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Mesa de los siete pecados capitales, de El Bosco. El ojo de Dios lo ve todo, y como nos decían nuestras madres: “Dios castiga sin palo”

Hace más de 400 años que El Bosco pintó la mesa de los pecados capitales, que hoy se conserva en el Museo del Prado. En ella aparece el ojo de Dios, con Cristo resucitado en la pupila y una inscripción que dice “Cave, cave, Deus videt“, o sea, cuidado, que Dios lo está viendo. Y alrededor siete escenas, una por cada pecado. Como para asustar a cualquiera, ¿no? Si a eso le añadimos que en las esquinas de la mesa aparecen el momento de la muerte, el Juicio Final, el Infierno y el Paraíso… resulta cualquier cosa menos tranquilizador.

El Bosco lo tenía claro: los pecadores acabarán en el caldero de Pedro Botero. Eso sí, cada uno recibirá el castigo correspondiente a su pecado, que en esto de las penas del infierno hay muchísima sofisticación.

Al fin y al cabo ninguno escaparemos de la muerte, como queda claro viendo mi cuadro preferido desde que era un niño: “El triunfo de la muerte”, de Brueghel, otro tesoro del Museo del Prado. La muerte acecha a ricos y pobres, a enamorados, a jugadores, a papas, a emperadores y reyes… Y después de la muerte… nadie lo sabe, lo cual supone una perspectiva poco agradable, la verdad.

Como decía Jorge Manrique refiriéndose a la muerte: “Que si tú vienes airada / todo lo pasas de claro / con tu flecha”.

Después de la muerte el sueño, y después, mucho después… sonarán las trompetas que convocarán a la Humanidad en el valle de Josafat para el Juicio Final e inapelable. Los muertos saldrán de sus tumbas, San Miguel pesará las almas, y no podremos ocultar los pecados que hayamos cometido porque, como dice la mesa de El Bosco, “Cave, cave, Deus videt“.

Y aquí quería yo llegar, a los pecados. Porque los hay mortales, veniales, pecadillos… pero por encima de todos están los siete pecados capitales. ¿Por qué son diferentes a los demás? Pues porque lo que se logra con ellos es tan deseable que por conseguirlo se cometen muchos otros en el camino. Son un poco como las cerezas de la jota. ¿Os acordáis? “Así son tus besos / según dicen, maña /como las cerezas. / Que si tiras de una / que si tiras de una / se va toda la cesta.“. Pues eso mismo ocurre, y por eso son capitales, especiales, diferentes…

Por cierto, ¿cuáles son? Ya se nos han olvidado, porque el miedo al fuego eterno ya no existe. Y con eso ganamos muchas cosas, pero perdemos el placer de pecar, y es una pena. Así que, cuanto más sepamos sobre los pecados, muchísimo mejor, porque cuando los cometamos experimentaremos el placer de la transgresión. ¿No merece la pena? Claro que sí, es fantástico que haya límites, aunque sólo sea para poder saltárselos de vez en cuando. Para que los recordéis, aquí tenéis a Homer Simpson, ese gran hombre, cometiéndolos todos, uno por uno. No es necesario traducir, ¿verdad? Los dibujos lo dicen todo.

Para conocer mejor los pecados capitales y disfrutar más intensamente cometiéndolos hemos preparado siete rutas para descubrir historias de pecadores y pecadoras a lo largo de la historia de Zaragoza:


Imagínate un lunes, después del fin de semana… ¿hay algo que apetezca más que la pereza? Desde el paseo de la Independencia hasta la orilla del Ebro vamos a ver cómo disfrutaron del “dolce far niente” los zaragozanos de otros tiempos.


La ira, que lleva a hombres y mujeres a perder la cabeza. Asesinatos de plebeyos, de un arzobispo y hasta de un cardenal, mujeres capaces de todo, cárceles mugrientas, más de 50.000 muertos en los Sitios, fusilamientos, bombas sobre el Pilar…


La envidia es el único pecado que dicen que no da placer al pecador… salvo el de ver caer a tu enemigo. Envidia cochina entre el Pilar y la Seo, una mujer que asesina a su vecina por una falda, denuncias entre amigos, Goya y sus enemigos…


La soberbia es como el jueves, siempre en medio. Artistas que se creen los más importantes, un Papa que se mantuvo en sus XIII, políticos y politiquillos, y sobre todo el Pilar, un lugar donde la soberbia anida en todos los rincones.


La avaricia, el pecado de los que lo quieren todo, todo, todo. Especulación urbanística, banqueros de otras épocas, una joyería sacada de un cuento, buscadores de tesoros, ladrones, jugadores y timadores. ¿Quién da más?


Lujuria es una de esas palabras que al decirla se llena la boca. Del descaro de las vedettes de El Plata al ¿recato? de las monjas del Santo Sepulcro, pasando la despampamante Gina Lollobrigida rodando en Zaragoza. Un sinfín de experiencias lujuriosas e inolvidables.

La gula, un pecado con el que disfruta casi todo el mundo. Banquetes, una pastelería de ensueño, un mercado fantástico, una bodega subterránea, un restaurante de 1826… en fin, una ciudad de lo más laminera.


Si sois un grupo y queréis pecar con nosotros, tenemos muchas opciones para vosotros:

  • La primera, nuestras cenas lujuriosas. Como diría Bette Davis, “abróchense los cinturones porque vamos a despegar“.
  • Cada una de nuestras 7 rutas de pecado, e incluso una que los combina todos. Si queréis reservar para un grupo podéis llamar al 976 20 73 63.

