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El 20 de diciembre de 1591 rodó la cabeza de Juan V de Lanuza, Justicia de Aragón, en la Plaza del Mercado de Zaragoza. Felipe II le había condenado a muerte por “levantar banderas contra su rey“. “Los soldados ocuparon las calles“, “se hizo pública la sentencia del justicia y envolvió en luto y en silencio toda la ciudad. Y desde aquella casa hasta el cadalso fue llevado con pregones, en que decían que el rey le mandaba cortar la cabeza, derribar sus casas y castillos y confiscar su hacienda“. ¿Qué había pasado para llegar a ese punto?

“Quien tal hace, que tal pague”

Para empezar, ¿qué es eso del Justicia? Pues la institución más específicamente aragonesa. Al principio no había justicias estables y el rey nombraba un juez para que actuase en su nombre para disputas concretas. El cargo se creó en las Cortes de Ejea de 1265, para juzgar los pleitos entre el rey y los ricos hombres o caballeros, o entre ellos mismos. El Justicia acabó por convertirse en la figura más respetada del reino. Ante él juraban los Fueros los monarcas, presidía las Cortes en ausencia del rey e interpretaba las leyes, pudiendo incluso formar un ejército si el Reino se encontraba en peligro. Era un caballero que ejercía su cargo de forma vitalicia, sin posibilidad de renuncia o destitución, lo que le permitía ganar en poder e independencia frente al rey y las presiones de los nobles. Lo malo es que tras la unión con Castilla los nuevos reyes no entendieron la sensibilidad aragonesa hacia sus leyes y empezaron a poner límites a la autonomía del Justicia.

Monumento al Justiciazgo

Fernando el Católico había puesto la primera piedra, y sus sucesores Carlos I y Felipe II terminaron un edificio donde la monarquía designaba cargos políticos, nombraba obispos, imponía sus jueces y tribunales y tomaba todo tipo de decisiones. En Aragón algunas medidas, como nombrar a castellanos para cargos políticos dentro del Reino o desprestigiar las sentencias del Justicia de Aragón, fueron mal recibidas.  La cosa empezó así y fue a más. Los Virreyes, representantes del Rey en Aragón, llegaron a tomarse la justicia por su mano, ajusticiando a prisioneros o torturándolos a pesar de que el Justicia era el único que podía juzgar los delitos cometidos por aragoneses. Y la gota que colmó el vaso fue cuando Antonio Pérez, antiguo secretario de Felipe II, huyó de Castilla y pidió la protección del Justicia. La nobleza aragonesa salió en su defensa y desafió al rey, que enfurecido envió un ejército, tomó Zaragoza, cortó la cabeza del Justicia y encarceló a los nobles rebeldes.

“Se hizo pública la sentencia del justicia, y envolvió en luto y en silencio toda la ciudad”

Si queréis conocer con detalle lo que pasó en aquellos tremendos meses y recorrer los escenarios en los que todo aquello tuvo lugar, podéis participar en nuestra ruta “¿Dónde está mi cabeza?“.

Cuándo - Sábado 21 y domingo 22 de diciembre a las 11’30

Dónde – Delante del edificio de Capitanía (plaza de Aragón)

Precio – 8 € (7 € para estudiantes menores de 26 años y jubilados; 4 € para parados)

Reservas – Llamando al 976207363 o entrando aquí

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La Seo, una de las dos catedrales de Zaragoza, declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad, espectacular, maravillosa… es un lugar inagotable, lleno de historias y secretos. Hoy os propongo recorrerla conmigo en busca de todo lo relacionado con un tema tan fascinante como la muerte. ¿Os apetece? Pues empezamos:

1 – UNA TUMBA EN LA QUE SÓLO HAY UN CORAZÓN – el príncipe Baltasar Carlos, hijo de Felipe IV, murió en Zaragoza con 17 añicos. Su cuerpo acabó en el Panteón de Infantes de El Escorial, pero su corazón… enterrado en la Seo (por cierto, el de su hermanastro, Don Juan José de Austria, está en el Pilar). No os digo dónde, pero os dejo un retrato suyo.

Velázquez lo pintó como lo que era, un proyecto de rey

2 – UN RELICARIO CON UN CRÁNEO DENTRO - El cuerpo de San Valero, por cosas de la vida, acabó en la catedral de Roda de Isábena. Eso sí, como los humanos tenemos la fea costumbre de no dejar a los santos descansar en paz y de irlos descuartizando poco a poco para repartir sus trozos un poco por todas partes, primero se trajo a Zaragoza un brazo y después el cráneo. No os cuento el milagro que hizo, pero os dejo esta foto para que vayáis pensando dónde puede estar.

El busto-relicario de San Valero, con el cráneo dentro

3 – UNA PIEDRA DE MOLINO QUE NO SE HUNDE NI A TIROS - Cuentan que a San Vicente, diácono de San Valero, le martirizaron de todas las formas posibles y no había manera de que se muriera. Cuando por fin lo lograron tiraron el cuerpo al mar atado a una rueda de molino… ¡¡¡y flotaba!!!

El cadáver de San Vicente, tan ricamente sobre su rueda de molino

4 – UN SANTO, UN DRAGÓN Y MUCHA SANGRE – En algún rincón de la Seo está mi dragón preferido. San Jorge le mete una lanza por la boca y se la saca, llena de sangre, por la nuca. Cuando estás debajo casi parece que te vaya a caer alguna gota encima.

¿Estáis seguros de que el pobre dragón era tan malo como para esto?

5 – UN ARZOBISPO HIJO DE OTRO ARZOBISPO - El arzobispo Don Hernando de Aragón fue hijo del arzobispo Don Alonso de Aragón, que a su vez también fue padre del arzobispo Juan II de Aragón y abuelo de San Francisco de Borja… ¿Os aclaráis con este lío archiepiscopal?

Aquí os dejo, de momento, la tumba de Don Hernando de Aragón. Por cierto, su corazón… Mejor os lo cuento en la visita

6 – UN CRISTO QUE HABLA Y UN CANÓNIGO QUE PEDÍA DEMASIADO – Cuentan que un día estaba el canónigo Martín de Funes rezando ante el Santo Cristo de la Seo, y de pronto… Cristo le habló. Sí, sí, como lo oís. ¿Os imagináis qué le diría para que el canónigo le hiciera una fantástica capilla y se enterrar allí, rezándole eternamente?

Colgando delante del Santo Cristo están las palabras que dijo

7 – UN “BANQUERO” QUE SE HIZO RICO CON SUS CHANCHULLOS – Gabriel Zaporta no era exactamente un banquero, pero más o menos. Y lo que está claro es que se forró haciendo negocios de todo tipo, incluso alguno limpio. Además de su casa (en la que estaba el “patio de la Infanta”) se hizo una estupenda capilla para enterrarse en la Seo. Si venís podréis ver su retrato (hecho un pincel, por cierto) en la lápida de encima de la tumba.

