confieso: me encanta Sexo en Nueva York. Más aún, soy un adicto del tipo “Me llamo Carlos y no puedo vivir sin mi dosis diaria de Sexo en Nueva York“. Tiene el tono justo para ser frívolo pero no superficial, que es lo que mola. “Sálvame” es superficial, porque hablan de cosas que no tienen la menor importancia, pero no es frívolo, porque parece que se las toman terriblemente en serio. “Sexo en Nueva York” habla de cosas tremendamente serias, pero tomándoselas de la única manera que uno puede hacerlo: a risa, que es el arma de la gente inteligente para enfrentarse a la vida. Así que no tengo ninguna intención de desengancharme.

Cuatro personalidades perfectamente lujuriosas

Sólo Marilyn (y Liz, claro) resume todos los significados de la palabra lujuria como ellas. Sexo y lujo a partes iguales y no necesariamente por este orden, hombres y champagne, por supuesto francés, teniendo claro, además, que un diamante es para siempre y es un amigo fiel (aunque te cueste algunas lágrimas y tengas la tentación de devolver el anillo, como nuestros abuelos se devolvían las cartas cuando partían peras). Ya lo decía la señorita Monroe, ¿no? “Un beso en la mano puede ser muy europeo, pero un diamante es el mejor amigo de las chicas“. Y ni ella se lo creía, claro, igual que nuestras protagonistas tampoco se lo creen, pero algunas saben que aprender consiste también en darse cuenta de que el dolor y el orgullo pasan y las piedras quedan.

La cuestión es decidir cuáles son las cosas realmente importantes en la vida, y miles de años de historia de la Humanidad, de pensadores más y menos brillantes dándole vueltas al tarro para encontrar la gran respuesta, llevan siempre al mismo punto: lo único realmente importante es ser feliz, y lo demás, cuentos. Y ahí viene lo peliagudo, decidir qué es exactamente eso de ser feliz. Y claro, nuestras cuatro amigas tienen respuestas radicalmente opuestas y completamente similares a esa pregunta. Escuchemos qué tienen que decirnos al respecto.

A tí, Charlotte, querida, ¿qué te hace feliz?

Ay, qué pregunta. Pues lo que a todos, aunque otros no se atreven a confesarlo. Una vida con la dosis justa de estabilidad y de aventura, de amor y de sexo… Yo no pido nada del otro mundo: una boda bonita, un marido guapo y rico que me quiera y me tenga como a una reina, unos niños divinos, un apartamento de lujo en Park Avenue, una suegra que no dé mucho mal, que de las otras ya he tenido… en fin, lo que todo el mundo, ya digo. Ah, y una casa en la playa, en los Hamptons, of course. Con eso me conformo, soy una chica sencilla.

¿Puedes resumir todo eso en dos o tres palabras?

Pues claro, a ver… ¿Amor, sexo y lujo está bien? Y si no, amor, amor y amor. Eso, pon eso.

Y tú, Samantha, ¿qué necesitas para ser feliz? Dinos algo que no sepamos ya

Ay, picarón, jajaja. Yo lo quiero todo, TODO, y a TODOS, ya sabes. Yo quiero hombres guapos con penes grandes y duros. Y quiero descubrir el secreto de la eterna juventud para estar siempre joven y estupenda, que eso me quita a mí la alegría, no te creas, que las patas de gallo, las cartucheras, los pechos caídos y el culo flácido son compañeros de viaje que no tengo ninguna gana de tener, y las de veinte vienen empujando y yo no me pienso apartar y dejarles el camino libre. Lo mío me cuesta, pero aquí sigo, en la brecha. Y tómate eso como quieras, darling.

¿Y el amor? Porque ya sabes que hay quien piensa que el sexo sin amor es una experiencia vacía.

Jajajaja sí, y como dice Woody Allen, como experiencia vacía es una de las mejores. Unos reprimidos todos. Y el amor… si llega, llegará, pero se sufre mucho y no sé… ¿tú crees que vale la pena pasarlo tan mal? Además, en mi vida hay mucho amor: estoy enamoradísima de mí misma, jajaja.

Te toca a tí, Miranda. ¿Qué es para tí la felicidad?

¿Y yo qué diablos sé lo que es la felicidad? Cuando salí de Harvard lo tenía claro, pero… ya no. Mira, yo siempre pensé que la felicidad era ser brillante, tener una estupenda carrera profesional y ser independiente, sin necesitar nunca el dinero de ningún hombre. Y sí, todo eso está bien, pero ¿te hace feliz? ¿Quién me iba a decir a mí que iba a babear con una criatura? ¿Y que me iba a volver loca por un camarero? ¿Y que iba a irme a vivir fuera de Manhattan para verlos felices a los dos? Chico, las cosas cambian cada día, pero cada vez tengo más claro que soy más feliz cuanto más felices puedo hacer a los que quiero. 