Si queréis seguirnos podéis entrar en http://www.facebook.com/gozARTE y pinchar en “me gusta”, o en twitter @gozARTE. Y si queréis conocer más historias de “Pecadores encantadores“, aquí os dejo dos de mis preferidos: Rebeca para la lujuria y Homer Simpson para la pereza. Y si queréis seguir pecando, aunque sea de pensamiento, aquí os dejo las entradas más pecaminosas de nuestro blog. Gula y lujuria nos pierden, está claro.

Lujuria es… el jamón

Lujuria es… el champagne (francés, bien sûr)

Lujuria es… sexo en Nueva York

Lujuria es… unas piernas de cinco millones de dólares

Lujuria es… el Bulli

Lujuria es… Venus

Lujuria es… el teatro chino de Manolita Chen

Lujuria es… Sodoma y Gomorra

Lujuria es… el “gabinete secreto” de Nápoles

Lujuria es… Marlon Brando

Lujuria es… Sofía

Lujuria es… la guerra de los biquinis

Lujuria es… el biquini

Lujuria es… El Plata

Lujuria es… Zeus y sus chic@s

Lujuria es… la Lollo

Lujuria es… pecado

Lisboa, el paraíso del bacalao

Los pasteis de Belém

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Hoy he tenido un sueño intensamente erótico. La Duquesa de Alba me invitaba a merendar a su palacio de las Dueñas y en uno de esos patios mudéjares maravillosos dejábamos que la tarde sevillana se nos escapara entre los dedos comiendo jamón de un plato que nunca se acababa y bebiendo Tío Pepe de una copa que siempre estaba helada, algo que sólo una verdadera duquesa sabe organizar, la verdad sea dicha. Y me he despertado con el convencimiento de que la felicidad y la lujuria tienen el exacto sabor del jamón de Jabugo, algo que ya sabía desde hace tiempo pero que nunca está de más recordar.

Así, que no se vea el plato. Qué fiesta para los sentidos, qué lujuria, qué todo

Reconozcamos una gran verdad: en la casa en la que hay un jamón se discute menos. Un jamón de verdad, en su jamonero y con un cuchillo siempre listo, largo y afilado como un arco de violín. Y si encima uno de los dos sabe cortarlo… ya puede estallar la III Guerra Mundial, que no va con vosotros.

¿Cuántas conquistas habrá conseguido nuestro amigo Félix, de “La jamonería”, con ese gesto? ¿Quién sería capaz de decirle que no a cualquier cosa en el momento en que levanta la loncha y la mira al trasluz? Pídeme lo que quieras, moreno, pero sigue cortando.

No todo el mundo lo sabe, pero cuántos divorcios podría evitar un buen plato de jamón recién cortado con una botella de fino bien frío. Se ve la vida de otra manera, no nos engañemos, y se les da a las cosas la importancia que tienen, y no más. Y es que yo soy un firme convencido de que todos necesitamos un poco de sur para no perder el norte, y con un plato de jamón de Jabugo y una copa de fino cierro los ojos y me encuentro en Sevilla, con la brisa que sube desde Cádiz dándome en la cara, y no necesito más. Y es que como dice Nati Abascal, mujer sabia donde las haya: “De todo me canso menos del jamón“.

Del cerdo, hasta los andares

No sé qué filósofo diría esa frase esencial para entender al ser humano, pero desde luego es cierta: “Del cerdo, hasta los andares“. Qué cosa más bonita, por Dios, mi arma, que eso son andares y lo demás pisar el suelo, y no hay más. Y precisamente de ahí viene esa expresión tan castiza de que alguien “está jamón“. Ya lo decía Celia Gámez cuando cantaba el “Chotis de la Manuela“, aquella planchadora que estaba loca por las estrellas de Hollywood y que dice aquel piropo que a todos nos encantaría que nos dijeran: “Y Douglas es / un hombre cañón / vaya gachó / que está jamón / pa’un tropezón“. Sobran los comentarios.

Jamón es… lujuria

Y ya que hablamos de jamón y de lujuria, que mejor que acabar con algunas imágenes de “Jamón, jamón“, la película donde las mujeres se comen a los hombres y los hombres comen jamón, según el cartel. Aquí tenéis un montaje con Diana Navarro cantando “Ando medio loca embrujá por tu querer”. En fin, lo dicho, lujuria es… jamón.

Y si queréis más lujuria, con motivo de San Valentín tendremos nuestra ruta UNA HISTORIA DE LA LUJURIA EN ZARAGOZA.

Cuándo – Sábado 14 a las 19’00 y domingo 15 a las 11’30

Dónde – Puerta de la iglesia de la Magdalena

Precio – 8 € (estudiantes menores de 26 años y jubilados, 7 €; parados, 4 €)

Reservas – Llamando al 976207363 o entrando aquí

Más información – Entrando aquí

Si queréis seguirnos podéis entrar en http://www.facebook.com/gozARTE y pinchar en “me gusta”, o en twitter @gozARTE. Y ahora, os dejo unos cuantos post de nuestro blog con historias de lo más lujuriosas:

Lujuria es… Liz Taylor

Lujuria es… Olympia

Lujuria es… Marilyn Monroe

Pecadores encantadores – Rebeca y la lujuria

Lujuria es… el jamón

Lujuria es… el champagne (francés, bien sûr)

Lujuria es… sexo en Nueva York

Lujuria es… unas piernas de cinco millones de dólares

Lujuria es… el Bulli

Lujuria es… Venus

Lujuria es… el teatro chino de Manolita Chen

Lujuria es… Sodoma y Gomorra

Lujuria es… el “gabinete secreto” de Nápoles

Lujuria es… Marlon Brando

Lujuria es… Sofía

Lujuria es… la guerra de los biquinis

Lujuria es… el biquini

Lujuria es… El Plata

Lujuria es… Zeus y sus chic@s

Lujuria es… la Lollo

Lujuria es… pecado

Lujuria es… San Juan de la Cruz


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¿Eres de los que piensan que no hay color más bonito que el naranja de una botella de Veuve Clicquot? ¿Y que a Francia se le puede perdonar todo sólo por haber inventado el champagne (y el foie gras)? ¿Y que Dom Perignon es mucho más importante para la Humanidad que Napoleón? Pues entonces eres de los míos.