“Ya que sea, que se vea”, debió pensar Gabriel Zaporta después de haberse gastado sus buenos cuartos en la capilla

8 – UNOS HUESOS PERDIDOS Y ENCONTRADOS – Cuenta la tradición que Santo Dominguito de Val, infantico de la Seo, fue martirizado por los judíos. No sólo nos encontramos su historia representada por todas partes, sino que se conserva una arqueta con sus reliquias, encontradas por casualidad en la sacristía siglos después de haberlas perdido. No pongáis esa cara, que a todos nos han pasado cosas así. ¿O no?

¿Dónde está ahora la arqueta con las reliquias de Santo Dominguito?

9 – UN CANÓNIGO ASESINADO QUE HACE MILAGROS DESPUÉS DE MUERTO – Una noche de luna de 1485 un grupo de conspiradores entró por la puerta de la Pabostría de la Seo y, delante del altar mayor, asesinó a Pedro Arbués, el primer inquisidor de Aragón. ¿Queréis saber por qué? ¿Os imagináis qué milagros ocurrieron esa misma noche?

Un santo de la casa se merece una capilla, ¿no? Qué menos

10 – Y MUCHAS COSAS MÁS… - Muchas más historias de tumbas, muertes, reliquias, milagros y hasta algún otro asesinato. ¿Queréis descubrirlo todo? Pues no os podéis perder nuestra visita “Muerte en la Seo”.

Las naves de la catedral están llenas de historias…

Si queréis descubrir LOS SECRETOS DE LA SEO no os podéis perder la visita que hemos preparado para los sábados de julio y agosto a las 10’30, con la fresca.

Cuándo – Sábados de julio y agosto a las 10’30 de la mañana
Dónde – Puerta principal de la Seo
Precio – 10 € por persona (jubilados, 8 €; parados, 5 €)
Reservas – Llamando al 976207363 o entrando aquí

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¿Jugamos a buscar las 7 diferencias?

Os propongo un juego: vamos a buscar las diferencias que hay entre la fachada de la Escuela de Artes tal y como la dejó Félix Navarro y como la podemos ver hoy. Eso sí, os tendréis que acercar hasta la Plaza de los Sitios para poder verla bien, porque los árboles han crecido mucho desde entonces y hoy es casi imposible sacar una foto de conjunto.

¿Veis algún cambio?

Viendo esta foto os daréis cuenta a la primera de uno de los cambios. La fachada tenía dos pisos cuando se construyó, y ahora tiene tres. Pero la diferencia más llamativa es otra. Os pongo otra fotografía antigua, por si no habéis caído.

¿Qué es eso puntiagudo que hay sobre el reloj, rematando la fachada, por los tejados…?

Por todas partes, en los remates del edificio, hay pequeñas torres Eiffel. No intentéis buscarlas ahora, porque ya no están. Una pena, porque le daban una personalidad de lo más singular. Pero la cuestión es, ¿a qué se debe esta obsesión de Félix Navarro por la torre Eiffel? La clave está en el hierro, que a lo largo del siglo XIX y al ritmo de la Revolución Industrial, se había convertido en uno de los materiales fundamentales de la nueva arquitectura. La torre se construye para la Exposición Universal de París de 1889, pero esa extraordinaria aventura había comenzado mucho antes. ¿Os apetece un viajecito para descubrirlo? Pues coged el paraguas y retrasad los relojes dos siglos y pico, porque nos vamos a la Inglaterra en la que acababa de estallar la Revolución Industrial. Allí, James Watt había patentado en 1784 un invento que iba a cambiar el mundo: la máquina de vapor. Del trabajo manual a la era de la máquina, de la artesanía a la producción en serie, y de los materiales tradicionales, como la piedra o la madera, al vidrio, el hierro… Gracias a ellos se pudieron construir los nuevos edificios necesarios para un mundo en cambio constante: estaciones de ferrocarril, grandes pabellones para exposiciones, bocas de metro…

hierro

En 1851 tuvo lugar la primera Exposición Universal en Londres, y para albergarla se levantó el Crystal Palace (desaparecido en un incendio en 1936, aunque se conservan otros, como el que se hizo en Madrid en 1887 inspirándose en él; el de Londres es el de la fotografía de la izquierda y el de Madrid el de la derecha). El responsable del proyecto fue un experto en la construcción de invernaderos con hierro y vidrio. Atentos a las medidas: 600 metros de largo, 120 de ancho y 34 de alto. No había catedral en el mundo que tuviera esas dimensiones, más que nada porque con los materiales tradicionales era imposible lograr un espacio diáfano como ese (las vigas de madera no podían tener esa anchura, y eran necesarios pilares muy gruesos para sujetarlas). El hierro permitía trabajar con piezas prefabricadas y hechas en serie (más rápido y más barato, por tanto), más resistentes a los incendios y, sobre todo, con vigas de una anchura que hubiera sido impensable cuando no se disponía más que de madera y que se apoyaban columnas altas y muy esbeltas. De pronto se abría un mundo lleno de posibilidades. ¿Os apetece que nos vayamos a París a descubrir algunas?

Les Halles, el vientre de París

En 1852, un año después del Crystal Palace, se construyó, en pleno corazón de París, un inmenso mercado formado por diez pabellones que ocupaban una superficie de unas diez hectáreas y que son el principal protagonista de una novela de Zola titulada “El vientre de París“. ¿Queréis verlo desde el aire para haceros una idea de lo que estamos hablando?

Nuevas soluciones para nuevas necesidades

La población de las grandes ciudades no paraba de crecer, y se planteaban continuamente problemas nuevos. Sólo había una forma de construir algo tan gigantesco, y era utilizando el hierro de forma masiva. El resultado fue un completo éxito, tanto que en 1968 aún seguía funcionando (en “Charada“, de 1963, Audrey Hepburn corre por aquí). Aquí tenéis una imagen que muestra la vida que bullía a su alrededor.

La imagen lo dice todo

En 1968 se tomó la decisión de demoler Les Halles. No me resisto a poner varias fotos de aquello, porque me parecen de una increíble belleza y transmiten toda la potencia estética del hierro (algo que en el momento de su construcción aún no se reconocía por la mayor parte de la gente).

Sobran las palabras, ¿verdad? Afortunadamente, muy pocos años después el Mercado Central de Zaragoza (también una joya de la arquitectura del hierro) se salvó de la demolición. En cualquier caso, uno de los pabellones de Les Halles parisinos se trasladó a otro lugar, se conservó y hoy se utiliza para todo tipo de cosas.

Exterior del Pavillon Baltard, hoy en las afueras de París

Una feria en el Pavillon Baltard

Donde estuvieron Les Halles hay hoy una inmensa plaza, con construcciones que parecen planteadas como un homenaje a aquella arquitectura hecha de hierro y de vidrio.

Una cosa por otra

Tanto el Crystal Palace como Les Halles eran edificios funcionales, así que a nadie le chocó que se utilizaran en ellos los nuevos materiales. Al fin y al cabo, este tipo de construcciones eran casi más terreno de la ingeniería que de la arquitectura, al menos de la arquitectura entendida como una de las Bellas Artes. Pero si os fijáis en esta foto, estamos en la sala de lectura de una biblioteca (la de Sainte Geneviève, al lado del Panteón de París) y está claro con qué está hecha la estructura, ¿no? Con hierro, claro.