Sólo nos quedas tú, Carrie. Sorpréndenos con tu idea de la felicidad

Pues no creo que te sorprenda, que me estoy volviendo cada día más simple en estas cosas. Hombre, me sigue haciendo feliz tener mi dinero donde lo pueda ver, o sea, colgando en mi armario, jajaja. Pero… y aquí habla la sesuda columnista… si te hubieras ido unos miles de años atrás y hubieras preguntado a cuatro cavernícolas a la vuelta de la caza del bisonte, te hubieran respondido lo mismo que nosotras. A lo mejor con otras palabras, pero lo mismo. Porque aquellos antepasados nuestros tan primitivos ya sabían lo que llevamos milenios intentando descubrir. Ellos en la cueva y nosotras en la sofisticadísima Nueva York, sabemos que lo único que nos hace felices es… el amor. Ni más, ni menos. Bueno, el amor y sus condimentos, claro. Que contigo pan y cebolla, pero las penas con pan son menos, y cuando el hambre entra por la puerta el amor salta por la ventana, así que… lujuria, pura lujuria, amor, sexo y lujo, o sea, amor, amor y amor. Y vivir la vida apasionadamente, apasionándose por una canción, un par de zapatos, un cuadro, una buena discusión, una ciudad, una copa de vino… pero siempre apasionándose. No hay más. En eso se resume la esencia de la vida. En la pura lujuria.

La expresión “como pa’una boda” se refiere exactamente a esto. Ellas saben que en una boda el único término medio posible entre estar divina y ser una hortera es “ir discreta”, que es la peor de las tres opciones siempre.

Porque dicen sin tapujos lo que muchos no se atreverían ni a pensar sobre el sexo, y al mismo tiempo son súper pudorosas y hasta un poco rancias y conservadoras para otras cosas. Porque mi color preferido también es el naranja de la veuve Clicquot, esa encantadora viejecita que dedicó su vida a hacer champagne. Porque ellas también saben que sencillo y simple son dos cosas completamente diferentes. Porque visten como nadie viste y hablan como nadie habla, y al mismo tiempo son absolutamente reales… por eso me encantan. Y punto.

Y si queréis más lujuria, con motivo de San Valentín tendremos nuestra ruta UNA HISTORIA DE LA LUJURIA EN ZARAGOZA.

Cuándo – Sábado 14 a las 19’00 y domingo 15 a las 11’30

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Lujuria es… Olympia

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Pecadores encantadores – Rebeca y la lujuria

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Lujuria es… sexo en Nueva York

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Lujuria es… el Bulli

Lujuria es… Venus

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Lujuria es… Sofía

Lujuria es… la guerra de los biquinis

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Lujuria es… El Plata

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Lujuria es… la Lollo

Lujuria es… pecado

Lujuria es… San Juan de la Cruz



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Y Santa Teresa también, claro que sí. Y es que nuestros místicos no encontraron mejor manera de contar al resto de los mortales la tremenda experiencia de su unión con Dios que compararlo con un encuentro sexual de alto voltaje.

No hay más que ver cómo Bernini representó a Santa Teresa en pleno éxtasis místico, el momento en el que el ángel la atraviesa con una flecha que simboliza el amor de Dios. Lo único que conocía el escultor que se pudiera comparar con las descripciones de la santa era el orgasmo, y así la vemos, abandonándose, con los ojos en blanco, gimiendo de amor por Dios. No es extraño que estuviera deseando morir para que esa unión fuera eterna:

Ven, muerte, tan escondida

que no te sienta venir,

porque el placer de morir

no me vuelva a dar la vida.

Y lo mismo San Juan de la Cruz, que escribe los versos más llenos de amor y erotismo de historia de la literatura en español: el “Cántico espiritual”. El alma (él mismo) y el Amado (Cristo) han vivido un maravilloso encuentro, cuando de pronto ésta se encuentra sola y dice:

¿Adónde te escondiste

Amado, y me dejaste con gemido?

Como el ciervo huiste

habiéndome herido,

salí tras tí clamando y eras ido.

 

El Alma pregunta a todas las criaturas que se encuentra en su camino:

Y todos cuantos vagan

de tí me van mil gracias refiriendo.

Y todos más me llagan,

y déjame muriendo

un no se qué que quedan balbuciendo.

Un no sé qué que quedan balbuciendo”. ¿Existe un verso que refleje mejor la expresión de santa Teresa en esta escultura? Ese perder el sentido que se experimenta en el orgasmo lo expresan nuestros místicos mejor que ningún poeta que haya hablado del amor humano.