No se puede pedir más…

Y es que sólo hay dos bebidas que puedan tomarse a cualquier hora: el champán (o champagne, que lo mismo da) y el agua. Siempre sientan bien, siempre son oportunas y a nadie con dos dedos de frente se le ocurriría discutirlo. “¿Una copa de champán para desayunar, querida?“, pues claro que sí, o a las cinco de la mañana tras una noche de fiesta, o como aperitivo, o después de comer, o comiendo… siempre, siempre, siempre se da en la diana con una copa de champán, no lo dudéis. Es como un vaso de agua fresca, que siempre es un acierto. Y por supuesto, siempre hay que tener una botella en la nevera, porque el champán es… lujuria, sexo y lujo, lujo y sexo en una sola copa. ¿Quién da más? Al fin y al cabo, ya lo decía “Gigi” cuando cantaba aquello de que “La noche que inventaron el champán pensaron en tí y en mí“.

The night they invented champagne

It’s plain as it can be

They thought of you and me

The night they invented champagne

They absolutely knew

that all we’d want to do

Is fly to the sky on champagne

And shout to everyone in sight

That since the world began

no woman or a man

has ever been as happy as we are tonight!

Lo que viene a significar, más o menos, que la noche que inventaron el champán pensaron en tí y en mí, y tenían claro que nos iba a hacer volar hasta el cielo. Ah, y que desde que el mundo empezó nunca nadie, ni hombre ni mujer, fue tan feliz como nosotros esta noche. La verdad es que la noche que inventaron el champán nadie pensaba en nada de todo eso, seguramente porque no sólo fue por casualidad, sino que además parece que lo inventó un monje. Sí, sí, un monje benedictino llamado Dom Pérignon.

¿Quién iba a decir que algo tan excitante lo inventó un monje en un monasterio perdido en Francia?

En 1638 tuvo lugar un hecho esencial para la historia de la humanidad, pues nació Pierre Pérignon (obviamente no pudieron brindar con champán para celebrarlo, porque todavía no le había dado tiempo de inventarlo). Lo de Dom le vendría más tarde, porque es una especie de título que se les da en Francia a algunos eclesiásticos (algo así como el Don español). Porque a eso se dedicó, a la Iglesia. A los 19 años entró en un monasterio benedictino, y cuando tenía 30 fue trasladado a la abadía de Hautvilliers, en plena región de Champagne.

Aquí fue…

Allí se hizo cargo de la bodega, pues aunque era casi ciego debía tener un olfato estupendo. La vida transcurría tranquila en la abadía, hasta que un día, de pronto… oyó una explosión. El venerable monje se puso a buscar la botella que había estallado para ver qué había ocurrido, y abrió otra para ver si estaba todo en orden. Lo probó, y dicen que exclamó una de las frases más hermosas de la historia de la Humanidad: “¡Estoy bebiendo estrellas!“. Pura poesía. ¿Qué había ocurrido? Pues que aquel vino había fermentado dos veces, y no una como era habitual. Había nacido el “méthode champenoise“.

Había que conseguir que las “estrellas” no se escaparan de la botella, y Dom Pérignon encontró la forma

Las botellas normales no valían, hacía falta que fueran más resistentes. Y había que impedir que el corcho no saliera disparado, para lo que inventó la corona de alambre. Ya estaba todo preparado para uno de los grandes descubrimientos de la historia, y probablemente el más lujurioso. Había nacido el champán. Tiempo después la casa Moët&Chandon compraría los viñedos de la abadía y homenajeó al descubridor con el champán más famoso del mundo: Dom Pérignon. El suave rumor de sus burbujas es la mejor banda sonora para cualquier actividad lujuriosa que se os ocurra.

Todos los años, los cubanos que viven en Sevilla rocían la tumba de Antonio Machín con ron cubano mientras cantan sus boleros. ¿Quién se apunta a venirse de peregrinación a la de Dom Pérignon a montar algo parecido?

Y si queréis más lujuria, con motivo de San Valentín tendremos nuestra ruta UNA HISTORIA DE LA LUJURIA EN ZARAGOZA.

Cuándo – Sábado 14 a las 19’00 y domingo 15 a las 11’30

Dónde – Puerta de la iglesia de la Magdalena

Precio – 8 € (estudiantes menores de 26 años y jubilados, 7 €; parados, 4 €)

Reservas – Llamando al 976207363 o entrando aquí

Más información – Entrando aquí

Si queréis seguirnos podéis entrar en http://www.facebook.com/gozARTE y pinchar en “me gusta”, o en twitter @gozARTE. Y ahora, os dejo unos cuantos post de nuestro blog con historias de lo más lujuriosas:

Lujuria es… Marilyn Monroe

Lujuria es… Liz Taylor

Lujuria es… Olympia

Lujuria es… el champagne (francés, bien sûr)