La sala de lectura, amplia, luminosa, diáfana…

Me cuesta creer que no se apreciara desde el primer momento la belleza de una construcción como esta. Mirad, por ejemplo, los maravillosos dibujos que se hicieron de las diferentes piezas.

A mí se me cae la baba viéndolo, pero entonces mucha gente pensaba que el hierro no tenía ningún valor estético

La verdad es que encontrarlo en un edificio de este tipo es chocante, porque a pesar de que el hierro era estupendo para solucionar los nuevos problemas que se presentaban a los arquitectos de aquel tiempo, tenía un problema: no gustaba, no se consideraba un material noble y adecuado para la arquitectura monumental. ¿Queréis ver la fachada de la biblioteca?

Nada que ver con el interior, ¿no?

Materiales tradicionales, relieves de piedra… en fin, lo adecuado para el entorno monumental del centro de París. ¿Quién se imaginaría, viéndolo, que detrás hay un interior ultramoderno para la época? En cualquier caso, era cuestión de tiempo que el hierro acabara siendo aceptado en obras de todo tipo, y no sólo de carácter industrial o funcional, y también era cuestión de tiempo que llegase a nuestro país. Las primeras obras son puentes, como el de Triana, en Sevilla, pero los primeros edificios son dos mercados madrileños y un teatro zaragozano. Ninguno de ellos sigue en pie, pero los tres fueron edificios estupendos y a la última. ¿Queréis verlos?

Mercado de los Mostenses, de 1875

Mercado de la cebada, de 1875

Teatro Pignatelli de Zaragoza, de 1878

Interior del Teatro Pignatelli

El Teatro Pignatelli estaba situado más o menos donde hoy está el edificio de Correos, en el Paseo de la Independencia. Os imagináis quién lo construyó, ¿no? Pues claro, Félix Navarro, y por eso le hemos llamado el Eiffel de Zaragoza, porque aunque nació en Tarazona fue en nuestra ciudad donde desarrolló la mayor parte de su carrera.

Hemos empezado hablando de su admiración por la Torre Eiffel, ¿os acordáis? Pues bien, no hemos llegado todavía ni al año en que se construyó la torre (1889) y ya nos encontramos con una fantástica construcción en hierro de Félix Navarro. En el próximo post hablaremos de Eiffel, de la torre, de la Exposición Universal de París, a la que Félix Navarro viajó… y de muchas cosas más.

Gracias a Félix Navarro Zaragoza fue más hermosa, más moderna, más cómoda y agradable para sus ciudadanos. Si quieres descubrir cómo fue aquella ciudad que él contribuyó a transformar, en una ruta en la que conoceremos edificios tan distintos como el Mercado Central o la Escuela de Artes, el Monumento al Justicia, edificios de viviendas… ponte en contacto con nosotros en el 976207363, pues podemos realizar la ruta en cualquier momento para un grupo.

Y si quieres descubrir una de sus obras más singulares, el Palacio de Larrinaga, ahora tienes la oportunidad. Todos los sábados de diciembre a las 11’30 podrás participar en una visita a un palacio lleno de lujo y leyenda que tiene una gran historia de amor detrás. Hace ya más de cien años que el naviero Miguel Larrinaga, cuyos barcos daban la vuelta al mundo desde su sede de Liverpool, se lo regaló a su mujer, Asunción, nacida en Albalate del Arzobispo. Seguro que habéis visto muchas veces sus puertas cerradas al pasar por allí, pero ¿os imagináis cómo es por dentro? ¿Queréis descubrir con nosotros este fascinante lugar? Pues gracias IberCaja, su actual propietario, ahora tenéis la oportunidad.

Cuándo – todos los sábados a las 11’30
Dónde – Palacio Larrinaga, Avda. Miguel Servet 123
Precio – 10 € (9 € para jubilados y estudiantes menores de 26 años; 6 € para parados)
Reservas – Llamando al 976207363 o entrando aquí

Y si queréis saber más sobre Félix Navarro…

Félix Navarro – un paseo en imágenes por la historia del Mercado Central

Zaragoza y Félix Navarro

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Esos ojos, esa boca, esos dedos… ¡¡¡Qué miedo!!!

Seguramente Béla Lugosi es una de esas personas a las que nunca invitarías a cenar, por si acaso (¿o sí?). Drácula es igualico, igualico que él, no hay más. Y es que ya desde pequeño Béla estaba destinado a convertirse en el conde más famoso del mundo. Para empezar, nació en la mismísima Transilvania, concretamente en Lugoj, y por eso se puso de nombre artístico Béla (que era su nombre real) Lugosi (o sea, el de Lugoj). Vamos, como Marifé de Triana, pero en rumano. No sabemos si por su origen, por su aspecto físico o por todo junto, pero el caso es que interpretó tantas veces al vampiro más famoso de todos los tiempos y se sintió tan identificado con él que cuentan que llegó a creérselo. Tanto, que pidió que le enterraran vestido con su capa negra forrada de satén rojo. ¿Cómo lo veis?

Después de ver esto, ¿quién se atreve a asegurar que los vampiros no existen?

Cuenta una vieja leyenda de Hollywood (probablemente más falsa que Judas) que en el entierro de Béla Lugosi se juntaron dos astros del cine de terror, Vincent Price y Peter Lorre, y mirándolo dijeron: “¿No deberíamos clavarle una estaca por si acaso?“. No lo hicieron, entre otras cosas porque parece que ninguno de los dos estuvo realmente en el funeral, pero aunque sea falsa la anécdota es genial. Y seguro que lo mismo piensan los que hicieron este muñeco “encantador”.

¿Os imagináis dormir con “esto” en la habitación?

Pero estamos yendo muy deprisa. Es verdad que la muerte es el nacimiento a la no-vida de un vampiro, pero… ¿qué sabemos del auténtico Béla? Pues para empezar, que nació en 1882, 15 años antes de que Bram Stoker escribiera su novela “Drácula“. Y que al principio se ganó la vida como actor haciendo papeles “normales“. Y que por sus ideas políticas de izquierdas tuvo que marcharse primero a Alemania y luego a Estados Unidos, sin un céntimo en el bolsillo y pagándose el viaje trabajando en las máquinas del barco. Y que con treinta y tantos años encontró el papel de su vida. A partir de 1927, cuando empezó a interpretarlo en Broadway, y todavía más cuando lo llevó al cine en 1931, Béla Lugosi sería para todo el mundo el conde Drácula, y viceversa.

Drácula nunca fue tan elegante

No era la primera vez que la novela se llevaba al cine. Murnau había rodado en Alemania, en 1922, una película inolvidable: “Nosferatu“, aunque tuvo que cambiar el nombre de Drácula por el de Conde Orlok por no haber conseguido de la viuda de Bram Stoker los derechos de la novela.

De tan feíco casi da ternura, ¿verdad?