Mi amado, las montañas,

los valles solitarios, nemorosos,

las ínsulas extrañas,

los ríos sonorosos,

el silbo de los aires amorosos.

La noche sosegada

en par de los levantes del Aurora.

La música callada,

la soledad sonora,

la cena que recrea y enamora.

¿Os imagináis a este austero fraile castellano escribiendo estas cosas? Pues poco a poco va subiendo de tono.

Allí me dio su pecho,

allí me enseñó ciencia muy sabrosa,

y yo le dí de hecho

a mí, sin dejar cosa;

allí le prometí de ser su esposa.

Y muchas otras cosas que no pondré aquí, pero que podéis encontrar si pincháis en este enlace y leéis el Cántico espiritual. Os aseguro que disfrutaréis de algunos de los versos de amor y erotismo más hermosos que hayáis leido nunca.

Y si queréis más lujuria, con motivo de San Valentín tendremos nuestra ruta UNA HISTORIA DE LA LUJURIA EN ZARAGOZA.

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Y no un pecado cualquiera, no. Uno de los siete pecados capitales, nada menos. Y no uno más, sino el que más ha obsesionado de toda la vida a los guardianes de la moral. Ya podías ser un asesino en serie o un asaltador de bancos, que lo preocupante de verdad era lo que hacías con el sexto (lo he escrito bien, con t). Ahí, ahí era donde había que estar siempre vigilantes contra las asechanzas del Maligno, que no descansa.

Sarita Montiel, cuando era la viva encarnación de la lujuria. El demonio tiene nombre de mujer, de toda la vida.

Censores, confesores y demás vigilantes del orden público se dejaron la piel para que nuestro país no llegase a convertirse en una sucursal de Sodoma y Gomorra. “¿Has pecado contra el sexto?” El sexto mandamiento, claro. Y automáticamente: “¿Cuántas veces?”. Charo López cuenta que siendo adolescente le dijo a su confesor que tenía novio, y él le preguntó: “¿Intercambiais fluidos?”. Ella se quedó pensando qué sería aquello de los fluidos, y enseguida llegó a la conclusión de que a juzgar por cómo había hecho la pregunta el pater debía ser cosa rica.

“Estás hecha una gilda”, que es como decir que eres una golfa y un pendón desorejao todo junto

Difícil lo tenía el gremio de alargadores de faldas, cortadores de películas y tapadores de escotes. No había dique que pudiera contener el tsunami que llegaba de Hollywood. El cine, ése era el enemigo, sí señor. ¿Quién iba a querer ver “Locura de amor”, o “Agustina de Aragón”, pudiendo ver “Gilda”? La pobre Aurora Bautista lo tenía difícil para poder vencer a la pelirroja e impúdica americana, pero también a la morena y racial María Antonia Abad, más conocida como Sara Montiel. Al menos la espectacular Sarita era católica y española y nunca sobrepasaba los límites de la decencia, esa virtud tan propia de la mujer ibérica, pero Rita… con ésa no había manera de hacer carrera, y menos después de rodar “Gilda”. Esa mirada, ese contoneo, ese escote “palabra de honor” (“palabra de honor que no se me cae”, de ahí le viene el nombre), ese interminable quitarse el guante… y esa melena roja, tan roja como las llamas del mismísimo infierno. Tanto que su nombre en la película se convirtió en sinónimo de fresca, suelta, desahogada y muchas cosas más que no menciono porque soy un caballero. Y no sólo eso, tan grande fue el escándalo que se llegó a creer que se proyectaba con cortes, y la gente estaba convencida de que después del guante Gilda se quitaba todo lo demás, y se quedaba como la mismísima Eva, madre de todos los pecados.

Eva, reptando como una serpiente después de coger la manzana. Pecado es… lujuria

¿Rita llegó a saber que su personaje dio nombre a una famosa banderilla? Seguro que le hubiera gustado. Hace unos 60 años, en el bar Casa Vallés de San Sebastián, se les ocurrió ensartar en un palillo guindillas, olivas verdes y anchoas. ¿Cómo lo llamaron? Pues como aquello era verde, salado y un poco picante le llamaron “gilda”. Y así se quedó, hasta hoy. Los caminos del señor, que son inexcrutables, ya se sabe.

Mmmmmmm verdes, saladas y picantes. Lujuria es… Gilda

Os dejo un enlace para que lo disfrutéis. Pinchad aquí y pecad, aunque sólo sea con el pensamiento. Y si queréis más lujuria, con motivo de San Valentín tendremos nuestra ruta UNA HISTORIA DE LA LUJURIA EN ZARAGOZA.

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