Lujuria es… Sexo en Nueva York

Lujuria es… unas piernas de cinco millones de dólares

Lujuria es… el Bulli

Lujuria es… Venus

Lujuria es… el teatro chino de Manolita Chen

Lujuria es… Sodoma y Gomorra

Lujuria es… el “gabinete secreto” de Nápoles

Lujuria es… Marlon Brando

Lujuria es… Sofía

Lujuria es… la guerra de los biquinis

Lujuria es… el biquini

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Lo confieso: me encanta Sexo en Nueva York. Más aún, soy un adicto del tipo “Me llamo Carlos y no puedo vivir sin mi dosis diaria de Sexo en Nueva York“. Tiene el tono justo para ser frívolo pero no superficial, que es lo que mola. “Sálvame” es superficial, porque hablan de cosas que no tienen la menor importancia, pero no es frívolo, porque parece que se las toman terriblemente en serio. “Sexo en Nueva York” habla de cosas tremendamente serias, pero tomándoselas de la única manera que uno puede hacerlo: a risa, que es el arma de la gente inteligente para enfrentarse a la vida. Así que no tengo ninguna intención de desengancharme.

Cuatro personalidades perfectamente lujuriosas

Sólo Marilyn (y Liz, claro) resume todos los significados de la palabra lujuria como ellas. Sexo y lujo a partes iguales y no necesariamente por este orden, hombres y champagne, por supuesto francés, teniendo claro, además, que un diamante es para siempre y es un amigo fiel (aunque te cueste algunas lágrimas y tengas la tentación de devolver el anillo, como nuestros abuelos se devolvían las cartas cuando partían peras). Ya lo decía la señorita Monroe, ¿no? “Un beso en la mano puede ser muy europeo, pero un diamante es el mejor amigo de las chicas“. Y ni ella se lo creía, claro, igual que nuestras protagonistas tampoco se lo creen, pero algunas saben que aprender consiste también en darse cuenta de que el dolor y el orgullo pasan y las piedras quedan.

La cuestión es decidir cuáles son las cosas realmente importantes en la vida, y miles de años de historia de la Humanidad, de pensadores más y menos brillantes dándole vueltas al tarro para encontrar la gran respuesta, llevan siempre al mismo punto: lo único realmente importante es ser feliz, y lo demás, cuentos. Y ahí viene lo peliagudo, decidir qué es exactamente eso de ser feliz. Y claro, nuestras cuatro amigas tienen respuestas radicalmente opuestas y completamente similares a esa pregunta. Escuchemos qué tienen que decirnos al respecto.

A tí, Charlotte, querida, ¿qué te hace feliz?

Ay, qué pregunta. Pues lo que a todos, aunque otros no se atreven a confesarlo. Una vida con la dosis justa de estabilidad y de aventura, de amor y de sexo… Yo no pido nada del otro mundo: una boda bonita, un marido guapo y rico que me quiera y me tenga como a una reina, unos niños divinos, un apartamento de lujo en Park Avenue, una suegra que no dé mucho mal, que de las otras ya he tenido… en fin, lo que todo el mundo, ya digo. Ah, y una casa en la playa, en los Hamptons, of course. Con eso me conformo, soy una chica sencilla.

¿Puedes resumir todo eso en dos o tres palabras?

Pues claro, a ver… ¿Amor, sexo y lujo está bien? Y si no, amor, amor y amor. Eso, pon eso.

Y tú, Samantha, ¿qué necesitas para ser feliz? Dinos algo que no sepamos ya

Ay, picarón, jajaja. Yo lo quiero todo, TODO, y a TODOS, ya sabes. Yo quiero hombres guapos con penes grandes y duros. Y quiero descubrir el secreto de la eterna juventud para estar siempre joven y estupenda, que eso me quita a mí la alegría, no te creas, que las patas de gallo, las cartucheras, los pechos caídos y el culo flácido son compañeros de viaje que no tengo ninguna gana de tener, y las de veinte vienen empujando y yo no me pienso apartar y dejarles el camino libre. Lo mío me cuesta, pero aquí sigo, en la brecha. Y tómate eso como quieras, darling.

¿Y el amor? Porque ya sabes que hay quien piensa que el sexo sin amor es una experiencia vacía.

Jajajaja sí, y como dice Woody Allen, como experiencia vacía es una de las mejores. Unos reprimidos todos. Y el amor… si llega, llegará, pero se sufre mucho y no sé… ¿tú crees que vale la pena pasarlo tan mal? Además, en mi vida hay mucho amor: estoy enamoradísima de mí misma, jajaja.

Te toca a tí, Miranda. ¿Qué es para tí la felicidad?

¿Y yo qué diablos sé lo que es la felicidad? Cuando salí de Harvard lo tenía claro, pero… ya no. Mira, yo siempre pensé que la felicidad era ser brillante, tener una estupenda carrera profesional y ser independiente, sin necesitar nunca el dinero de ningún hombre. Y sí, todo eso está bien, pero ¿te hace feliz? ¿Quién me iba a decir a mí que iba a babear con una criatura? ¿Y que me iba a volver loca por un camarero? ¿Y que iba a irme a vivir fuera de Manhattan para verlos felices a los dos? Chico, las cosas cambian cada día, pero cada vez tengo más claro que soy más feliz cuanto más felices puedo hacer a los que quiero. 