Nosferatu es un ser monstruoso, horriblemente feo y desagradable, con rasgos de roedor y largas uñas. Nada que ver con el Drácula que encarnará Béla Lugosi nueve años después: apuesto, seductor, impecablemente vestido… todo un galán.

Como para decirle que no, con ese gesto que tiene de estar encantado de haberte conocido

Aunque Tod Browning, que fue contratado por la Universal Pictures para dirigir “Drácula” en 1931, buscaba un actor desconocido para que resultase aún más siniestro (se decía que para “Nosferatu” habían contado con un auténtico vampiro para representar el papel, y había que estar a la altura), el estudio le impuso en el cásting a Béla Lugosi, que llevaba tres años representando al conde en el teatro con un enorme éxito. El acierto fue total. Béla pudo usar todos los recursos aprendidos durante 30 años de profesión: los gestos de la cara, su mirada penetrante, unas manos que pueden expresar desde el mayor refinamiento hasta el más absoluto terror, una media sonrisa capaz de helarte la sangre en las venas y un acento centroeuropeo que hacía aún más creíble el personaje. Os dejo aquí una escena para que podáis comprobarlo.

Ese ambiente de castillo gótico en ruinas combinado con la elegancia británica del vestuario; el conde parado en mitad de la escalera, con el candelabro en la mano; las sombras que lo cubren todo; el aullido de los lobos, “children of the night“, hijos de la noche, la música preferida del conde… ¡¡¡Inolvidable!!! He puesto la versión inglesa para que disfrutéis de la voz de Béla, de su hablar lento y parsimonioso, de sus movimientos tan elegantes como precisos, tan lentos como contundentes… todos los recursos que había adquirido en 30 años de profesión están aquí.

El conde quiere trasladarse a vivir (bueno, a no-vivir, para ser exactos) a Londres y ha contactado con un despacho de abogados para comprar una propiedad. Renfield será el primer enviado a Transilvania para resolver los detalles. El conde le recibe, le dice que ya ha cenado y echa una primera mirada a los contratos. Su invitado se corta con un cuchillo, aparece la sangre por primera vez y poco después el conde le da las buenas noches (una ironía como otra cualquiera). Cuando Renfield (que algo ya se debe oler) abre la ventana, ve revolotear un murciélago, y al poco llegan tres “vampiras” (lo de vampiresa sería más adecuado para ese tipo de mujer que es la perdición de los hombres, aunque no les saque la sangre literalmente), a las que el conde expulsa de allí. Esa misma escena de la cena aparece en muchas otras películas. ¿Queréis verla en alguna? Pues por ejemplo, pinchad aquí para ver cómo Nosferatu recibe a su invitado (id hasta el minuto 20, 18 segundos), o aquí para ver cómo en el año 2.000 se recreó aquel rodaje en “La sombra del vampiro“, una película en la que John Malkovich interpretó a Murnau, el director, y en la que se daba como real la leyenda de que contó con un vampiro auténtico para su conde Orlok. Cine que bebe del cine que bebe del cine que bebe de una novela que bebe de innumerables tradiciones que beben de la vida misma. Eso es arte, y del bueno.

Una imagen de la misma escena en el inolvidable “Drácula” de Coppola. El conde, su sombra (que va por libre) sobre el plano de Londres, el pasante enviado por el despacho de abogados…

Aquella película fue el mayor acierto de Béla Lugosi. Su mayor error lo tuvo muy poco después, cuando rechazó el papel de Frankestein, que llevaría al estrellato al que sería su eterno rival, Boris Karloff. Haría muchas más películas de terror, pero poco a poco su carrera se iría deslizando hacia abajo, pasando a la Serie B y más abajo aún. Murió arruinado y consumido por la morfina en 1956, pero los mitos nunca mueren. Hoy está enterrado en el cementerio de Holy Cross, cerca de Los Angeles, en una estupenda compañía. Si de noche vuelve a la vida podrá bailar con Ryta Hayworth mientras suena la música de Bing Crosby y John Ford dirige la escena, pues todos ellos (y muchos más) también están enterrados allí. Una compañía estupenda para pasar la eternidad, para qué nos vamos a engañar. Su tumba sigue siendo visitada por sus admiradores, que a lo mejor esperan verlo aparecer por allí en cualquier momento, quizá en forma de murciélago.

Si esta lápida pudiera hablar…

Alguien decía, siempre que hablaba de él: “He’ll be back“, o sea, volverá. Aquellas palabras fueron proféticas, porque Tim Burton volvió a darle vida en una estupenda película dedicada al peor director de cine de todos los tiempos, “Ed Wood“, con el que hizo sus últimos trabajos (Martin Landau consiguió el Oscar por su memorable interpretación de una estrella en la decadencia, y Johnny Depp, que interpreta a Ed Wood, vive hoy en la casa de Béla Lugosi, que la vida da muchas vueltas). ¿La habéis visto? Pues aquí os dejo un enlace a youtube para que podáis verla entera (está en varias partes, pero completa; cuando acabe cada una pinchad en la siguiente y ya está). En cualquier caso, como no quiero que os quedéis con esa imagen de un Béla olvidado por todos, enganchado a las drogas, arruinado… os dejo una imagen del actor en su esplendor:

Nunca habrá otro vampiro más elegante y seductor

¿Queréis pasar con nosotros UN OTOÑO DE MUERTE? Pues entrad aquí y encontraréis toda la información (visitas al cementerio, de noche y de día, teatralizadas, excursiones, cenas…). Y si queréis pasar UNA NOCHE CON DRÁCULA no os podéis perder nuestras CENAS DE LOS JUEVES dedicadas a él:

Cuándo - Jueves 7 y 21 de noviembre a las 21’00

Dónde – Espacio gastronómico Boca2 (C/ Josefa Amar y Borbón, 8; junto a la plaza de España)

Precio – 22 €

Reservas - Llamando al 976207363

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De todo lo que construyó Félix Navarro en Zaragoza el edificio más conocido es el Mercado Central, una magnífica obra de hierro que sigue en pie y cumpliendo la misma función para la que fue construido (lo mejor que le puede pasar a un edificio). Ahora bien, la historia de ese lugar como mercado de Zaragoza es muchísimo más larga.

La plaza del Mercado a finales del siglo XIX, con el torreón de la Zuda asomando al fondo. Habría que esperar a que se derribasen los edificios del fondo a la derecha para que se viesen las murallas romanas, pues se habían construido pegados a ellas

El Mercado Central se inauguró en 1903, cuando ya hacía 700 años que la plaza del mercado de Zaragoza estaba allí, desde que un rey de Aragón decidiera trasladar el mercado desde la zona de la puerta Cinegia (actual plaza de España) hasta la zona de la puerta de Toledo.

La zona en el siglo XVIII, con la plaza del mercado a la derecha, larga, estrecha e irregular

Y a mediados del siglo XX, con el edificio del Mercado Central ya construido

La puerta de Toledo

Allí se organizaría desde entonces el mercado de la ciudad, y el barrio de San Pablo iría creciendo a su vera. Era la mejor plaza de Zaragoza, la más grande, hermosa y animada, y aquí tenían lugar todo tipo de acontecimientos, celebraciones… Así seguiría hasta finales del siglo XIX, como vemos también en esta otra imagen.