Sólo nos quedas tú, Carrie. Sorpréndenos con tu idea de la felicidad

Pues no creo que te sorprenda, que me estoy volviendo cada día más simple en estas cosas. Hombre, me sigue haciendo feliz tener mi dinero donde lo pueda ver, o sea, colgando en mi armario, jajaja. Pero… y aquí habla la sesuda columnista… si te hubieras ido unos miles de años atrás y hubieras preguntado a cuatro cavernícolas a la vuelta de la caza del bisonte, te hubieran respondido lo mismo que nosotras. A lo mejor con otras palabras, pero lo mismo. Porque aquellos antepasados nuestros tan primitivos ya sabían lo que llevamos milenios intentando descubrir. Ellos en la cueva y nosotras en la sofisticadísima Nueva York, sabemos que lo único que nos hace felices es… el amor. Ni más, ni menos. Bueno, el amor y sus condimentos, claro. Que contigo pan y cebolla, pero las penas con pan son menos, y cuando el hambre entra por la puerta el amor salta por la ventana, así que… lujuria, pura lujuria, amor, sexo y lujo, o sea, amor, amor y amor. Y vivir la vida apasionadamente, apasionándose por una canción, un par de zapatos, un cuadro, una buena discusión, una ciudad, una copa de vino… pero siempre apasionándose. No hay más. En eso se resume la esencia de la vida. En la pura lujuria.

La expresión “como pa’una boda” se refiere exactamente a esto. Ellas saben que en una boda el único término medio posible entre estar divina y ser una hortera es “ir discreta”, que es la peor de las tres opciones siempre.

Porque dicen sin tapujos lo que muchos no se atreverían ni a pensar sobre el sexo, y al mismo tiempo son súper pudorosas y hasta un poco rancias y conservadoras para otras cosas. Porque mi color preferido también es el naranja de la veuve Clicquot, esa encantadora viejecita que dedicó su vida a hacer champagne. Porque ellas también saben que sencillo y simple son dos cosas completamente diferentes. Porque visten como nadie viste y hablan como nadie habla, y al mismo tiempo son absolutamente reales… por eso me encantan. Y punto.

Y si queréis más lujuria, con motivo de San Valentín tendremos nuestra ruta UNA HISTORIA DE LA LUJURIA EN ZARAGOZA.

Cuándo – Sábado 14 a las 19’00 y domingo 15 a las 11’30

Dónde – Puerta de la iglesia de la Magdalena

Precio – 8 € (estudiantes menores de 26 años y jubilados, 7 €; parados, 4 €)

Reservas – Llamando al 976207363 o entrando aquí

Más información – Entrando aquí

Si queréis seguirnos podéis entrar en http://www.facebook.com/gozARTE y pinchar en “me gusta”, o en twitter @gozARTE. Y ahora, os dejo unos cuantos post de nuestro blog con historias de lo más lujuriosas:

Lujuria es… Liz Taylor

Lujuria es… Olympia

Lujuria es… Marilyn Monroe

Pecadores encantadores – Rebeca y la lujuria

Lujuria es… el jamón

Lujuria es… el champagne (francés, bien sûr)

Lujuria es… sexo en Nueva York

Lujuria es… unas piernas de cinco millones de dólares

Lujuria es… el Bulli

Lujuria es… Venus

Lujuria es… el teatro chino de Manolita Chen

Lujuria es… Sodoma y Gomorra

Lujuria es… el “gabinete secreto” de Nápoles

Lujuria es… Marlon Brando

Lujuria es… Sofía

Lujuria es… la guerra de los biquinis

Lujuria es… el biquini

Lujuria es… El Plata

Lujuria es… Zeus y sus chic@s

Lujuria es… la Lollo

Lujuria es… pecado

Lujuria es… San Juan de la Cruz



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No me cabe la menor duda de que la noticia cultural más relevante del mundo hoy es el cierre de El Bulli. No sé cuántos periodistas habrá acreditados, pero habrán venido desde los cuatro rincones del mundo. Y no es para menos. El Bulli es mucho más que un restaurante, mucho más que una institución cultural, aunque sé que esto a muchos les rechinará en los oídos. Es uno de los focos de creatividad más potentes que hay hoy en el mundo, y lo digo con el absoluto convencimiento del que cree que una cena puede ser una inmersión en la vanguardia tan radical como una performance en la galería más transgresora de Tribeca. Ni más ni menos.

El entorno contribuye a la experiencia, claro

No he tenido la suerte de comer en El Bulli, pero… casi. Si alguno de vosotros lo ha intentado sabrá que había más posibilidades de viajar a la luna que de conseguir mesa, pero resulta que Sevilla siempre es la solución, y muy cerca, en Sanlúcar la Mayor, está El Bulli hotel, la maravillosa “Hacienda Benazuza” convertida en un resumen del universo de El Bulli en donde se puede dormir, comer, desayunar, bañarse en la piscina… y todo ello es una experiencia inolvidable, simplemente. Y lujuriosa. Muy, muy lujuriosa en todos los sentidos.

Un cortijo lleno de sorpresas

Parece ser que alguien le comentó a Adriá que, si cada año cambiaba la carta de arriba a abajo, nunca sería posible volver a probar los “grandes éxitos” de cada temporada. Y entonces se le ocurrió la posibilidad de ofrecer un menú que resumiera lo mejor de El Bulli en este lugar mágico. Y fue allí, al ladito de mi Sevilla del alma, donde viví mi primer contacto con el “Universo Bulli”. Y no lo olvidaré nunca, de eso estoy seguro, porque he vivido pocas experiencias tan maravillosas, excitantes, inquietantes, devastadoras, excepcionales, sorprendentes, alucinantes… como aquella cena. Que fue muchísimo más que una cena, desde luego. Fue, para empezar, un juego. Porque da la impresión de que Adriá se divierta provocándote, como diciendo: “Adivina cómo he hecho esto“. Y poniéndote trampas continuamente. Trampas incruentas, claro, puestas ahí para que no te confíes, estés alerta, y tu capacidad de disfrutar y de sorprenderte se multiplique.

Unas inocentes aceitunas, pero ¿es que acaso hay aceitunas inocentes?

Aquí va un ejemplo. Una amable camarera se acerca con un frasco de cristal y con unas modernas cucharillas saca unas aceitunas de aspecto inocente. Pero cuidado, porque aquí nada es lo que parece. Nada es simple ni inocente. Y lo que parece una aceituna explota en la boca y de pronto… tenemos dentro de nuestro cerebro el sabor de todas las aceitunas del mundo. Pero, las aceitunas no son líquidas, ¿no? Y suelen tener hueso, y si no lo tienen se les nota, porque a las aceitunas rellenas se las ve venir. Pues hay que olvidarse de cualquier idea preconcebida. Estas aceitunas esferificadas son otra cosa, un mundo nuevo, algo que no se parece a nada que hayas probado antes. Una fiesta para los sentidos tan extraordinaria como un cuadro de Matisse con colores tan intensos como la vida.

Aunque uno se tenga que limitar a mirar, como en este caso, ¿quién puede decir que esto no es la obra de un auténtico artista?

¿Y qué decir del spaguetti? No he encontrado una foto, pero aquel spaguetti me dejó en estado de shock, porque ¿cómo es posible que un spaguetti de dos metros cambie de sabor a medida que lo vas sorbiendo? ¿Suena raro? Pues es exactamente así: un pequeño cuenco con un solo spaguetti y una instrucción clara, “todo para dentro de un sólo sorbo“. Pues nada, chico obediente que es uno en estos casos, de un sorbo. Me hubiera encantado que alguien grabara mi cara durante esos segundos que duró aquella experiencia, porque debía ser un poema (en cualquier caso, no olvido la de Juan, que estaba enfrente, y con eso me hago a la idea). Aquel simple spaguetti (error, aquí nada es simple; puede parecer sencillo, pero de ahí a ser simple… va un mundo) cambiaba de sabor. ¿Cómo se hace eso? Ni idea. ¿Magia? Pues un poco de magia, otro poco de tecnología, otro poco de genio creativo, un mucho de trabajo… en fin, inolvidable.

Sólo una cosa más. En el tema de la sopa, soy mucho más radical que Mafalda. ¡¡¡SOPA, NO!!! Y punto. No es que sea impertinente, es que mi código genético no me lo permite. Qué más quisiera yo, pero es que me han dibujado así, oiga. Pues bien, aquí, si me sacan sopa, pues sopa que como, y encima a gusto. Pero es que claro, ¿quién se resiste a algo como esto? Una sopa tan peculiar que incluso es necesario que alguien lo ponga por escrito para darnos cuenta de que lo es.

25 pequeños platos así son una experiencia tremenda, tan agotadora para la mente como la mejor exposición. Y eso, que la mente trabaja, se nota en el gesto. Intriga, sorpresa, satisfacción y en algún momento incluso placidez, que dura poco, porque enseguida viene la siguiente prueba. Lo que está claro es que uno no viene aquí a comer, aunque también, por supuesto. Se viene a jugar, a echar un pulso con un genio que tiene todas las de ganar, claro, y no sólo porque él es el que diseña el menú para hacerte alucinar, sino porque es un tipo excepcional. Si el siglo XX en España está marcado de punta a punta por Picasso, su sucesor es Adriá, sin ninguna duda. Los dos son capaces de mirar el mundo como nadie lo ha mirado antes que ellos, y de contarlo después con un lenguaje nuevo. Los dos hacen trabajar tu inteligencia a toda máquina, y al fin y al cabo ¿hay algo más excitante que un cerebro en funcionamiento?

En fin, que El Bulli cierra hoy, pero reabrirá convertido en algo nuevo que seguro que nos sorprende, porque si algo tiene este tipo es que no es previsible, que cuando nosotros vamos ya vuelve, que tiene una inmensa capacidad para adivinar por dónde van a ir las cosas, o para dirigirlas por dónde cree que sería mejor que fueran. Esperaremos con impaciencia a ese 2014 que será ya para siempre el año en que reabrió El Bulli.

Y si queréis más lujuria, con motivo de San Valentín tendremos nuestra ruta UNA HISTORIA DE LA LUJURIA EN ZARAGOZA.

Cuándo – Sábado 14 a las 19’00 y domingo 15 a las 11’30

Dónde – Puerta de la iglesia de la Magdalena

Precio – 8 € (estudiantes menores de 26 años y jubilados, 7 €; parados, 4 €)

Reservas – Llamando al 976207363 o entrando aquí

Más información – Entrando aquí

Si queréis seguirnos podéis entrar en http://www.facebook.com/gozARTE y pinchar en “me gusta”, o en twitter @gozARTE. Y ahora, os dejo unos cuantos post de nuestro blog con historias de lo más lujuriosas:

Lujuria es… Liz Taylor

Lujuria es… Olympia

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Pecadores encantadores – Rebeca y la lujuria

Lujuria es… el jamón

Lujuria es… el champagne (francés, bien sûr)

Lujuria es… sexo en Nueva York

Lujuria es… unas piernas de cinco millones de dólares

Lujuria es… el Bulli

Lujuria es… Venus

Lujuria es… el teatro chino de Manolita Chen

Lujuria es… Sodoma y Gomorra

Lujuria es… el “gabinete secreto” de Nápoles

Lujuria es… Marlon Brando

Lujuria es… Sofía

Lujuria es… la guerra de los biquinis

Lujuria es… el biquini

Lujuria es… El Plata

Lujuria es… Zeus y sus chic@s

Lujuria es… la Lollo

Lujuria es… pecado

Lujuria es… San Juan de la Cruz


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Como hoy es viernes (o sea, dies Veneris, el día de Venus para los romanos) viene a cuento hablar de Venus, la diosa que nació de la espuma de las olas del mar y llegó hasta la orilla sobre una venera (una concha). Es la diosa de la belleza y del amor, y las enfermedades del amor se llaman… venéreas, claro, y tienen algo que ver con el monte de Venus, ¿no? ¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo? Pues porque Venus no era exactamente la diosa del amor romántico, sino más bien de la atracción física y sexual.