Al fondo, la cúpula de la iglesia de Santiago

Porches alrededor de la plaza, tiendas en los bajos, chiringuitos más parecidos a lo que hoy llamaríamos un rastro, gente paseando, comprando, hablando, discutiendo por los precios… como las vendedoras de “Gigantes y cabezudos” en el primer cuadro de la zarzuela, cuando se arrancan a cantar, en plena plaza, aquel famosísimo coro que dice que “Si las mujeres mandasen / en vez de mandar los hombres / serían balsas de aceite / los pueblos y las naciones“.

Además de las fotografías de la época y de la zarzuela, también tenemos cuadros para imaginarnos cómo era el ambiente de aquella plaza. Os dejo aquí uno como muestra:

Joaquín Pallarés, 1892

La cuestión es que a finales del siglo XIX Zaragoza había crecido mucho, y estaba renovando sus infraestructuras. Hacía falta, por ejemplo, un mercado en condiciones. Ricardo Magdalena había construido ya el magnífico Matadero Municipal y a Félix Navarro se le pidió el proyecto del “Nuevo Mercado”, que así se llamó. Lo primero que había que hacer era un hueco suficientemente grande para el edificio, y la plaza era relativamente estrecha. ¿Os imagináis por qué?

Aquí se ve claro por qué, ¿no?

La plaza del mercado ocupaba el espacio que quedaba entre la muralla romana (que prácticamente no se veía, porque tenía edificios adosados) y el barrio de San Pablo. Como allí no había espacio suficiente para el edificio del Mercado se hizo lo que en aquella época todo el mundo consideró normal: dinamitar un trozo de muralla bastante más grande que el que se conserva. Las murallas, que en un momento determinado son necesarias, en otro momento, cuando la ciudad crece, son un corsé que le impide desarrollarse. Hace 100 años no se tenía la conciencia respecto al patrimonio que tenemos hoy, por lo que no podemos juzgar aquellos hechos con la mentalidad actual. Las murallas se tiraron sin mirar atrás y pensando que lo que se ganaba era mucho más que lo que se perdía.

Obras para acondicionar la gran plaza en la que se construiría el Mercado Central, con sillares de piedra de la muralla por el suelo

La obra seguía adelante, y en 1903 se inauguró un edificio propio de una ciudad moderna y sin complejos, que miraba al futuro con optimismo. Félix Navarro construyó un edificio de hierro, a la última moda (14 años antes se había hecho la Torre Eiffel de París, por ejemplo, por la que él tenía una enorme admiración que demostró cuando hizo unos años después la Escuela de Artes, colocando pequeñas Torres Eiffel por toda la fachada). Eso sí, sabía que los valores estéticos del hierro no eran muy apreciados, así que en las fachadas lo enmascaró utilizando materiales tradicionales, como el ladrillo.

Una imagen del espectacular interior, completamente diáfano gracias al uso del hierro. Hoy se conserva tal cual, pero es imposible tener esta imagen al levantar la vista

Fachada que da a la calle Torrenueva

En los alrededores del Mercado, sobre todo en los porches, continuaron funcionando las tiendas que ya existían y surgieron otras. Aquí tenéis algunas que seguro que os suenan:

Las tiendas del entorno del Mercado son un mundo que casi ha desaparecido

Casa Gavín nació en 1900…

… y ahí sigue

“El pequeño catalán”, tras su paso por la plaza del Justicia, ha vuelto a los porches del Mercado

En aquellas tiendas se vendía todo lo necesario para que los clientes del Mercado pudieran “aprovechar el viaje“. Los agricultores que venían aquí a vender sus productos a los vendedores podían comprar casi cualquier semilla en Casa Gavín, por ejemplo. En fin, todo un mundo bullicioso, dinámico… que en parte sigue ahí y en parte ha cambiado completamente. Como también ha cambiado el urbanismo de la zona con la apertura de la avenida de Cesaraugusto (lo que se llamó Vía Imperial).

Entre el edificio de los Escolapios, a la izquierda de la foto, y la Audiencia, que aunque no se ve está a la derecha, había una gran manzana de casas entre las calles Escuelas Pías y Cerdán

La estrechez de la calle Escuelas Pías mostraba una imagen mucho más espectacular de la iglesia de los Escolapios

Derribo de la manzana de casas entre las calles Cerdán y Escuelas Pías, con el Mercado Central al fondo

Arriba a la derecha el Mercado Central; abajo a la izquierda la iglesia de Santiago. La avenida de Cesaraugusto sólo estaba en la imaginación de alguno

La apertura de la avenida de Cesaraugusto y la construcción del puente de Santiago trajeron un cambio muy importante en esta zona, con un aumento extraordinario del tráfico. Poco a poco en algunos sectores se empezó a pensar que el Mercado Central estorbaba, pues se quería crear una gran avenida que uniese el puente con la puerta del Carmen, sin interrupciones. ¿Solución? Tirar el Mercado.

Y se salvó

La primera vez que Zaragoza se movilizó en serio para salvar su patrimonio después de la demolición de la Torre Nueva fue para salvar el Mercado Central, a finales de los 70. Y se consiguió, el Mercado no sólo sigue ahí, sino que fue declarado Monumento Nacional y se restauró para que pudiera cumplir mejor su función. Hoy es una de las joyas del patrimonio zaragozano. Merece ser nuevamente restaurado para deshacer mucho de lo que se hizo (esas marquesinas que impiden la visión del interior, por ejemplo), pero hay que reconocer que el edificio no sólo se ha salvado, sino que sigue siendo un mercado, y eso es lo mejor que le podía ocurrir.

Sello de correos dentro de una serie sobre las construcciones metálicas en España

Os dejo con una foto curiosa. Hasta hace no tantos años toda esta zona se cortaba los domingos por la mañana para el Rastro, que se instalaba aquí. ¡¡¡Cómo ha cambiado Zaragoza en poco tiempo!!!

A principios de los 80 el Rastro de los domingos se hacía aquí, aunque hoy parezca increíble

Gracias a Félix Navarro Zaragoza fue más hermosa, más moderna, más cómoda y agradable para sus ciudadanos. Si quieres descubrir cómo fue aquella ciudad que él contribuyó a transformar, en una ruta en la que conoceremos edificios tan distintos como el Mercado Central o la Escuela de Artes, el Monumento al Justicia, edificios de viviendas… ponte en contacto con nosotros en el 976207363, pues podemos realizar la ruta en cualquier momento para un grupo.

Y si quieres descubrir una de sus obras más singulares, el Palacio de Larrinaga, ahora tienes la oportunidad. Todos los sábados de diciembre a las 11’30 podrás participar en una visita a un palacio lleno de lujo y leyenda que tiene una gran historia de amor detrás. Hace ya más de cien años que el naviero Miguel Larrinaga, cuyos barcos daban la vuelta al mundo desde su sede de Liverpool, se lo regaló a su mujer, Asunción, nacida en Albalate del Arzobispo. Seguro que habéis visto muchas veces sus puertas cerradas al pasar por allí, pero ¿os imagináis cómo es por dentro? ¿Queréis descubrir con nosotros este fascinante lugar? Pues gracias a IberCaja, su actual propietario, ahora tenéis la oportunidad.

Cuándo – todos los sábados a las 11’30
Dónde – Palacio Larrinaga, Avda. Miguel Servet 123
Precio – 10 € (9 € para jubilados y estudiantes menores de 26 años; 6 € para parados)
Reservas – Llamando al 976207363 o entrando aquí

Y si queréis saber más sobre Félix Navarro…

Zaragoza y Félix Navarro

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Cuando acabó la Guerra de la Independencia Zaragoza era una ciudad machacada: más de 50.000 muertos durante los Sitios, edificios e infraestructuras en ruinas por todas partes… Le costó décadas levantar cabeza, pero finalmente lo consiguió. En la segunda mitad del siglo XIX llegó el ferrocarril y la industrialización, y hacia 1900 la ciudad miraba al futuro con optimismo y vivía una auténtica renovación urbana, protagonizada por dos arquitectos: Ricardo Magdalena (arquitecto municipal por aquellos años) y Félix Navarro. Y aquí quería llegar yo, a Félix Navarro, porque hace justo cien años que murió, y claro, no íbamos a deja la posibilidad de celebrarlo. ¿Queréis conocerlo? Pues aquí lo tenéis.

Félix Navarro, todo serio para la foto

A lo mejor estáis pensando que quién demonios es este hombre, que no os suena ni el nombre ni la cara, pero si os digo que él hizo el Mercado Central, la ex-Escuela de Artes (la de la plaza de los Sitios), el monumento al Justicia de la Plaza de Aragón, la clínica del Doctor Lozano en el Paseo de Sagasta, además de edificios industriales (de los que sólo queda en pie la fábrica de Galletas Patria, en la Avenida de Cataluña), de viviendas, panteones en el cementerio…

Antiguo edificio de la Escuela de Artes, construido para la Exposición Hispano-Francesa, en la Plaza de los Sitios

Teatro Pignatelli (desaparecido, estaba más o menos donde el actual edificio de Correos, en el Paseo de la Independencia)

Monumento al Justicia

Clínica del doctor Lozano, Paseo de Sagasta

Panteón de la familia Maynar, en el cementerio de Torrero

Panteón de las familias Ascaso y Moncasi

Antigua fábrica de Galletas Patria, en la Avenida de Cataluña

Félix Navarro fue el arquitecto que trajo la modernidad a Zaragoza. Estudió arquitectura en Madrid pero completó su formación en Estados Unidos y en Alemania (algo que en aquellos tiempo no era normal) y viajó mucho, absorbiendo todas las novedades de la arquitectura de su tiempo y especialmente una: la utilización de nuevos materiales, como el hierro. Gracias a él uno de los dos primeros edificios en hierro que se hicieron en España se levantó en Zaragoza, y fue el desaparecido Teatro Pignatelli. Y en hierro construiría también su mejor obra, el Mercado Central, que sigue en pie y cumpliendo la misma función para la que se construyó.

Postal en la que se ve el Mercado central hace unos cien años

Gracias a Félix Navarro Zaragoza fue más hermosa, más moderna, más cómoda y agradable para sus ciudadanos. Si quieres descubrir cómo fue aquella ciudad que él contribuyó a transformar, en una ruta en la que conoceremos edificios tan distintos como el Mercado Central o la Escuela de Artes, el Monumento al Justicia, edificios de viviendas… ponte en contacto con nosotros en el 976207363, pues podemos realizar la ruta en cualquier momento para un grupo.

Y si quieres descubrir una de sus obras más singulares, el Palacio de Larrinaga, ahora tienes la oportunidad. Todos los sábados de diciembre a las 11’30 podrás participar en una visita a un palacio lleno de lujo y leyenda que tiene una gran historia de amor detrás. Hace ya más de cien años que el naviero Miguel Larrinaga, cuyos barcos daban la vuelta al mundo desde su sede de Liverpool, se lo regaló a su mujer, Asunción, nacida en Albalate del Arzobispo. Seguro que habéis visto muchas veces sus puertas cerradas al pasar por allí, pero ¿os imagináis cómo es por dentro? ¿Queréis descubrir con nosotros este fascinante lugar? Pues gracias a IberCaja, su actual propietario, ahora tenéis la oportunidad.

Cuándo – todos los sábados a las 11’30
Dónde – Palacio Larrinaga, Avda. Miguel Servet 123
Precio – 10 € (9 € para jubilados y estudiantes menores de 26 años; 6 € para parados)
Reservas – Llamando al 976207363 o entrando aquí

Y si queréis saber más sobre Félix Navarro…

Félix Navarro, el Eiffel de Zaragoza – Nace la arquitectura del hierro

Félix Navarro – un paseo en imágenes por la historia del Mercado Central

10 lugares y 10 motivos para descubrir a Félix Navarro en Zaragoza

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¿Sabéis cuál es nuestra tradición preferida por estas fechas de Todos los Santos? Pues aparte de visitar el cementerio, que también, pasar un buen rato con don Juan y con doña Inés, que como de todos es sabido llevan siglos contándonos su historia cada mes de noviembre. Y como nos vuelven locos sus andanzas, y sabemos que a muchos de vosotros también, vamos a viajar cuatrocientos años atrás en el tiempo y nos vamos a cenar ¡¡¡al panteón de la familia Tenorio!!!

Don Juan y doña Inés, encantada junto a su tumba

Para eso, y después de pasar el puente con ellos en Zaragoza, ¡¡¡nos vamos de gira!!! Sí, sí, como lo oís, porque el sábado podremos cenar con Don Juan en Barbastro (Restaurante Flor). Hasta allí nos vamos a llevar el panteón de Don Diego Tenorio, y entre tumbas conoceremos al mismísimo don Juan, pero también al posadero Buttarelli, a Brígida (liante y celestina como ella sola) y al fantasma de doña Inés, que intentará convencer a su chico de que tiene que arrepentirse en esa misma noche si no quiere que acaben los dos en el caldero de Pedro Botero. ¿Serán felices y comerán perdices o se pudrirán en el infierno? La cosa está dificililla, pero entre plato y plato nos iremos enterando de cómo acaba.

“Yo a Dios mi alma entregué / en precio de tu alma impura / y Dios, al ver la ternura / con que te amaba mi afán / me dijo: espera a Don Juan / en tu misma sepultura”

Si tenéis amigos en Barbastro, ¡¡¡contádselo!!!

Cuándo y dónde - Sábado 9 a las 21’30, Barbastro (Restaurante Flor).