Venus subida encima de una enorme venera y tapándose pudorosamente el monte de Venus (qué lío, madre) con su melena rubia

Parece un trabalenguas pero no lo es. Simplemente es que las palabras nunca son como son por casualidad, y aquí queda bien claro. Pero bueno, a lo que vamos, es decir, a Venus. O a Afrodita, que así la llamaban los griegos. La cosa fue que Cronos castró a Urano con una hoz y tiró sus genitales al mar. Y cosas de los dioses, su esperma fecundó las olas y…

Afrodita, en griego, quería decir algo así como “surgida de la espuma”. Y no es casualidad, claro

Parece ser que “surgía del miembro inmortal una blanca espuma y en medio de ella nació una doncella“. Y por cierto, nació ya mayor e  “infinitamente deseable“. El caso es que, para que no surgieran disputas entre los dioses a causa de su belleza, hubo que buscarle rápidamente un marido, y eligieron a Vulcano, feo y deforme pero con un mal genio suficiente como para ahuyentar a los posibles amantes.

Venus y Marte después de un agotador “encuentro en la tercera fase”. Marte, el pobre, debió acabar exprimidico, porque no puede más

¿Suficiente? Pues no, menuda era Venus. De primer plato, Marte, dios de la guerra, que se dice pronto. Joven, guapo, bien plantao… nada que ver con su pobre marido, que estaba todo el día dale que te pego a la fragua. Menudo triángulo amoroso, ¿eh? El pobre Vulcano sudaba haciendo la armadura del amante de su mujer. Marte sudaba haciendo feliz a la insaciable Venus. Y Venus… también sudaba y se lo pasaba mejor que nadie. Hasta que…

El pretendiente despechado (Apolo) se venga yéndole con el chisme al marido cornudo (Vulcano)

Lo de los dioses de los griegos y romanos eran bajas pasiones, y lo demás cuentos. El Olimpo era un patio de vecinos y todo se sabía antes o después, y claro, cuando Apolo (rechazado por Venus) le fue a Vulcano con el cuento… Menudo cuerpo se le quedaría al pobre, que encima estaba haciendo la armadura de Marte con toda la dedicación del mundo. Pero debió de pensar… “arrieros somos, Marte, y en el camino nos encontraremos“. Y preparó una trampa para que en el momento en que se pusieran a la faena, una red les cayera encima y no pudieran escapar.

Vulcano, debajo de la mesa, no puede creer lo que ven sus ojos

Imaginaos la escena. Venus diciendo “esto no es lo que parece, Vulcano, hijo, que eres un dramático, de verdad te lo digo“, Marte sin saber dónde meterse, y Vulcano que llama a todos los dioses del Olimpo para que vengan a ver el espectáculo. Un show, os lo digo yo. Eso sí, ¿creéis que Venus escarmentó con aquello? Pues no, pero es que hay que ponerse en el lugar de la pobre, Vulcano era poco dios para ella, y claro…

Con ese bigotillo, esa caida de ojos, esos rizos, ese cuerpazo juvenil… Adonis estaba como pa’un tropezón, y hasta pa’dos. ¿Quién lo dejaba marchar, aunque fuera de caza?

¿Alguna vez os han dicho “estás hecho un Adonis“? Es que Adonis era un bombón, y claro… Venus perdió la cabeza por él. Hasta se aficionó a la caza para acompañarle, no os digo más. Pero claro, tenía que llegar el día en que no pudiera acompañarle, que Venus también tenía sus obligaciones, y Adonis se fue solo a cazar. “Hazme el favor de ir con cuidao, Adonis, que tú te piensas que todo el mundo es bueno como tú y no, que yo sé más de la vida, y los bichos tienen mucho peligro“. Igual le iba a dar, porque Adonis se marchó tan contento pensando que al fin y al cabo, ¿qué sabrían de caza las mujeres? En éstas estaba cuando se encontró con un jabalí con cara de pocos amigos, y… Hay quien piensa que el jabalí era Marte, harto de que Venus pasara de él, y yo creo que posiblemente sí. ¿Sabéis por qué? Pues por la forma que tuvo de matar a Adonis, castrándole de un mordisco y dejando que se desangrara. Si habéis hecho un curso de detectives por correspondencia estaréis de acuerdo conmigo en que eso es un crimen pasional de manual, ¿o no? La cuestión es que el sofocón que se dio la pobre Venus cuando se encontró a Adonis muerto no es ni para contarlo. Al final medio resucitó, pero chico, ya no era lo mismo.

Una imagen vale más que mil palabras, y si es de Goya aún más

Y si queréis más lujuria, con motivo de San Valentín tendremos nuestra ruta UNA HISTORIA DE LA LUJURIA EN ZARAGOZA.

Cuándo – Sábado 14 a las 19’00 y domingo 15 a las 11’30

Dónde – Puerta de la iglesia de la Magdalena

Precio – 8 € (estudiantes menores de 26 años y jubilados, 7 €; parados, 4 €)

Reservas – Llamando al 976207363 o entrando aquí

Más información – Entrando aquí

Si queréis seguirnos podéis entrar en http://www.facebook.com/gozARTE y pinchar en “me gusta”, o en twitter @gozARTE. Y ahora, os dejo unos cuantos post de nuestro blog con historias de lo más lujuriosas:

Lujuria es… Liz Taylor

Lujuria es… Olympia

Lujuria es… Marilyn Monroe

Pecadores encantadores – Rebeca y la lujuria

Lujuria es… el jamón

Lujuria es… el champagne (francés, bien sûr)

Lujuria es… sexo en Nueva York

Lujuria es… unas piernas de cinco millones de dólares

Lujuria es… el Bulli

Lujuria es… Venus

Lujuria es… el teatro chino de Manolita Chen

Lujuria es… Sodoma y Gomorra

Lujuria es… el “gabinete secreto” de Nápoles

Lujuria es… Marlon Brando

Lujuria es… Sofía

Lujuria es… la guerra de los biquinis

Lujuria es… el biquini

Lujuria es… El Plata

Lujuria es… Zeus y sus chic@s

Lujuria es… la Lollo

Lujuria es… pecado

Lujuria es… San Juan de la Cruz


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¿Alguien de más de treinta y muchos no recuerda el “Teatro chino de Manolita Chen”? Todos tenemos alguna espina clavada por no haber podido hacer alguna cosa, y la mía es no haber podido entrar nunca. Recuerdo que cuando era pequeño veía el rótulo de bombillas año tras año, cuando llegaban las fiestas del Pilar e iba a las ferias con mis padres, mis abuelos o mis tías. Pero cuando tuve la edad de ir ya no existía, y siempre me ha picado la curiosidad de saber qué era lo que uno se encontraba cuando pasaba aquella puerta que para mí siempre tuvo algo de mágica. Quién sabe, igual me imaginaba entonces que dentro se desnudaban hasta los acomodadores. No recuerdo qué fantasías tenía, pero lo que es seguro es que las ferias no eran ferias sin el “Teatro chino de Manolita Chen”.

Buscando, buscando, he encontrado bastante información sobre aquel mítico teatro ambulante, y esto es lo que he podido deducir. Para empezar, que hubo un auténtico señor Chen, y para seguir que hubo dos Manolitas, una auténtica y otra falsa que además era transexual. Vamos, todos los ingredientes para un estupendo culebrón. Ahí va la historia. Nuestra primera protagonista es Manuela Fernández Pérez, una bailarina y cantante que a principios de los 40 conoció en el Circo Price a Chen Tse-Ping, un lanzador de cuchillos de la troupe Chekiang. Se enamoraron, se casaron y Manolita pasó a formar parte de la troupe.

Imagínense al señor Chen venga a lanzarle cuchillos a la pobre Manolita. Hay gente que tiene formas de los más extravagantes de demostrar su amor

El caso es que el señor Chen vio que aquello tenía futuro y decidió montar un circo ambulante que acabaría llamándose Teatro Chino de Manolita Chen. Y aquí viene la segunda parte. Un socio del amigo Chen decidió montárselo por su cuenta con el dueño de una tómbola, y contrataron a una estrella del Paralelo Barcelonés, el primer transexual popular en nuestro país. Su nombre de nacimiento era Manuel Saborido y acabó siendo la segunda Manolita Chen.

“Compañía de galas orientales”. Aquello no podía ser más evocador, ¿no?

Es posible que nunca llegue a saber si el “Teatro chino de Manolita Chen” que yo veía todos los años para las fiestas del Pilar era el auténtico o el falso (los dos eran auténticos, en cualquier caso), y la verdad es que prefiero no saberlo. Lo cierto es que el espectáculo debía ser similar y todo un éxito, ya que llegaban a hacer ¡¡¡¡OCHO FUNCIONES DIARIAS!!!! Marifé de Triana, sin ir más lejos, empezó allí, y allí se curtió aprendiendo a aguantar el frío y el calor, el aplauso y la indiferencia del público…

Las leonas del destape, casi ná

En cualquier caso, la atracción estrella (y aquí pongo los dos ♦♦ de la tele de mi infancia, y que el que siga leyendo que se atenga a las consecuencias) era… Nicomedes Expósito, el enano más potente del siglo XX. Sí, cómo suena, porque el tal Nicomedes era más que superdotado y al mismo tiempo desafiaba la ley de la gravedad, pues aquello tenía una firmeza nunca vista. Tanto que su número estrella consistía en introducir el susodicho miembro en un agujero de la mesa del prestidigitador, y con la única ayuda de sus manos y sus pies era capaz de dar vueltas sobre tan original eje. Esto en las funciones de tarde, mientras que en las de noche se sustituía la mesa por la domadora de tigres, manteniéndose igual el resto del número. Lamento no tener fotos, aunque eso hubiera significado acabar con todas las existencias de rombos de este blog.

Manolita Chen (la “falsa”) luciendo muslamen, que se decía en la época

Para acabar, decir que el “Teatro chino de Manolita Chen” aparece en la película que inaugura el género del destape, “La trastienda”, donde puede verse un desnudo cuasi integral de María José Cantudo (sí, a mí se me quedó la misma cara que a vosotros). En fin, que es un trozo de historia de España y se merecía un lugar en nuestra particular Enciclopedia de la Lujuria, por la cantidad de sueños lujuriosos que provocó en nuestros padres y abuelos.

Y si queréis más lujuria, con motivo de San Valentín tendremos nuestra ruta UNA HISTORIA DE LA LUJURIA EN ZARAGOZA.

Cuándo – Sábado 14 a las 19’00 y domingo 15 a las 11’30

Dónde – Puerta de la iglesia de la Magdalena

Precio – 8 € (estudiantes menores de 26 años y jubilados, 7 €; parados, 4 €)

Reservas – Llamando al 976207363 o entrando aquí

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Lujuria es… Venus

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