Precios – 35 € por persona

Reserva - Escribiendo un mail a joseantonio@restauranteflor.com, indicando número de teléfono y persona de contacto

Menú

Royal de queso nube de Fonz con setas escabechadas y láminas de ave ahumadas
Tatín de ternasco de Aragón I.G.P. y su jugo a la pastora
Bacalao de salazón – conserva de tomate rosa – emulsión de aceite de oliva del Somontano
Melocotón de Calanda asado sobre galleta y helado de su vino

Vinos de Bodega Pirineos (DO Somontano)
Café

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Hubo un tiempo en que el cementerio de Torrero acababa donde está la tumba de Joaquín Costa. Allí, fuera de la verja que rodea el monumento que le recuerda, hay una vieja y humilde tapia de ladrillos que, aparentemente al menos, es igual que cualquier otra tapia de cualquier otro lugar. Pero no es así: esos ladrillos, cada uno de ellos, fueron testigos de la muerte de miles de personas fusiladas aquí, al amanecer, durante la Guerra Civil y en los años que siguieron. ¡Cuántos hijos, madres, nietos… se habrán parado aquí delante deseando que las piedras hablaran, contando cómo fueron los últimos momentos de aquellos a las que tanto quisieron, a veces sin llegar a conocerlos siquiera! ¿Fue una muerte lenta, o no sufrieron? ¿El miedo les hizo renunciar en en el último momento a todo aquello por lo que habían luchado, o murieron con las botas puestas? ¿De qué se les acusó? ¿Llegaron a saber por qué morían? Mucha, muchísima gente habrá preguntado todo esto y muchas más cosas a esos ladrillos sin obtener respuesta. ¿O sí?

Gumersindo de Estella

Pues sí, porque esta vez sí la hubo. La voz de Gumersindo de Estella, capuchino y confesor en la cárcel de Torrero, que asistió espiritualmente a muchos de aquellos presos en los últimos momentos de su vida, se ha conservado. Aquel hombre sólo podía rebelarse contra aquella barbarie de una manera: contándolo. Y eso es lo que hizo, dejarlo por escrito para que tiempo después pudiéramos leerlo con el corazón en un puño. Como cuando Goya escribe tres simples palabras debajo de una imagen de la Guerra de la Independencia: “Yo lo vi“. No me la han contado, no lo he oído por ahí, no me lo imagino: lo vi. Pues bien, Gumersindo de Estella lo vio, y no sólo lo vio, sino que fue un actor de aquel drama, ayudando siempre en lo que pudo y yendo mucho más allá de su obligación e incluso de lo que aconsejaba la prudencia en aquellas circunstancias.

La cárcel de Torrero

El respeto a la memoria de las víctimas, de todas las víctimas, así como el convencimiento de que el olvido nunca es la solución, nos ha llevado a preparar una ruta que comienza en lo que queda de la antigua cárcel de Torrero y continúa por aquellos lugares del cementerio que de una manera u otra están vinculados con la Guerra Civil: la tapia donde se produjeron los fusilamientos, el lugar donde estaban las fosas comunes, la capilla levantada a los muertos del bando nacional… así como los distintos memoriales, desde el monumento que se trajo aquí desde la Plaza del Pilar (levantado por Franco) hasta el memorial en memoria de todos los fusilados, pasando por el pequeño pero muy valiente monumento que erigió el alcalde Sainz de Varanda “A los mártires de la libertad y la democracia” en el lejano año de 1981, cuando las aguas no estaban precisamente en calma.

Rebuscar en la memoria puede ser incómodo, doloroso… pero es muy sano. Os proponemos viajar a un pasado triste para volver al presente llenos de optimismo. Y no sólo porque hemos superado aquella tragedia, o lo estamos haciendo, sino porque incluso en los momentos más terribles surge alguien como Gumersindo de Estella que nos devuelve la fe en la Humanidad.

Cúando – Sábado desde el 26 de octubre al 30 de noviembre a las 11’30

Dónde – Avenida de América 109, delante de la antigua cárcel 

Precio - 8 € por persona (7€ jubilados y estudiantes menores de 26 años, 4€ parados)

Reservas – Llamando al 976207363 o entrando aquí

 

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No sé para vosotros, pero para mí las melodías de “Gigantes y cabezudos” son uno de los sonidos de mi infancia. Me recuerdo desde siempre cantando con mi familia que “Pa’l Pilar sale lo mejor“, o que “Por ver a la Pilarica, vengo de Calatorao“.

Parece que sean de toda la vida, pero no. Miguel Echegaray y Manuel Fernández Caballero le hicieron a nuestra ciudad un maravilloso regalo cuando en 1898 compusieron esta inolvidable zarzuela. Al fin y al cabo, ¿alguien ha escrito algo más bonito dedicado a Zaragoza que el emocionante “Coro de repatriados” que llegan a la estación del Norte y vuelven a ver su ciudad? “Ya Zaragoza, vuelvo a pisar, allí la Seo, allá el Pilar…“.

Echegaray y Caballero habían estado en Zaragoza documentándose sobre la ciudad, sus fiestas y tradiciones… y utilizaron el final de la Guerra de Cuba como telón de fondo para una historia de amor adornada con todos los tópicos (todos ellos más que positivos) que sobre los aragoneses había en la España de la época. El título, “Gigantes y cabezudos“, no sólo hacía alusión a la comparsa, una de las joyas de nuestro patrimonio, sino también a como se nos veía en España. “Luchando tercos y rudos / grandes para los reveses / somos los aragoneses / gigantes y cabezudos“.

¿Qué os parecería recorrer aquella Zaragoza de 1898 que conocieron Echegaray y Caballero? Todos los escenarios de la zarzuela siguen ahí, y las tradiciones de las fiestas del Pilar que ellos pudieron ver no sólo se conservan sino que tienen un estado de salud excelente, desde el Rosario de Cristal (recién estrenado cuando ellos lo vieron y hoy más que centenario) a la comparsa de gigantes y cabezudos, a los que hoy los chiquillos siguen cantando las mismas cancioncillas que ellos recogieron, mientras las dulzainas y los tambores tocan las melodías de la zarzuela convertidas en algo completamente popular.

Desde el Mercado Central a la estación del Norte, pasando por el Pilar y por algunos otros rincones menos conocidos, descubriremos cómo era aquella ciudad, qué estaba pasando aquí y en España… y todo para poder disfrutar más aún de estos dos maravillosos tesoros de nuestro patrimonio: una zarzuela que forma parte de la memoria no sólo de los zaragozanos, sino de toda España y Sudamérica, y una comparsa que cuenta “otra” historia de nuestra ciudad, la más entrañable, la más cercana, la que más nos toca las fibras sensibles y la que durará para siempre. ¿Y no os parece que una ciudad en la que el pasaporte a la inmortalidad no te lo da una estatua de bronce sino un gigante de cartón tiene que ser muy especial? Pues sí, así es Zaragoza, ni mejor ni peor, pero desde luego distinta, peculiar, rara en el mejor sentido… Y qué queréis que os diga… ¡¡¡Me encanta mi ciudad!!!

Cuándo – 28 de septiembre, 8 y 10 de octubre a las 18’00; 6 de octubre a las 11’30

Dónde – Estatua de Augusto, frente al Mercado Central

Reservas – Llamando al 976207363 o entrando aquí

Precio – 8 euros (jubilados y suscriptores de Heraldo de Aragón, 7€; parados, 4€)

farol-del-pilar

Y aún tenemos más propuestas para estas fiestas del Pilar:

“La que más altares tiene”: El Pilar y el Museo del Rosario de Cristal - Si hay una historia de amor que resista al paso tiempo es la que Zaragoza tiene con la Virgen del Pilar. Si queréis saber más entrad aquí.

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¿Hay algo menos lujurioso que una rebeca? “Cógete una rebequita, que por la noche refresca“. Suena a consejo de la Sección Femenina para la mujer española ideal. Y sin embargo, ¿hay algo más turbador que “Rebeca“, la obra maestra de Hitchcock? Cómo una película tan increíblemente excitante, morbosa y llena de rincones oscuros y prohibidos pudo dar nombre a una prenda tan inocente es un misterio para mí, pero ¿realmente hay rebecas inocentes? ¿O es que siempre esconden mucho más de lo que enseñan?

La protagonista de la película con su rebeca puesta

El diccionario de la Real Academia Española dice que una rebeca es una “Chaqueta femenina de punto, sin cuello, abrochada por delante, y cuyo primer botón está, por lo general, a la altura de la garganta“. Nada de particular si no fuera porque antes puntualiza que la palabra viene del nombre propio Rebeca, “título de un filme de A. Hitchcock, basado en una novela de D. du Maurier, cuya actriz principal usaba prendas de este tipo“. No se puede pedir más precisión, la verdad.

¿Tranquilizadora esta imagen? Ni lo más mínimo

Y aquí viene la primera cuestión, digamos que extraña. La actriz principal, Joan Fontaine, interpreta a un personaje que… ¡¡¡no tiene nombre!!! ¿Se le olvidó a Hitchcock? Para nada. Más bien todo lo contrario, que el amigo Alfred no daba puntada sin hilo. El nombre que flota a lo largo de toda la película es Rebeca, Rebeca, Rebeca, Rebeca, Rebeca… ¿Y quién es esa Rebeca? Un fantasma, una sombra, una mujer muerta en circunstancias poco claras cuyo recuerdo lo impregna todo, lo invade todo, lo contamina todo. Rebeca, Rebeca, Rebeca, Rebeca…

Asfixiante Rebeca…

Maximilian de Winter (al que llamaremos Max) ha perdido a su bellísima, encantadora, seductora, inteligente esposa Rebeca en un terrible accidente. Su cuerpo ha sido encontrado sin vida junto a la costa, y Max, aparentemente muerto de dolor, huye de su casa buscando recuperar la alegría perdida junto al sol del Mediterráneo. Allí conoce a una mujer (sin nombre, no lo olvidéis), se enamoran y se casan. ¿De verdad quería tanto a la difunta? Algunos se recuperan de la tragedia con una facilidad asombrosa, ¿no es cierto? En fin, todo va bien hasta que vuelven a Manderley, una casa en la que cada rincón huele a Rebeca…

Si no veis la pantalla pinchad aquí para descubrir cómo la nueva señora de la casa siente desde el umbral el peso de su predecesora. El ama de llaves, Miss Danvers, se encargará de que Rebeca siga reinando después de muerta en la casa y, por supuesto, en su corazón. Ese momento en que las dos se agachan a recoger los guantes, con la criada sosteniendo la mirada de una señora aterrorizada… es puro sexo. Miss Danvers sigue enamorada de Rebeca, y apenas se molesta en ocultarlo.

Rebeca, Rebeca, Rebeca… susurra Miss Danvers con ojos de loca enamorada al oído de la usurpadora. Nunca podrás ser como Rebeca… nunca… nunca… nunca…

¿De qué no será capaz una mujer enamorada? Su señora ya no le cuenta sus confidencias, ya no le regala de vez en cuando la caricia que se da a un perro fiel, ya no le permite ordenar su ropa mientras acaricia la tela que ha estado pegada a su piel… su señora está muerta, pero ella se encargará de que su recuerdo siga más que vivo y se convierta en algo asfixiante para la recién llegada. Nadie, nadie, nadie podrá sustituir nunca a Rebeca. Y si alguna se atreve a pretenderlo, invadiendo los dominios de la reina muerta… que esté preparada para todo. Esta escena es una obra maestra del decir y no decir, del dominio absoluto del terror psicológico, de la lujuria más desatada apenas escondida bajo las formas más contenidas. La mano de la señora Danvers acariciando la ropa interior de Rebeca en el cajón… ni siquiera las piernas de Marilyn Monroe en “La tentación vive arriba” pueden conseguir ese efecto devastador. Sólo la camiseta de Marlon Brando en “Un tranvía llamado deseo“, la mirada de Liz Taylor o el escote de Sofía Loren en cualquiera de sus películas son capaces de subir de esa manera la temperatura de la habitación. Pinchad en la pantalla y si no la veis aquí, y disfrutad de dos actrices de las que ya no quedan.

¿Terrible o adorable? ¿Las dos cosas a la vez? Enamorada, simplemente. Enamorada como una loca, pero ¿acaso hay otra forma de amor que merezca la pena? Capaz de todo, como las grandes heroínas. Nada le importa, nada se le pone por delante. E inmensamente trágica, porque ese amor nunca fue correspondido y ya nunca lo será, pero da lo mismo. El amor es eterno mientras dura, y la señora Danvers sabe algo que es la única verdad que realmente importa: el amor y el deseo son lo único que sobrevive a la muerte, porque como dijo Quevedo “cenizas son, más tendrán sentido / polvo serán, más polvo enamorado“.

Miss Danvers, una diosa de la lujuria emergiendo entre las cortinas

Por supuesto no os voy a contar el final. Corred a buscar la película donde sea y pasad una tarde maravillosa con ella. Y si queréis más lujuria, con motivo de San Valentín tendremos nuestra ruta UNA HISTORIA DE LA LUJURIA EN ZARAGOZA.

Cuándo – Sábado 15 de febrero a las 18’30

Dónde – Puerta de la iglesia de la Magdalena

Precio – 8 € (estudiantes y jubilados, 7 €; parados, 5 €)

Reservas – Llamando al 976207363 o entrando aquí

Más información - Entrando aquí

Lujuria es… Liz Taylor

Lujuria es… Olympia

Lujuria es… Marilyn Monroe

Pecadores encantadores – Rebeca y la lujuria

Lujuria es… el jamón

Lujuria es… el champagne (francés, bien sûr)

Lujuria es… sexo en Nueva York

Lujuria es… unas piernas de cinco millones de dólares

Lujuria es… el Bulli

Lujuria es… Venus

Lujuria es… el teatro chino de Manolita Chen

Lujuria es… Sodoma y Gomorra

Lujuria es… el “gabinete secreto” de Nápoles

Lujuria es… Marlon Brando

Lujuria es… Sofía

Lujuria es… la guerra de los biquinis

Lujuria es… el biquini

Lujuria es… El Plata

Lujuria es… Zeus y sus chic@s

Lujuria es… la Lollo

Lujuria es… pecado

Lujuria es… San Juan de la Cruz

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